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Vicaría      de Pastoral

Escudo Cardenal Norberto Rivera Carrera

Carta Pastoral sobre la Sagrada Escritura en la Nueva Evangelización

5.- ANUNCIO DEL EVANGELIO

El pueblo de Dios, llamado también con frecuencia el pueblo de la Palabra, mantiene su identidad en la medida en que, impulsado por el Espíritu, anuncia el kerygma, proclama la predicación o desarrolla la catequesis.

La evangelización comienza con el kerygma, que es el primer anuncio explícito sobre Cristo. "Conocer a Cristo es todo; el resto es nada: de ahí la importancia de anunciarlo" (ECUCIM 2904), nos ha dicho el Sínodo. Este imperativo pastoral es especialmente importante dada la situación de nuestra Arquidiócesis, donde prevalece la ignorancia e indiferencia religiosa, por lo que todos los agentes de pastoral deben realizar una proclamación clara, vigorosa y testificante de Jesucristo, superando los temores y los pretextos. El anuncio debe dirigirse especialmente a los alejados de la vida eclesial, que son la mayoría de los bautizados.

No hay que dudar en proponer, desde el principio, un encuentro directo con la Palabra a través del texto escrito (Cf. Hch 8, 4-5), ya que la Palabra de Dios es siempre viva y eficaz. En esto deben poner especial empeño todos los grupos y movimientos eclesiales, para que quienes llegan a ellos se encuentren inmediatamente con la Sagrada Escritura.

Una de las formas más importantes de evangelizar es la predicación. Se trata de la tarea primordial de los presbíteros y diáconos, ya que la fe, dice San Pablo, viene por la predicación (Rm 10, 17). Es el medio más eficaz para cultivar la vida cristiana de la comunidad. Toda predicación debe partir de la Escritura y debe profundizarse desde la reflexión de la Iglesia. En este sentido exhorto a mis hermanos sacerdotes y a los diáconos a poner mayor empeño en el estudio constante y personal, y, en la medida de lo posible, propiciar en ambiente fraterno y de oración con otros sacerdotes, la preparación de la homilía dominical, momento privilegiado para proclamar la Palabra y alimentar con ella a la comunidad.

Sabemos que podemos acercarnos a la Biblia desde distintos ángulos: literario, histórico, científico, sociológico, pero que la única forma importante es descubrir en ella la fuente de salvación para todos los hombres: porque "toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argüir, para corregir y para educar en la justicia; así el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado a toda obra buena" (2 Tim 3, 16-17).

Por otra parte, hoy más que nunca es urgente que la catequesis, en todas sus formas y etapas: infantil, presacramental, juvenil, adultos, familiar, se sustente "en la fuente viva de la Palabra de Dios, transmitida mediante la Tradición y la Escritura...", pues "será tanto más rica y eficaz cuanto más lea los textos con la inteligencia y el corazón de la Iglesia y cuanto más se inspire en la reflexión y en la vida dos veces milenaria de la Iglesia" (Cat Trad 27; Cf. SD 33).

Si la catequesis es uno de los ministerios permanentes de la Palabra, quiere decir que hunde sus raíces más profundas en la Escritura, ya que en ella se sustenta de una manera estable y legible. Por eso es muy necesario que, ante los ataques y desorientación que constantemente lanzan los grupos no católicos y las sectas falsamente cristianas, nuestros fieles descubran que su conocimiento espiritual depende del contacto directo con la Biblia en el corazón de la Iglesia (Cf. SD 294); en otras palabras, que la vean, junto a la Eucaristía, la devoción a María y la comunión con el obispo y el Papa, como signo de su identidad católica (SD 143). La escritura nace en la Iglesia y es para la Iglesia y el mundo. "La Biblia es nuestra", decían los Padres de la Iglesia ante los ataques sectarios (Cf. Tert. De Praes 20-26). No olvidemos en ningún momento de nuestra labor catequística que la Sagrada Escritura es parte fundamental del gran tesoro de la fe que la Iglesia ha conservado con enorme fidelidad (Cf. 1 Tim 6, 20).

Dentro de los planes de la catequesis en todos sus niveles, debe fortalecerse una verdadera cultura bíblica que nos lleve a reafirmar nuestra fe, nuestro amor a Cristo y a la Iglesia, y sea el mejor punto de referencia para todo esfuerzo ecuménico y para todo apoyo ante la desorientación sectaria. Debemos comenzar por una mejor formación bíblica de todos los agentes de evangelización, a fin de que apoyados en una sólida y profunda línea de exégesis, puedan actualizar la Palabra (Cf. DV 12), y dar pasos en orden a una auténtica inculturación del Evangelio (Cat Trad 53; RM 52-53).

No debemos escatimar ni recursos económicos, ni esfuerzo personal, para hacer que la Palabra de Dios llegue a todos los fieles (ECUCIM 3090, 3871).

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