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Plan Pastoral para 1998. Norberto Cardenal Rivera Carrera

ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO
PLAN PASTORAL PARA 1998


A toda la Comunidad Arquidiocesana
Especialmente a los Agentes de Pastoral

INTRODUCCIÓN

1. Al iniciar el año 1998, que en la preparación al Jubileo del inicio del Tercer Milenio está dedicado de modo especial al Espíritu Santo y a su presencia santificadora, una vez más, deseo dirigirme a toda la Arquidiócesis de México, para alentar la marcha pastoral que vamos llevando y señalar el rumbo que habremos de seguir.

2. Al mismo tiempo, quiero dar cauce a las propuestas que me fueron formuladas en la III Asamblea Diocesana, celebrada en octubre pasado y que se propuso evaluar el camino recorrido y fortalecer las acciones de conjunto.

3. Les pido que tengan presente el proyecto pastoral plasmado en el documento: "Hacia el Plan Pastoral de la Arquidiócesis de México 97-2000", que al principio del año pasado, tracé a partir del Decreto Sinodal, en colaboración con los pastores y los agentes laicos. Éste contiene las grandes líneas del proceso arquidiocesano que se puso en marcha con la celebración del II Sínodo Diocesano y que iluminado por el horizonte del gran Jubileo del año 2000, ha de permitir a nuestra Iglesia local imbuirse de un renovado espíritu misionero.

4. El punto focal en el proceso de cuatro años que vamos realizando, es la Gran Misión del año 2000 en la Ciudad de México. Se buscará para entonces impulsar claramente el sentido de la Iglesia como comunidad misionera y de servicio al mundo de la Ciudad.

5. Esto significa que, con los programas que hemos ido poniendo en práctica desde mi llegada a esta Arquidiócesis y que continuaremos en 1998 y 1999, estamos comprometidos en transformar la estructura pastoral de nuestra Iglesia local. Al preparar y realizar la Gran Misión, buscaremos consolidar y establecer este proceso como forma permanente de vida pastoral diocesana, de tal manera que, desde ahora y para el futuro, nuestro ideal sea: La Arquidiócesis de México, formadora de misioneros.

6. La forma de realizar este ideal será vivir y fortalecer la pastoral de encarnación, la pastoral de testimonio y la pastoral de diálogo, en todos sus niveles de coordinación y de comunidades.

7. De esta manera, en el umbral del tercer milenio, tratamos de concretar en nuestra Iglesia local el llamado del Santo Padre a una Nueva Evangelización, cuya importancia nuevamente resaltó en la homilía de clausura de la Asamblea del Sínodo de las Américas.

8. Este proyecto de la Iglesia Universal enfrenta nuevos retos, que también en nuestra patria están presentes: la globalización de la economía, el pesado lastre de la deuda externa, la frecuente violación a los derechos humanos y formas de injusticia particularmente graves, la falta de oportunidades para acceder equitativamente al crédito y la violencia contra mujeres y niños.

9. Por esta realidad que vive nuestro mundo, la promoción y la defensa de los derechos humanos y la construcción de la paz a través de la justicia son tareas ineludibles de la acción pastoral y de la Nueva Evangelización, en las que cada bautizado participa por su misma vocación.

10. Así lo señala el Santo Padre en su mensaje para la jornada mundial de la paz: "Un signo distintivo del cristiano debe ser, hoy más que nunca, el amor por los pobres, los débiles y los que sufren. Vivir este exigente compromiso requiere un vuelco total de aquellos supuestos valores que inducen a buscar el bien solamente para sí mismo: el poder, el placer y el enriquecimiento sin escrúpulos" (No 8). El testimonio es el gran medio de evangelización y la atención pastoral a los más pobres, la prioridad.

11. Por estas exigencias, el caminar juntos para hacer realidad la Nueva Evangelización requiere un compromiso común de largo alcance, donde los agentes, las parroquias y los movimientos apostólicos se vayan sumando y responsabilizando, fraternalmente, para alcanzar nuestros anhelos pastorales.

12. Necesitamos seguir conformando las llamadas comunidades menores, con el propósito de vigorizar las tareas pastorales de anuncio de la fe, de celebración sacramental y de testimonio eficaz de la caridad. Debemos propiciar una mayor consistencia a los centros de formación de agentes laicos pala acciones específicas, perfeccionar sus programas y extender sus servicios, tanto en el conocimiento de las verdades, como en el proceso de vida cristiana y de quehaceres apostólicos.

13. Asimismo este año daremos un paso más, enfocando nuestra pastoral misionera por el camino del primer anuncio, de la catequesis kerigmática, de la catequesis en la perspectiva de la reiniciación cristiana de los adultos y de la revitalización del sacramento de la confirmación. Buscaremos igualmente que se abran más los espacios de participación de los laicos en las diversas tareas pastorales.

14. En el contexto social en el que estamos inmersos, también queremos que nuestro compromiso de fe apoye la reconstrucción del tejido social.

15. Por eso pido a quienes ya han respondido con prontitud y generosidad a mis orientaciones pastorales, que en colaboración con sus Vicarios Episcopales, Decanos, Párrocos, Coordinadores laicos y demás agentes, acudan en apoyo y colaboración de quienes todavía no encuentran la forma, las fuerzas o la decisión para hacerlo.

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