magisterio

CELAM

III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano

Puebla 1979

 

Índice Puebla, 1979

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TERCERA PARTE

 

LA EVANGELIZACIÓN EN LA IGLESIA DE AMÉRICA LATINA

COMUNIÓN Y PARTICIPACIÓN

 

563. Dios llama en América Latina a una vida en Cristo Jesús. Urge anunciarla a todos los hermanos. La Iglesia evangelizadora tiene esta misión: predicar la conversión, liberar al hombre e impulsarlo hacia el misterio de comunión con la Trinidad y de comunión con todos los hermanos, transformándolos en agentes y cooperadores del designio de Dios.

 

¿Cómo debe la Iglesia vivir su misión?

 

564. Cada bautizado se siente atraído por el Espíritu de Amor, quien le impulsa a salir de sí mismo, a abrirse a los hermanos y a vivir en comunidad. En la unión entre nosotros se hace presente el Señor Jesús resucitado que celebra su Pascua en América Latina.

 

565. Veamos cómo el don maravilloso de la vida nueva se realiza de modo excelente en cada Iglesia particular y también, de manera creciente en la familia, en pequeñas comunidades y en las parroquias. Desde estos centros de evangelización, el Pueblo de Dios en la Historia, por el dinamismo del Espíritu y la participación de los cristianos, va creciendo en gracia y santidad. En su seno surgen carismas y servicios. ¿Cómo se diversifican entre sí y se integran en la vida eclesial los ministros jerárquicos, las mujeres y hombres consagrados por el Señor y en fin, todos los miembros del Pueblo de Dios en su misión evangelizadora?

 

566. Los bautizados ¿por qué medios actúan? La acción del Espíritu se expresa en la oración y al escuchar la Palabra de Dios; se profundiza en la catequesis, se celebra en la liturgia, se testimonia en la vida, se comunica en la educación y se comparte en el diálogo que busca ofrecer a todos los hermanos la vida nueva que, sin mérito de nuestra parte, recibimos en la Iglesia como operarios de la primera hora.

 

COMPRENDE:

 

Capítulo I: Centros de comunión y participación

Capítulo II: Agentes de comunión y participación

Capítulo III: Medios para la comunión y participación.

 

CAPÍTULO I

 

CENTROS DE COMUNIÓN Y PARTICIPACIÓN

 

567. El misterio de la Iglesia como comunidad fraterna de caridad teologal, fruto del encuentro de la Palabra de Dios y de la celebración del Misterio Pascual de Cristo Salvador en la Eucaristía y en los demás sacramentos, confiada al Colegio Apostólico, presidido por Pedro para evangelizar al mundo, logra su arraigo y tiende a desarrollar su dinamismo transformador de la vida humana, tanto personal como social, en diversos niveles y circunstancias que constituyen centros o lugares preferenciales de evangelización, en orden a edificar la Iglesia y a su irradiación misionera.

 

CONTENIDO

 

1. La familia

2. Las Comunidades Eclesiales de Base (CEB), la Parroquia y la Iglesia Particular.

 

1. LA FAMILIA

 

568. La familia latinoamericana para llegar a ser realmente centro de comunión y participación, debe encontrar caminos de renovación interna y de comunión con la Iglesia y el mundo.

 

569. Nos complace abordar el tema de la familia como sujeto y objeto de evangelización. Conscientes de su complejidad, pero obedientes a la voz del Señor, hecha presente por la palabra del Santo Padre en su homilía sobre la familia (Puebla, 28 enero, 1979), deseamos unidos a su inquietud, ayudarla a ser fiel a su misión evangelizadora en esta ahora.

 

La familia, sujeto y objeto de Evangelización, centro evangelizador de comunión y participación.

 

1.1. INTRODUCCIÓN

 

570. En el gran sentido de familia que tienen nuestros pueblos, los Padres de la Conferencia de Medellín vieron un rasgo primordial de la cultura latinoamericana. "Pasaron diez años, la Iglesia en América Latina se siente feliz por todo lo que ha podido realizar en favor de la familia. Pero reconoce con humildad cuánto le falta por hacer, mientras que percibe que la Pastoral Familiar, lejos de haber perdido su carácter prioritario, aparece hoy todavía más urgente, como elemento muy importante de la Evangelización" (Cfr. Juan Pablo II, Homilía Puebla 2. AAS LXXI p. 184).

 

1.2. SITUACIÓN DE LA FAMILIA EN AMÉRICA LATINA

 

571. La familia es una de las instituciones en que más ha influido el proceso de cambio de los últimos tiempos. La Iglesia es consciente —nos ha recordado el Papa— de que en la familia "repercuten los resultados más negativos del subdesarrollo: índices verdaderamente deprimentes de insalubridad, pobreza y aun miseria, ignorancia y analfabetismo, condiciones inhumanas de vivienda, sub-alimentación crónica y tantas otras realidades no menos tristes" (Juan Pablo II, Homilía Puebla, 3. AAS LXXI p. 184).

 

572. Es preciso reconocer además que la realidad de la familia no es ya uniforme, pues en cada familia influyen de manera diferente —independientemente de la clase social—, factores ligados al cambio, a saber: factores sociológicos (injusticia social, principalmente); culturales (calidad de vida); políticos (dominación y manipulación); económicos (salarios, desempleo, pluriempleo); religiosos (influencia secularista), entre muchos otros.

 

573. La familia aparece también como víctima de quienes convierten en ídolos el poder, la riqueza y el sexo. A esto contribuyen las estructuras injustas, sobre todo los medios de comunicación, no sólo con sus mensajes de sexo, lucro, violencia poder, ostentación, sino también destacando lo que contribuye a propagar el divorcio, la infidelidad conyugal y el aborto o la aceptación del amor libre y de las relaciones pre-matrimoniales.

 

574. No pocos veces, la desorientación de las conciencias se debe a la falta de unidad de criterios entre sacerdotes en la aceptación y aplicación de la doctrina pontificia acerca de importantes aspectos de la moral familiar y social.

 

575. La familia rural y la suburbana sufren particularmente los efectos de los compromisos internacionales de los gobiernos por lo que hace a planeación familiar, extendida como imposición antinatalista y a experimentaciones que no tienen en cuenta la dignidad de la persona ni el auténtico desarrollo de los pueblos.

 

576. En estos sectores populares la crónica y generalizada situación de desempleo afecta la estabilidad familiar, ya que la necesidad de trabajo obliga a la emigración, al ausentismo de los padres, a la dispersión de los hijos.

 

577. En todos los niveles sociales, la familia sufre también el impacto deletéreo de la pornografía, el alcoholismo, las drogas, la prostitución y la trata de blancas, así como el problema de las madres solteras y de los niños abandonados. Ante el fracaso de los anticonceptivos químicos y mecánicos, se ha pasado a la esterilización humana y al aborto provocado, para lo cual se emplean insidiosas campañas.

 

578. Urge un diligente cuidado pastoral para evitar los males provenientes de la falta de educación en el amor, la falta de preparación al matrimonio, el descuido de la evangelización de la familia y de la formación de los esposos para la paternidad responsable. Además, no podemos desconocer que un gran número de familias de nuestro Continente no ha recibido el sacramento del matrimonio. Muchas de estas familias, no obstante, viven en cierta unidad, fidelidad y responsabilidad. Esta situación plantea interrogantes teológicos y exige un adecuado acompañamiento pastoral.

 

579. A la inversa, es satisfactorio comprobar que, cada día son más los cristianos que procuran vivir su fe en y desde el seno familiar, dando un valioso testimonio evangélico y aun educando con dignidad una familia razonablemente numerosa. Son también muchos los novios que se preparan con seriedad al matrimonio y tratan de dar a su celebración un verdadero sentido cristiano. Se nota, además, el empeño por vigorizar y adecuar la pastoral familiar a los desafíos y circunstancias de la vida moderna.

 

580. En todos los países han surgido iniciativas interesantes, orientadas a fortalecer los valores y la espiritualidad de la familia como Iglesia doméstica, en participación y compromiso con la Iglesia particular. En todo eso aparece el fruto de la acción callada y constante de los movimientos cristianos en favor de la familia.

 

581. Podemos visitar en toda América Latina "casas donde no falta el pan y el bienestar pero falta quizás concordia y alegría; casas donde las familias viven más bien modestamente y en la inseguridad del mañana, ayudándose mutuamente a llevar una existencia difícil pero digna; pobres habitaciones en las periferias de vuestras ciudades, donde hay mucho sufrimiento escondido aunque en medio de ellas existe la sencilla alegría de los pobres; humildes chozas de campesinos, de indígenas, de emigrantes, etc." (Juan Pablo II, Homilía Puebla, 4. AAS LXXI p. 186). Concluiremos subrayando que los mismos hechos que acusan la desintegración de la familia, "terminan por poner de manifiesto, de diversos modos, la auténtica índole de esa institución" (GS 47), "que no fue abolida ni por la pena del pecado original ni por el castigo del diluvio" (Liturgia del Matrimonio), pero que sigue padeciendo por la dureza del corazón humano (Cfr. Mt. 19,8).

 

1.3. REFLEXIÓN TEOLÓGICA SOBRE LA FAMILIA

 

582. La familia es imagen de Dios que "en su misterio más íntimo no es una soledad, sino una familia" (Juan Pablo II, Homilía Puebla, 2. AAS LXXI p. 184). Es una alianza de personas a la que se llega por vocación amorosa del Padre que invita a los esposos a una "íntima comunidad de vida y de amor" (GS 48), cuyo modelo es el amor de Cristo a su Iglesia. La ley del amor conyugal es comunión y participación, no dominación. Es exclusiva, irrevocable y fecunda entrega a la persona amada sin perder la propia identidad. Un amor así entendido, en su rica realidad sacramental es más que un contrato; tiene las características de la Alianza (Cfr. GS 48).

 

583. La pareja santificada por el sacramento del matrimonio es un testimonio de presencia pascual del Señor. La familia cristiana cultiva el espíritu de amor y de servicio. Cuatro relaciones fundamentales de la persona encuentran su pleno desarrollo en la vida de la familia: paternidad, filiación, hermandad, nupcialidad. Estas mismas relaciones componen la vida de la Iglesia: experiencia de Dios como Padre, experiencia de Cristo como hermano, experiencia de hijos en, con y por el Hijo, experiencia de Cristo como esposo de la Iglesia. La vida en familia reproduce estas cuatro experiencias fundamentales y las participa en pequeño; son cuatro rostros del amor humano (Cfr. GS 49).

 

584. Cristo, al nacer, asumió la condición de los niños: nació pobre y sometido a sus padres. Todo niño —imagen de Jesús que nace—, debe ser acogido con cariño y bondad. Al trasmitir la vida a un hijo, el amor conyugal produce una persona nueva, singular, única e irrepetible. Allí empieza para los padres el ministerio de evangelización. En él deben fundar su paternidad responsable: en las circunstancias sociales, económicas, culturales, demográficas en que vivimos, ¿son los esposos capaces de educar y evangelizar en nombre de Cristo a un hijo más? La respuesta de los padres sensatos será fruto del recto discernimiento y no de la ajena opinión de las personas, de la moda o de los impulsos. Así el instinto y el capricho, cederán lugar a la disciplina consciente y libre de la sexualidad, por amor a Cristo cuyo rostro aparece en el rostro del niño que se desea y se trae libremente a la vida.

 

585. La lenta y gozosa educación de la familia representa siempre un sacrificio, recuerdo de la cruz redentora. Pero la felicidad íntima que comunica a los padres, recuerda también la resurrección. En este espíritu de pascua los padres evangelizan a sus hijos y son por ellos evangelizados (Cfr. EN 71). El reconocimiento de las faltas y la sincera manifestación del perdón, son elementos de conversión permanente y de permanente resurrección. El ambiente de pascua florece en la vida cristiana entera y se convierte en profetismo, al contacto con la divina Palabra. Pero evangelizar, no es sólo leer la Biblia, sino desde ella, darse una palabra de admiración, de consuelo, de corrección, de luz, de seguridad.

 

586. La estabilidad en la relación de padres e hijos es comunicativa. Cuando las demás familias ven cómo se aman, nace el deseo y la práctica de un amor que vincula a las familias entre sí, como signo de la unidad del género humano (Cfr. LG 1). Allí crece la Iglesia mediante la integración de las familias por el bautismo que a todos hace hermanos. Donde la catequesis robustece la fe, todos se enriquecen con el testimonio de las virtudes cristianas. Un ambiente sano de vinculación de familias es lugar único de nutrición, fortalecimiento físico y mental para los hijos, en sus primeros años. Los padres son allí maestros, catequistas y los primeros ministros de la oración y del culto a Dios. Se renueva la imagen de Nazaret: "Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres" (Lc. 2,52).

 

587. Para que funcione bien, la sociedad requiere las mismas exigencias del hogar; formar personas conscientes, unidas en comunidad de fraternidad para fomentar el desarrollo común. La oración, el trabajo y la actividad educadora de la familia, como célula social, deben, pues, orientarse a trocar las estructuras injustas, por la comunión y participación entre los hombres y por la celebración de la fe en la vida cotidiana. "En la interpelación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el Evangelio y la vida concreta personal y social" (EN 29), la familia sabe leer y vivir el mensaje explícito sobre los derechos y deberes de la vida familiar. Por eso, denuncia y anuncia, se compromete en el cambio del mundo en sentido cristiano y contribuye al progreso, a la vida comunitaria, al ejercicio de la justicia distributiva, a la paz.

 

588. En la Eucaristía la familia encuentra su plenitud de comunión y participación. Se prepara por el deseo y la búsqueda del Reino, purificando el alma de todo lo que aparta de Dios. En actitud oferente, ejerce el sacerdocio común y participa de la Eucaristía para prolongarla en la vida por el diálogo en que comparte la palabra, las inquietudes, los planes, profundizando así, la comunión familiar. Vivir la Eucaristía es reconocer y compartir los dones que por Cristo recibimos del Espíritu Santo. Es aceptar la acogida que nos brindan los demás y dejarlos entrar en nosotros mismos. Vuelve a surgir el espíritu de la Alianza: es dejar que Dios entre en nuestra vida y se sirva de ella según su voluntad. Aparece, entonces, en el centro de la vida familiar la imagen fuerte y suave de Cristo, muerto y resucitado.

 

589. De allí surgirá la misión de la familia. Esta Iglesia doméstica, convertida por la fuerza liberadora del Evangelio en "escuela del más rico humanismo" (GS 2), sabiéndose peregrina con Cristo y comprometida con El al servicio de la Iglesia particular, se lanza hacia el futuro, dispuesta a superar las falacias del racionalismo y de la sabiduría mundana que desorientan al hombre moderno. Viendo y actuando sobre la realidad, como Dios la ve y la gobierna, busca mayor fidelidad al Señor, para no adorar ídolos sino al Dios vivo del amor.

 

1.4. OPCIONES PASTORALES

 

OPCIÓN BÁSICA

 

590. Teniendo en cuenta las enseñanzas de Medellín, de Pablo VI y el reciente magisterio de Juan Pablo II acerca de la familia: "Haced todos los esfuerzos para que haya una pastoral de la familia. Atended a campo tan prioritario con la certeza de que la evangelización en el futuro depende en gran parte de la "Iglesia doméstica"(Discurso inaugural, IV a. AAS LXXI p. 204), ratificamos la prioridad de la pastoral familiar dentro de la Pastoral orgánica en América Latina.

 

Proponemos un esquema elemental de Pastoral Familiar:

 

591. a) La Pastoral Familiar se inserta admirablemente en la pastoral de toda la Iglesia: es evangelizadora, profética y liberadora.

 

592. - Anuncia el Evangelio del amor conyugal y familiar como experiencia pascual vivida en la Eucaristía.

 

593. - Denuncia las falacias y corruptelas que impiden o ensombrecen el Evangelio del amor conyugal y familiar.

 

594. - Busca caminos para que las parejas y las familias puedan avanzar en su vocación al amor y en su misión de formar personas, educar en la fe, contribuir al desarrollo. En los casos tan frecuentes de familias incompletas, se han de buscar caminos pastorales para su adecuada atención.

 

595. - Acoge a las parejas y familias, cualquiera sea la situación concreta de cada una, y las acompaña con paso de Buen Pastor que comprende su debilidad al ritmo de su pobreza humana y de su ignorancia.

 

596. b) Son agentes de esta Pastoral quienes se comprometen a vivir el Evangelio de la familia y promueven pequeñas o amplias comunidades eclesiales familiares.

 

c) Desarrollan la Pastoral Familiar

 

597. - en los momentos cargados de gracia salvífica que acontecen en las parejas y en las familias: noviazgo, desposorio, boda, paternidad y educación de los hijos, aniversarios, bautismos, primeras Comuniones, fiestas y celebraciones familiares, sin excluir crisis de la convivencia familiar, momentos de dolor como la enfermedad y la muerte.

 

598. - Está íntimamente relacionada con la Pastoral Social en:

 

el trabajo por la creación de estructuras y ambientes que hagan posible la vida en familia;

en la recreación, procurando ambientes seguros y constructivos para los hijos y para todos los jóvenes;

en la cultura, comunicando valores recibidos de la historia familiar y de la historia local;

en el apostolado, vinculándose en comunidades en íntima relación con la Jerarquía y en compromiso con la Iglesia particular.

599. d) Partiendo de la Palabra, ofrece principios y pautas para la acción: preferencia de "ser más", sobre la tendencia de tener, poder, saber "más", sin servir más. Dar más que recibir.

 

600. e) La Pastoral Familiar se desarrolla:

 

En ambientes de confianza en la verdad.

En la integración de los valores naturales de la familia con la fe.

Con discernimiento cristiano de las circunstancias para la toma de decisiones.

LÍNEAS DE ACCIÓN

 

601. a) Enriquecer y sistematizar la teología de la familia para facilitar su conocimiento y profundización como "Iglesia doméstica" (Cfr. LG 11), con el fin de iluminar las nuevas situaciones de las familias latinoamericanas.

 

602. b) Afirmar que en toda pastoral familiar deberá considerarse a la familia como sujeto y agente insustituible de evangelización y como base de la comunión de la sociedad.

 

603. c) Promover en el seno de las familias un profundo espíritu de comunión entre sus miembros, con expresiones de apertura y generoso servicio mutuo, procurando así la realización de la Buena Nueva.

 

604. d) Recalcar la necesidad de una educación de todos los miembros de la familia en la justicia y en el amor, de tal manera que puedan ser agentes responsables, solidarios y eficaces para promover soluciones cristianas de la compleja problemática social latinoamericana.

 

605. e) Considerar la catequesis pre-sacramental y su celebración litúrgica como momentos privilegiados para el anuncio y respuesta al Evangelio del amor conyugal y familiar.

 

606. f) Procurar, como parte importante de la educación progresiva en el amor, la educación sexual que debe ser oportuna e integral y que hará descubrir la belleza del amor y el valor humano del sexo.

 

607. g) Acompañar a los esposos para ayudarlos a crecer en la fe y a profundizar en el misterio del matrimonio cristiano. Así les ayudará a ser felices, enseñándoles a cultivar el amor, entrar en diálogo, tener delicadezas y atenciones; a centrar en el hogar todos los intereses de la vida.

 

608. h) Atender, en una actitud pastoral profundamente evangélica, al sentido problema de las uniones matrimoniales de facto, de las familias incompletas, con un profundo sentido de comprensiva prudencia.

 

609. i) Educar preferentemente a los esposos para una paternidad responsable que los capacite no sólo para una honesta regulación de la fecundidad y para incrementar el gozo de su complementariedad, sino también para hacerles buenos formadores de sus hijos.

 

610. j) Proporcionar a las familias, ante las campañas antinatalistas de origen gubernamental o promovidas desde otros países, suficientes conocimientos sobre los múltiples efectos negativos de las técnicas imperantes en las filosofías neomaltusianas y proceder a aplicar integralmente las normas éticas clara y repetidamente anunciadas por el magisterio.

 

611. Para lograr una honesta regulación de la fecundidad, se requiere promover la existencia de centros en donde se enseñen científicamente los métodos naturales por parte de personal calificado. Esta alternativa humanista evita los males éticos y sociales de la anticoncepción y la esterilización, que históricamente, han sido pasos previos a la legalización del aborto.

 

612. k) No circunscribir la pastoral para el respeto del derecho básico de la vida al crimen abominable del aborto, sino extenderla a la defensa de la integridad y la salud en los demás momentos y circunstancias de la existencia humana.

 

613. l) Seguir fielmente esta recomendación: "En defensa de la familia...la Iglesia se compromete a dar su ayuda, e invita a los Gobiernos para que pongan como punto clave de su acción una política sociofamiliar inteligente, audaz, perseverante, reconociendo que ahí se encuentra sin duda el porvenir —la esperanza— del Continente" (Juan Pablo II, Homilía Puebla, 3. AAS LXXI, p. 185).

 

614. m) Impartir, tanto en los Seminarios como en Institutos Religiosos y otros Centros una suficiente formación en Pastoral Familiar y, posteriormente, en la formación permanente de los sacerdotes y demás agentes de la evangelización.

 

615. n) Promover y fortalecer los movimientos y formas del apostolado familiar, respetando sus propios carismas dentro de la Pastoral de Conjunto.

 

616. o) Crear o vitalizar, para asegurar el éxito de estas líneas de acción, Centros de Coordinación diocesana, nacional y latinoamericana para la Pastoral Familiar con participación de los padres de familia.

 

2. COMUNIDADES ECLESIALES DE BASE, PARROQUIA, IGLESIA PARTICULAR

 

617. Además de la familia cristiana, primer centro de evangelización, el hombre vive su vocación fraterna en el seno de la Iglesia Particular, en comunidades que hacen presente y operante el designio salvífico del Señor, vivido en comunión y participación.

 

Así, dentro de la Iglesia Particular, hay que considerar las parroquias, las Comunidades Eclesiales de Base y otros grupos eclesiales.

 

618. La Iglesia es el Pueblo de Dios que expresa su vida de comunión y servicio evangelizador en diversos niveles y bajo diversas formas históricas.

 

2.1. SITUACIÓN

 

619. En general: en nuestra Iglesia de América Latina hay grande anhelo de relaciones más profundas y estables en la fe, sostenidas y animadas por la Palabra de Dios. Se ha intensificado la oración en común y el esfuerzo del pueblo por participar más consciente y fructuosamente en la liturgia.

 

620. Comprobamos un crecimiento en la corresponsabilidad de los fieles tanto en la organización como en la acción pastoral.

 

621. Hay conciencia y ejercicios más amplios de los derechos y deberes que competen a los laicos como miembros de la comunidad.

 

622. Se percibe un gran anhelo de justicia y un sincero sentido de solidaridad, en un ambiente social caracterizado por el avance del secularismo y los demás fenómenos propios de una sociedad en transformación.

 

623. La Iglesia, poco a poco, se ha ido desligando de quienes detentan el poder económico o político, liberándose de dependencias y prescindiendo de privilegios.

 

624. La Iglesia en América Latina quiere seguir dando un testimonio de servicio desinteresado y abnegado, frente a un mundo dominado por el afán de lucro, por el ansia de poder y por la explotación.

 

625. En la línea de una mayor participación, surgen ministerios ordenados, como el diaconado permanente, no ordenado y otros servicios como celebradores de la Palabra, animadores de comunidades. Se advierte también mejor colaboración entre sacerdotes, religiosos y laicos.

 

626. Se manifiesta más claramente en nuestras comunidades como fruto del Espíritu Santo, un nuevo estilo de relaciones entre Obispos y Presbíteros y de ellos con su pueblo, caracterizadas por mayor sencillez, comprensión y amistad en el Señor.

 

627. Todo esto es un proceso en el cual aún hay sectores amplios que presentan alguna resistencia y que requieren comprensión y estímulo, así como una gran docilidad al Espíritu Santo. Se necesita todavía mayor apertura del clero a la acción de los laicos, superación del individualismo pastoral y de la autosuficiencia. Por otra parte, el influjo del ambiente secularizado ha producido, a veces, tendencias centrífugas respecto de la comunidad y pérdida del auténtico sentido eclesial.

 

628. No se han encontrado siempre los medios eficaces para superar la escasa educación en la fe de nuestro pueblo que permanece indefenso ante la difusión de doctrinas teológicas inseguras, frente al proselitismo sectario y a movimientos pseudo espirituales.

 

EN PARTICULAR

 

629. Se comprueba que las pequeñas comunidades, sobre todo las Comunidades Eclesiales de Base crean mayor interrelación personal, aceptación de la Palabra de Dios, revisión de vida y reflexión sobre la realidad, a la luz del Evangelio; se acentúa el compromiso con la familia, con el trabajo, el barrio y la comunidad local. Señalamos con alegría, como importante hecho eclesial particularmente nuestro y como "esperanza de la Iglesia" (EN 58), la multiplicación de pequeñas comunidades. Esta expresión eclesial se advierte más en la periferia de las grandes ciudades y en el campo. Son ambiente propicio para el surgimiento de los nuevos servicios laicales. En ellas se ha difundido mucho la catequesis familiar y la educación de la fe de los adultos, en la forma más adecuada al pueblo sencillo.

 

630. Sin embargo, no se ha prestado suficiente atención a la formación de líderes educadores en la fe y cristianos responsables en los organismos intermedios del barrio, del mundo obrero y campesino. No han faltado, quizá por eso, miembros de comunidad o comunidades enteras que, atraídos por instituciones puramente laicas o radicalizadas ideológicamente, van perdiendo el sentido auténtico eclesial.

 

631. La parroquia va logrando diversas formas de renovación, adecuadas a los cambios de estos últimos años. Hay cambio de mentalidad entre los pastores; se llama a los laicos para los consejos de pastoral y demás servicios; constante actualización de la catequesis, presencia mayor del presbítero en el seno del pueblo, principalmente por medio de una red de grupos y comunidades.

 

632. En la línea de la Evangelización, la parroquia presenta una doble relación de comunicación y comunión pastoral: a nivel diocesano se integran las parroquias en zonas, vicarías, decanatos; al interior de sí mismas, se diversifica la pastoral según los distintos sectores y se abre a la creación de comunidades menores.

 

633. Con todo, subsisten aún actitudes que obstaculizan este dinamismo de renovación: primacía de lo administrativo sobre lo pastoral, rutina, falta de preparación a los sacramentos, autoritarismo de algunos sacerdotes y encerramiento de la parroquia sobre sí misma, sin mirar a las graves urgencias apostólicas del conjunto.

 

634. En la Iglesia Particular, se registra un notable esfuerzo por adecuar el territorio para una mayor atención al Pueblo de Dios, por la creación de nuevas Diócesis. Hay empeño de dotar a las Iglesias de aquellos organismos que promueven la corresponsabilidad, mediante canales adecuados para el diálogo, como Consejos Presbiteriales, Consejos de Pastoral, Comisiones Diocesanas, que animan una pastoral más orgánica y adaptada a la realidad peculiar de cada diócesis.

 

635. Hay también, por parte de las comunidades religiosas y de los movimientos laicales, una mayor conciencia de la necesidad de insertarse, con espíritu eclesial, en la misión de la Iglesia Particular.

 

636. A nivel nacional, es notable el esfuerzo en pro de un mejor ejercicio de la colegialidad en el seno de las conferencias Episcopales, cada día mejor organizadas y dotadas de organismos subsidiarios. Mención especial merece el desarrollo y la eficacia del servicio que el CELAM ofrece a la comunión eclesial en todo el ámbito de América Latina.

 

637. A nivel universal, se destacan las relaciones de fraterno intercambio por el envío de personal apostólico y la ayuda económica, establecidas con los episcopados de Europa y de América del Norte, con apoyo de la CAL, cuya continuación y profundización ofrecen oportunidades más amplias de participación inter-eclesial, signo notable de comunión universal.

 

2.2. REFLEXIÓN DOCTRINAL

 

638. El cristiano vive en comunidad bajo la acción del Espíritu Santo, principio invisible de unidad y comunión, como también de la unidad y variedad de estados de vida, ministerios y carismas.

 

639. En su familia, Iglesia doméstica, el bautizado es llamado a la primera experiencia de comunión en la fe, en el amor y en el servicio a los demás.

 

640. En las pequeñas comunidades, sobre todo en las mejor constituidas, crece la experiencia de nuevas relaciones interpersonales en la fe, la profundización de la Palabra de Dios, la participación en la Eucaristía, la comunión con los Pastores de la Iglesia Particular y un compromiso mayor con la justicia en la realidad social de sus ambientes. Se pregunta cuándo una pequeña comunidad puede ser considerada verdadera comunidad eclesial de base en América Latina.

 

641. La Comunión Eclesial de Base, como comunidad, integra familias, adultos y jóvenes, en íntima relación interpersonal en la fe. Como eclesial es comunidad de fe, esperanza y caridad; celebra la Palabra de Dios y se nutre con la Eucaristía, culmen de todos los Sacramentos; realiza la Palabra de Dios en la vida, a través de la solidaridad y compromiso con el mandamiento nuevo del Señor y hace presente y actuante la misión eclesial y la comunión visible con los legítimos pastores, a través del servicio de coordinadores aprobados. Es de base, por estar constituida por pocos miembros, en forma permanente y a manera de célula de la gran comunidad. "Cuando merecen su título de eclesialidad, ellas pueden conducir, en fraternal solidaridad, su propia existencia espiritual y humana" (EN 58).

 

642. Los cristianos unidos en comunidad eclesial de base, fomentando su adhesión a Cristo, procuran una vida más evangélica en el seno del pueblo, colaboran para interpelar las raíces egoístas y consumistas de la sociedad y explicitan la vocación de comunión con Dios y con sus hermanos, ofreciendo un valioso punto de partida en la construcción de una nueva sociedad, "la civilización del amor".

 

643. Las Comunidades Eclesiales de Base son expresión del amor preferente de la Iglesia por el pueblo sencillo; en ellas se expresa, valora y purifica su religiosidad y se le da posibilidad concreta de participación en la tarea eclesial y en el compromiso de transformar el mundo.

 

644. La parroquia realiza una función en cierto modo integral de Iglesia, ya que acompaña a las personas y familias a lo largo de su existencia, en la educación y crecimiento de su fe. Es centro de coordinación y de animación de comunidades, de grupos y de movimientos. Aquí se abre más el horizonte de comunión y participación. La celebración de la Eucaristía y demás sacramentos hace presente de modo más claro, la globalidad de la Iglesia. Su vínculo con la comunidad diocesana está asegurado por la unión con el Obispo que confía a su representante (normalmente el párroco), la atención pastoral de la comunidad. La parroquia viene a ser para el cristiano el lugar de encuentro, de fraterna comunicación de personas y de bienes, superando las limitaciones propias de las pequeñas comunidades. En la parroquia se asumen, de hecho, una serie de servicios que no están al alcance de las comunidades menores, sobre todo en la dimensión misionera y en la promoción de la dignidad de la persona humana, llegando así, a los migrantes más o menos estables, a los marginados, a los alejados, a los no creyentes y, en general, a los más necesitados.

 

645. En la Iglesia Particular, formada a imagen de la Iglesia Universal, se encuentra y opera verdaderamente la Iglesia de Cristo que es una, santa, católica y apostólica (Cfr. LG 23 y CD 11). Es una porción del Pueblo de Dios, definida por un contexto socio-cultural más amplio, en el cual se encarna. Su primacía en el conjunto de las comunidades eclesiales se debe al hecho de estar presidida por un Obispo, dotado, en forma plena y sacramental, del triple ministerio de Cristo, cabeza del cuerpo místico, profeta, sacerdote y pastor. El Obispo es, en cada Iglesia Particular, principio y fundamento de su unidad.

 

646. Por ser sucesores de los Apóstoles, a través de su comunión con el Colegio Episcopal y de manera especial con el Romano Pontífice, hacen presente la apostolicidad de toda la Iglesia; garantizan la fidelidad al Evangelio; realizan la comunión con la Iglesia Universal y promueven la colaboración de su Presbiterio y el desarrollo del Pueblo de Dios, encomendado a sus cuidados.

 

647. Responsabilidad del Obispo será discernir los carismas y fomentar los ministerios indispensables para que la Diócesis crezca hacia su madurez, como comunidad evangelizada y evangelizadora, de tal manera que sea luz y fermento de la sociedad, sacramento de unidad y de liberación integral, apta para el intercambio con las demás Iglesias particulares, animada por el espíritu misionero, que la haga irradiar la riqueza evangélica lograda en su interior.

 

2.3. LÍNEAS PASTORALES

 

648. Como pastores, queremos decididamente promover, orientar y acompañar las Comunidades Eclesiales de Base, según el espíritu de Medellín (Cfr. Pastoral de Conjunto, 10) y los criterios de la "Evangelii Nuntiandi" 58; favorecer el descubrimiento y la formación gradual de animadores para ellas. Hay que buscar, en especial, cómo las pequeñas comunidades, que se multiplican sobre todo en la periferia y las zonas rurales, puedan adecuarse también a la pastoral de las grandes ciudades de nuestro Continente.

 

649. Es necesario continuar en las Parroquias el esfuerzo de renovación superando los aspectos meramente administrativos; buscando la participación mayor de los laicos, especialmente en el Consejo de Pastoral; dando prioridad a los apostolados organizados y formando a los seglares para que asuman, como cristianos, sus responsabilidades en la comunidad y en el ambiente social.

 

650. Se debe insistir en una opción más decidida por la pastoral de conjunto, especialmente con la colaboración de las comunidades religiosas, promoviendo grupos, comunidades y movimientos; animándolas en un esfuerzo constante de comunión, haciendo de la Parroquia el centro de promoción y de servicios que las comunidades menores no pueden asegurar.

 

651. Han de impulsar las experiencias para desarrollar la acción pastoral de todos los agentes en las parroquias y alentar la pastoral vocacional de los ministerios ordenados, de los servicios laicales y de la vida religiosa.

 

652. Dignos de especial reconocimiento y de una voz de aliento son los Presbíteros y demás agentes de pastoral, a quienes la comunidad diocesana deben respaldo, estímulo y solidaridad, también en lo referente a la congrua sustentación y seguridad social, dentro del espíritu de pobreza.

 

653. Entre los Presbíteros, queremos destacar la figura del Párroco, como Pastor a semejanza de Cristo, promotor de comunión con Dios y con sus hermanos a cuyo servicio se entrega, con sus cohermanos Presbíteros en torno al Obispo; atento a discernir los signos de los tiempos con su Pueblo; animador de comunidades.

 

654. En el ámbito de la Iglesia Particular, procúrese asegurar la constante formación y renovación de los agentes de pastoral, impulsando la espiritualidad y los cursos de capacitación mediante centros de retiro y jornadas de oración. Es urgente que las curias diocesanas lleguen a ser centros más eficaces de promoción pastoral en sus tres niveles de Catequesis, Liturgia y Servicios de justicia y de caridad, reconociendo el valor pastoral del servicio administrativo. Se debe intentar, con especial empeño, la integración de los Consejos diocesanos de pastoral y demás organismos diocesanos que, aunque presenten algunas dificultades, son instrumentos indispensables para la planeación, implementación y acompañamiento constante de la acción pastoral en la vida de la Diócesis.

 

655. La Iglesia Particular ha de poner de relieve su carácter misionero y la comunión eclesial, compartiendo valores y experiencias, así como favoreciendo el intercambio de personas y de bienes.

 

656. A través de sus pastores por la colegialidad episcopal y la unión al Vicario de Cristo, la comunidad diocesana debe intensificar la estrecha comunión con el centro de unidad de la Iglesia y la aceptación leal del servicio que ofrece, por su Magisterio, en la fidelidad al Evangelio y la vivencia de la caridad. En esto se incluye la colaboración en la acción —a nivel continental— por medio del CELAM y sus programas.

 

657. Nos empeñamos para que esta colegialidad, de la que Puebla, como las dos Conferencias Generales que la precedieron constituye un momento privilegiado, sea el signo más fuerte de credibilidad del anuncio y servicio del Evangelio, en favor de la comunión fraterna en toda América Latina.

 

 

 

CAPÍTULO II

 

AGENTES DE COMUNIÓN Y PARTICIPACIÓN

 

Nos dirigimos ahora a los principales agentes de evangelización. Con ellos queremos reflexionar y tomar nuevo aliento y nuevas opciones para llevar a cabo nuestra tarea pastoral.

 

658. Somos responsables de esta difícil pero honrosa misión de evangelizar a todas las personas y todos los ambientes. Nos referimos a los presbíteros, diáconos, religiosos, religiosas y laicos comprometidos y comenzamos por nosotros mismos, los Obispos.

 

CONTENIDO:

 

1. Ministerio Jerárquico

2. Vida consagrada

3. Laicos

4. Pastoral vocacional

 

1. MINISTERIO JERÁRQUICO

 

659. El Ministerio Jerárquico, signo sacramental de Cristo Pastor y Cabeza de la Iglesia, es el principal responsable de la edificación de la Iglesia en la comunión y de la dinamización de su acción evangelizadora.

 

1.1. INTRODUCCIÓN

 

660. Ha sido muy activa en estos años la reflexión teológica sobre la identidad sacerdotal, urgida por crisis y desajustes que la golpearon con cierta fuerza. Hace falta, entonces, y por ello invitamos a teólogos y pastoralistas, profundizar en un campo tan importante, según las directrices del magisterio, en particular del Concilio Vaticano II, Medellín, Sínodo de Obispos de 1971 y el Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos. Una visión de síntesis, en la que aparezca la convergencia de elementos, a veces presentados como contrapuestos, cobra gran interés.

 

661. El sacerdocio, en virtud de su participación sacramental con Cristo, Cabeza de la Iglesia, es, por Palabra y la Eucaristía, servicio de la Unidad de la Comunidad (Cfr. Ef. 4, 15-17). El Ministerio de la comunidad implica la participación en el poder o autoridad que Cristo comunica mediante la ordenación y que constituye al Sacerdote en la triple dimensión del ministerio de Cristo Profeta, Liturgo y Rey, en alguien que actúa en su Nombre, al servicio de la Comunidad.

 

662. El ser y el obrar del sacerdote, en la identidad de su servicio, está referido a la Eucaristía, raíz y quicio de toda comunidad (Cfr. PO 5), centro de la vida sacramental, hacia la cual lleva la Palabra. Por eso, se puede decir que donde hay Eucaristía hay Iglesia. Como ésta es servida por el Obispo, en unión con el Presbiterio, es igualmente cierto decir "Donde esté el Obispo está la Iglesia".

 

663. En virtud de la fraternidad sacramental, la plena unidad entre los Ministros de la Comunidad es ya un hecho evangelizador, cuya exigencia es recordada por el Papa en su Discurso inaugural (Cfr. II, 1 y 2. AAS LXXI, pp. 196-197). De aquí deriva la misma unidad pastoral.

 

1.2. SITUACIÓN

 

664. De acuerdo con las necesidades de los tiempos, se advierte un cambio en la mentalidad y actitud de los ministros jerárquicos y, consiguientemente, en su imagen.

 

665. Se va tomando conciencia más profunda del carácter evangelizador y misionero de la tarea pastoral.

 

666. La forma de vida de muchos pastores ha crecido en sencillez y pobreza, en mutuo afecto y comprensión, en acercamiento al pueblo, en apertura al diálogo y en corresponsabilidad.

 

667. Se ha afianzado la comunión eclesial, tanto de los Obispos con el Santo Padre, como de los Obispos entre sí; igualmente la de los presbíteros y religiosos con el Obispo y entre las diversas familias eclesiales. Especial reconocimiento merecen las Iglesias particulares de diversos países que, no sólo incrementan nuestra labor evangelizadora con el envío de presbíteros, religiosos y demás agentes de evangelización, sino que también contribuyen generosamente con su comunicación cristiana de bienes.

 

668. Es admirable y alentador comprobar el espíritu de sacrificio y abnegación con que muchos pastores ejercen su ministerio en servicio del Evangelio, sea en la predicación, sea en la celebración de los sacramentos o en la defensa de la dignidad humana, afrontando la soledad, el aislamiento, la incomprensión y, a veces, la persecución y la muerte (Cfr. PO 13).

 

669. Se nota en casi todos los ministros un creciente interés de actualización no sólo intelectual sino espiritual y pastoral y un deseo de aprovechamiento de todos los medios que la favorecen.

 

670. Se advierte una mayor clarificación con respecto a la identidad sacerdotal que ha conducido a una nueva afirmación de la vida espiritual del ministerio jerárquico y a un servicio preferencial a los pobres.

 

671. Los pastores han contribuido sensiblemente a una mayor toma de conciencia en la acción de los laicos, tanto en su vocación específica secular, como en una participación más responsable en la vida de la Iglesia, inclusive mediante los diversos ministerios.

 

672. Fenómeno estimulante es el de los diáconos permanentes con su variado ministerio, especialmente en parroquias rurales y campesinas, sin olvidar las Comunidades Eclesiales de Base y otros grupos de fieles. Con todo, se hace necesaria una profundización teológica sobre la figura del diácono para lograr una mayor aceptación de su ministerio. Dentro de este panorama alentador, también aparecen aspectos negativos Proponemos algunos.

 

673. a) Falta unidad en los criterios básicos de pastoral, con las consiguientes "tensiones" de la obediencia y serias repercusiones en "pastoral de conjunto".

 

674. b) A pesar del reciente aumento de vocaciones, hay una preocupante escasez de ministros, debida —entre otras causas— a una deficiente conciencia misionera.

 

675. c) La distribución del clero, a nivel continental, es inadecuada y se ve agravada, en algunos casos, porque los sacerdotes cumplen tareas supletorias.

 

676. d) Falta suficiente actualización pastoral, espiritual y doctrinal; eso produce inseguridad ante los avances teológicos y ante doctrinas erróneas, provoca un sentimiento de frustración pastoral y aun ciertas crisis de identidad.

 

677. e) A veces la insuficiente sustentación y la falta de una modesta previsión social de los presbíteros, provoca la búsqueda de trabajos remunerados, en detrimento de su ministerio.

 

678. f) Falta en algunas ocasiones la oportuna intervención magisterial y profética de los Obispos, así como también una mayor coherencia colegial.

 

1.3 ILUMINACIÓN TEOLÓGICO-PASTORAL

 

679. El gran ministerio o servicio que la Iglesia presta al mundo y a los hombres en él es la evangelización (ofrecida con hechos y palabras) (Cfr. DV 2), la Buena Nueva de que el Reino de Dios, Reino de justicia y paz, llega a los hombres en Jesucristo.

 

680. Desde el principio hubo en la Iglesia diversidad de ministerios, en orden a la evangelización. Los escritos del Nuevo Testamento muestran la vitalidad de la Iglesia que se expresó en múltiples servicios. Así san Pablo menciona, entre otros, los siguientes: la profecía, la diaconía, la enseñanza, la exhortación, el dar limosna, el presidir, el ejercer la misericordia (Cfr. Rom. 12, 6-8); y en otros contextos habla de ministerios como las palabras de la sabiduría, el discernimiento de espíritus y algunos otros (Cfr. 1 Cor. 12, 8-11; Ef. 4, 11-12; 1 Tes. 5, 12s.; Flp. 1,1). Igualmente en otros escritos del Nuevo Testamento se describen varios ministerios.

 

681. "El ministerio eclesiástico, de institución divina, es ejercido en diversos órdenes por aquellos que ya desde antiguo vienen llamándose Obispos, presbíteros y diáconos" (LG 28). Constituyen el ministerio jerárquico y se reciben mediante la "imposición de las manos", en el Sacramento del Orden. Como lo enseña el Vaticano II, por el Sacramento del Orden —Episcopal y presbiteral— se confiere un sacerdocio ministerial, esencialmente distinto del sacerdocio común del que participan todos los fieles por el Sacramento del Bautismo (Cfr. LG 10); quienes reciben el ministerio jerárquico quedan constituidos, "según sus funciones", "pastores" en la Iglesia. Como el Buen Pastor (Cfr. Jn. 10, 1-16), van delante de las ovejas; dan la vida por ellas para que tengan vida y la tengan en abundancia; las conocen y son conocidas por ellas.

 

682. "Ir delante de las ovejas" significa estar atentos a los caminos por los que los fieles transitan, a fin de que, unidos por el Espíritu, den testimonio de la vida, los sufrimientos, la Muerte y la Resurrección de Jesucristo, quien, pobre entre los pobres, anunció que todos somos hijos de un mismo Padre y por consiguiente hermanos.

 

683. "Dar la vida" señala la medida del "ministerio jerárquico" y es la prueba del mayor amor; así lo vive Pablo que muere todos los días (Cfr. 2 Cor. 4, 11) en el cumplimiento de su ministerio.

 

684. "Conocer las ovejas y ser conocidos por ellas" no se limita a saber de las necesidades de los fieles. Conocer es involucrar el propio ser, amar como quien vino no a ser servido sino a servir (Cfr. Mt. 20, 25-28).

 

685. Renovamos nuestra adhesión a todas las enseñanzas que sobre los Pastores nos han sido dado el Concilio Vaticano II, el Sínodo Episcopal de 1971, Medellín y el Directorio de los Obispos. Proponemos ahora, por creerlas especialmente útiles para la Evangelización en el presente y en el futuro de América Latina, algunas "reflexiones" sobre el Ministerio de los Obispos, de los Presbíteros y de los Diáconos:

 

686. El Obispo como miembro del Colegio Episcopal presidido por el Papa, es sucesor de los Apóstoles y —por su participación plena del sacerdocio de Cristo— es signo visible y eficaz del mismo Cristo, de quien hace las veces como Maestro, Pastor y Pontífice (Cfr. LG 21). Esta triple e inseparable función está al servicio de la unidad de su Iglesia particular y crea exigencias de carácter espiritual y pastoral que hoy merecen acentuarse.

 

687. El Obispo es maestro de la verdad (Cfr. Juan Pablo II, Discurso inaugural I, 6. AAS LXXI, p. 192). En una Iglesia totalmente al servicio de la Palabra, es el primer evangelizador, el primer catequista; ninguna otra tarea lo puede eximir de esta misión sagrada. Medita religiosamente la Palabra, se actualiza doctrinalmente, predica personalmente al pueblo; vela porque su comunidad avance continuamente en el conocimiento y práctica de la Palabra de Dios, alentando y guiando a todos los que enseñan en la Iglesia (a fin de evitar "magisterios paralelos" de personas o grupos), y promoviendo la colaboración de los teólogos que ejercitan su carisma específico dentro de la Iglesia, desde la metodología propia de la teología, para lo cual busca la actualización teológica a fin de poder discernir la Verdad y mantiene una actitud de diálogo con ellos. Todo esto en comunión con el Papa y con sus hermanos Obispos, especialmente los de su propia Conferencia Episcopal.

 

688. El Obispo es signo y constructor de la unidad (Cfr. Juan Pablo II, Discurso inaugural II, 1. AAS LXXI, p. 196). Hace de su autoridad, evangélicamente ejercida, un servicio a la unidad; promueve la misión de toda la comunidad diocesana; fomenta la participación y corresponsabilidad a diferentes niveles; infunde confianza en sus colaboradores (especialmente los presbíteros para quienes debe ser padre, hermano y amigo) (Cfr. LG 28); crea en la diócesis un clima tal de comunión eclesial orgánica y espiritual que permita a todos los religiosos y religiosas vivir su pertenencia peculiar a la familia diocesana; discierne y valora la multiplicidad y variedad de los carismas derramados en los miembros de su Iglesia, de modo que concurran eficazmente integrados, al crecimiento y vitalidad de la misma; está presente en las principales circunstancias de la vida de su Iglesia particular.

 

689. El Obispo es Pontífice y santificador. Ejercer personalmente su función de presidente y promotor de la liturgia; apoyado en su propio testimonio promueve la santidad de todos los fieles como primer testimonio promueve la santidad de todos los fieles como primer medio de evangelización (Cfr. EN 21, 41, 69); busca en la gracia propia del sacramento del orden el fundamento para un constante cultivo de la vida espiritual que, en el amor personal a Cristo, impulse su amor a la Iglesia y su entrega al pastoreo generoso de las ovejas; se ocupa de la vida espiritual de sus presbíteros y religiosos; hace de su vida gozosa, austera, sencilla y lo más cercana posible de su pueblo, un testimonio de Cristo Pastor y un medio de diálogo con todos los hombres.

 

690. Los presbíteros, por el sacramento del orden, quedan constituidos en los colaboradores principales de los Obispos para su triple ministerio; hacen presente a Cristo-Cabeza en medio de la comunidad (Cfr. PO 2); forman, junto con su Obispo y unidos en íntima fraternidad sacramental, un solo presbiterio dedicado a variadas tareas para servicio de la Iglesia y del mundo (Cfr. LG 28). Estas realidades hacen de ellos "piezas centrales de la tarea eclesial" (Juan Pablo II, Alocución Sacerdotes 1. AAS LXXI, p. 179).

 

691. Por ser inseparables de los Obispos, los rasgos de espiritualidad pastoral antes descritos se aplican también al presbítero. En la actual situación de la Iglesia en América Latina se ve prioritario lo siguiente:

 

692. El presbítero anuncia el Reino de Dios que se inicia en este mundo y que tendrá su plenitud cuando Cristo venga al final de los tiempos. Por el servicio de ese Reino, abandona todo para seguir a su Señor. signo de esa entrega radical es el celibato ministerial, don de Cristo mismo y garantía de una dedicación generosa y libre al servicio de los hombres.

 

693. El presbítero es un hombre de Dios. Sólo puede ser profeta en la medida en que haya hecho la experiencia del Dios vivo. Sólo esta experiencia lo hará portador de una Palabra poderosa para transformar la vida personal y social de los hombres de acuerdo con el designio del Padre.

 

694. La oración en todas sus formas —y de manera especial la Liturgia de las Horas que le confía la Iglesia— ayudará a mantener esa experiencia de Dios que quedará compartir con sus hermanos.

 

695. Como el Obispo y en comunión con él, el presbítero evangeliza, celebra el Santo Sacrificio y sirve a la unidad.

 

696. Como Pastor que se empeña en la liberación integral de los pobres y de los oprimidos, obra siempre con criterios evangélicos (Cfr. EN 18). Cree en la fuerza del Espíritu para no caer en la tentación de hacerse líder político, dirigente social o funcionario de un poder temporal; esto le impedirá "ser signo y factor de unidad y de fraternidad" (Juan Pablo II, Alocución Sacerdotes 8. AAS LXXI, p. 182).

 

697. El diácono, colaborador del Obispo y del presbítero, recibe una gracia sacramental propia. El carisma del diácono, signo sacramental del "Cristo Siervo", tiene gran eficacia para la realización de una Iglesia servidora y pobre que ejerce su función misionera en orden a la liberación integral del hombre.

 

698. La misión y función del diácono no se han de medir con criterios meramente pragmáticos, por estas o aquellas acciones que pudieran ser ejercidos por ministros no ordenados (Cfr. EN 73) o por cualquier bautizado; ni tampoco sólo como una solución a la escasez numérica de presbíteros (Cfr. LG 29) que afecta a América Latina. Su conveniencia se desprende de una contribución eficaz a que la Iglesia cumpla mejor su misión salvífica (Cfr. AG 16) por medio de una más adecuada atención a la tarea evangelizadora.

 

699. La implantación del diaconado permanente, pedida ya a la Santa Sede por la mayoría de nuestras Conferencias Episcopales, deberá hacerse buscando "lo nuevo y lo viejo". No se trata simplemente de restaurar el diaconado primitivo sino de profundizar en la Tradición de la Iglesia Universal y en las realidades particulares de nuestro Continente, buscando mediante esta doble atención (Cfr. EN 73) una fidelidad al patrimonio eclesial y una sana creatividad pastoral con proyección evangelizadora.

 

700. La espiritualidad ministerial común a todos los miembros de la Jerarquía debe centrarse en la Eucaristía y estar marcada por una auténtica devoción a la Santísima Virgen María, tan arraigada en el pueblo a quien evangelizamos y garantía de una permanente fidelidad, característica clave del evangelizador (Cfr. Juan Pablo II, Homilía México, AAS LXXI, p. 164).

 

1.4. ORIENTACIONES PASTORALES

 

OBISPOS: Nos comprometemos a:

 

701. Cumplir siempre con gozo, intrepidez y humildad el ministerio evangelizador como tarea prioritaria del oficio episcopal en el camino abierto e iluminado por los insignes pastores y misioneros del continente.

 

702. Asumir la colegialidad episcopal en todas sus dimensiones y consecuencias, a nivel regional y universal.

 

703. Promover a toda costa la unidad de la Iglesia particular, con discernimiento del Espíritu para no extinguir ni uniformar la riqueza de carismas y dar especial importancia a la promoción de la pastoral orgánica y a la animación de las comunidades.

 

704. Dar a los consejos presbiteriales y pastorales y a otros organismos pastorales la consistencia y funcionalidad requeridas por el Concilio y promover solícitamente el crecimiento espiritual y pastoral de los presbíteros.

 

705. Buscar formas de agrupación de los presbíteros situados en regiones lejanas, a fin de evitar su aislamiento y favorecer una mayor eficacia pastoral. Se recomienda tener en cuenta, en forma especial a los "Capellanes castrenses" a fin de que, en los lugares donde presten su ministerio sacerdotal, se integren pastoralmente al presbiterio diocesano.

 

706. Empeñaremos, por exigencia evangélica y de acuerdo con nuestra misión, en promoverla justicia y en defender la dignidad y los derechos de la persona humana (Cfr. Juan Pablo II, Discurso inaugural, III. AAS LXXI, p. 198).

 

707. En total fidelidad al Evangelio y sin perder de vista nuestro carisma de signo de unidad y pastor Hacer comprender por nuestra vida y actitudes, nuestra preferencia por evangelizar y servir a los pobres.

 

708. Prestar atención preferencial al Seminario, dada su importancia en la formación de los presbíteros de quienes depende, en gran parte, "la deseada renovación de toda la Iglesia" (OT proemio), darles los mejores sacerdotes adecuadamente capacitados; buscar por todos los medios un mejor conocimiento de los formadores y de los alumnos y un mayor contacto con ellos.

 

709. Buscar eficazmente la solución a la situación económica, difícil de los presbíteros, mediante una remuneración y previsión social adecuadas; acudiendo, si fuera necesario, a iniciativas de carácter supradiocesano, nacional o internacional, en el espíritu de la comunicación cristiana de bienes.

710. Estudiar objetivamente el fenómeno del abandono del ministerio presbiterial con sus causas e incidencia en la vida de la Iglesia, teniendo presente el criterio trazado por el Sínodo de 1971, que pide que desde el punto de vista pastoral sean tratados "equitativa y fraternalmente" y pueden colaborar en el servicio de la Iglesia, aunque "no sean admitidos al ejercicio de actividades sacerdotales" (El Sacerdocio Ministerial, II, 4,d).

 

PRESBÍTEROS

 

711. Den los presbíteros prioridad en su ministerio al anuncio del Evangelio a todos pero muy especialmente a los más necesitados (obreros, campesinos, indígenas, marginados, grupos afroamericanos), integrando la promoción y defensa de su dignidad humana.

 

712. Renuévese la vitalidad misionera en los sacerdotes y fórmeseles en una actitud de generosa disponibilidad, para que pueda darse una respuesta eficaz a la desigual distribución del clero actualmente existente.

 

713. Den prioridad al trabajo evangelizador en la familia y la juventud y a la promoción de las vocaciones sacerdotales y religiosas.

 

714. Comprométanse en la incorporación del laicado y de las religiosas en la acción pastoral cada vez con más activa participación, dándoles el debido acompañamiento espiritual y doctrinal.

 

DIÁCONOS PERMANENTES

 

715. Que el diácono se inserte plenamente en la comunidad a la que sirve y promueva continuamente la comunión de la misma con el presbítero y el Obispo. Además, respete y fomente los ministerios ejercidos por laicos.

 

716. Tenga la comunidad un papel importante en la cuidadosa selección de los candidatos al diaconado. Que exista la formación adecuada y continua del mismo y una debida preparación de su propia familia, de la comunidad que lo acoge, del presbiterio y de los laicos.

 

717. Prevéase la justa remuneración de los diáconos permanentes, dedicados completamente al ministerio pastoral.

 

718. Promuévase estudios para profundizar los aspectos teológicos, canónicos y pastorales del diaconado permanente y procúrese la adecuada divulgación de tales estudios.

 

FORMACIÓN PERMANENTE

 

719. La gracia recibida en la ordenación, que ha de reavivarse continuamente (Cfr. 2 Tim. 1, 6-7), y la misión evangelizadora exigen de los ministros jerárquicos una seria y continua formación, que no puede reducirse a lo intelectual sino que se extenderá a todos los aspectos de su vida.

 

720. Objeto de esta formación, que tendrá en cuenta la edad y las condiciones de las personas, ha de ser: capacitar a los ministros jerárquicos para que, de acuerdo con las exigencias de su vocación y misión y la realidad latinoamericana, vivan personal y comunitariamente un continuo proceso que los haga pastoralmente competentes para el ejercicio del ministerio.

 

2. VIDA CONSAGRADA

 

721. La vida consagrada es en sí misma evangelizadora en orden a la comunión y participación en América Latina.

 

2.1. TENDENCIAS DE LA VIDA CONSAGRADA EN AMÉRICA LATINA

 

722. Es un motivo de gozo para nosotros los Obispos verificar la presencia y el dinamismo de tantas personas consagradas que en América Latina dedican su vida a la misión evangelizadora como lo hicieron ya en el pasado. Podemos decir con Pablo VI: "Se les encuentra no raras veces en la vanguardia de la misión y afrontando los más grandes riesgos para su santidad y su propia vida. Sí, en verdad la Iglesia les debe muchísimo" (EN 69). Esto nos mueve a promover y acompañar la vida consagrada según sus notas características (Cfr. MR 9).

 

723. De toda la experiencia de Vida Religiosa en América Latina queremos recoger sólo las tendencias más significativas y renovadoras que el Espíritu suscita en la Iglesia, así como señalar algunas de las dificultades que manifiesta la crisis en los últimos años.

 

724. Si bien nos referimos directamente a la vida religiosa, queremos decir a los Institutos seculares y a otras formas de Vida Consagrada que aquí encuentran muchas ideas y experiencias que también les pertenecen (Por lo demás, de los Institutos seculares se trata en el N_ 774). La Iglesia de América Latina estima su estilo de consagración a Dios y su "secularidad" como un medio especialmente valioso para llevar la presencia y el mensaje de Cristo a toda clase de ambientes humanos.

 

725. El conjunto de la Vida Religiosa constituye el modo específico de evangelizar propio del religioso. Por eso, al señalar estos aspectos, recogemos el aporte de los religiosos a la Evangelización. Descubrimos especialmente las siguientes tendencias:

 

a) EXPERIENCIA DE DIOS

 

726. Hay ciertos signos que expresan un deseo de interiorización y de profundización en la vivencia de la fe al comprobar que, sin el contacto con el Señor, no se da una Evangelización convincente y perseverante.

 

727. Se intenta que la oración llegue a convertirse en actitud de vida, de modo que oración y vida se enriquezcan mutuamente: oración que conduzca a comprometerse en la vida real y vivencia de la realidad que exija momentos fuertes de oración. Además de buscar la oración íntima, se tiende de modo especial a la oración comunitaria, con comunicación de la experiencia de fe, con discernimiento sobre la realidad, orando juntamente con el pueblo.

 

728. Oración que ha de ser visible y estimulante. También se está encontrando de nuevo el sentido de la gran tradición de la Iglesia de orar con salmos y textos litúrgicos, sobre todo en la Eucaristía participada. Lo mismo sucede con otras devociones tradicionales como el Rosario.

 

729. Hay que reconocer que algunos religiosos no han logrado la integración entre vida y oración, especialmente si están absorbidos por la actividad, si en la inserción faltan espacios de intimidad o si viven una falsa espiritualidad.

 

b) COMUNIDAD FRATERNA

 

730. Se busca poner énfasis en las relaciones fraternas: interpersonales en que se valora la amistad, la sinceridad, la madurez, como base humana indispensable para la convivencia; con dimensión de fe, pues es el Señor quien llama: con un estilo de vida más sencillo y acogedor; con diálogo y participación.

 

731. Se dan diversos estilos de vida comunitaria. Para ciertas obras y de acuerdo con los diversos carismas fundacionales, existen comunidades numerosas. También surgen "pequeñas comunidades" que nacen generalmente del deseo de insertarse en barrios modestos o en el campo, o de una misión evangelizadora particular. La experiencia muestra que estas pequeñas comunidades deben asegurar ciertas condiciones para tener éxito: motivación evangélica, comunicación personal, oración comunitaria, trabajo apostólico, evaluaciones, integración en el Instituto y la Diócesis a través del servicio indispensable de la autoridad.

 

732. Se experimentan hoy especiales dificultades por la cercanía personal y la diversidad de mentalidades, cuando disminuye el sentido de fe o cuando no se respeta el debido pluralismo.

 

c) OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS POBRES

 

733. La apertura pastoral de las obras y la opción preferencial por los pobres es la tendencia más notable de la vida religiosa latinoamericana. De hecho, cada vez más, los religiosos se encuentran en zonas marginadas y difíciles, en misiones entre indígenas, en labor callada y humilde. Esta opción no supone exclusión de nadie, pero sí una preferencia y un acercamiento al pobre.

 

734. Esto ha llevado a la revisión de obras tradicionales para responder mejor a las exigencias de la evangelización. Asimismo ha puesto en una luz más clara su relación con la pobreza de los marginados, que ya no supone sólo el desprendimiento interior y la austeridad comunitaria, sino también el solidarizarse, compartir y —en algunos casos— convivir con el pobre.

 

735. Con todo, esta opción trae efectos negativos cuando falta la preparación adecuada, el apoyo comunitario, la madurez personal o la motivación evangélica. En no pocas ocasiones, esta opción ha supuesto correr el riesgo de ser mal interpretado.

 

d) INSERCIÓN EN LA VIDA DE LA IGLESIA PARTICULAR

 

736. Se comprueba un volver a descubrir y una vivencia del misterio de la Iglesia Particular; un creciente deseo de participación, con el aporte de la riqueza del propio carisma vocacional. Esto conduce a mayor integración en la pastoral de conjunto y a mayor participación en los organismos y obras diocesanas o supradiocesanas.

 

737. Sin embargo, se dan tensiones. A veces dentro de las comunidades; a veces, entre éstas y los Obispos. Puede perderse de vista la misión pastoral del Obispo o el carisma propio del Instituto; puede faltar el diálogo y el discernimiento conjunto, cuando se trata de revisar obras o de cambio de personal al servicio de la Diócesis. Nos preocupa el abandono inconsulto de obras que tradicionalmente han estado en manos de comunidades religiosas, como colegios, hospitales, etc.

 

738. Las comunidades contemplativas constituyen como el corazón de la vida religiosa. Animan y estimulan a todos a intensificar el sentido trascendente de la vida cristiana. Son también ellas mismas evangelizadoras, pues, "el ser contemplativa no supone cortar radicalmente con el mundo, con el apostolado. La contemplativa tiene que encontrar su modo específico de entender el Reino de Dios" (Juan Pablo II, Alocución a las Religiosas de Guadalajara, 2. AAS, p. 226).

 

2.2. CRITERIOS

 

a) EL DESIGNIO DE DIOS

 

739. La Vida Consagrada, arraigada desde antiguo en los pueblos de América Latina, es un don que el Espíritu concede sin cesar a su Iglesia como "un medio privilegiado de evangelización eficaz" (EN 69).

 

740. El Padre, al proponerse liberar nuestra historia del pecado, germen de indignidad y muerte, elige en su Hijo, mediante el Espíritu, a mujeres y hombres bautizados para un seguimiento radical de Jesucristo, dentro de la Iglesia.

 

741. Y como la Iglesia Universal se realiza en las Iglesias Particulares (Cfr. CD 11), en éstas se hace concreta para la Vida Consagrada la relación de comunidad vital y de compromiso eclesial evangelizador. Con ellas, los consagrados comparten las fatigas, los sufrimientos, las alegrías y esperanzas de la construcción del Reino y en ellas vuelcan las riquezas de sus carismas particulares, como don del Espíritu evangelizador. En las Iglesias particulares encuentran a sus hermanos presididos por el Obispo, a quien "compete el ministerio de discernir y armonizar" (MR 6).

 

b) LLAMADOS AL SEGUIMIENTO RADICAL DE CRISTO

 

742. Llamados por el Señor (Cfr. Mt. 4, 18-21), se comprometen a seguirlo radicalmente, identificándose con El "desde las bienaventuranzas, como lo ha señalado el Papa: No olviden nunca que para mantener un concepto claro del valor de nuestra vida consagrada necesitaréis una profunda visión de fe que se alimenta y mantiene con la oración (Cfr. PC 6). La misma que os hará superar toda incertidumbre acerca de vuestra identidad propia, que os mantendrá fieles a esa dimensión vertical que os es esencial para identificarlos con Cristo desde la Bienaventuranzas y ser testigos auténticos del Reino de Dios para los hombres del mundo actual" (Juan Pablo II, Alocución a las Religiosas, 4. AAS LXXI, p. 178).

 

743. Por su consagración aceptan gozosamente, desde la comunión con el Padre, el misterio del anonadamiento y de la exaltación pascual (Cfr. Flp. 2, 3-11). Negándose, pues, radicalmente a sí mismo, aceptan como propia la cruz del Señor (Cfr. Mt. 16, 24), cargada sobre ellos y acompañan a los que sufren por la injusticia, por la carencia del sentido profundo de la existencia humana y por el hambre de paz, verdad y vida. De este modo, compartiendo su muerte, resucitan gozosamente con ellos a la novedad de vida y, haciéndose todo para todos, tienen como privilegiados a los pobres, predilectos del Señor.

 

744. Son especialmente llamados a vivir en comunión intensa con el Padre, quien los llena de su Espíritu, urgiéndolos a construir la comunión siempre renovada entre los hombres. La Vida Consagrada es, así, una afirmación profética del valor supremo de la comunión con Dios y entre los hombres (Cfr. ET 53) y un "eximio testimonio de que el mundo no puede ser transfigurado ni ofrecido a Dios sin el espíritu de las Bienaventuranzas" (LG 31).

 

745. Teniendo a María como modelo de consagración y como intercesora, los consagrados encarnarán la Palabra en su vida, y, como Ella y con Ella, la ofrecerán a los hombres en una continua evangelización.

 

746. Su consagración radical a Dios amado sobre todas las cosas y por consiguiente al servicio de los hombres se expresa y realiza por los consejos evangélicos, asumidos mediante votos u otros vínculos sagrados que los "unen especialmente con la Iglesia y con su misterio" (LG 44).

 

747. Así, viviendo pobremente como el Señor y sabiendo que el único Absoluto es Dios, comparten sus bienes; anuncian la gratuidad de Dios y de sus dones; inauguran, de esta manera, la nueva justicia y proclaman "de un modo especial, la elevación del Reino de Dios sobre todo lo terreno y sus exigencias supremas"(LG 44); con su testimonio son una denuncia evangélica de quienes sirven al dinero y al poder, reservándose egoístamente para sí los bienes que Dios otorga al hombre para beneficio de toda la comunidad.

 

748. Su obediencia consagrada, vivida con abnegación y fortaleza "como sacrificio de sí mismo" (PC 14) será expresión de comunión con la voluntad salvífica de Dios y denuncia de todo proyecto histórico que apartándose del plan divino, no haga creer al hombre en su dignidad de hijo de Dios.

 

749. En un mundo en que el amor está siendo vaciado de su plenitud, donde la desunión acrecienta distancias por doquier y el placer se erige como ídolo, los que pertenecen a Dios en Cristo por la castidad consagrada serán testimonio de la alianza liberadora de Dios con el hombre en el seno de su Iglesia particular, serán presencia del amor con el que "Cristo amó a la Iglesia y se entregó a Sí mismo por ella" (Ef. 5,25). Serán, finalmente, para todos un signo luminoso de la liberación escatológica vivida en la entrega a Dios y en la nueva y universal solidaridad con los hombres.

 

750. De este modo, "este testimonio silencioso de pobreza y de desprendimiento, de pureza y de transparencia, de abandono en la obediencia puede ser a la vez que una interpelación al mundo y a la Iglesia misma, una predicación elocuente, capaz de tocar incluso a nos no cristianos de buena voluntad, sensibles a ciertos valores" (EN 69).

 

751. En una vida de continua oración son llamados a mostrar a sus hermanos el valor supremo y la eficacia apostólica de la unión con el Padre (Cfr. Juan Pablo II, Discurso a los Superiores Mayores, 24/11/78).

 

752. La comunión fraterna vivida con todas sus exigencias, a la que están convocados los consagrados, es el signo del amor transformador que el Espíritu infunde en sus corazones, más fuerte que los lazos de la carne y de la sangre.

 

753. Personas diversas, a veces de distinta nacionalidad, participan de la misma vida y misión, en íntima fraternidad. Se esfuerzan de este modo, por su testimonio elocuente de la vida de Dios Trino en su Iglesia, de la misma comunión eclesial y actúan como fermento de comunión entre los hombres y de coparticipación en los bienes de Dios.

 

754. Si todos los bautizados han sido llamados a participar de la misión de Cristo, a abrirse a sus hermanos y a trabajar por la unidad (Cfr. Gál. 3, 26-28), dentro y fuera de la comunidad eclesial, mucho más aún los que Dios ha consagrado para sí. Estos son invitados a vivir el mandamiento nuevo en una donación gratuita a todos los hombres "con un amor que no es partidista, que a nadie excluye, aunque se dirija con preferencia al más pobre". Juan Pablo II, Alocución Sacerdotes 7. AAS LXXI, p.181).

 

755. Surgen así los servicios suscitados por el Espíritu, como expresión salvífica de Jesucristo (Cfr. 1 Cor. 12, 4-14; Ef. 4,10; Rom. 12, 4) que, aunque realizados individualmente, son asumidos por toda la comunidad. Urgidos por el amor de Cristo, son fermento de conciencia misionera dentro de la comunidad eclesial, al mostrarse disponibles para ser enviados a lugares y situaciones donde la Iglesia necesita una mayor y generosa ayuda (Cfr. EN 69).

 

756. La riqueza del Espíritu se manifiesta en los carismas de los fundadores que brotan en su Iglesia a través de todos los tiempos, como expresión de la fuerza de su amor que responde solícitamente a las necesidades de los hombres (Cfr. LG 46).

 

757. La fidelidad al propio carisma es, pues, una forma concreta de obediencia a la gracia salvadora de Cristo y de santificación con El para redimir a sus hermanos, ya sea desde la perspectiva del área educacional, del servicio de la salud o social, del ministerio parroquial, o desde la perspectiva de la cultura, el arte, etc. De este modo se hace presente el Espíritu Santo que evangeliza a los hombres con su multiforme riqueza.

 

2.3. OPCIONES HACIA UNA VIDA CONSAGRADA MÁS EVANGELIZADORA

 

758. Orientados por las enseñanzas de las Exhortaciones Apostólicas "Evangelii Nuntiandi", "Evangelica Testificatio" y por el Documento "Mutuae Relationes", nos comprometemos a colaborar con los Superiores Mayores para llevar a cabo las siguientes opciones:

 

a) Consagración más profunda

 

759. Acrecentar por los medios más convenientes la vivencia de la consagración total y radical a Dios que comporta dos aspectos inseparables y complementarios: entrega y reserva a Dios generosa y total y servicio a la Iglesia y a todos los hombres.

 

760. Favorecer la actitud de oración y contemplación que nace de la Palabra del Señor, escuchada y vivida en las circunstancias concretas de nuestra historia.

 

761. Valorar el testimonio evangelizador de la Vida Consagrada como expresión vital de los valores evangélicos anunciados en las Bienaventuranzas.

 

762. Revitalizar la vida consagrada mediante la fidelidad al propio carisma y al espíritu de los Fundadores, respondiendo a las nuevas necesidades del Pueblo de Dios.

 

763. Alentar una selección vocacional que permita la decisión plena y consciente y capacite para un servicio evangelizador adecuado en el presente y futuro de América Latina. Favorecer, para ello, una seria formación inicial y permanente, adaptada a las circunstancias peculiares y cambiantes de nuestra realidad.

 

b) Consagración como expresión de comunión

 

764. Acrecentar la fraternidad en las comunidades, en su interior favoreciendo las relaciones interpersonales que permitan la integración y conduzcan a mayor comunión y mejor colaboración en la misión. Estimular la apertura a relaciones intercongregacionales en las que, respetando el pluralismo de carismas particulares y las disposiciones de la Santa Sede, crezca la unidad.

 

765. Crear en las diócesis un clima tal de comunión eclesial orgánica y espiritual alrededor del Obispo que permita a las comunidades religiosas vivir su pertenencia peculiar a la familia diocesana y, de manera especial, lleve a los religiosos presbíteros a descubrir que son cooperadores del orden episcopal y, en cierto modo, pertenecen al clero de la diócesis (Cfr. CD 34). Para ello, estudiar conjuntamente los documentos eclesiales, particularmente el de "Relaciones entre los Obispos y los Religiosos en la Iglesia".

 

766. Promover la plena adhesión al magisterio de la Iglesia, evitando cualquier actitud doctrinal o pastoral que se aparte de sus orientaciones (Cfr. Juan Pablo II, Discurso inaugural I, 7. AAS LXXI, p. 193).

 

767. Fomentar el conocimiento de la teología de la Iglesia Particular entre los religiosos y el de la teología de la vida religiosa entre el clero diocesano, con miras al fortalecimiento de una auténtica pastoral orgánica, a nivel de diócesis y de Conferencia Episcopal (Cfr. MR 36-37).

 

768. Establecer relaciones institucionalizadas entre las Conferencias Episcopales y otros organismos eclesiales con las Conferencias Nacionales de Superiores Religiosos y otros organismos de religiosos, de acuerdo con los criterios de la Santa Sede para las relaciones entre los Obispos y Religiosos en la Iglesia.

 

c) Misión más comprometida

 

769. Alentar a los religiosos a que asuman un compromiso preferencial por los pobres, teniendo en cuenta lo que dijo Juan Pablo II: "Sois sacerdotes y religiosos; no sois dirigentes sociales, líderes políticos o funcionarios de un poder temporal. Por eso os repito: no nos hagamos la ilusión de servir al Evangelio si tratamos de "diluir" nuestro carisma a través de un interés exagerado hacia el amplio campo de los problemas temporales" (Juan Pablo II, Alocución Sacerdotes, 8. AAS LXXI, p. 182).

 

770. Estimular a los religiosos y las religiosas a que con su acción evangelizadora lleguen a los ámbitos de la cultura, del arte, de la comunicación social y de la promoción humana, a fin de ofrecer su aporte evangélico específico, acorde con su vocación y su peculiar situación en la Iglesia.

 

771. Despertar la disponibilidad de los consagrados para asumir, dentro de la Iglesia Particular, los puestos de vanguardia evangelizadora (Cfr. EN 69) en comunión fiel con sus Pastores y con su comunidad y en fidelidad al carisma de su fundación.

 

772. Estimular la fidelidad al carisma original y su actualización y adaptación a las necesidades del Pueblo de Dios, para que las obras logren mayor fuerza evangelizadora.

 

773. Renovar la vitalidad misionera de los religiosas y la actitud de generosa disponibilidad que los lleve a dar respuestas eficaces y concretas al problema de la desigual distribución actual de las fuerzas evangelizadoras.

 

2.4. INSTITUTOS SECULARES

 

774. En lo que toca específicamente a los Institutos Seculares, es importante recordar que su carisma propio busca responder de modo directo al gran desafío que los actuales cambios culturales están planteando a la Iglesia: dar un paso hacia las formas de vida secularizadas que el mundo urbano-industrial exige, pero evitando que la secularidad se convierta en secularismo.

 

775. El Espíritu ha suscitado en nuestro tiempo este nuevo modo de vida consagrada, que representan los Institutos Seculares, para ayudar de alguna manera, a través de ellos, a resolver la tensión entre apertura real a los valores del mundo moderno (auténtica secularidad cristiana) y la plena y profunda entrega de corazón a Dios (espíritu de la consagración). Al situarse en pleno foco del Conflicto, dichos Institutos pueden significar un valioso aporte pastoral para el futuro y ayudar a abrir caminos nuevos de general validez para el Pueblo de Dios.

 

776. Por otro lado, la misma problemática que intentan abordar y su falta de arraigo en una tradición ya probada, los expone más que las otras formas de vida consagrada a las crisis de nuestro tiempo y al contagio del secularismo. Esta esperanza y los riesgos que su modo de vida conlleva, deberán mover al Episcopado latinoamericano a promover y apoyar con especial solicitud se desarrollo.

 

3. LAICOS

 

Participación del laico en la vida de la Iglesia y en la misión de ésta en el mundo.

 

LOS LAICOS

 

3.1. SITUACIÓN

 

777. Reconociendo en el seno de la Iglesia latinoamericana una toma de conciencia creciente de la necesidad de la presencia de los laicos en la misión evangelizadora, estimulamos a tantos laicos, que mediante su testimonio de entrega cristiana, contribuyen al cumplimiento de la tarea evangelizadora y a presentar el rostro de una Iglesia comprometida en la promoción de la justicia en nuestros pueblos.

 

778. En la actual situación del continente, interpela particularmente a los laicos la configuración que van tomando los sistemas y estructuras que, a consecuencia del proceso desigual de industrialización, urbanización y transformación cultural, ahondan las diferencias socio-económicas, afectando principalmente a las masas populares, con fenómenos de opresión y marginación creciente.

 

779. La Iglesia de América Latina después del Concilio y Medellín, en el esfuerzo de aceptar los desafíos, en su conjunto, ha tenido experiencias positivas y avances según lo dijimos en el N_ 10 y ss. y ha sufrido dificultades y crisis, véase N. 16-27.

 

780. Hay crisis que han afectado, naturalmente, al laicado latinoamericano y, en especial, al laicado organizado que sufrió no sólo los embates de la conflictividad de la propia sociedad —represiones de los grupos de poder— sino también los producidos por una fuerte ideologización, por desconfianzas mutuas y en las instituciones que llevaron, incluso, a dolorosas rupturas de los movimientos laicos entre sí y con los pastores.

 

781. Hoy, sin embargo, vemos otro aspecto de la crisis en sus consecuencias positivas: la progresiva ganancia en serenidad, madurez y realismo que se manifiesta en confesadas aspiraciones por promover en la Iglesia estructuras de diálogo, de participación y de acción pastoral de conjunto, expresiones de una mayor conciencia de pertenencia a la Iglesia.

 

782. Este optimismo, creciente en los movimientos laicos, no desconoce, por otra parte, las tensiones que persisten, tanto a nivel de la comprensión del sentido del compromiso del laico hoy en América Latina, como de una apropiada inserción en la acción eclesial.

 

783. Mientras estas tensiones afectan principalmente a quienes participan en movimientos laicos, grandes sectores del laicado latinoamericano no han tomado conciencia plena de su pertenencia a la Iglesia y viven afectados por la incoherencia entre la fe que dicen profesar y practicar y el compromiso real que asumen en la sociedad. Divorcio entre fe y vida agudizado por el secularismo y por un sistema que antepone el tener más al ser más.

 

784. Asimismo, la efectiva promoción del laicado se ve impedida muchas veces por la persistencia de cierta mentalidad clerical en numerosos agentes pastorales, clérigos e incluso laicos.

 

785. Este contexto social y eclesial, así descrito, ha dificultado la participación activa y responsable de los laicos en campos tan importantes como el político, el social y el cultural, particularmente en los sectores obreros y campesinos.

 

3.2. REFLEXIÓN DOCTRINAL

 

EL LAICO EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO

 

786. La misión del laico encuentra su raíz y significación en su ser más profundo que el Concilio Vaticano II se preocupó de subrayar, en algunos de sus documentos:

 

El bautismo y la confirmación lo incorporan a Cristo y lo hacen miembro de la Iglesia.

Participa, a su modo, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo y la ejerce en su condición propia.

La fidelidad y la coherencia con las riquezas y exigencias de su ser le dan su identidad de hombre de Iglesia en el corazón del mundo y de hombre del mundo en el corazón de la Iglesia (Cfr. LG Cap. IV).

787. En efecto, el laico se ubica, por su vocación, en la Iglesia y en el mundo. Miembro de la Iglesia, fiel a Cristo, está comprometido en la construcción del Reino en su dimensión temporal.

 

788. En profunda comunicación con sus hermanos laicos y con los Pastores, en los cuales ve a sus maestros en la fe, el laico contribuye a construir la Iglesia como comunidad de fe, de oración, de caridad fraterna y lo hace por la catequesis, por la vida sacramental, por la ayuda a los hermanos. De allí la multiplicidad de formas de apostolado, cada una de las cuales pone énfasis en algunos de los aspectos mencionados.

 

789. Pero es en el mundo donde el laico encuentra su campo específico de acción (Cfr. EN 73). Por el testimonio de su vida, por su palabra oportuna y por su acción concreta, el laico tiene la responsabilidad de ordenar las realidades temporales para ponerlas al servicio de la instauración del Reino de Dios.

 

790. En el vasto y complicado mundo de las realidades temporales, algunas exigen especial atención de los laicos: la familia, la educación, las comunicaciones sociales.

 

791. Entre estas realidades temporales no se puede dejar de subrayar con especial énfasis la actividad política (Cfr. AA II, 5). Esta abarca un amplio campo, desde la acción de votar, pasando por la militancia y el liderazgo en algún partido político, hasta el ejercicio de cargos públicos en distintos niveles.

 

792. En todos los casos, el laico deberá buscar y promover el bien común en la defensa de la dignidad del hombre y de sus derechos inalienables en la protección de los más débiles y necesitados, en la construcción de la paz, de la libertad, de la justicia; en la creación de estructuras más justas y fraternas.

 

793. En consecuencia, en nuestro continente latinoamericano, marcado por agudos problemas de injusticia que se han agravado, los laicos no pueden eximirse de un serio compromiso en la promoción de la justicia y del bien común (Cfr. AA 14), iluminados siempre por la fe y guiados por el Evangelio y por la Doctrina Social de la Iglesia, pero orientados a la vez por la inteligencia y la aptitud para la acción eficaz. "Para el cristiano no basta la denuncia de las injusticias, a él se le pide ser en verdad testigo y agente de la justicia" (Juan Pablo II, Alocución Obreros Guadalajara 2. AAS LXXI, p. 223).

 

794. En la medida en que crece la participación de los laicos en la vida de la Iglesia y en la misión de ésta en el mundo, se hace también más urgente la necesidad de su sólida formación humana en general, formación doctrinal, social, apostólica. Los laicos tienen el derecho de recibirla primordialmente en sus mismos movimientos y asociaciones pero también en institutos adecuados y en el contacto con sus Pastores.

 

795. Por otra parte, el laico debe aportar al conjunto de la Iglesia su experiencia de participación en los problemas, desafíos y urgencias de su "mundo secular" —de personas, familias, grupos sociales y pueblos— para que la Evangelización eclesial arraigue con vigor. En ese sentido, será aporte precioso del laico por su experiencia de vida, su competencia profesional, científica y laboral, su inteligencia cristiana, cuanto pueda contribuir para el desarrollo, estudio e investigación de la Enseñanza Social de la Iglesia.

 

796. Un aspecto importante de esta formación es el que concierne a la profundización en una espiritualidad más apropiada a su condición de laico. Dimensiones esenciales de esta espiritualidad son, entre otras, las siguientes:

 

797. - Que el laico no huya de las realidades temporales para buscar a Dios sino persevere, presente y activo, en medio de ellas y allí encuentre al Señor.

 

- Dé a tal presencia y actividad una inspiración de fe y un sentido de caridad cristiana.

 

- Por la luz de la fe, descubra en esa realidad la presencia del Señor.

 

798. - En medio de su misión, a menudo conflictiva y llena de tensiones para su fe, busque renovar su identidad cristiana en el contacto con la Palabra de Dios, en la intimidad con el Señor por la Eucaristía, en los Sacramentos y en la oración.

 

799. Tal espiritualidad deberá ser capaz de dar a la Iglesia y al mundo "cristianos con vocación de santidad, sólidos en su fe, seguros en la doctrina propuesta por el Magisterio auténtico, firmes y activos en la Iglesia, cimentados en una densa vida espiritual...perseverantes en el testimonio y acción evangélica, coherentes y valientes en sus compromisos temporales, constantes promotores de paz y justicia contra toda violencia u opresión, agudos en el discernimiento crítico de las situaciones e ideologías a la luz de las enseñanzas sociales de la Iglesia, confiados en la esperanza en el Señor" (Juan Pablo II, Alocución Laicos, 6. AAS LXXI, p. 216).

 

EL LAICADO ORGANIZADO

 

800. Expresamos nuestra confianza y estímulo decidido a las formas organizadas del apostolado de los laicos porque:

 

801. La organización es signo de comunión y participación en la vida de la Iglesia; permite la transmisión y crecimiento de las experiencias y la permanente formación y capacitación de sus miembros.

 

802. El apostolado exige muchas veces una acción común, tanto en las comunidades de la Iglesia como en los diversos ambientes.

 

803. En una sociedad que se estructura y planifica cada vez más la eficacia de la actividad apostólica depende también de la organización.

 

MINISTERIOS DIVERSIFICADOS

 

804. Para el cumplimiento de su misión, la Iglesia cuenta con diversidad de ministerios (Cfr. AA 21). Al lado de los ministerios jerárquicos, la Iglesia reconoce un puesto a ministerios sin orden sagrado. Por tanto, también los laicos pueden sentirse llamados o ser llamados a colaborar con sus pastores en el servicio a la comunidad eclesial, para el crecimiento y vida de ésta, ejerciendo ministerios diversos según la gracia y los carismas que el Señor quiere concederles (Cfr. EN 73).

 

805. Los ministerios que pueden conferirse a laicos son aquellos servicios referentes a aspectos realmente importantes de la vida eclesial (v. gr. en el plano de la Palabra, de la Liturgia o de la conducción de la comunidad), ejercidos por laicos con estabilidad y que han sido reconocidos públicamente y confiados por quien tiene la responsabilidad en la Iglesia.

 

3.3. CRITERIOS PASTORALES

 

CRITERIOS QUE ORIENTAN AL LAICADO ORGANIZADO EN LA PASTORAL DE CONJUNTO

 

806. Una renovada pastoral del laicado organizada exige:

 

a) vitalidad misionera para descubrir con iniciativa y audacia nuevos campos para la acción evangelizadora de la Iglesia;

 

b) apertura para la coordinación con organizaciones y movimientos, teniendo en cuenta que ninguno de ellos posee la exclusividad de la acción de la Iglesia;

 

c) canales permanentes y sistemáticos de formación doctrinal y espiritual con actualización de contenidos y pedagogía adecuada.

 

807. La diversidad de formas organizadas del apostolado seglar exige su presencia y participación en la pastoral de conjunto, tanto por la naturaleza misma de la Iglesia, misterio de comunión de diversos miembros y ministerios, como por la eficacia de la acción pastoral con la participación coordinada de todos.

 

808. Se requiere la participación del laicado no sólo en la fase de ejecución de la pastoral de conjunto, sino también en la planificación y en los mismos organismos de decisión.

 

809. Su inserción en la pastoral de conjunto asegurará la necesaria referencia de las formas organizadas de apostolado laical a la pastoral dirigida a las grandes masas del Pueblo de Dios.

 

810. Las formas organizadas de apostolado laico deben dar a sus miembros ayuda, aliento e iluminación para su compromiso político. Se reconocen, sin embargo, dificultades, a nivel de dirigentes cuando pertenecen a movimientos apostólicos y simultáneamente militan en partidos políticos; dificultades que deberán resolverse con prudencia pastoral teniendo en cuenta el criterio de evitar comprometer su movimiento apostólico con un partido político determinado.

 

CRITERIOS PASTORALES SOBRE LOS MINISTERIOS

 

Características de los miembros que pueden recibir los laicos son las siguientes:

 

811. - No clericalizan; quienes los reciben siguen siendo laicos con su misión fundamental de presencia en el mundo.

 

812. - Se requiere una vocación o aptitud ratificada por los pastores.

 

813. - Se orientan a la vida y al crecimiento de la comunidad eclesial, sin perder de vista el servicio que ésta debe prestar en el mundo.

 

814. - Son variados y diversos de acuerdo con los carismas de quienes son llamados y las necesidades de la comunidad; pero esta diversidad debe coordinar por su relación al ministerio jerárquico.

 

Conviene evitar los siguientes peligros en el ejercicio de los ministerios:

 

815. a) La tendencia a la clericalización de los laicos o la de reducir el compromiso laical a aquellos que reciben ministerios, dejando de lado la misión fundamental del laico, que es su inserción en las realidades temporales y en sus responsabilidades familiares.

 

816. b) No deben promoverse tales ministerios como estímulo puramente individual fuera de un contexto comunitario.

 

817. c) El ejercicio de ministerios por parte de unos laicos no puede disminuir la participación activa de los demás.

 

3.4. EVALUACIÓN

 

818. Para analizar y evaluar la situación actual y las perspectivas del laicado, es necesario, por una parte, detectar la realidad de la presencia activa en los distintos lugares que configuran la dinámica social y, por otra, hacer manifiesta la "calidad" de dicha presencia. Para este fin, se utiliza un marco de referencia que tiene doble dimensión:

 

819. La primera, que nos permite cuantificar la presencia del laicado, es el crecimiento de los ámbitos funcionales (mundo de la cultura, del trabajo, etc.) frente a los ámbitos territoriales (el barrio, la parroquia, etc.) como consecuencia del proceso de industrialización y urbanización.

 

820. La segunda nos permite calificar la presencia En este caso, el signo es cómo se comprende la realidad social, el ser y la misión de la Iglesia.

 

821. - En el espacio de la "vecindad" (parroquia, barrios), la existencia de numerosos laicos y movimientos de laicos.

 

822. - En el espacio de "apoyo pastoral" (entendido como tal el que reúne los servicios de formación doctrinal del laicado, invitación al compromiso, espiritualidad, etc.) hay una presencia apreciable, pero con deficiencias en los servicios de formación.

 

823. - En el espacio de "construcción de la sociedad" (obreros, campesinos, empresarios, técnicos, políticos, etc.) la presencia es muy débil; casi total la ausencia en el espacio de creación y difusión cultural (intelectuales, artistas, educadores, estudiantes y comunicadores sociales).

 

Bajo la segunda dimensión se observa:

 

824. - La persistencia de laicos y movimientos laicales que no han asumido suficientemente la dimensión social de su compromiso, tanto por aferrarse a sus intereses económicos y de poder, como por una deficiente comprensión y aceptación de la enseñanza social de la Iglesia. Se percibe también otros laicos y movimientos de laicos que por exagerada politización de su compromiso, han vaciado su apostolado de esenciales dimensiones evangelizadoras.

 

825. - La existencia de movimientos laicos que se distorsionan por una excesiva dependencia de las iniciativas de la jerarquía y también de los que confieren a su autonomía un grado tal, que se desprenden de la comunidad eclesial.

 

826. Finalmente, resulta de particular gravedad el hecho de un insuficiente esfuerzo en el discernimiento de las causas y condicionamientos de la realidad social y en especial sobre los instrumentos y medios para una transformación de la sociedad. Esto es necesario como iluminación de la acción de los cristianos para evitar, tanto la asimilación acrítica de ideologías como un espiritualismo de evasión. Además, así se hace factible, descubrir caminos para la acción, superada la mera denuncia.

 

3.5. CONCLUSIONES

 

827. Hacemos un llamado urgente a los laicos a comprometerse en la misión evangelizadora de la Iglesia, en la que la promoción de la justicia es parte integrante e indispensable y la que más directamente corresponde al quehacer laical, siempre en comunión con los pastores.

 

828. Exhortamos a una presencia organizada del laicado en los diversos espacios pastorales, lo cual supone la integración y coordinación de los distintos movimientos y servicios dentro de un plan de pastoral orgánica del sector laico.

 

829. Invitamos a tener en especial consideración al laicado organizado en orden a la acción eclesial, prestándole la adecuada atención pastoral y el debido aprecio de su papel en la pastoral global de la Iglesia.

 

830. En particular adquiere especial importancia la constitución o dinamización de los departamentos diocesanos y nacionales de laicos o de otros órganos de animación y coordinación. Asimismo urge el fortalecimiento de los organismos latinoamericanos de los movimientos laicos con apoyo a la labor que en este sentido viene realizando el Departamento de laicos del CELAM.

 

831. Igualmente, hacemos resaltar el importante lugar que pueden ocupar los laicos individualmente convocadas a prestar servicios en instituciones de Iglesia, particularmente las educativas, los organismos de promoción humana y social y las actividades en zonas de misión.

 

832. Pedimos que se fomenten centros o servicios de formación integral de laicos que pongan adecuado énfasis en una pedagogía activa, complementada por una formación sistemática en los fundamentos de la fe y de la enseñanza social de la Iglesia. Asimismo, consideramos los movimientos organizados como instrumentos de formación con sus proyectos, experiencias, planes de trabajo y evaluaciones.

 

833. En América Latina, sobre todo en aquellas regiones donde los ministerios jerárquicos no están suficientemente provistos, foméntense bajo la responsabilidad de la Jerarquía también una especial creatividad en el establecimiento de ministerios o servicios que pueden ser ejercidos por laicos, de acuerdo con las necesidades de la evangelización. Especial cuidado debe ponerse en la formación adecuada de los candidatos.

 

3.6. LA MUJER

 

Aunque en varias partes del Documento se habla de la mujer, como religiosa, en el hogar, etc., aquí la consideramos en su aporte concreto a la evangelización en el presente y en el futuro de América Latina.

 

SITUACIÓN

 

834. A la conocida marginación de la mujer como consecuencia de atavismos culturales (prepotencia del varón, salarios desiguales, educación deficiente, etc.) que se manifiesta en su ausencia casi total de la vida política, económica y cultural, se agregan nuevas formas de marginación en una sociedad consumista y hedonista. Así se llega al extremo de transformarla en objeto de consumo, disfrazando su explotación bajo pretexto de evolución de los tiempos (por la publicidad, el erotismo, la pornografía, etc.).

 

835. En muchos de nuestros países, sea por la situación económica agobiante, sea por la crisis moral acentuada, la prostitución femenina se ha incrementado.

 

836. En el sector laboral se comprueba el incumplimiento o la evasión de las leyes que protegen a la mujer. Frente a esta situación, las mujeres no siempre están organizadas para exigir el respeto a sus derechos.

 

837. En las familias, la mujer se ve recargada además de las tareas domésticas por el trabajo profesional y en no pocos casos debe asumir todas las responsabilidades, por abandono del hogar por parte del varón.

 

838. También se debe considerar la situación lamentable de las empleadas domésticas, por el maltrato y la explotación que sufren con frecuencia de parte de sus patronos.

 

839. En la misma Iglesia, a veces se ha dado una insuficiente valorización de la mujer y una escasa participación suya a nivel de las iniciativas pastorales.

 

840. Sin embargo, deben destacarse, como signos positivos, el lento pero creciente ingreso de la mujer en tareas de la construcción de la sociedad, el resurgimiento de organizaciones femeninas que trabajan por lograr la promoción e incorporación de la mujer en todos los ámbitos.

 

REFLEXIÓN

 

IGUALDAD Y DIGNIDAD DE LA MUJER

 

841. La mujer como el hombre es imagen de Dios. "Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó" (Gén. 1,27). La tarea de dominar el mundo, de continuar con la obra de la creación, de ser con Dios co-creadores, corresponde pues, a la mujer tanto como al hombre.

 

MISIÓN DE LA MUJER EN LA IGLESIA

 

842. Ya en el Antiguo Testamento encontramos mujeres que tuvieron papeles relevantes en el Pueblo de Dios, como María la hermana de Moisés, Ana, las profetisas Débora y Juldá (Cfr. 2 Rey, 22,14), Ruth, Judith y otras.

 

843. En la Iglesia, la mujer participa de los dones de Cristo y difunde su testimonio por la vida de fe y de caridad, como la samaritana (Cfr. Jn. 4); como las mujeres que acompañaron y sirvieron con sus bienes al Señor (Cfr. Lc. 8,2); las mujeres presentes en el Calvario (Cfr. Jn. 19,25); como las mujeres que, enviadas por el Señor mismo anuncian a los Apóstoles que El había resucitado (Cfr. Jn. 20,17); como las mujeres en las primeras comunidades cristianas (Cfr. He. 1,14).

 

844. Pero, sobre todo, como María en la Anunciación, aceptando incondicionalmente la Palabra de Dios (Cfr. Lc. 1, 26ss.); en la Visitación, sirviendo y anunciando la presencia del Señor (Cfr. Lc. 2, 39-45); en el Magnificat, cantando proféticamente la libertad de los hijos de Dios y el cumplimiento de la promesa (Cfr. Lc. 2, 46ss); en la Natividad, dando a luz al Verbo de Dios y ofreciéndolo a la adoración de todos los que lo buscan, sean sencillos pastores o sabios venidos de tierras lejanas (Cfr. Lc. 2, 1-8); en la huida a Egipto, aceptando las consecuencias de la sospecha y de la persecución de que es objeto el Hijo de Dios (Cfr. Mt. 2, 13-15); ante el comportamiento misterioso y adorable del Señor, guardando todo en su corazón (Cfr. Lc. 2,52); en una presencia atenta a las necesidades de los hombres, provocando el "signo mesiánico", propiciando la fiesta (Cfr. Jn. 2, 1-11); en la cruz, fuerte, fiel y abierta a la acogida maternal universal; en la espera, ardiente con toda la Iglesia, de la plenitud del Espíritu (Cfr. He. 1-2); en la Asunción, celebrada en la Liturgia por la Mujer, símbolo de la Iglesia del Apocalipsis (Cfr. Ap. 12).

 

845. La mujer con sus aptitudes propias debe contribuir eficazmente a la misión de la Iglesia, participando en organismos de planificación y coordinación pastoral, catequesis (Cfr. MR 49-50), etc. La posibilidad de confiar a las mujeres ministerios no ordenados le abrirá nuevos caminos de participación en la vida y misión de la Iglesia.

 

846. Subrayamos el papel fundamental de la mujer como madre, defensora de la vida y educadora del hogar.

 

LA MISIÓN DE LA MUJER EN EL MUNDO (comunión y participación, tarea común).

 

847. - Las aspiraciones de liberación en nuestros pueblos incorporan la promoción humana de la mujer como auténtico "signo de los tiempos" que se fortalece en la concepción bíblica del señorío del hombre creado "varón y mujer".

 

848. - La mujer debe estar presente en las realidades temporales, aportando su ser propio de mujer para participar con el hombre en la transformación de la sociedad; el valor del trabajo de la mujer no debe ser solamente satisfacción de necesidades económicas, sino instrumento de personalización y construcción de la nueva sociedad.

 

CONCLUSIÓN

 

849. La Iglesia está llamada a contribuir en la promoción humana y cristiana de la mujer ayudándole así a salir de situaciones de marginación en que puede encontrarse y capacitándola para su misión en la comunidad eclesial y en el mundo.

 

 

 

4. PASTORAL VOCACIONAL

 

La Pastoral Vocacional, deber de toda la Iglesia.

 

Validez de los Seminarios.

 

4.1. SITUACIÓN

 

850. ALGUNOS DATOS POSITIVOS

 

Mayor conciencia sobre el problema vocacional y mayor claridad teológica sobre la unidad y diversidad de la vocación cristiana.

Se han multiplicado con éxito cursos, encuentros, jornadas, y congresos.

Todo ello se ha realizado, la mayor a de las veces, mediante la colaboración entre el clero diocesano, los religiosos, las religiosas y los laicos, en conexión con la pastoral juvenil, los seminarios y las casas de formación.

Han sido lugares efectivos de pastoral vocacional, en muchos países, los grupos juveniles apostólicos y las comunidades eclesiales de base.

Existen en muchos países, con fruto visible, el plan nacional y el plan diocesano de pastoral vocacional, según la iniciativa de la Sagrada Congregación para la Educación Católica.

Hay en los últimos años un sensible aumento de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada aunque todavía insuficiente para las necesidades propias y el deber misionero con otras Iglesias más necesitadas.

En los laicos se nota también, en los últimos años, una mayor toma de conciencia de su vocación específica.

851. ALGUNOS DATOS NEGATIVOS

 

Acompañamiento insuficiente a los laicos en el descubrimiento y maduración de su propia vocación cristiana.

Influjo negativo del "medio" progresivamente secularista, consumista y erotizado.

Múltiples fallas de familia.

Marginación grande de las masas.

Falta de testimonio por parte de algunos sacerdotes y religiosos.

Desinterés e indiferencia de algunos sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos por la pastoral vocacional.

Desvíos doctrinales.

Falta de inserción profunda de la pastoral vocacional en la pastoral familiar y educativa y en la pastoral de conjunto.

4.2. REFLEXIÓN Y CRITERIOS

 

VOCACIÓN HUMANA, CRISTIANA Y CRISTIANO-ESPECÍFICA

 

852. Dios llama a todos los hombres y a cada hombre a la fe y, por la fe, a ingresar en el Pueblo de Dios mediante el bautismo. Esta llamada por el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, a que seamos pueblo suyo, es llamada a la COMUNION Y PARTICIPACION en la misión y vida de la Iglesia y, por lo tanto, en la Evangelización del mundo.

 

853. No todos, sin embargo, somos enviados a servir y evangelizar desde la misma función. Unos lo hacen como ministros jerárquicos, otros como laicos y otros desde la vida consagrada. Todos, complementariamente, construimos el Reino de Dios en la tierra.

 

854. Todos los cristianos, según el designio divino, debemos realizarnos como hombres (VOCACIÓN HUMANA) y como cristianos, viviendo nuestro bautismo en lo que tiene de llamada a la santidad (comunión y cooperación con Dios), a ser miembros activos de la Comunidad y a dar testimonio del Reino (comunión y cooperación con los demás) (VOCACIÓN CRISTIANA), y debemos descubrir la vocación concreta (laical, de vida consagrada o ministerial jerárquica) que nos permita hacer nuestra aportación específica a la construcción del Reino (VOCACIÓN CRISTIANA ESPECÍFICA). De este modo, cumpliremos, plena y orgánicamente, nuestra misión evangelizadora.

 

DIVERSIDAD EN LA UNIDAD

 

855. El ministerio jerárquico (Obispos, Presbíteros y Diáconos) da unidad y autenticidad a todo el servicio eclesial en la gran tarea evangelizadora.

 

856. La Vida Consagrada, en todas sus modalidades, con mención explícita de la Contemplativa, es en sí misma, por la radicalidad de su testimonio, "un medio privilegiado de evangelización eficaz" (EN 69).

 

857. El laico con su función especial en el mundo y la sociedad tiene ante sí una ingente tarea evangelizadora en el presente y en futuro de nuestro continente.

 

858. Por otro lado, el Espíritu Santo está suscitando hoy en la Iglesia diversidad de ministerios, ejercidos también por laicos, capaces de rejuvenecer y reforzar el dinamismo evangelizador de la Iglesia (Cfr. EN 73).

 

859. Respecto de las vocaciones al sacerdocio y a la Vida Consagrada, en concreto, hacemos nuestras las palabras de Juan Pablo II: "En la mayoría de vuestros países, no obstante un esperanzador despertar de vocaciones, es un grave problema grave y crónico (...). Las vocaciones laicales tan indispensables, no pueden ser una compensación suficiente. Más aún, una de las pruebas del compromiso del laico es la fecundidad de las vocaciones a la vida consagrada" (Discurso inaugural IV, b. AAS LXXI, p. 204). A tal problema debe hacer frente, con optimismo y confianza en Dios, la pastoral vocacional en cada Iglesia local.

 

DIOS, COMUNIDAD E INDIVIDUO

 

860. Situarse ministerial y evangelizadoramente en la Iglesia no es algo que dependa únicamente de la iniciativa personal. Es primordialmente llamada gratuita de Dios, vocación divina, que debe percibirse, a través de un discernimiento, escuchando al Espíritu Santo y situándose ante el Padre por Cristo y frente a la Comunidad concreta e histórica a la que hay que servir. Es también fruto y expresión de la vitalidad y madurez de toda la Comunidad eclesial (Cfr. Juan Pablo II, Discurso inaugural I, 7. AAS LXXI, p. 193).

 

861. En consecuencia, una pastoral vocacional auténtica que quiera ayudar al hombre en tal proceso, deberá centrarse en la llamada inicial, en su maduración subsiguiente y en la perseverancia, comprometiendo en este servicio a toda la comunidad.

 

LA ORACIÓN EN LA PASTORAL VOCACIONAL

 

862 En el complejo problema vocacional es necesario, en todo momento y a todos los niveles, el recurso ininterrumpido a la oración personal y comunitaria. Es Dios quien llama; es Dios quien da eficacia a la evangelización. El mismo Cristo nos dijo: "La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad al Dueño de la mies envíe obreros a su mies" (Lc. 10,2).

 

PASTORAL VOCACIONAL ENCARNADA Y DIFERENCIADA

 

863. Porque la pastoral vocacional es una acción evangelizadora y en orden a la evangelización, misión de la Iglesia, debe ser encarnada y diferenciada. Es decir, debe responder desde la fe a los problemas concretos de cada nación y región y reflejar la unidad y variedad de funciones de ese cuerpo diversificado cuya cabeza es Cristo.

 

864. América Latina, empeñada hoy en superar su situación de subdesarrollo e injusticia (Cfr. Primera Parte) tentada de ideologías anticristianas y codiciada por guías extremistas y centros de poder, necesita de personas conscientes de su dignidad y responsabilidad histórica y de cristianos celosos de su identidad que, de acuerdo con su compromiso, sean constructores de un "mundo más justo, humano y habitable, que no se cierra en sí mismo, sino que se abre a Dios" (Juan Pablo II, Homilía Santo Domingo 3. AAS LXXI, p. 157). Cada uno deber hacer esto desde su puesto y función y todos en comunión y participación. Es el gran reto y servicio de la evangelización presente y futura de nuestro continente y es la gran responsabilidad de nuestra pastoral vocacional. Alabamos ya y respaldamos, sin restricciones, a cuantos trabajan con fe, esperanza y amor en esta línea.

 

UBICACIÓN DE LA PASTORAL VOCACIONAL Y LUGARES PRIVILEGIADOS

 

865. El período juvenil es período privilegiado, aunque no único, para la opción vocacional. Por ello, toda Pastoral Juvenil debe ser al mismo tiempo pastoral vocacional. "Hay que reactivar una intensa acción pastoral que, partiendo de la vocación cristiana en general, de una pastoral juvenil entusiasta, dé a la Iglesia los servidores que necesita" (Juan Pablo II, Discurso inaugural IV, b. AAS LXXI, p. 204).

 

866. La Pastoral Vocacional es dimensión también esencial de la Pastoral Familiar y de la Pastoral Educativa y debe ubicarse prioritariamente en la Pastoral de Conjunto.

 

867. Son lugares privilegiados de la Pastoral Vocacional la Iglesia particular, la parroquia, las comunidades de base, la familia, los movimientos apostólicos, los grupos y movimientos de juventud, los centros educacionales, la catequesis y las obras de vocaciones.

 

868. Debe prestarse igualmente especial atención a aquellos que en edad adulta perciben la llamada del Señor para una vocación cristiana específica.

 

4.3. SEMINARIOS

 

869. En la mayoría de nuestras Iglesias se ve la necesidad de asegurar una sólida formación humano-cristiana y una especial formación religiosa (OT 3) previa al Seminario Mayor.

 

870. El Seminario Menor, profundamente renovado, debe tratar de responder a esta necesidad y efectivamente ha sido ya en algunos lugares, una respuesta positiva a a tal problemática; en otros sitios son los centros de capacitación para el Seminario Mayor o las iniciativas afines.

 

871. Se debe buscar una constante en todos ellos: que los jóvenes no pierden el contacto con la realidad ni se desarraiguen de su contexto social. Cabe notar que todas estas fórmulas son parte integral de la Pastoral Vocacional Juvenil, por lo cual deben estar muy vinculadas a la familia y llevar al joven a un compromiso adecuado a su edad.

 

872. Finalmente, todo esto debe dar como resultado que el joven adquiera una espiritualidad sólida y haga una opción libre y madura.

 

873. El proceso de maduración y formación de la vocación presbiteral encuentra su ambiente más propicio en el "Seminario Mayor" o "Casa de formación", declarado por el Concilio Vaticano II como necesario para la formación sacerdotal (Cfr. OT 4).

 

874. En relación con los Seminarios, se descubre en América Latina un fuerte espíritu de renovación que representa una esperanza y una respuesta a la problemática de la formación. Se requieren, sin embargo, otras fórmulas que logren la formación de los seminaristas, no a manera de formas paralelas, sino de experiencias realizadas con aprobación de la Conferencia Episcopal para situaciones especiales y de acuerdo con la Santa Sede (Cfr. Circular de la Sagrada Congregación para la Educación Católica, 16/7/1976).

 

875. El Seminario Mayor, inserto en la vida de la Iglesia y del mundo, de acuerdo con las normas y orientaciones precisas de la Santa Sede, tiene como objetivo el acompañar el pleno desarrollo de la personalidad, humana, espiritual y pastoral, es decir, integral de los futuros pastores. Estos con una fuerte experiencia de Dios y una clara visión de la realidad en que se encuentra América Latina, en íntima comunión con su Obispo, Maestro de la verdad y con los otros presbíteros, han de ser los que evangelicen, animen y coordinen los diferentes carismas del pueblo de Dios en Orden a la construcción del Reino (Cfr. Juan Pablo II, Discurso inaugural passim). La formación de pastores debe ser preocupación constante que oriente los estudios y la vida espiritual. Las actividades pastorales deben ser revisadas a la luz de la fe y con el adecuado asesoramiento de sus formadores.

 

876. El seminarista guiado por una buena dirección espiritual, adquirirá la experiencia de Dios viviendo constantemente la comunión con El en la oración y la Eucaristía y en una devoción sólida y filial a la Virgen María.

 

877. En los estudios, es necesario atender a una profunda formación doctrinal, de acuerdo con el Magisterio de la Iglesia y con una adecuada visión de la realidad.

 

878. En los Seminarios, se deberá insistir en la austeridad, la disciplina, la responsabilidad y el espíritu de pobreza, en un clima de auténtica vida comunitaria. Se formará responsablemente a los futuros sacerdotes para el celibato. Todo ello lo exige la renuncia y entrega que se pide al presbítero.

 

879. Queremos acentuar el valor de los centros de formación en común para el clero diocesano y religioso de acuerdo con las normas de la Santa Sede (Cfr. Norma directiva 31) por el sentido comunitario que representan y como recurso para la integración en la pastoral de conjunto.

 

880. Al lamentar la falta de formadores, es nuestro deber manifestar reconocimiento y dar voz de aliento a cuantos trabajan en la formación de los futuros sacerdotes.

 

4.4. OPCIONES Y LÍNEAS DE ACCIÓN

 

881. Hay que impulsar, coordinar y ayudar la promoción y maduración de todas las vocaciones, especialmente de las sacerdotales y la vida consagrada, dando a esta tarea prioridad efectiva.

 

882. Hay que fomentar las campañas de oración a fin de que el pueblo tome conciencia de las necesidades existentes. La vocación es la respuesta de Dios providente a la comunidad orante.

 

883. Es necesario acompañar a todos los que sienten la llamada del Señor en el proceso de discernimiento y ayudarles a cultivar las disposiciones básicas para la maduración vocacional.

 

884. Toda pastoral vocacional debe estar encarnada en el actual momento histórico de América Latina y debe ser diferenciada, es decir, reflejar y promover la diversidad de vocaciones en la unidad de la misión y del servicio evangelizador.

 

885. Hay que dar a la pastoral vocacional el puesto prioritario que tiene en la pastoral de conjunto y más en concreto en la pastoral juvenil y familiar.

 

886. Hay que promover con particular empeño las vocaciones entre el campesinado, el mundo obrero y los grupos étnicos marginados y planificar su formación posterior que sea adecuada (Cfr. Circular de la Sagrada Congregación para la Educación Católica, 16/7/1976).

 

887. Al mismo tiempo hay que promover más intensamente las vocaciones presbiterales y de vida consagrada en las ciudades, en medios profesionales, universitarios, etc.

 

888. Es necesario llevar a la práctica con fidelidad las normas y orientaciones de la Santa Sede y de las Conferencias Episcopales respecto de los Seminarios. Estas, con las necesarias adecuaciones, han de ser observadas también por las Comunidades Religiosas en la formación de sus Presbíteros.

 

889. Hay que capacitar personal para dedicarlo de tiempo completo a la pastoral vocacional y señalarle que su misión principal es la de animar en este sentido toda la pastoral.

 

890. Hay que crear Institutos de perfeccionamiento para formadores de sacerdotes a nivel local y continental y aprovechar los Institutos internacionales de Europa, especialmente los de Roma.

 

891. Hay que despertar, promover y orientar vocaciones misioneras pensando ya en Centros o Seminarios especializados con esta finalidad.

 

 

 

CAPÍTULO III

MEDIOS PARA LA COMUNIÓN Y PARTICIPACIÓN

892. Responsables del ministerio de la evangelización, nos preocupa cómo hacer llegar al hombre latinoamericano la Palabra de Dios, de tal modo que sea escuchada por él, asumida, encarnada, celebrada y transmitida a sus hermanos.

 

893. Sabemos que es Dios quien la hace crecer (Cfr. 1 Cor. 3, 6-7); sin embargo, el Señor de la mies espera la colaboración de sus servidores Por eso, queremos reflexionar acerca de los medios principales de evangelización, con los cuales la Iglesia crea comunión e invita a los hombres al servicio de sus hermanos.

 

894. La comunidad que en la liturgia celebra gozosamente la Pascua del Señor, tiene el compromiso de dar testimonio, de catequizar, educar y comunicar la Buena Nueva por todos los medios que estén a su alcance. Asimismo siente la necesidad de entrar en comunión y diálogo con los hombres que buscan la verdad en nuestro Continente.

 

CONTENIDO:

 

1. Liturgia, oración particular, piedad popular

2. Testimonio

3. Catequesis

4. Educación

5. Comunicación social

 

1. LITURGIA, ORACIÓN PARTICULAR, PIEDAD POPULAR

 

895. La oración particular y la piedad popular, presentes en el alma de nuestro pueblo, constituyen valores de evangelización; la Liturgia es el momento privilegiado de Comunión y Participación para una Evangelización que conduce a la liberación cristiana integral, auténtica.

 

1.1 SITUACIÓN

 

a) LITURGIA

 

896. a) En general, la renovación litúrgica en América Latina está dando resultados positivos porque se va encontrando de nuevo la real ubicación de la Liturgia en la misión evangelizadora de la Iglesia, por la mayor comprensión y participación de los fieles favorecida por los Nuevos libros litúrgicos y por la difusión de la Catequesis presacramental.

 

897. Esto ha sido animado por los documentos de la Sede Apostólica y de las Conferencias Episcopales, así como por encuentros a diversos niveles latinoamericano, regional, nacional, etc.

 

898. El idioma común, la riqueza cultural y la piedad popular han facilitado esta renovación.

 

899. Se siente la necesidad de adaptar la Liturgia a las diversas culturas y a la situación de nuestro pueblo joven, pobre y sencillo (Cfr. SC 37-40).

 

900. La falta de ministros, la población dispersa y la situación geográfica del continente han hecho tomar mayor conciencia de la utilidad de las celebraciones de la Palabra y de la importancia de servirse de los medios de comunicación social (radio y televisión) para llegar a todos.

 

901. Sin embargo, comprobamos que no se ha dado todavía a la pastoral litúrgica la prioridad que le corresponde dentro de la pastoral de conjunto, siendo aún muy perjudicial la oposición que se da en algunos sectores, entre Evangelización y Sacramentalización. Falta profundizar la formación litúrgica del clero; se nota una marcada ausencia de catequesis litúrgica destinada a los fieles.

 

902. La participación en la liturgia no incide adecuadamente el compromiso social de los cristianos. La instrumentalización, que a veces se hace de la misma, desfigura su valor evangelizador.

 

903. Ha sido también perjudicial la falta de observancia de las normas litúrgicas y de su espíritu pastoral, con abusos que causan desorientación y división entre los fieles.

 

b) ORACIÓN PARTICULAR

 

904. La religiosidad popular del hombre latinoamericano posee rica herencia de oración enraizada en culturas autóctonas y evangelizada después por las formas de piedad cristiana de misioneros e inmigrantes.

 

905. Consideramos como un tesoro la costumbre existente desde antiguo, de congregarse para orar en festividades y ocasiones especiales. Recientemente la oración se ha visto enriquecida por el movimiento bíblico, por nuevos métodos de oración contemplativa y por el movimiento de grupos de oración.

 

906. Muchas comunidades cristianas que carecen de ministro ordenado, acompañan y celebran sus acontecimientos y fiestas con reuniones de oración y canto que al mismo tiempo evangelizan a la comunidad y le proporcionan fuerza evangelizadora.

 

907. La oración familiar ha sido, en vastas zonas, el único culto existente; de hecho, ha conservado la unidad y la fe de la familia y del pueblo.

 

908. La invasión de la televisión y la radio en los hogares pone en peligro las prácticas piadosas en el seno de la familia.

 

909. Aun cuando muchas veces la oración surge por necesidades meramente personales y se expresa en fórmulas tradicionales no asimiladas, no puede desconocerse que la vocación del cristiano debe llevarlo al compromiso moral, social y evangelizador.

 

c) PIEDAD POPULAR

 

910. En el conjunto del pueblo católico latinoamericano aparece, a todos los niveles y con formas bastante variadas, una piedad popular que los Obispos no podemos pasar por alto y que necesita ser estudiada con criterios teológicos y pastorales para descubrir su potencial evangelizador.

 

911. América Latina está insuficientemente evangelizada. La gran parte del pueblo expresa su fe prevalentemente en la piedad popular.

 

912. Las manifestaciones de piedad popular son muy diversos, de carácter comunitario e individual; entre ellas se encuentra: el culto a Cristo paciente y muerto, la devoción al Sagrado Corazón, diversas devociones a la Santísima Virgen María, el culto a los santos y a los difuntos, las procesiones, los novenarios, las fiestas patronales, las peregrinaciones a santuarios, los sacramentales, las promesas, etc.

 

913. La piedad popular presenta aspectos positivos como: sentido de lo sagrado y trascendente; disponibilidad a la Palabra de Dios; marcada piedad mariana; capacidad para rezar; sentido de amistad, caridad y unión familiar; capacidad de sufrir y reparar; resignación cristiana en situaciones irremediables; desprendimiento de lo material.

 

914. Pero también presenta aspectos negativos: falta de sentido de pertenencia a la Iglesia; desvinculación entre fe y vida; el hecho de que no conduce a la recepción de los sacramentos; valoración del culto a los santos con detrimento del conocimiento de Jesucristo y su misterio; idea deformada de Dios; concepto utilitario de ciertas formas de piedad; inclinación, en algunos lugares, al sincretismo religioso; infiltración del espiritismo y en algunos casos, de prácticas religiosas del Oriente.

 

915. Con mucha frecuencia se han suprimido formas de piedad popular sin razones valederas o sin sustituirlas por algo mejor.

 

1.2. CRITERIOS DOCTRINALES Y PASTORALES

 

a) LITURGIA

 

916. Es necesario que toda esta renovación esté orientada por una auténtica teología litúrgica. En ella, es importante la teología de los Sacramentos. Esto contribuirá a la superación de una mentalidad neo-ritualista.

 

917. El Padre por Cristo en el Espíritu santifica a la Iglesia y por ella, al mundo y a su vez, mundo e Iglesia por Cristo en el Espíritu, dan gloria al Padre.

 

918. La liturgia, como acción de Cristo y de la Iglesia, es el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo (Cfr. SC 7); es cumbre y fuente de la vida eclesial (Cfr. SC 10). Es encuentro con Dios y los hermanos; banquete y sacrificio realizado en la Eucaristía; fiesta de comunión eclesial, en la cual el Señor Jesús, por su misterio pascual, asume y libera al Pueblo de Dios y por él a toda la humanidad cuya historia es convertida en historia salvífica para reconciliar a los hombres entre sí y con Dios. La liturgia es también fuerza en el peregrinar, a fin de llevar a cabo, mediante el compromiso transformador de la vida, la realización plena del Reino, según el plan de Dios.

 

919. En la Iglesia particular, "el Obispo debe ser considerado como el gran sacerdote de su grey; de él deriva y depende, en cierto modo, la vida en Cristo de sus fieles" (SC 41).

 

920. El hombre es un ser sacramental; a nivel religioso expresa sus relaciones con Dios en un conjunto de signos y símbolos; Dios, igualmente, los utiliza cuando se comunica con los hombres. Toda la creación es, en cierto modo, sacramento de Dios porque nos lo revela (Cfr. Rom. 1, 19).

 

921. Cristo "es imagen de Dios invisible" (Col. 1,15). Como tal, es el sacramento primordial y radical del Padre: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Jn. 14,9).

 

922. La Iglesia es a su vez, sacramento de Cristo (Cfr. LG 1) para comunicar a los hombres la vida nueva. Los siete sacramentos de la Iglesia, concretan y actualizan para las distintas situaciones de la vida, esta realidad sacramental.

 

923. Por eso no basta recibirlos en forma pasiva, sino vitalmente insertados en la comunión eclesial. Por los sacramentos Cristo continúa, mediante la acción de la Iglesia, encontrándose con los hombres y salvándolos. La celebración Eucarística, centro de la sacramentalidad de la Iglesia y la más plena presencia de Cristo en la humanidad, es centro y culmen de toda la vida sacramental (Cfr. SC 10).

 

924. La renovación litúrgica ha de estar orientada por criterios pastorales fundados en la naturaleza misma de la liturgia y de su función evangelizadora.

 

925. La reforma y la renovación litúrgica fomentan la participación que conduce a la comunión. La participación plena, consciente y activa en la Liturgia es fuente primaria y necesaria del espíritu verdaderamente cristiano (Cfr. SC 14). Por esto las consideraciones pastorales, atendidas siempre la observancia de las normas litúrgicas, deben superar el simple rubricismo.

 

926. Los signos, importantes en toda acción litúrgica, deben ser empleados en forma viva y digna, supuesta una adecuada catequesis. Las adaptaciones previstas en la "Sacrosanctum Concilium" y en las normas pastorales posteriores son indispensables para lograr un rito acomodado a nuestras necesidades, especialmente a las del pueblo sencillo, teniendo en cuenta sus legítimas expresiones culturales.

 

927. Ninguna actividad pastoral puede realizarse sin referencia a la liturgia. Las celebraciones litúrgicas suponen iniciación en la fe mediante el anuncio evangelizador, la catequesis y la predicación bíblica; esta es la razón de ser de los cursos y encuentros presacramentales.

 

928. Toda celebración debe tener, a su vez, una proyección evangelizadora y catequética adaptada a las distintas asambleas de fieles, pequeños grupos, niños, grupos populares, etc.

 

929. Las celebraciones de la Palabra, con la lectura de la Sagrada Escritura abundante, variada y bien escogida (Cfr. SC 35,4), son de gran provecho para la comunidad, principalmente donde no hay presbíteros y sobre todo para la realización del culto dominical.

 

930. La homilía, como parte de la liturgia, es ocasión privilegiada para exponer el misterio de Cristo en el aquí y ahora de la comunidad, partiendo de los textos sagrados, relacionándolos con el sacramento y aplicándolos a la vida concreta. Su preparación debe ser esmerada y su duración proporcionada a las otras partes de la celebración.

 

931. El que preside la celebración es el animador de la comunidad y por su actuación favorece la participación de los fieles; de ahí la importancia de una digna y adecuada forma de celebrar.

 

b) LA ORACIÓN PARTICULAR

 

932. El ejemplo de Cristo orante: el Señor Jesús, que pasó por la tierra haciendo el bien y anunciando la Palabra, dedicó, por el impulso del Espíritu, muchas horas a la oración, hablando al Padre con filial confianza e intimidad incomparable y dando ejemplo a sus discípulos, a los cuales expresamente enseñó a orar. El cristiano, movido por el Espíritu Santo, hará de la oración motivo de su vida diaria y de su trabajo; la oración crea en él actitud de alabanza y agradecimiento al Señor, le aumenta la fe, lo conforta en la esperanza activa, lo conduce a entregarse a los hermanos y a ser fiel en la tarea apostólica, lo capacita para formar comunidad. La Iglesia que ora en sus miembros se une a la oración de Cristo.

 

933. La oración en familia: la familia cristiana, evangelizada y evangelizadora, debe seguir el ejemplo de Cristo orante. Así, su oración manifiesta y sostiene la vida de la Iglesia doméstica en donde se acoge el germen del Evangelio que crece para capacitar a todos los miembros como apóstoles y a hacer de la familia un núcleo de evangelización.

 

934. La liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia. Se recomiendan los ejercicios piadosos del pueblo cristiano con tal de que vayan de acuerdo con las normas y leyes de la Iglesia, en cierto modo deriven de la liturgia y a ella conduzcan (Cfr. SC 13). El misterio de Cristo es uno y en su riqueza tiene manifestaciones y modos diversos de llegar a los hombres. Gracias a la rica herencia religiosa y por la urgencia de las circunstancias de tiempo y lugar, las comunidades cristianas se hacen evangelizadoras al vivir la oración.

 

c) PIEDAD POPULAR

 

935. La piedad popular conduce al amor de Dios y de los hombres y ayuda a las personas y a los pueblos a tomar conciencia de su responsabilidad en la realización de su propio destino (Cfr. GS 18). La auténtica piedad popular basada en la Palabra de Dios, contiene valores evangelizadores que ayudan a profundizar la fe del pueblo.

 

936. La expresión de la piedad popular debe respetar los elementos culturales nativos (Cfr. Relig. Popular, 444ss.).

 

937. Para que constituya un elemento eficaz de evangelización la piedad popular necesita de una constante purificación y clarificación y llevar no sólo a la pertenencia a la Iglesia, sino también a la vivencia cristiana y al compromiso con los hermanos.

 

1.3. CONCLUSIONES

 

a) LITURGIA

 

938. Dar a la liturgia su verdadera dimensión de cumbre y fuente de la actividad de la Iglesia (SC 10).

 

939. Celebrar la fe en la Liturgia como encuentro con Dios y con los hermanos, como fiesta de comunión eclesial, como fortalecimiento en nuestro peregrinar y como compromiso de nuestra vida cristiana. Dar especial importancia a la liturgia dominical.

 

940. Revalorizar la fuerza de los "signos" y su teología. Celebrar la fe en la Liturgia con expresiones culturales, según una sana creatividad. Promover adaptaciones adecuadas, de manera particular a los grupos étnicos y al pueblo sencillo (grupos populares); pero con el cuidado de la que Liturgia no sea instrumentalizada para fines ajenos a su naturaleza, se guarden fielmente las normas de la Santa Sede y se eviten las arbitrariedades en las celebraciones litúrgicas.

 

941. Estudiar la función catequética y evangelizadora de la Liturgia.

 

942. Promover la formación de los agentes de pastoral litúrgica con una auténtica teología que lleve a su compromiso vital.

 

943. Procurar ofrecer a los Presidentes de las celebraciones litúrgicas las condiciones aptas para mejorar su función y llegar a la comunicación viva con la asamblea; poner especial esmero en la preparación de la homilía que tiene tan gran valor evangelizador.

 

944. Fomentar las celebraciones de la Palabra, dirigidas por diáconos, o laicos (varones o mujeres).

 

945. Preparar y realizar con esmero la liturgia de los sacramentos, la de las grandes festividades y la que se realiza en los santuarios.

 

946. Aprovechar, como ocasión propicia de evangelización, la celebración de la Palabra en los funerales y en los actos de piedad popular.

 

947. Promover la música sacra, como servicio eminente, que responda a la índole de nuestros pueblos.

 

948. Respetar el patrimonio artístico religioso y fomentar la creatividad artística adecuada a las nuevas formas litúrgicas.

 

949. Incrementar las celebraciones transmitidas por radio y televisión, teniendo en cuenta la naturaleza de la Liturgia y la índole de los respectivos medios de comunicación utilizados.

 

950. Fomentar los encuentros preparatorios para la celebración de los Sacramentos.

 

951. Aprovechar las posibilidades que ofrecen los nuevos rituales de los Sacramentos. Los sacerdotes se dedicarán de manera especial a administrar el Sacramento de la Reconciliación.

 

b) ORACIÓN PARTICULAR

 

952. La diócesis en su pastoral de conjunto, la parroquia y las comunidades menores (Comunidades Eclesiales de Base y familia) integrarán en sus programas evangelizadores la oración personal y comunitaria.

 

953. Procurar que todas las actividades en la Iglesia (como reuniones, uso de Medios de Comunicación Social, obras sociales, etc.), sean ocasión y escuela de oración.

 

954. Utilizar los seminarios, los monasterios, las escuelas y otros centros de formación como lugar privilegiado para orar, irradiar vida de oración y formar maestros de ella.

 

955. Los sacerdotes, los religiosos y los laicos comprometidos se distinguen por su ejemplo de oración y por la enseñanza de la misma al Pueblo de Dios.

 

956. Promover las obras que fomenten la santificación del trabajo y la oración de los enfermos e impedidos.

 

957. Fomentar aquellas formas de piedad popular que contribuyan a fortalecer la oración personal, familiar, de grupo y comunitaria.

 

958. Integrar a la pastoral orgánica los grupos de oración para que conduzcan a sus miembros a la liturgia, a la evangelización y al compromiso social.

 

c) PIEDAD POPULAR

 

959. Traten los agentes de pastoral de recuperar los valores evangelizadores de la piedad popular en sus diversas manifestaciones personales y masivas.

 

960. Se empleará la piedad popular como punto de partida para lograr que la fe del pueblo alcance madurez y profundidad, por lo cual dicha piedad popular se basará en la Palabra de Dios y en el sentido de pertenencia a la Iglesia.

 

961. No se prive al pueblo de sus expresiones de piedad popular. En lo que haya que cambiar procédase gradualmente y previa catequesis para llegar a algo mejor.

 

962. Orientar los sacramentales al reconocimiento de los beneficios de Dios y a la toma de conciencia del compromiso que el cristiano tiene con el mundo.

 

963. Presentar la Devoción a María y a los santos como la realización en ellos de la Pascua de Cristo (Cfr. SC 104) y recordar que debe conducir a la vivencia de la Palabra y al testimonio de vida.

 

 

2. TESTIMONIO

 

2.1. SITUACIÓN

 

964. A través de su historia, la Iglesia en América Latina ha dado testimonio de lo que cree de diversas maneras: su fidelidad al Vicario de Cristo; la mutua ayuda entre las Iglesias particulares; la existencia y los trabajos del Consejo Episcopal latinoamericano son signos de la comunión en que vive.

 

965. La Iglesia, a través de innumerables sacerdotes, religiosos, religiosas, misioneros y laicos, ha estado presente entre los más pobres y necesitados, predicando el Mensaje y realizando la caridad que el Espíritu difunde en ella para la promoción integral del hombre y dando testimonio de que el Evangelio tiene fuerza para elevarlo y dignificarlo.

 

966. Sin embargo, no todos los miembros de la Iglesia han sido respetuosos del hombre y de su cultura; muchos han mostrado una fe poco vigorosa para vencer sus egoísmos, su individualismo y su apego a las riquezas, obrando injustamente y lesionando la unidad de la sociedad y de la misma Iglesia.

 

2.2. CRITERIOS DOCTRINALES

 

967. Cristo, primer evangelizador y testigo fiel (Cfr. Ap. 1,5), evangeliza dando testimonio veraz de lo que ha visto junto al Padre y hace las obras que ve hacer al Padre (Cfr. Jn. 5, 19); sus acciones dan testimonio de que vino del Padre.

 

968. Los verdaderos cristianos, unidos a Jesús, dan a su vez este mismo testimonio. Por sus obras, testifican el amor que el Padre tiene a los hombres, el poder salvador con que Jesucristo tiene a los hombres, el poder salvador con que Jesucristo libera del pecado y el amor que ha sido derramado por el Espíritu que habita en ellos, capaz de crear la verdadera comunión con el Padre y los hermanos.

 

969. Las obras de los cristianos guiados por el Espíritu son: amor, comunión, participación, solidaridad, dominio de sí mismo, alegría, esperanza, justicia realizada en la paz (Cfr. Sant. 3, 18), castidad, entrega desinteresada de sí mismo; en una palabra, todo lo que constituye la santidad; ésta va acompañada de frecuencia de sacramentos, oración y devoción intensa a María.

 

970. El verdadero testimonio de los cristianos es, por tanto, la manifestación de las obras que Dios realiza en los hombres. El hombre da testimonio, no basado en sus propias fuerzas, sino en la confianza que tiene en el poder de Dios que lo transforma y en la misión que le confiere.

 

2.3. CRITERIOS PASTORALES

 

971. Siendo el testimonio elemento primero de la evangelización y condición esencial en vista a la eficacia real en la predicación (Cfr. EN 21, 49, 76), es necesario que esté siempre presente en la vida y en la acción evangelizadora de la Iglesia de manera que en el contexto de la vida latinoamericana sea un "signo" que conduzca al deseo de conocer la Buena Nueva y atestig¸e la presencia del Señor entre nosotros.

 

972. En la situación que viven nuestros pueblos, los frutos del Espíritu que constituyen el núcleo de nuestro testimonio, implican que tanto la Jerarquía como el Laicado y los Religiosos vivamos en una continua autocrítica, a la luz del Evangelio, a nivel personal, grupal y comunitario para despojarnos de toda actitud que no sea evangélica y que desfigure el rostro de Cristo (Cfr. DT 607).

 

973. Esta es nuestra primera opción pastoral: la misma comunidad cristiana; sus laicos, sus pastores, sus ministros y sus religiosos deben convertirse cada vez más al Evangelio para poder evangelizar a los demás.

 

974. Sobre todo es importante que, es comunidad, revisemos nuestra comunión y participación con los pobres, los humildes, y sencillos. Será, por tanto, necesario escucharlos, acoger lo más profundo de sus aspiraciones, valorizar, discernir, alentar, corregir, dejando que el Señor nos guíe para hacer efectiva la unidad con ellos en un mismo cuerpo y en un mismo espíritu.

 

975. Esto nos pide una oración más asidua, meditación más profunda de la Escritura, despojo íntimo y efectivo según el Evangelio de nuestros privilegios, modos de pensar, ideologías, relaciones preferenciales y bienes materiales (Cfr. EN 76); una mayor sencillez de vida; el compromiso en la realización de hechos significativos como el cumplimiento cabal de la "hipoteca social" de la propiedad; la comunicación cristiana de bienes materiales y espirituales; la colaboración en acciones comunitarias de promoción humana y una amplia gama de obras de caridad, cuyo mínimo exigible es la justicia, junto con la mayor libertad ante criterios y poderes pervertidos.

 

976. Es importante también que a nivel continental, la Iglesia progrese en la realización de signos testimoniales de su vitalidad interior; entre estos signos están la mayor solidaridad entre las Iglesias particulares y la mejor coordinación pastoral a través del CELAM, que debe seguir sirviendo a la Comunidad Episcopal y a la comunión intraeclesial en América Latina.

 

 

 

 

 

3. CATEQUESIS

977. La catequesis "que consiste en la educación ordenada y progresiva de la fe" (Mensaje del Sínodo de Catequesis, n.1), debe ser acción prioritaria en América Latina, si queremos llegar a una renovación profunda de la vida cristiana y por lo tanto a una nueva civilización que sea participada y comunión de personas en la Iglesia y en la sociedad.

 

3.1. SITUACIÓN

 

Desde el punto de vista histórico, a partir de Medellín en la catequesis se pueden notar aspectos positivos y negativos:

 

978. Positivos: el florecimiento de la acción catequística a través de nuevas y ricas experiencias en los diferentes países, como por ejemplo:

 

979. - Un esfuerzo sincero para integrar vida y fe, historia humana e historia de la salvación, situación humana y doctrina revelada, a fin de que el hombre consiga su verdadera liberación.

 

980. - Una pedagogía catequística positiva por parte de la persona de Cristo para llegar a sus preceptos y consejos.

 

981. - Un amor más acendrado a la Sagrada Escritura como fuente principal de la catequesis.

 

982. - Una educación sobre el sentido crítico constructivo de la persona y la comunidad en una visión cristiana.

 

983. - Un redescubrimiento de su dimensión comunitaria de tal modo que la comunidad eclesial se está haciendo responsable de la catequesis en todos los niveles: la familia, la parroquia, las Comunidades Eclesiales de Base, la comunidad escolar y en la organización diocesana y nacional.

 

984. - Una cada vez mayor toma de conciencia de que la catequesis es un proceso dinámico, gradual y permanente de educación en la fe.

 

985. - Un aumento de Institutos para la formación de catequistas en muchas partes y en todos los niveles: diocesanos, nacionales e internacionales.

 

986. - Una proliferación de textos de catecismo. Este hecho a veces es positivo y a veces negativo, en cuanto que son parciales o no renovados.

 

Negativos:

 

987. La catequesis no logra llegar a todos los cristianos en medida suficiente ni a todos los sectores y situaciones, por ejemplo: amplios ámbitos de la juventud, de las élites intelectuales, de los campesinos y del mundo obrero, de las fuerzas armadas, de los ancianos y de los enfermos, etc.

 

988. Se cae a menudo en dualismo y falsas oposiciones como entre catequesis sacramental y catequesis vivencial; catequesis de la situación y catequesis doctrinal. Por no ubicarse en un justo equilibrio, algunos han caído en el formulismo y otros en lo vivencial sin presentación de la doctrina; hay quienes han pasado del memorismo a la ausencia total de memoria.

 

989. Hay catequistas que descuidan la iniciación a la oración y a la liturgia.

 

990. No se respetan, a veces, las competencias que corresponden a los teólogos y a los catequistas (Cfr. Juan Pablo II, Discurso inaugural I, 4. AAS LXXI, p. 190) en sintonía con el Magisterio; por lo cual, se han difundido, entre los catequistas conceptos que pertenecen a hipótesis teológicas o de estudio.

 

991. Se comprueba cierta desorientación de las actitudes catequísticas en el campo ecuménico.

 

3.2. CRITERIOS TEOLÓGICOS

 

a) COMUNIÓN Y PARTICIPACIÓN

 

992. La obra evangelizadora que se realiza en la catequesis exige la comunión de todos: pide ausencia de divisiones y que las personas se encuentren en una fe adulta y en un amor evangélico (Cfr. DT 611, 612). Una de las metas de la catequesis es precisamente la construcción de la comunidad.

 

993. Se exige la colaboración de todos los miembros de la comunidad eclesial, cada uno según su ministerio y carisma. Sin eludir responsabilidades apostólicas y misioneras para que en la catequesis la Iglesia edifique a la Iglesia (Cfr. EN 13-14). La Iglesia es constantemente evangelizada y evangelizadora.

 

b) LA FIDELIDAD A DIOS

 

994. La fidelidad a Dios se expresa en la Catequesis como fidelidad a la Palabra dada en Jesucristo. El catequista no se predica a sí mismo sino a Jesucristo, siendo fiel a su Palabra (Cfr. DT 632, 633; EN 8,9,22,27,42) y a la integridad de su Mensaje.

 

c) FIDELIDAD A LA IGLESIA

 

995. Todo el que catequiza sabe que la fidelidad a Jesucristo va unida indisolublemente a la fidelidad a la Iglesia (Cfr. EN 16); que con su labor edifica continuamente la comunidad y transmite la imagen de la Iglesia (Cfr. DT 631); que debe hacerlo en unión con los Obispos y con la misión de ellos recibida.

 

d) FIDELIDAD AL HOMBRE LATINOAMERICANO

 

996. La fidelidad al hombre latinoamericano exige de la catequesis que penetre, asuma y purifique los valores de su cultura (Cfr. DT 417). Por lo tanto, que se empeñe en el uso y adaptación del lenguaje catequístico.

 

997. En consecuencia, la catequesis debe iluminar con la Palabra de Dios las situaciones humanas y los acontecimientos de la vida para hacer descubrir en ellos la presencia o la ausencia de Dios.

 

e) CONVERSIÓN Y CRECIMIENTO

 

998. La catequesis debe llevar a un proceso de conversión y crecimiento permanente y progresivo en la fe.

 

f) CATEQUESIS INTEGRADORA

 

999. "En toda catequesis integral hay que unir siempre de modo inseparable:

 

El conocimiento de la Palabra de Dios.

la celebración de la fe en los sacramentos;

la confesión de la fe en la vida cotidiana" (Sínodo de 1977, 11).

3.3 PROYECTOS PASTORALES

 

La catequesis para cumplir su misión evangelizadora en América Latina, deberá tener presente lo siguiente:

 

1000. a) Formar hombres comprometidos personalmente con Cristo, capaces de participación y comunión en el seno de la Iglesia y entregados al servicio salvífico del mundo.

 

1001. b) Tomar como fuente principal la Sagrada Escritura leída en el contexto de la vida, a la luz de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia, transmitiendo, además, el Símbolo de la fe; por lo tanto, dará importancia al apostolado bíblico, difundiendo la Palabra de Dios, formando grupos bíblicos, etc. (con este fin, se fundó la Federación Bíblica Católica Mundial).

 

1002. c) Dar prioridad pastoral a la adecuada formación de los catequistas, en diferentes institutos, cuidando de su especialización en función de las diversas situaciones, edades y áreas que cubren los catequizandos, v. gr. niños, jóvenes, campesinos, obreros, fuerzas armadas, élites, enfermos, deficientes, presidiarios, etc.

 

1003. d) Adaptar en los Institutos de formación de los sacerdotes y de los religiosos y religiosas la "Ratio studiorum" como algo urgente para que se identifique la enseñanza de la adecuada transmisión contemporánea del Mensaje evangélico.

 

1004. Los catequistas procurarán:

 

- La integridad del anuncio de la Palabra para superar el dualismo, las falsas oposiciones y la unilateralidad.

 

1005. - Iniciar a los catequizandos en la oración y en la Liturgia; en el testimonio y en el compromiso apostólico.

 

1006. - Impartir una catequesis vocacionalmente orientadora, explicando también la vocación laical, con un compromiso adaptado a las diferentes edades, desde la niñez hasta la edad adulta.

 

1007. - Como educadores de la fe de las personas y de las comunidades, empeñarse en un metodología, en forma de proceso, permanente por etapas progresivas, que incluya la conversión, la fe en Cristo, la vida en comunidad, la vida sacramental y el compromiso apostólico (Cfr. He. 2, 38-42).

 

1008. - Impartir una educación integral de la fe que incluya los siguientes aspectos:

 

La capacitación del cristiano para dar razón de su esperanza (Cfr. 1 Pe. 3,15).

La capacidad de dialogar ecuménicamente con los demás cristianos.

Una buena formación para la vida moral, asumida como seguimiento de Cristo, acentuando la vivencia de las Bienaventuranzas.

La formación gradual para una positiva ética sexual cristiana.

La formación para la vida política y para la doctrina social de la Iglesia.

LA METODOLOGÍA

 

1009. Los catequistas tendrán en cuenta la importancia de la memoria, según lo expresa el Papa Pablo VI: "Memorizar las más importantes sentencias bíblicas especialmente las del Nuevo Testamento y los textos litúrgicos que se utilizan para la oración en común y para hacer más fácil la confesión de la fe" (Cfr. Discurso de clausura del Sínodo de 1977) y darán importancia a las técnicas audiovisuales: dibujo, fotopalabra, "mini media", dramatización, canto, etc.

 

LA ACCIÓN CATEQUÍSTICA

 

1010. - Se dirigirá en forma simultánea a los grupos y a las multitudes. Para estas últimas, resultan de mucha eficacia las misiones populares, convenientemente renovadas en una línea evangelizadora.

 

1011. - Se favorecerá la catequesis permanente, desde la niñez hasta la ancianidad, por la mutua integración entre sí de las comunidades o instituciones que catequizan, a saber: la familia, la escuela, la parroquia, los movimientos y las diversas comunidades o grupos.

 

 

 

4. EDUCACIÓN

1012. Para la Iglesia, educar al hombre es parte integrante de su misión evangelizadora, continuando así la misión de Cristo Maestro (Cfr. EC 9).

 

1013. Cuando la Iglesia evangeliza y logra la conversión del hombre, también lo educa, pues la salvación (don divino y gratuito) lejos de deshumanizar al hombre lo perfecciona y ennoblece; lo hace crecer en humanidad (Cfr. PP 15,16,17) La evangelización, es en este sentido, educación. Sin embargo, la educación en cuanto tal no pertenece al contenido esencial de la evangelización sino más bien a su contenido integral.

 

4.1. SITUACIÓN

 

1014. La labor educativa se desenvuelve entre nosotros en una situación de cambio socio-cultural, caracterizada por la secularización de la cultura, influida por los medios masivos de comunicación y marcada por el desarrollo económico cuantitativo que, si bien ha representado algún progreso, no ha suscitado los cambios requeridos para una sociedad más justa y equilibrada. La situación de pobreza de gran parte de nuestros pueblos está significativamente correlacionada con los procesos educativos. Los sectores deprimidos muestran las mayores tasas de analfabetismo y deserción escolar y las menores posibilidades de obtener empleo.

 

1015. Situación problemática en algunas naciones es la presencia de grupos aborígenes que, no obstante sus valores culturales (formas de organización social, sistemas simbólicos, costumbres y celebraciones, artes y habilidades manuales), carecen de formas estructuradas de educación, de escritura y de ciertas destrezas y hábitos mentales, circunstancias que los marginan y mantienen su situación de desventaja. Las instituciones educativas convencionales resultan para ellos no sólo ajenas sino poco funcionales, pues suelen operar como mecanismos de desarraigo y evasión de la comunidad.

 

1016. El crecimiento demográfico ha acelerado la demanda de educación en todos los niveles: elemental, medio y superior, a la cual ha correspondido un considerable aumento de oferta, especialmente por parte del sector estatal. Con todo, la distribución de recursos fiscales suele obedecer a criterios políticos más que a la preferencia por sectores menos favorecidos. También la iniciativa privada y las instituciones vinculadas a la Iglesia, han contribuido, a pesar de las dificultades, a aumentar la oferta educativa.

 

1017. Las relaciones entre Iglesia y Estado en materia educativa varían de país a país. En algunos existen formas legales o de facto de real colaboración, en otros, situaciones de conflicto, especialmente donde se da el monopolio educativo estatal. El diálogo depende, en general, de la situación política. Algunos gobiernos han llegado a considerar subversivos ciertos aspectos y contenidos de la educación cristiana.

 

1018. La creciente demanda educativa de diversa índole plantea también a la Iglesia nuevos retos, no sólo en el campo de la educación convencional (colegios y universidades), sino también en otros: educación de adultos, educación a distancia, no-formal, a sistemática, estrechamente ligada al notable desarrollo de los medios de comunicación social y, finalmente las amplias posibilidades que ofrece la educación permanente.

 

1019. Entre los religiosos educadores surgen cuestionamientos sobre la institución escolar católica, porque favorece al elitismo y clasismo; por los escasos resultados en la educación de la fe y de los cambios sociales; por problemas financieros, etc. Esta ha sido una de las causas que han llevado a muchos religiosos a abandonar el campo educativo a cambio de una acción pastoral considerada más directa, valiosa y urgente.

 

1020. Se advierte, con satisfacción, la creciente presencia de los laicos en las instituciones educativas eclesiales y se comprueba la intervención de cristianos responsables en todos los campos de la educación.

 

1021. Se detectan influencias ideológicas en la manera de concebir la educación aún la cristiana. Una, de corte utilitario-individualista, la considera como simple medio para asegurarse un porvenir; una inversión a plazo. Otra busca instrumentalizar la educación no con fines individualistas, sino al servicio de un determinado proyecto socio-político, ya sea de tipo estatista, ya colectivista.

 

1022. Se experimentan dificultades en la coordinación de agentes y agencias educativas eclesiales entre sí y con los Obispos, sea porque no se acepta plenamente su liderazgo, sea porque se echa de menos una preocupación y compromiso de los pastores en el campo de la educación. En consecuencia, se advierte también deficiente planificación educacional y hasta cierta incapacidad para determinar los objetivos.

 

1023. Viene cobrando mayor vigencia la idea de la "comunidad o ciudad educativa", en la cual se integran todos los factores educativos de la comunidad actual o potencialmente, a partir de la familia y con especial acento en ella. Esta concepción está transformando algunos colegios en verdaderos agentes de evangelización.

 

4.2. PRINCIPIOS Y CRITERIOS

 

1024. La educación es una actividad humana del orden de la cultura; la cultura tiene una finalidad esencialmente humanizadora (Cfr. GS 53, 55, 56, 59, 61). Se comprende, entonces, que el objetivo de toda educación genuina es la de humanizar y personalizar al hombre, sin desviarlo, antes bien, orientándolo eficazmente hacia su fin último (Cfr. DIM 3; GE 1) que trasciende la finitud esencial del hombre. La educación resultará más humanizadora en la medida en que más se abra a la trascendencia, es decir, a la verdad y al Sumo Bien.

 

1025. La educación humaniza y personaliza al hombre cuando logra que éste desarrolle plenamente su pensamiento y su libertad, haciéndolos fructificar en hábitos de comprensión y de comunión con la totalidad del orden real por los cuales el mismo hombre humaniza su mundo, produce cultura, transforma la sociedad y construye la historia (Cfr. GS 55).

 

1026. La educación evangelizadora asume y completa la noción de educación liberadora, porque debe contribuir a la conversión del hombre total, no sólo en su yo profundo e individual, sino también en su yo periférico y social, orientándolo radicalmente a la genuina liberación cristiana que abre al hombre a la plena participación en el misterio de Cristo resucitado, es decir, a la comunión filial con el Padre y a la comunión fraterna con todos los hombres, sus hermanos (Cfr. EN 27, 29, 30, 33; Med. Educación, II, 8). Esta educación evangelizadora deberá reunir, entre otras, las siguientes características.

 

1027. a) Humanizar y personalizar al hombre para crear en él el lugar donde pueda revelarse y ser escuchada la Buena Nueva: el designio salvífico del Padre en Cristo y su Iglesia.

 

1028. b) Integrarse al proceso social latinoamericano impregnado por una cultura radicalmente cristiana en la cual, sin embargo, coexisten valores y antivalores, luces y sombras y, por lo tanto, necesita ser constantemente reevangelizada.

 

1029. c) Ejercer la función crítica propia de la verdadera educación, procurando regenerar permanentemente, desde el ángulo de la educación, las pautas culturales y las normas de interacción social que posibiliten la creación de una nueva sociedad, verdaderamente participativa y fraterna, es decir, educación para la justicia.

 

1030. d) Convertir al educando en sujeto, no sólo de su propio desarrollo, sino también al servicio del desarrollo de la comunidad: educación para el servicio.

 

Teniendo en cuenta lo anterior, se enumeran los siguientes criterios:

 

1031. a) La educación católica pertenece a la misión evangelizadora de la Iglesia (Cfr. EC 9) y debe anunciar explícitamente a Cristo Liberador (Cfr. EN 22).

 

1032. b) La educación católica no ha de perder de vista la situación histórica y concreta en que se encuentra el hombre, a saber, su situación de pecado en el orden individual y social Por consiguiente, se propone formar personalidades fuertes, capaces de resistir al relativismo debilitante y vivir coherentemente las exigencias del bautismo (EC 12).

 

1033. c) La educación católica ha de producir los agentes para el cambio permanente y orgánico que requiere la sociedad de América Latina (Med. 4, II, 8) mediante una formación cívica y política inspirada en la enseñanza social de la Iglesia (Juan Pablo II, Discurso inaugural I, 9. AAS LXXI, p. 195).

 

1034. d) Todo hombre, por ser persona, tiene derecho inalienable a la educación que responda al propio fin, carácter, sexo; acomodada a la cultura y a las tradiciones patrias (Cfr. GE 1). Quienes no reciben esta educación deben ser considerados como los más pobres (Cfr. PP 35; Juan Pablo II, Alocución Juventud 4. AAS LXXI, p. 219), por lo tanto, más necesitados de la acción educadora de la Iglesia.

 

1035. e) El educador cristiano desempeña una misión humana y evangelizadora. Las instituciones educativas de la Iglesia reciben un mandato apostólico de la Jerarquía (Cfr. EC 71).

 

1036. f) La familia es la primera responsable de la educación. Toda tarea educadora debe capacitar la a fin de permitirle ejercer esa misión.

 

1037. g) La Iglesia proclama la libertad de enseñanza, no para favorecer privilegios o lucro particular, sino como un derecho a la verdad de las personas y comunidades (Cfr. GE 6; EC 11b). Al mismo tiempo, la Iglesia se presente dispuesta a colaborar en el quehacer educativo de nuestra sociedad pluralista (Cfr. EC 14a).

 

1038. h) De acuerdo con los dos principios anteriores, el Estado debería distribuir equitativamente su presupuesto con los demás servicios educativos no estatales, a fin de que los padres, que también son contribuyentes, puedan elegir libremente la educación para sus hijos.

 

4.3. SUGERENCIAS PASTORALES

 

1039. - Fomentar, en unión con los agentes de pastoral familiar, la responsabilidad de la familia, especialmente de los padres, en todos los aspectos del proceso educativo.

 

1040. - Reafirmar eficazmente, sin olvidar otras responsabilidades de la Iglesia en el campo educativo, la importancia de la escuela católica en todos los niveles, favoreciendo su democratización y transformándola, según las orientaciones del Documento de la Sagrada Congregación para la Educación Católica, en:

 

Instancia efectiva de asimilación crítica, sistemática e integradora del saber y de la cultura general.

Lugar más apto para el diálogo entre la fe y la ciencia.

Ambiente privilegiado que favorezca y estimule el crecimiento en la fe, lo que no depende sólo de los cursos programados de religión (Cfr. EC 50).

Alternativa válida para el pluralismo educacional.

1041. - Ayudar a religiosos y religiosas educadores, especialmente jóvenes, a redescubrir y profundizar el sentido pastoral de su trabajo en la escuela, según su propio carisma prestándoles apoyo en tan difícil tarea.

 

1042. - Promover al educador cristiano, especialmente laico, para que asuma su pertenencia y ubicación en la Iglesia, como llamado a participar de su misión evangelizadora en el campo de la educación.

 

1043. - Dar prioridad en el campo educativo a los numerosos sectores pobres de nuestra población, marginados material y culturalmente, orientado preferentemente hacia ellos, de acuerdo con el Ordinario del lugar, los servicios y recursos educativos de la Iglesia.

 

1044. - Igualmente es prioritaria la educación de líderes y agentes de cambio.

 

1045. - Acompañar la alfabetización de los grupos marginales con acciones educativas que los ayuden a comunicarse eficazmente; tomar conciencia de sus deberes y derechos; comprender la situación en que viven y discernir sus causas; capacitarse para organizarse en lo civil, lo laboral y político y poder así participar plenamente en los procesos decisorios que les atañen.

 

1046. - Sin descuidar los compromisos educativos escolares actuales, es urgente responder con generosidad e imaginación a los retos que enfrenta hoy y enfrentará en el futuro la Iglesia de América Latina (Ver Situación). Estas nuevas formas de acción educativa no pueden ser fruto de la veleidad o la improvisación sino que requieren suficiente capacitación en sus agentes y basarse en diagnósticos objetivos de las necesidades, así como en el inventario y la evaluación de sus propios recursos. Sería aconsejable el empleo de los métodos participativos.

 

1047. - Promover la educación popular (educación informal) para revitalizar nuestra cultura popular, alentando ensayos que por medio de la imagen y el sonido hagan creativamente manifiestos los valores y símbolos hondamente cristianos de la cultura latinoamericana.

 

1048. - Estimular la comunidad civil en todos sus sectores para lo cual es necesario instaurar un diálogo franco y receptivo, a fin de que asuma sus responsabilidades educativas y logre transformarse, junto con sus instituciones y recursos, en una auténtica "ciudad educativa".

 

1049. - Promover la coordinación de tareas, agentes e instituciones educativas en la acción pastoral de la Iglesia particular por medio de un organismo competente dependiente del Obispo, que tendrá a su cargo funciones de planeamiento y evaluación. Es necesaria una evaluación objetiva de actividades, obras y situaciones que pueda llevar a una mejor utilización de los recursos, modificando, suprimiendo o creando instituciones o programas.

 

1050. - Elaborar, sobre todo a nivel de comisiones episcopales, la doctrina o teoría educativa cristiana, basada en las enseñanzas de la Iglesia y en la experiencia pastoral. Ello permitirá examinar, a la luz de dicha doctrina, los principios objetivos y los métodos de los sistemas educativos vigentes para interpretarlos adecuadamente y evaluar críticamente sus resultados. Partidos de esta teoría, es urgente la elaboración de un proyecto educativo cristiano (Cfr. EC 4) a nivel nacional o continental en el que se han de inspirar, luego, los idearios concretos de las distintas instituciones educativas.

 

4.4. UNIVERSIDADES

 

1051. En los últimos diez años se experimenta una enorme demanda de enseñanza superior, con el ingreso en masa de los jóvenes latinoamericanos a las universidades, motivado en gran parte por el desarrollo acelerado de nuestros países. Este hecho ha manifiesto el grave problema de la incapacidad del sistema educativo y social para poder satisfacer todas las demandas; esta incapacidad deja frustrados a millares de jóvenes, porque muchos no entran a la universidad y porque muchos egresados no encuentran empleo.

 

1052. La secularización de la cultura y los progresos de la tecnología y de los estudios antropológicos y sociales ponen una serie de interrogantes sobre el hombre, sobre Dios y sobre el mundo. Esto produce confrontaciones entre ciencia y fe, entre la técnica y el hombre, especialmente para los creyentes.

 

1053. Las ideologías en boga saben que las universidades son un campo propicio para su infiltración y para obtener el dominio en la cultura y en la sociedad.

 

1054. La universidad debe formar verdaderos líderes, constructores de una nueva sociedad y esto implica, por parte de la Iglesia, dar a conocer el mensaje del Evangelio en este medio y hacerlo eficazmente, respetando la libertad académica, inspirando su función creativa, haciéndose presente en la educación política y social de sus miembros, iluminando la investigación científica.

 

1055. De ahí la atención que todos debemos dar al ambiente intelectual y universitario. Se puede decir que se trata de una opción clave y funcional de la evangelización, porque de lo contrario, perdería un lugar decisivo para iluminar los cambios de estructuras.

 

1056. Como los resultados no pueden medirse a corto plazo, podría quedar la impresión de fracaso y de ineficacia. Con todo, esto no debe disminuir la esperanza y el empeño de los cristianos que trabajan en el campo universitario, pues a pesar de las dificultades, colaboran en la misión evangelizadora de la Iglesia.

 

1057. Es importante la evangelización del mundo universitario (docentes, investigadores y estudiantes) mediante oportunos contactos y servicios de animación pastoral en instituciones no eclesiales de educación superior.

 

1058. De modo especial se debe decir que la universidad católica, vanguardia del mensaje cristiano en el mundo universitario está llamada a un servicio destacado a la Iglesia y a la sociedad.

 

1059. En el mundo pluralista no es fácil sostener su identidad. Cumplirá con su función, en cuanto católica, encontrando "su significado último y profundo en Cristo, en su mensaje salvífico que abarca al hombre en su totalidad" (Juan Pablo II, Alocución Universitarios, 2a. AAS LXXI, p. 236). En cuanto universidad procurará sobresalir por la seriedad científica, el compromiso con la verdad, la preparación de profesionales competentes para el mundo del trabajo y por la búsqueda de soluciones a los más acuciantes problemas de América Latina.

 

1060. Su primordial misión educadora será promover una cultura integral capaz de formar personas que sobresalgan por sus profundos conocimientos científicos y humanísticos; por su "testimonio de fe ante el mundo" (GE 10); por su sincera práctica de la moral cristiana y por su compromiso en la creación y renovación de nuestra cultura transformada con la fuerza evangélica, en que lo nacional, lo humano y lo cristiano logren la mejor armonización.

 

1061. Además del diálogo de las diferentes disciplinas entre sí y especialmente con la teología, de la búsqueda de la verdad como trabajo común entre profesores y estudiantes, de la integración y la participación de todos en la vida y quehacer universitario, cada cual según su competencia, debe la misma universidad católica ser ejemplo de cristianismo vivo y operante. En su ámbito todos los miembros de los diversos niveles —aún aquellos que sin ser católicos aceptan y respetan estos ideales—, deben formar una "familia universitaria" (Juan Pablo II, Alocución Universitarios, 3. AAS LXXI, p. 237).

 

1062. En este visión de servicio, la universidad católica deberá vivir en un continuo auto-análisis y hacer flexible su estructura operacional para responder el reto de su región o nación, mediante el ofrecimiento de carreras cortas especializadas, educación continuada para adultos, extensión universitaria con oferta de oportunidades y servicios para grupos marginados y pobres.

 

 

 

5. COMUNICACIÓN SOCIAL

 

1063. La evangelización, anuncio del Reino, es comunicación: por tanto, la comunicación social debe ser tenida en cuenta en todos los aspectos de la transmisión de la Buena Nueva.

 

1064. La comunicación como acto vital nace con el hombre mismo y ha sido potenciada en la época moderna mediante poderosos recursos tecnológicos. Por consiguiente, la evangelización no puede prescindir, hoy en día, de los medios de comunicación (Cfr. EN 45; CP 1).

 

5.1. SITUACIÓN

 

VISIÓN DE LA REALIDAD EN AMÉRICA LATINA

 

1065. La comunicación social surge como una dimensión amplia y profunda de las relaciones humanas, mediante la cual el hombre, individual y colectivamente, al paso que se interrelaciona en el mundo, se expone al influjo de la civilización audio-visual y a la contaminación de la "polución vibrante" (Cfr. CP 8).

 

1066. Por la diversidad de medios existentes (radio, televisión, cine, prensa, teatro, etc.), que actúan en forma simultánea y masiva, la comunicación social incide en toda la vida del hombre y ejerce sobre él de manera consciente o subliminal, una influencia decisiva (Cfr. CP 6).

 

1067. La comunicación social se encuentra condicionada por la realidad socio-cultural de nuestros países y a su vez ella constituye uno de los factores determinantes que sostiene dicha realidad.

 

1068. Reconocemos que los Medios de Comunicación Social son factores de comunión y contribuyen a la integración latinoamericana, así como a la expansión y democratización de la cultura; contribuyen, también al esparcimiento de las gentes que viven especialmente fuera de los centros urbanos; aumentan las capacidades perceptivas por el estímulo visual-auditivo, de penetración sensorial.

 

1069. No obstante los aspectos positivos señalados, debemos denunciar el control de estos Medios de Comunicación Social y la manipulación ideológica que ejercen los poderes políticos y económicos que se empeñan en mantener el "statu quo" y aún en crear un orden nuevo de dependencia-dominación o, al contrario, en subvertir este orden para crear otro de signo opuesto. La explotación de las pasiones, los sentimientos, la violencia y el sexo, con fines consumistas, constituyen una flagrante violación de los derechos individuales. Igual violación se presenta con la indiscriminación de los mensajes, repetitivos o subliminares, con poco respeto a la persona y principalmente a la familia.

 

1070. Los periodistas no siempre se muestran objetivos y honestos en la transmisión de noticias, de manera que son ellos mismos los que a veces manipulan la información, callando, alterando o inventando el contenido de la misma, con gran desorientación para la opinión pública.

 

1071. El monopolio de la información, tanto de parte de los gobiernos como de parte de intereses privados, permite el uso arbitrario de los medios de información y da lugar a la manipulación de mensajes de acuerdo con intereses sectoriales. Es particularmente grave el manejo de la información que sobre nuestros países o con destino a los mismos, hacen empresas e intereses transnacionales.

 

1072. La programación, en gran parte extranjera, produce transculturación no participativa e incluso destructora de valores autóctonos; el sistema publicitario tal como se presenta y el uso abusivo del deporte, en cuanto elemento de evasión, los factores de alienación; su impacto masivo y compulsivo puede llevar al aislamiento y hasta la desintegración de la comunidad familiar.

 

1073. Los Medios de Comunicación Social se han convertido muchas veces en vehículo de propaganda del materialismo reinante y consumista y crean en nuestro pueblo falsas expectativas, necesidades ficticias, graves frustraciones y un afán competitivo malsano.

 

VISIÓN DE LA REALIDAD EN LA IGLESIA DE AMÉRICA LATINA

 

1074. Existe en la Iglesia de América Latina una cierta percepción de la importancia de la comunicación social, pero no como hecho global, que afecta todas las relaciones humanas y a la misma pastoral y del lenguaje específico de los medios.

 

1075. La Iglesia ha sido explícita en la doctrina referente a los Medios de Comunicación Social publicando numerosos documentos sobre la materia, aunque se ha tardado en llevar a la práctica estas enseñanzas.

 

1076. Hay insuficiente aprovechamiento de las ocasiones de comunicación que se dan en la Iglesia en los medios ajenos y utilización incompleta de sus propios medios o de los influenciados por ella; además, los medios propios no están integrados entre sí en la pastoral de conjunto.

 

1077. Salvo contadas excepciones, no existe todavía en la Iglesia de América Latina una verdadera preocupación para formar al pueblo de Dios en la comunicación social; capacitarlo para tener una actitud crítica ante el bombardeo de los "Mass Media" y para contrarrestar el impacto de sus mensajes alienantes, ideológicos, culturales y publicitarios. Situación que se agrava por el poco uso que se hace de los cursos organizados en esta área, escaso presupuesto asignado a los Medios de Comunicación Social en función evangelizadora y descuido de la atención que se debe a propietarios y técnicos de dichos Medios.

 

1078. Es preciso mencionar aquí como fenómeno altamente positivo, el rápido desarrollo de los Medios de Comunicación Grupal (MCG) y de los pequeños medios con una producción siempre creciente de material para la evangelización y con un empleo cada día mayor de este medio por los agentes de pastoral, propiciando, así, un acertado crecimiento de la capacidad de diálogo y de contacto.

 

1079. La Iglesia de América Latina ha hecho en los últimos años muchos esfuerzos en favor de una mayor comunicación en su interior. Sin embargo, en muchos casos, lo realizado hasta ahora no responde plenamente a las exigencias del momento. El flujo de experiencias y opiniones legítimas, como expresión pública de pareceres en el interior de la Iglesia se reduce a manifestaciones esporádicas y por tanto insuficientes, que tienen poca influencia en la totalidad de la comunidad eclesial.

 

5.2. OPCIONES

 

CRITERIOS

 

1080. a) Integrar la comunicación en la pastoral de conjunto.

 

1081. b) Dentro de las tareas para realizar en este campo, dar prioridad a la formación en la comunicación social, tanto del público en general como de los agentes de pastoral a todos los niveles.

 

1082. c) Respetar y favorecer la libertad de expresión y la correlativa de información, presupuestos esenciales de la comunicación social y de su función en la sociedad, dentro de la ética profesional, conforme a la exhortación "Communio et Progressio".

 

PROPUESTAS PASTORALES

 

A la luz de la problemática latinoamericana y teniendo en cuenta el fenómeno de la Comunicación Social y sus implicaciones en la evangelización, cabe formular las siguientes propuestas pastorales:

 

1083. a) Urge que la Jerarquía y los agentes pastorales en general conozcamos, comprendamos y experimentemos más profundamente el fenómeno de la Comunicación Social, a fin de que se adapten las respuestas pastorales a esta nueva realidad e integremos la comunicación en la Pastoral de Conjunto.

 

1084. b) Para ser efectiva la articulación de la Pastoral de la Comunicación con la Pastoral Orgánica, es necesario crear donde no existe y potenciar donde lo hay, un Departamento u organismo específico (Nacional y Diocesano) para la comunicación Social e incorporarlo en las actividades de todas las áreas pastorales.

 

1085. c) La tarea de formación en el campo de la Comunicación social es una acción prioritaria. Por tanto, urge formar en este campo a todos los agentes de la evangelización:

 

Para los aspirantes al sacerdocio y a la vida religiosa es necesario que esta formación se integre en los planes de estudio y de formación pastoral.

Para los sacerdotes, religiosos, religiosas, agentes de pastoral y para los mismos responsables de los organismos nacionales y diocesanos de Pastoral de Comunicación Social, es necesario programar sistemas de formación permanente.

Especial atención merecen los profesionales de la comunicación y la formación más adecuada de los que cubren la información religiosa.

1086. d) Cada Iglesia particular dentro de las normas litúrgicas, disponga la forma más adecuada para introducir en la liturgia, que es en sí misma comunicación, los recursos de sonido e imagen, los símbolos y formas de expresión más aptos para representar la relación con Dios, de forma que se facilite una mayor y más adecuada participación en los actos litúrgicos.

 

1087. Recomiéndase un esmerado manejo del sonido en los lugares del culto.

 

1088. e) Educar al público receptor para que tenga una actitud crítica ante el impacto de los mensajes ideológicos, culturales y publicitarios que nos bombardean continuamente con el fin de contrarrestar los efectos negativos de la manipulación y de la masificación.

 

1089. Se recomienda a los organismos eclesiales que operan a escala continental (UNDA, OCIC, UCLAP) dedicar una especial atención a la formación del público receptor así como de las personas antes mencionadas.

 

1090. f) Sin descuidar la necesaria y urgente presencia de los medios masivos, urge intensificar el uso de los Medios de Comunicación Grupal (MCG) que, además de ser menos costosos y de más fácil manejo, ofrecen la posibilidad del diálogo y son más aptos para una evangelización de persona a persona que suscite adhesión y compromiso verdaderamente personales (Cfr. EN 45,46).

 

1091. g) La Iglesia, para una mayor eficacia en la transmisión del Mensaje, debe utilizar un lenguaje actualizado, concreto, directo, claro y a la vez cuidadoso. Este lenguaje debe ser cercano a la realidad que afronte el pueblo, a su mentalidad y a su religiosidad de modo que pueda ser fácilmente captado para lo cual es necesario tener en cuenta los sistemas y recursos del lenguaje audio-visual propio del hombre de hoy.

 

1092. h) La Iglesia, a fin de iluminar por el Evangelio el acontecer cotidiano y acompañar al hombre latinoamericano sobre la base del conocimiento de su quehacer diario y de los acontecimientos que influyen sobre él, debe preocuparse por tener canales propios de información y de noticias que aseguren la intercomunicación y el diálogo con el mundo. Esto es tanto más urgente cuanto que la experiencia muestra las continuas distorsiones del pensamiento y de los hechos de Iglesia, por parte de las agencias.

 

1093. La presencia de la Iglesia en el mundo de la Comunicación Social exige importantes recursos económicos que deben ser provistos por la comunidad cristiana.

 

1094. i) Conocida la situación de pobreza, marginalidad e injusticia en que están sumidas grandes masas latinoamericanas y de violación de los derechos humanos, la Iglesia, en el uso de sus Medios propios, debe ser cada día más la voz de los desposeídos, aún, con el riesgo que ello implica.

 

1095. j) Las limitaciones que hemos tenido en el continente nos fuerzan a ratificar el derecho social a la información con sus correlativas obligaciones dentro de los marcos éticos que impone el respeto a la privacidad de las personas y a la verdad. Estos principios tienen todavía mayor validez al interior de la Iglesia.

 

 

 

CAPÍTULO IV

 

DIÁLOGO PARA LA COMUNIÓN Y PARTICIPACIÓN

 

1096. Incrementar el diálogo ecuménico entre las religiones y con los no-creyentes con miras a la comunidad, buscando áreas de participación para el anuncio universal de la salvación.

 

1.1. INTRODUCCIÓN

 

1097. La Evangelización tiene una universalidad sin fronteras "Id por el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura" (Mc. 16,15). La Iglesia, depositaria de la Buena Nueva y evangelizadora comienza por evangelizarse a sí misma (Cfr. EN 15). Este mandato del Señor, del que son depositarios todos los cristianos, motiva un esfuerzo común, impulsado por el Espíritu Santo a dar testimonio de nuestra esperanza "ante todas las gentes" (Cfr. UR 12). Frente a la responsabilidad de la Evangelización, la Iglesia Católica se abre a un diálogo de comunión, buscando áreas de participación para el anuncio universal de la salvación.

 

1098. Esto supone que Evangelización y Diálogo están íntimamente relacionados. Las áreas de intercambio que se abren ante la Iglesia son muchas y variadas; pero aquí, conforme al Concilio y a la Encíclica "Ecclesiam Suam" (Cfr. 60ss), las hemos concretado a tres: los cristianos no católicos; los no cristianos; los no creyentes.

 

1099. El Continente latinoamericano fue evangelizado en la fe católica desde el descubrimiento. Esto constituye un rasgo fundamental de identidad y unidad del Continente y, a la vez, una tarea permanente. Por diversas causas se aprecia hoy un creciente pluralismo religioso e ideológico.

 

1.2. SITUACIÓN

 

1100. La Iglesia católica constituye en América Latina la inmensa mayoría, lo cual es un hecho de carácter no sólo sociológico, sino también teológico relevante.

 

1101. Junto a ella se encuentran Iglesias orientales e Iglesias y comunidades eclesiales de Occidente.

 

1102. Se dan también los que suelen llamar ahora "movimientos religiosos libres" (popularmente: "sectas"), de los cuales algunos se mantienen dentro de los límites de la profesión de fe básicamente cristiana; otros, en cambio, no pueden ser considerados tales.

 

1103. El judaísmo está presente, con la variedad de corrientes y tendencias que le es propia.

 

1104. Encontramos el Islamismo y otras religiones no cristianas.

 

1105. Observamos igualmente otras formas religiosas o para-religiosas, con un conjunto de actitudes muy diferentes entre sí que aceptan una realidad superior ("espíritus", "fuerzas ocultas", "astros", etc.) con la cual entienden comunicarse para obtener ayuda y normas de vida.

 

1106. La "no creencia" es un fenómeno que designa realidades muy diversas. Se manifiesta por explícito rechazo de lo divino —forma la más extensa—, pero, más frecuentemente por deformaciones de la idea de Dios y de la religión, interpretados como alienantes. Esto se aprecia bastante en los ambientes intelectuales y universitarios; en medios juveniles y obreros. Otros equiparan las religiones y, las reducen a la esfera de lo privado. Finalmente, crece el número de quienes se despreocupan de lo religioso, al menos en la vida práctica.

 

ASPECTOS POSITIVOS Y NEGATIVOS

 

1107. Sobre todo después del Vaticano II creció entre nosotros el interés por el ecumenismo. De esto debemos pruebas en la promoción conjunta de la difusión, el conocimiento y aprecio de la Sagrada Escritura; en la oración privada y pública, cada vez más frecuente, por la unidad, que tiene en la semana dedicada a tal fin una expresión muy particular; en encuentros y grupos de reflexión interconfesionales; en trabajos conjuntos para la promoción del hombre, la defensa de los derechos humanos y la construcción de la justicia y de la paz. En algunos lugares se ha llegado a Consejos bilaterales o multilaterales de Iglesias, a diversos niveles.

 

1108. Persiste, con todo, en muchos cristianos la ignorancia o la desconfianza con respeto al ecumenismo. Desconfianza que en nuestras comunidades se origina en gran parte, en el proselitismo, serio obstáculo para el verdadero ecumenismo. Otro hecho negativo con respecto a éste es la existencia de tendencias alienantes en algunos movimientos religiosos, que apartan al hombre de su compromiso con el prójimo. Pero también se da, so pretexto de ecumenismo, aprovechamientos o instrumentaciones políticas que desvirtúan el carácter del diálogo.

 

1109. Los "movimientos religiosos libres" manifiestan frecuentemente deseo de comunidad, de participación, de liturgia vivida que es necesario tener en cuenta. Con todo, no podemos ignorar en lo tocante a esos grupos, proselitismos muy marcados, fundamentalismos bíblicos y literalismo estricto respecto de sus propias doctrinas.

 

1110. Tanto a nivel continental como en algunas naciones en particular, ha comenzado a estructurarse el diálogo con el judaísmo. Sin embargo, se comprueba la persistencia de cierta ignorancia de sus valores permanentes y algunas actitudes deploradas por el mismo Concilio (Cfr. NA 4).

 

1111. El monoteísmo islámico, la búsqueda del absoluto y de respuesta a los enigmas del corazón humano, características de las grandes religiones no cristianas, constituyen puntos de aproximación para un diálogo que, en forma incipiente, se da en algunos lugares.

 

1112. En las otras formas religiosas o para-religiosas se advierte la búsqueda de respuestas a las necesidades concretas del hombre, un deseo de contacto con el mundo de lo trascendente y de lo espiritual Con todo, se nota en ellas, junto a un proselitismo muy acentuado, el intento de subyugar pragmáticamente la trascendencia espiritual del hombre.

 

1113. Para establecer un adecuado discernimiento del fenómeno de la no creencia con miras a un diálogo efectivo, es necesario tener presente a la variedad de causas y motivos que lo generan, tales como las interrelaciones profundas entre las objetivaciones del pecado en lo económico, lo social, lo político e ideológico-cultural, así como las ambivalencias de toda búsqueda sincera de la verdad y de la promoción de la libertad. Tal vez la misma Iglesia no puede considerarse sin culpa en este orden de cosas (Cfr. GS 19) No raras veces los no creyentes se distinguen por el ejercicio de valores humanos que están en la línea del Evangelio. La época no es extraña, sin embargo, a formas de ateísmo militante y a humanismos que obstruyen un desarrollo integral de la persona.

 

1.3 CRITERIOS DOCTRINALES

 

EVANGELIZACIÓN Y DIÁLOGO

 

1114. En toda evangelización resuena la Palabra de Cristo que es a su vez Palabra del Padre. Esa Palabra busca la respuesta de fe (Cfr. Lc. 8,12). Pero también la misma Palabra, proclamada por la Iglesia, quiere entrar en un fecundo intercambio con las manifestaciones religiosas y culturales que caracterizan nuestro mundo pluralista de hoy (Cfr. ES 60ss.). Esto es el diálogo, que tiene siempre un carácter testimonial, en el máximo respeto de la persona y de la identidad del interlocutor. El diálogo tiene sus exigencias de lealtad e integridad por ambas partes. No se opone a la universalidad de la proclamación del Evangelio sino que la completa por otra vía y salva siempre la obligación que incumbe a la Iglesia de compartir el Evangelio con todos (Cfr. EN 53ss). Es oportuno recordar aquí que precisamente en el ámbito de la misión nació en el siglo pasado, por la gracia del Espíritu Santo, la preocupación ecuménica (Cfr. UR 1); no se puede predicar un Cristo dividido (Cfr. Jn. 17,21 y EN 77).

 

1115. Siendo esto así, la Iglesia, en el Concilio impulsa a pastores y fieles a que "reconociendo los signos de los tiempos participen diligentemente en la labor ecuménica", a fin de "promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos", "uno de los principales propósitos del Concilio" (UR 4; Cfr. SC 1).

 

1116. Respecto del judaísmo, el Vaticano II "recuerda el vínculo con que el Pueblo del Nuevo Testamento está espiritualmente unido con la raza de Abraham y por ello "quiere fomentar y recomendar el mutuo conocimiento y aprecio" (NA 4) entre los fieles de ambas religiones.

 

1117. La voluntad salvífica universal de Dios alcanza a todos los hombres (Cfr. 1 Tim. 2,4); la Iglesia está persuadida de que habiendo Cristo muerto por todos y siendo una sola la vocación última del hombre, es decir, divina, el Espíritu Santo ofrece a todos las posibilidades de ser asociados de modo solamente conocido por Dios al misterio pascual (Cfr. GS 22,10). Siendo la fe personal un acto libre, es menester que la Iglesia, dialogante, se aproxime a los no creyentes con el mayor respeto de su libertad personal y procurando comprender sus motivaciones y razones. La no creencia, por lo demás, constituye una interpelación y un reto a la fidelidad y autenticidad de los creyentes y de la Iglesia (GS 19).

 

1.4. ASPECTOS PASTORALES

 

1118. Fomentar una actitud más sencilla, humilde y autocrítica en la Iglesia y en los cristianos como condición para un diálogo religioso fecundo.

 

1119. Promover en los diversos niveles y sectores en que el diálogo se establece, un compromiso común decidido en la defensa y promoción de los derechos fundamentales de todo el hombre y de todos los hombres, especialmente de los más necesitados, colaborando en la edificación de una nueva sociedad más justa y más libre.

 

1120. Procurar la adecuada exposición de la doctrina católica, que ofrezca una justa "jerarquía de verdades" (UR 11) y una respuesta válida a los planteamientos que le vienen de la situación concreta latinoamericana. Procurar igualmente la educación, formación e información necesarias en orden al ecumenismo y al diálogo religioso en general, particularmente a a los agentes de pastoral.

 

1121. Promover, en perspectiva ecuménica, un testimonio común a través de: oración, semana por la unidad, acción bíblica conjunta, grupos de estudio y reflexión y en donde sea posible, comisiones y consejos interconfesionales, a diversos niveles.

 

1122. Estudiar diligentemente el fenómeno de los "movimientos religiosos libres" y las causas que motivan su rápido crecimiento, para responder en nuestras comunidades eclesiales a los anhelos y planteamientos a los cuales dichos movimientos buscan dar una respuesta, tales como liturgia viva, fraternidad sentida y activa participación misionera.

 

1123. Propiciar el diálogo religioso con los judíos teniendo presente los principios y puntos contenidos en las Orientaciones y sugerencias para la aplicación de la Declaración "Nostra Aetate".

 

1124. Informar y orientar a nuestras comunidades, en base a un lúcido discernimiento, acerca de las formas religiosas o para-religiosas arriba mencionadas y las distorsiones que encierran para la vivencia de la fe cristiana.

 

1125. Activar una presencia más decidida en los centros donde se generan las vigencias culturales y de donde emergen los nuevos protagonismos. En este sentido se hace necesaria una pastoral orgánica de la cultura, del movimiento de los trabajadores y de la juventud.

 

1126. Tomar conciencia de la realidad y extensión del fenómeno de la no creencia, con miras a la purificación de la fe de los creyentes; a la coherencia entre fe y vida y a la colaboración "en verdadera paz, para la edificación del mundo" (GS 92).

 

1127. Finalmente, considerar la dimensión ecuménica, así como la apertura al diálogo con el mundo no cristiano y de la no-creencia, más que como tareas sectoriales, como una perspectiva global del quehacer evangelizador.

 

 

Índice Puebla, 1979