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Vicaría      de Pastoral

Escudo Cardenal Norberto Rivera Carrera

Carta Pastoral sobre la Sagrada Escritura en la Nueva Evangelización

7.- ACTITUDES PARA LEER LA SAGRADA ESCRITURA

En un ambiente cultural donde todo pierde su valor y significado, debemos tener cuidado de no equivocar nuestra consideración hacia los textos sagrados, que exigen de nosotros actitudes concretas y profunda veneración:

Espíritu de fe. Debemos estar plenamente convencidos de que estamos ante la Palabra de Dios, que nos habla y nos interpela. No se trata de cualquier lectura más, sino de la expresión en la que Dios ha querido manifestarse Él mismo. Esto es lo que la Iglesia quiere señalar continuamente cuando pide que al término de la lectura en contexto litúrgico, el lector proclame: "Palabra de Dios".

Actitud de escucha. Si la Escritura es Palabra de Dios y estamos convencidos de ello, debemos ponernos en apertura, con una gran sensibilidad, despojándonos de la indiferencia y de la rutina, a fin de descubrir la voluntad de Dios, como lo expresa el joven Samuel: "habla Señor que tu siervo escucha" (1 Sam 3, 10). Esto implica tener una humildad interior, porque la Palabra de Dios no penetra donde el orgullo humano quiere erigirse como verdad suprema.

Actitud de discernimiento. Cuando Dios se manifiesta, el hombre debe tratar de entender lo que el Señor le pide. Debemos escudriñar los textos buscando desde la fe comprenderlos, ya que la Palabra de Dios nos propone siempre cosas nuevas. Es necesaria la Gracia de Dios, "y para que la inteligencia de la revelación se haga cada vez más profunda, el mismo Espíritu Santo perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones" (DV 5).

Actitud de entrega. Esta es equivalente a la prontitud para aceptar y cumplir la Palabra escuchada. El que lee la Biblia está siempre en actitud de entrega: Acepta al Padre que habla, a Cristo por quien habla y al Espíritu Santo que nos ilumina ante quien habla y a la Iglesia donde resuena esta Palabra. El mejor modelo de entrega y donación lo encontramos en María, la Virgen y Madre: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38).

Actitud de compromiso. Esta Palabra es Dios mismo que sale al encuentro del hombre y le pide una respuesta. Nuestro compromiso es personal y comunitario, es de cada uno y es como Iglesia. Que todas nuestras actividades sociales, políticas o culturales, sean en ámbito familiar o laboral, estén iluminadas por la Palabra de Dios y las orientaciones del Magisterio de la Iglesia, a fin de no quedarnos en una mera filantropía o activismo sociológico.

Conviene recordar, finalmente, lo que debemos observar para una lectura provechosa:
  • La lectura de la Sagrada Escritura debe hacerse desde la fe y en el contexto de la Tradición católica, es decir, bajo la guía del Magisterio auténtico de la Iglesia.
  • Hay que evitar lecturas integristas o intimistas, desencarnadas de la realidad histórica, como si la Palabra de Dios fuera para otros momentos que no son los nuestros y ajena a la dimensión social de la fe.
  • También se deberá tener cuidado de no hacer lecturas o relecturas ideologizadas, como si la Biblia fuera sólo un lugar donde se comprueban ideas, teorías o hipótesis preestablecidas.
  • Igualmente habrá que evitar las lecturas parciales y desfasadas del contexto bíblico global, como si la Biblia sólo nos hablara de hechos aislados o únicamente nos proporcionara datos sociológicos o culturales, arqueológicos o folkloristas.
  • Por último, es muy importante no caer en lecturas fundamentalistas, es decir, tomar el texto material y mecánicamente, sin una sana interpretación que nos lleve al sentido y aplicación en el contexto católico.
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