magisterio

CELAM

III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano

Puebla 1979

 

Índice Puebla, 1979

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CUARTA PARTE

 

IGLESIA MISIONERA AL SERVICIO DE LA EVANGELIZACIÓN EN AMÉRICA LATINA

 

1128. El Espíritu del Señor impulsa al Pueblo de Dios en la historia a discernir los signos de los tiempos y a descubrir en los más profundos anhelos y problemas de los seres humanos, el plan de Dios sobre la vocación del hombre en la construcción de la Sociedad, para hacerla más humana, justa y fraterna.

 

1129. Así aparece palpable en América Latina la pobreza como sello que marca a las inmensas mayorías, las cuales al mismo tiempo están abiertas, no sólo a las Bienaventuranzas y a la predilección del Padre, sino a la posibilidad de ser los verdaderos protagonistas de su propio desarrollo.

 

1130. La evangelización de los pobres, fue para Jesús uno de los signos mesiánicos y será también para nosotros, signo de autenticidad evangélica.

 

1131. Además, la juventud latinoamericana desea construir un mundo mejor y busca, a veces sin saberlo, los valores evangélicos de la verdad, la justicia y el amor. Su evangelización no sólo llenará sus generosos anhelos de realización personal, sino que garantizará la conservación de una fe vigorosa en nuestro continente.

 

1132. Los pobres y los jóvenes, constituyen, pues, la riqueza y la esperanza de la Iglesia en América Latina y su evangelización es, por tanto, prioritaria.

 

1133. La Iglesia, llama también a todos sus hijos —dentro de sus peculiares responsabilidades— a ser fermento en el mundo y a participar como constructores de una nueva Sociedad a nivel nacional e internacional. Particularmente en nuestro continente, por ser mayoritariamente cristiano, los hombres deben ser germen, luz y fuerza transformadora.

 

COMPRENDE:

 

Capítulo I: Opción preferencial por los pobres

Capítulo II: Opción por los jóvenes

Capítulo III: Acción con los constructores de la Sociedad pluralista

Capítulo IV: Acción por la persona en la Sociedad nacional e internacional

 

CAPÍTULO I

 

OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS POBRES

 

1.1. DE MEDELLÍN A PUEBLA

 

1134. Volvemos a tomar, con renovada esperanza en la fuerza vivificante del Espíritu, la posición de la II Conferencia General que hizo una clara y profética opción preferencial y solidaria por los pobres, no obstante las desviaciones e interpretaciones con que algunos desvirtuaron el Espíritu de Medellín, el desconocimiento y aún la hostilidad de otros (Cfr. Juan Pablo II, Discurso inaugural: Introducción. AAS LXXI, p. 187). Afirmamos la necesidad de conversión de toda la Iglesia para una opción preferencial por los pobres, con miras a su liberación integral.

 

1135. La inmensa mayoría de nuestros hermanos siguen viviendo en situación de pobreza y aún de miseria que se ha agravado(*). Queremos tomar conciencia de lo que la Iglesia latinoamericana ha hecho o ha dejado de hacer por los pobres después de Medellín, como punto de partida para la búsqueda de pistas opcionales eficaces en nuestra acción evangelizadora, en el presente y en el futuro de América Latina.

 

(*) A esto nos hemos referido en los Nos. 15 y ss., pero recordemos que carecen de los más elementales bienes materiales en contraste con la acumulación de riquezas en manos de una minoría, frecuentemente a costa de la pobreza de muchos. Los pobres no sólo carecen de bienes materiales, sino también, en el plano de la dignidad humana, carecen de una plena participación social y política. En esta categoría se encuentran principalmente nuestros indígenas, campesinos, obreros, marginados de la ciudad y, muy en especial, la mujer de estos sectores sociales, por su condición doblemente oprimida y marginada.

 

1136. Comprobamos que Episcopados Nacionales y numerosos sectores de laicos, religiosos, religiosas y sacerdotes han hecho más hondo y realista su compromiso con los pobres. Este testimonio incipiente, pero real, condujo a la Iglesia latinoamericana a la denuncia de las graves injusticias derivadas de mecanismos opresores.

 

1137. Los pobres, también alentados por la Iglesia, han comenzado a organizarse para una vivencia integral de su fe y por tanto, para reclamar sus derechos.

 

1138. La denuncia profética de la Iglesia y sus compromisos concretos con el pobre le han traído, en no pocos casos, persecuciones y vejaciones de diversa índole: los mismos pobres han sido las primeras víctimas de dichas vejaciones.

 

1139. Todo ello ha producido tensiones y conflictos dentro y fuera de la Iglesia. Con frecuencia se la ha acusado, sea de estar con los poderes socioeconómicos y políticos, sea de una peligrosa desviación ideológica marxista.

 

1140. No todos en la Iglesia de América Latina nos hemos comprometido suficientemente con los pobres; no siempre nos preocupamos por ellos y somos solidarios con ellos. Su servicio exige, en efecto, una conversión y purificación constantes, en todos los cristianos, para el logro de una identificación cada día más plena con Cristo pobre y con los pobres.

 

1.2. REFLEXIÓN DOCTRINAL

 

JESÚS EVANGELIZA A LOS POBRES

 

1141. El compromiso evangélico de la Iglesia, como ha dicho el Papa, debe ser el de Cristo: un compromiso con los más necesitados (Cfr. Lc. 4,18-21; Discurso inaugural III, 3). La Iglesia debe mirar, por consiguiente, a Cristo cuando se pregunta cuál ha de ser su acción evangelizadora. El Hijo de Dios demostró la grandeza de ese compromiso al hacerse hombre, pues se identificó con los hombres haciéndose uno de ellos, solidario con ellos y asumiendo la situación en que se encuentran, en su nacimiento, en su vida y, sobre todo, en su Pasión y muerte donde llegó a la máxima expresión de la pobreza (Cfr. Flp. 2, 2-5); LG 8; EN 30; Med. Justicia 1,3).

 

1142. Por esta razón, los pobres merecen una atención preferencial, cualquiera que sea la situación moral o personal en que se encuentren. Hechos a imagen y semejanza de Dios (Cfr. Gén. 1,26-28) para ser sus hijos, esta imagen está ensombrecida aún escarnecida. Por eso Dios toma su defensa y los ama (Cfr. Mt. 5,45); Sant. 2,5). Es así como los pobres son los primeros destinatarios de la misión (Cfr. Lc. 4, 18-21) y su evangelización es por su excelencia señal y prueba de la misión de Jesús (Cfr. Lc. 7,21-23).

 

1143. Este aspecto central de la Evangelización fue subrayado por S.S. Juan Pablo II: "He deseado vivamente este encuentro, porque me siento solidario con vosotros y porque siendo pobres tenéis derecho a mis particulares desvelos; os digo el motivo: el Papa os ama porque sois los predilectos de Dios. El mismo, al fundar su familia, la Iglesia, tenía presente a la humanidad pobre y necesitada. Para redimirla envió precisamente a su Hijo que nació pobre y vivió entre los pobres para hacernos ricos en su pobreza (Cfr. 2 Cor. 8,9)". Alocución barrio Santa Cecilia. AAS LXXI, p. 220.

 

1144. De María, quien en su canto del "Magnificat" (Cfr. Lc. 1,46-55) proclama que la salvación de Dios tiene que ver con la justicia hacia los pobres, "parte también el compromiso auténtico con los demás hombres, nuestros hermanos, especialmente por los más pobres y necesitados y por la necesaria transformación de la sociedad" (Juan Pablo II, Zapopán 4. AAS LXXI, p. 230).

 

EL SERVICIO AL HERMANO POBRE

 

1145. Acercándonos al pobre para acompañarlo y servirlo, hacemos lo que Cristo nos enseñó, al hacerse hermano nuestro, pobre como nosotros. Por eso el servicio a los pobres es la medida privilegiada aunque no excluyente de nuestro seguimiento de Cristo. El mejor servicio al hermano es la evangelización que lo dispone a realizarse como Hijo de Dios, lo libera de las injusticias y lo promueve integralmente.

 

1146. Es de suma importancia que este servicio al hermano vaya en la línea que nos marca el Concilio Vaticano II: "Cumplir antes que nada las exigencias de la justicia para no dar como ayuda de caridad lo que ya se debe por razón de justicia; suprimir las causas y no sólo los efectos de los males y organizar los auxilios de tal forma que quienes lo reciben se vayan liberando progresivamente de la dependencia externa y se vayan bastando por sí mismos: (AA 8).

 

1147. El compromiso con los pobres y los oprimidos y el surgimiento de las Comunidades de Base han ayudado a la Iglesia a descubrir el potencial evangelizador de los pobres, en cuanto la interpelan constantemente, llamándola a la conversión y por cuanto muchos de ellos realizan en su vida los valores evangélicos de solidaridad, servicio, sencillez y disponibilidad para acoger el don de Dios.

 

LA POBREZA CRISTIANA

 

1148. Para el cristianismo, el término "pobreza" no es solamente expresión de privación y marginación de las que debamos liberarnos. Designa también un modelo de vida que ya aflora en el Antiguo Testamento en el tipo de los "pobres de Yahvé" (Cfr. Sof. 2,3;3,12-20; Is. 49, 13; 66, 2; Sal. 74, 19; 149,4) y vivido y proclamado por Jesús como Bienaventuranza (Cfr. Mt. 53; Lc. 6,20). San Pablo concretó esta enseñanza diciendo que la actitud del cristiano debe ser la del que usa de los bienes de este mundo (cuyas estructuras son transitorias) sin absolutizarlas, pues son solo medios para llegar al Reino (Cfr. 1 Cor. 7,19-31). Este modelo de vida pobre se exige en el Evangelio a todos los creyentes en Cristo y por eso podemos llamarlo "pobreza evangélica" (Cfr. Mt. 6, 19-34). Los religiosos viven en forma radical esta pobreza, exigida a todos los cristianos, al comprometerse por sus votos a vivir los consejos evangélicos (Cfr. Nos. 733-735).

 

1149. La pobreza evangélica une la actitud de la apertura confiada en Dios con una vida sencilla,, sobria y austera que aparta la atención de la codicia y del orgullo (Cfr. 1 Tim. 6, 3-10).

 

1150. La pobreza evangélica se lleva a la práctica también con la comunicación y participación de los bienes materiales y espirituales; no por imposición sino por amor, para que la abundancia de unos remedie la necesidad de los otros (Cfr. 1 Cor. 8, 1-15).

 

1151. La Iglesia se alegra de ver en muchos de sus hijos, sobre todo de la clase media más modesta, la vivencia concreta de esta pobreza cristiana.

 

1152. En el mundo de hoy, esta pobreza es un reto al materialismo y abre las puertas a soluciones alternativas de la sociedad de consumo.

 

1.3. LÍNEAS PASTORALES

 

OBJETIVO

 

1153. La opción preferencial por los pobres tiene como objetivo el anuncio de Cristo Salvador que los iluminará sobre su dignidad, los ayudará en sus esfuerzos de liberación de todas sus carencias y los llevará a la comunión con el Padre y los hermanos, mediante la vivencia de la pobreza evangélica. "Jesucristo vino a compartir nuestra condición humana con sus sufrimientos, sus dificultades, su muerte. Antes de transformar la existencia cotidiana, El supo hablar al corazón de los pobres, liberarlos del pecado, abrir sus ojos a un horizonte de luz y colmarlos de alegría y esperanza. Lo mismo hace hoy Jesucristo. Está presente en vuestras Iglesias, en vuestras familias, en vuestros corazones (Juan Pablo II, Alocución obreros Monterrey 8. AAS LXXI, p. 244).

 

1154. Esta opción, exigida por la realidad escandalosa de los desequilibrios económicos en América Latina debe llevar a establecer una convivencia humana digna y fraterna y a construir una sociedad justa y libre.

 

1155. El cambio necesario de las estructuras sociales, políticas y económicas injustas no será verdadero y pleno si no va acompañado por el cambio de mentalidad personal y colectiva respecto al ideal de una vida humana digna y feliz que a su vez dispone a la conversión (Cfr. Med. Justicia, 1. 3; EN 30).

 

1156. La exigencia evangélica de la Pobreza, como solidaridad con el pobre y como rechazo de la situación en que vive la mayoría del continente, libra al pobre de ser individualista en su vida y de ser atraído y seducido por los falsos ideales de una sociedad de consumo. De la misma manera, el testimonio de una Iglesia pobre puede evangelizar a los ricos que tienen su corazón apegado a las riquezas, convirtiéndolos y liberándolos de esta esclavitud y de su egoísmo.

 

MEDIOS

 

1157. Para vivir y anunciar la exigencia de la pobreza cristiana, la Iglesia debe revisar sus estructuras y la vida de sus miembros, sobre todo de los agentes de pastoral, con miras a una conversión efectiva.

 

1158. Esta conversión lleva consigo la exigencia de un estilo austero de vida y una total confianza en el Señor ya que en la acción evangelizadora la Iglesia contará más con el ser y el poder de dios y de su gracia que con el "tener más" y el poder secular. Así, presentará una imagen auténticamente pobre, abierta a Dios y al hermano, siempre disponible, donde los pobres tienen capacidad real de participación y son reconocidos en su valor.

 

ACCIONES CONCRETAS

 

1159. Comprometidos con los pobres, condenados como antievangélica la pobreza extrema que afecta numerosísimos sectores en nuestro Continente.

 

1160. Nos reforzamos por conocer y denunciar los mecanismos generadores de esta pobreza.

 

1161. Reconociendo la solidaridad de otras Iglesias sumamos nuestros esfuerzos a los hombres de buena voluntad para desarraigar la pobreza y crear un mundo más justo y fraterno.

 

1162. Apoyamos las aspiraciones de los obreros y campesinos que quieren ser tratados como hombres libres y responsables, llamados a participar en las decisiones que conciernen a su vida y a su futuro y animamos a todos a su propia superación (Cfr. Juan Pablo II, Alocución Oaxaca; Alocución obreros Monterrey, 3. AAS LXXI, pp. 207, 240).

 

1163. Defendemos su derecho fundamental a "crear libremente organizaciones para defender y promover sus intereses y para contribuir responsablemente al bien común" (Juan Pablo II, Alocución obreros Monterrey, 3. AAS LXXI, p. 242).

 

1164. Las culturas indígenas tienen valores indudables; son la riqueza de los pueblos. Nos comprometemos a mirarlas con respeto y simpatía y a promoverlas, sabiendo "cuán importante es la cultura como vehículo para transmitir la fe, para que los hombres progresen en el conocimiento de Dios. En esto no puede haber distinciones de razas y culturas" (Juan Pablo II, Alocución Oaxaca, 2. AAS LXXI, p. 208).

 

1165. Con su amor preferencial pero no exclusivo por los pobres, la Iglesia presente el Medellín, como dijo el Santo Padre, fue una llamada a la esperanza hacia metas más cristianas y más humanas (Cfr. Discurso obreros Monterrey). La III Conferencia Episcopal de Puebla quiere mantener viva esa llamada y abrir nuevos horizontes a la esperanza.

 

 

 

CAPÍTULO II

 

OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS JOVENES

 

1166. Presentar a los jóvenes el Cristo vivo, como único Salvador, para que, evangelizados, evangelicen y contribuyan, con una respuesta de amor a Cristo, a la liberación integral del hombre y de la sociedad, llevando una vida de comunión y participación.

 

2.1. SITUACIÓN DE LA JUVENTUD

 

CARACTERÍSTICAS DE LA JUVENTUD

 

1167. La juventud no es sólo un grupo de personas de edad cronológica. Es también una actitud ante la vida, en una etapa no definitiva sino transitiva. Tiene rasgos muy característicos:

 

1168. Un inconformismo que lo cuestiona todo; un espíritu de riesgo que la lleva a compromisos y situaciones radicales; una capacidad creativa con respuestas nuevas al mundo en cambio que aspira a mejorar siempre como signo de esperanza. Su aspiración personal más espontánea y fuerte es la libertad, emancipada de toda tutela exterior. Es signo de gozo y felicidad. Muy sensible a los problemas sociales. Exige autenticidad y sencillez y rechaza con rebeldía una sociedad invadida por hipocresías y antivalores.

 

1169. Este dinamismo la hace capaz de renovar "las culturas" que, de otra manera, envejecerían.

 

LA JUVENTUD EN EL CUERPO SOCIAL

 

1170. El papel normal que juega la juventud en la sociedad es el de dinamizar el cuerpo social. Cuando los adultos no son auténticos ni abiertos al diálogo con los jóvenes, impiden que el dinamismo creador del joven haga avanzar el cuerpo social. Al no verse tomados en serio, los jóvenes se dirigen por diversos caminos: o son acosados por diversas ideologías, especialmente las radicalizadas, ya que siendo sensibles a las mismas por su idealismo natural, no siempre tienen una preparación suficiente para un claro discernimiento, son indiferentes al sistema vigente o se acomodan a él con dificultad y pierden capacidad dinamizadora.

 

1171. Lo que más desorienta al joven es la amenaza a su exigencia de autenticidad por el ambiente adulto en gran parte incoherente y manipulador y por el conflicto generacional, la civilización de consumo, una cierta pedagogía del instinto, la droga, el sexualismo, la tentación del ateísmo.

 

1172. Hoy día la juventud es manipulada especialmente en lo político: y en el uso del "tiempo libre". Una parte de la juventud tiene legítimas inquietudes políticas y conciencia de poder social. Su falta de formación en estos campos y la asesoría equilibrada la lleva a radicalizaciones o frustraciones. El joven ocupa gran parte del "tiempo libre" en el deporte y en la utilización de los medios de comunicación social. Para algunos, son instrumentos de educación y sana recreación; para otros, elementos de alienación.

 

1173. La familia es el cuerpo social primario en el que se origina y educa la juventud. De su estabilidad, tipo de relaciones con la juventud, vivencia y apertura a sus valores, depende, en gran parte, el fracaso o el éxito de la realización de esta juventud en la sociedad o en la Iglesia (Cfr. Juan Pablo II, Homilía Puebla. AAS LXXI, p. 182).

 

1174. La juventud femenina está pasando por una crisis de identidad por la confusión reinante acerca de la misión de la mujer hoy. Los elementos negativos sobre liberación femenina y un cierto "machismo" todavía existente, impiden una sana promoción femenina como parte indispensable en la construcción de la sociedad.

 

LA JUVENTUD DE AMÉRICA LATINA

 

1175. La juventud de América Latina no puede considerarse en abstracto. Hay diversidad de jóvenes, caracterizados por su situación social o por las experiencias sociales que viven sus respectivos países.

 

1176. Si atendemos a su situación social, observamos que, al lado de aquellos que por su condición económica se desarrollan con normalidad, hay muchos jóvenes indígenas, campesinos, mineros, pescadores y obreros que, por su pobreza, se ven obligados a trabajar como personas mayores. Junto a jóvenes que viven holgadamente, hay estudiantes, sobre todo de suburbios, que viven ya la inseguridad de un futuro empleo o no han encontrado su camino por falta de orientación vocacional.

 

1177. Por otra parte, es indudable que hay jóvenes que se han visto defraudados por la falta de autenticidad de algunos de sus líderes o se han sentido hastiados por una civilización de consumo. Otros, en cambio, como respuesta a las múltiples formas de egoísmo, desean construir un mundo de paz, justicia y amor. Finalmente, comprobamos que no pocos han encontrado la alegría de la entrega a Cristo, no obstante las variadas y duras exigencias de su cruz.

 

LOS JÓVENES Y LA IGLESIA

 

1178. La Iglesia ve en la juventud una enorme fuerza renovadora, símbolo de la misma Iglesia. Esto lo hace por vocación y no por táctica ya que está "llamada a constante renovación de sí misma, o sea, a un incesante rejuvenecimiento" (Juan Pablo II, Alocución Juventud, 2. AAS LXXI, p. 218). El servicio a la juventud realizado con humildad debe hacer cambiar en la Iglesia cualquier actitud de desconfianza o de incoherencia hacia los jóvenes.

 

1179. Actualmente, sin embargo, los jóvenes ven a la Iglesia de diversas maneras: unos la aman espontáneamente como ella es, sacramento de Cristo; otros, la cuestionan para que sea autÉntica y no faltan los que buscan un Cristo vivo sin su cuerpo que es la Iglesia. Hay una masa indiferente, acomodada pasivamente a la civilización de consumo u otros sucedáneos desinteresada por la exigencia evangélica.

 

1180. Existen jóvenes muy inquietos socialmente pero reprimidos por los sistemas de gobierno; éstos buscan a la Iglesia como espacio de libertad para poder expresarse sin manipulaciones y poder protestar social y políticamente. Algunos, en cambio, pretenden utilizarla como instrumento de contestación. Finalmente, una minoría muy activa, influida por su ambiente o por ideologías materialistas y ateas, niega y combate el Evangelio.

 

1181. Los jóvenes deseosos de realizarse en la Iglesia, pueden quedar defraudados cuando no haya una buena planificación y programación pastoral que responda a la realidad histórica que viven. Igualmente sienten la falta de asesores preparados, aunque en no pocos grupos y movimientos juveniles se encuentran dichos asesores competentes y sacrificados.

 

2.2. CRITERIOS PASTORALES

 

1182. Queremos responder a la situación de la juventud, con los tres criterios de verdad propuestos por S.S. Juan Pablo II: la verdad sobre Jesucristo, la verdad sobre la misión de la Iglesia y la verdad sobre el hombre (Cfr. Discurso inaugural. AAS LXXI, p. 178).

 

1183. La juventud camina, aún sin darse cuenta, al encuentro de un Mesías, Cristo, quien camina hacia los jóvenes (Cfr. Pablo VI) Sólo El hace verdaderamente libre al joven. Este es el Cristo que debe ser presentado a los jóvenes como liberador integral (Cfr. Gál. 5,1.13; 4,26.31; 1 Cor 7,22; 2 Cor. 3,17): quien por el espíritu de las Bienaventuranzas ofrece a todo joven la inserción en un proceso de conversión constante; comprende sus debilidades y le ofrece un encuentro muy personal con El y la Comunidad, en los sacramentos de la reconciliación y la Eucaristía El joven debe experimentar a Cristo como amigo personal que no falla nunca, camino de total realización. Con El y por la ley del amor, camina al Padre común y a los hermanos Así se siente verdaderamente feliz.

 

EL JOVEN EN LA IGLESIA

 

1184. Los jóvenes deben sentir que son Iglesia, experimentándola como lugar de comunión y participación. Por esto, la Iglesia acepta sus críticas, porque se sabe limitada en sus miembros y los hace gradualmente responsables en su construcción hasta su envío como testigos y misioneros, especialmente a a la gran masa juvenil. En ella los jóvenes se sienten pueblo nuevo; el de las Bienaventuranzas, sin otra seguridad que Cristo; un pueblo con corazón de pobre, contemplativo, en actitud de escuchar y de discernir evangélicamente, constructor de paz, portador de alegría y de un proyecto liberador integral en favor, sobre todo, de sus hermanos jóvenes. La Virgen Madre, bondadosa, la creyente fiel, educa al joven para ser Iglesia.

 

1185. El joven con las actitudes de Cristo promueve y defiende la dignidad de la persona humana. Por el bautismo es hijo del único Padre, hermano de todos los hombres y contribuye a la edificación de la Iglesia. Cada vez se siente más "ciudadano universal", instrumento en la construcción de la comunidad latinoamericana y universal.

 

2.3. OPCIONES PASTORALES

 

OPCIÓN PREFERENCIAL

 

1186. La Iglesia confía en los jóvenes (Cfr. EN 72). Son para ella su esperanza. La Iglesia ve en la juventud de América Latina un verdadero potencial para el presente y el futuro de su evangelización. Por ser verdadera dinamizadora del cuerpo social y especialmente del cuerpo eclesial, la Iglesia hace una opción preferencial por los jóvenes en orden a su misión evangelizadora en el Continente (Cfr. Med. Juventud 13).

 

1187. Por ello, queremos ofrecer una línea pastoral global: desarrollar, de acuerdo con la pastoral diferencial y orgánica, una pastoral de juventud que tenga en cuenta la realidad social de los jóvenes de nuestro continente; atienda a la profundización y al crecimiento de la fe para la comunión con Dios y con los hombres; oriente la opción vocacional de los jóvenes; les brinde elementos para convertirse en factores de cambio y les ofrezca canales eficaces para la participación activa en la Iglesia y en la transformación de la sociedad (Cfr. DT 770).

 

APLICACIONES CONCRETAS:

 

COMUNIÓN Y PARTICIPACIÓN

 

1188. La Iglesia evangelizadora hace un fuerte llamado para que los jóvenes busquen y encuentren en ella el lugar de su comunión con Dios y con los hombres, a fin de construir "la civilización del amor" y edificar la paz en la justicia. Los invita a que se comprometan eficazmente en una acción evangelizadora sin excluir a nadie, de acuerdo con la situación que viven y teniendo predilección por los más pobres.

 

1189. La integración en la Iglesia se canalizará especialmente a través de movimientos juveniles o comunidades que deben estar integradas en la pastoral de conjunto diocesana o nacional, con proyecciones a una integración latinoamericana. Esta integración se hará especialmente con:

 

La pastoral familiar;

la pastoral de la Iglesia diocesana y parroquial en sus diversos aspectos de catequesis, educación, vocaciones, etc.;

la interrelación de los diversos movimientos de juventud o comunidades, considerando su situación social concreta: estudiantes de secundaria, universitarios, obreros, campesinos, que tienen condicionamientos propios y exigencias distintas frente al proceso evangelizador y que piden, por lo tanto, una pastoral específica.

1190. Esta pastoral de movimientos y comunidades debe tener en cuenta a los jóvenes en una interrelación fecunda, en cuanto que los grupos deben ser fermento en el conjunto y deben propiciar una evangelización total.

 

1191. Se deberá preparar acogida y atención a los jóvenes que, por diversos motivos, deben emigrar temporal o definitivamente y que son víctimas de la soledad, la desubicación, la marginación, etc.

 

FORMACIÓN Y PARTICIPACIÓN

 

1192. La inserción en la Iglesia y la tarea de compromiso efectivo en la edificación de la nueva civilización del amor y de la paz es muy exigente y requiere profunda formación y participación responsable. Por tal motivo:

 

1193. La pastoral de juventud en la línea de la evangelización debe ser un verdadero proceso de educación en la fe que lleva a la propia conversión y a un compromiso evangelizador.

 

1194. El fundamento de tal educación será la presentación al joven del Cristo vivo, Dios y Hombre, modelo de autenticidad, sencillez y fraternidad; único que salva liberando de todo pecado y sus consecuencias y compromete a la liberación activa de sus hermanos por medios no violentos.

 

1195. La pastoral de juventud buscará que el joven crezca en una espiritualidad auténtica y apostólica, desde el espíritu de oración y conocimiento de la Palabra de Dios y el amor filial a María Santísima que uniéndolo a Cristo lo haga solidario con sus hermanos.

 

1196. La pastoral de juventud ayudará también a formar a los jóvenes de un modo gradual, para la acción socio-política y el cambio de estructuras, de menos humanas en más humanas, de acuerdo con la Doctrina Social de la Iglesia.

 

1197. Se formará en el joven un sentido crítico frente a los medios de comunicación social y a los contra-valores culturales que tratan de transmitirle las diversas ideologías, especialmente la liberal capitalista y la marxista, evitando así las manipulaciones.

 

1198. Se empleará un lenguaje sencillo y adaptado con una pedagogía que tenga presente las diferencias sicológicas del varón y la mujer y esté signada por la mutua confianza y el respeto recíproco; en una conversión al medio en el que vive y actúa para centrar así su dinámica misión evangelizadora.

 

1199. Se estimulará la capacidad creadora de los jóvenes para que ellos mismos imaginen y encuentren los medios más diversos y aptos para hacer presente, de una manera constructiva, la misión que tienen en la sociedad y en la Iglesia. Para ello, se les facilitará los medios y las áreas donde ejerzan su compromiso. Entre otros, se recomienda la presencia misionera de los jóvenes en lugares especialmente necesitados.

 

1200. Se procurará dar a los jóvenes una buena orientación espiritual a fin de que puedan madurar su opción vocacional, sea laical, religiosa o sacerdotal.

 

1201. Se recomienda dar la mayor importancia a todos aquellos medios que favorecen la evangelización y el crecimiento en la fe: Retiros, Jornadas, Encuentros, Cursillos, Convivencias, etc.

 

1202. Como tiempo fuerte para la maduración en la fe —necesariamente lleva a un compromiso apostólico— hay que destacar la celebración consciente y activa del Sacramento de la Confirmación, precedida de una esmerada catequesis y siempre de acuerdo con las orientaciones de la Santa Sede y de las Conferencias Episcopales.

 

1203. Se procurará formar prioritariamente animadores juveniles cualificados (sacerdotes, religiosos o laicos) que sean guías y amigos de la juventud, conservando su propia identidad y prestando ese servicio con madurez humana y cristiana.

 

1204. La juventud no puede considerarse en abstracto, ni es un grupo aislado en el cuerpo social. Por lo tanto requiere una pastoral articulada que permita una comunicación efectiva entre las diversas etapas de la juventud y una continuidad de formación y compromiso luego en la edad mayor.

 

1205. La pastoral juvenil será la pastoral de la alegría y de la esperanza que transmite el mensaje gozoso de la salvación a un mundo muchas veces triste, oprimido y desesperanzado en busca de su liberación (Cfr. Juan Pablo II, Alocución Juventud. AAS LXXI, p. 217).

 

 

 

CAPíTULO III

ACCIÓN DE LA IGLESIA CON LOS CONSTRUCTORES

DE LA SOCIEDAD PLURALISTA EN AMÉRICA LATINA

1206. La Iglesia colabora por el anuncio de la Buena Nueva y, a través de una radical conversión a la justicia y el amor, a transformar desde dentro las estructuras de la sociedad pluralista que respeten y promuevan la dignidad de la persona humana y le abran la posibilidad de alcanzar su vocación suprema de comunión con Dios y de los hombres entre sí (Cfr. EN 18, 19, 20).

 

3.1. SITUACIÓN

 

Enfocamos solamente algunos aspectos que más directamente desafían nuestra acción pastoral, en cierta forma como síntesis de cuestiones tratadas en distintos lugares.

 

1207. Sobre todo desde Medellín, se perciben dos claras tendencias:

 

a) Por una parte, la tendencia hacia la modernización con fuerte crecimiento económico, urbanización creciente del continente, tecnificación de las estructuras económicas, políticas, militares, etc...

 

b) Por otra, la tendencia a la pauperización y a la exclusión creciente de las grandes mayorías latinoamericanas de la vida productiva. El pueblo pobre de América Latina, por tanto, ansía una sociedad de mayor igualdad, justicia y participación a todos los niveles.

 

1208. Estas tendencias contradictorias favorecen la apropiación, por una minoría privilegiada de gran parte de la riqueza, así como de los beneficios creados por la ciencia y por la cultura; por otro lado, engendran la pobreza de una gran mayoría con la conciencia de su exclusión y del bloqueo de sus crecientes aspiraciones de justicia y participación. Comprobamos, con todo, que van aumentando las clases medias en muchos países de América Latina.

 

1209. Surge así un conflicto estructural grave: "la riqueza creciente de unos pocos sigue paralela a la creciente miseria de las masas" (Juan Pablo II, Discurso inaugural III, 4. AAS LXXI, p. 200).

 

3.2. CRITERIOS DOCTRINALES

 

1210. Vivimos en una sociedad pluralista, en la cual se encuentran diversas religiones, concepciones filosóficas, ideologías, sistemas de valores que, encarnándose en diferentes movimientos históricos, se proponen construir la sociedad de futuro, rechazando la tutela de cualquier instancia incuestionable.

 

1211. Sabemos que la Iglesia, aportando una valiosa colaboración a la construcción de la sociedad, no se atribuye competencia para proponer modelos alternativos (Cfr. GS 42 y 76). Adoptamos, así, los siguientes criterios doctrinales:

 

1212. a) No reivindicamos ningún privilegio para la Iglesia; respetamos los derechos de todos y la sinceridad de todas las convicciones en pleno respeto a la autonomía de las realidades terrestres.

 

1213. b) Sin embargo, exigimos para la Iglesia el derecho de dar testimonio de su mensaje y de usar su palabra profética de anuncio y denuncia en sentido evangélico, en la corrección de las imágenes falsas de la sociedad, incompatibles con la visión cristiana.

 

1214. c) Defendemos los derechos de los organismos intermediarios dentro del principio de la subsidiaridad incluso de los creados por la propia Iglesia, en colaboración con todo lo que se refiere al bien común.

 

3.3 CRITERIOS PASTORALES

 

Abogamos por:

 

1215. a) La superación de la diferenciación entre pastoral de élites y pastoral popular. La pastoral es una sola. Penetra "cuadros" o "élites" evangelizadoras; afecta todos los ámbitos de la vida social; dinamiza la vida de la sociedad y al mismo tiempo se pone a su servicio.

 

1216. b) La responsabilidad específica de los laicos en la construcción de la sociedad temporal, como lo inculca la "Evangelii Nuntiandi" (Cfr. EN 70).

 

1217. c) La preocupación preferencial en defender y promover los derechos de los pobres, los marginados y los oprimidos.

 

1218. d) La preocupación preferencial por los jóvenes de parte de la Iglesia que ve en ellos una fuerza transformadora de la sociedad.

 

1219. e) La responsabilidad insustituible de la mujer, cuya colaboración es indispensable para la humanización de los procesos transformadores, como garantía de que el amor es una dimensión de la vida y el cambio y porque su perspectiva es insustituible para la representación completa de las necesidades y esperanzas del pueblo.

 

3.4. OPCIONES Y LÍNEAS DE ACCIÓN PASTORAL

 

PRINCIPIOS GENERALES DE ACCION PASTORAL

 

1220. Sabemos que el pueblo, en su dimensión total y en su forma particular, a través de sus organizaciones propias, construye la sociedad pluralista. Frente a este desafío, tenemos conciencia de que la misión de la Iglesia no se reduce a exhortar a los diversos grupos sociales y a las categorías profesionales, en la construcción de una sociedad nueva para el pueblo, ni se trata solamente de estimular a cada uno de los grupos y categorías a dar su contribución específica con honestidad y competencia, sino también a ser agentes de una concientización general de responsabilidad común, frente a un desafío que exige la participación de todos.

 

1221. Tenemos conciencia de que la transformación de estructuras es una expresión externa de la conversión interior. Sabemos que esta conversión empieza por nosotros mismos. Sin el testimonio de una Iglesia convertida serían vanas nuestras palabras de pastores (Cfr. EN 41).

 

1222. Asumimos la necesidad de una pastoral orgánica en la Iglesia como unidad dinamizadora para su eficacia permanente que comprende entre otras cosas: principios orientadores, objetivos, opciones, estrategias, iniciativas prácticas, etc.

 

PRINCIPIOS ORIENTADORES

 

1223. - La defensa y la promoción de la dignidad inalienable de la persona humana.

 

1224. - El destino universal de los bienes creados por Dios y producidos por los hombres quienes no pueden olvidar que "sobre toda propiedad privada grava una hipoteca social" (Juan Pablo II, Discurso inaugural III, 4. AAS LXXI, p. 200).

1225. - El recurso a la fuente de la fuerza divina de la oración asidua, la meditación de la Palabra de Dios que cuestiona siempre y la participación eucarística de los constructores de la sociedad quienes con sus enormes responsabilidades, se hallan rodeados de tentaciones que los llevan a encerrarse en el ámbito de las realidades terrenas sin apertura a las exigencias del Evangelio.

 

1226. - La comunidad cristiana conducida por el Obispo ha de establecer el puente de contacto y diálogo con los constructores de la sociedad temporal, a fin de iluminarlos con la visión cristiana, estimularlos con gestos significativos y acompañarlos con actuaciones eficaces (Cfr. OA 4).

 

1227. - En este contacto y diálogo debe circular, en actitud de escuchar en forma sincera y acogedora, la problemática traída por ellos desde su propio ambiente temporal. Así podremos encontrar los criterios, las normas y los caminos por los cuales profundizar y actualizar la enseñanza social de la Iglesia, en el sentido de la elaboración de una ética social capaz de formular las respuestas cristianas a los grandes problemas de la cultura contemporánea (Cfr. OA 4). Exhortamos a todos a que luchen contra la corrupción económica en los distintos niveles tanto en la administración pública como en los negocios particulares, pues con ella se causa grave prejuicio a la gran mayoría

 

1228. - Este diálogo requiere iniciativas que permitan el encuentro y la relación estrecha con todos los que colaboran en la construcción de la sociedad, de tal manera que descubran su complementariedad y convergencia. Por lo mismo, en esta acción hay que trabajar prioritariamente con los que tienen poder decisorio. Esto no excluye el reconocimiento del valor constructivo de tensiones sociales que, dentro de las exigencias de la justicia, contribuyen a garantizar la libertad y los derechos, especialmente de los más débiles.

 

OBJETIVOS, OPCIONES Y ESTRATEGIAS

 

1229. - Formar en los distintos sectores pastorales personas capaces de ejercer en ellos un liderazgo como fermento evangelizador.

 

1230. - Elaborar, con personas de cada sector, normas de conducta cristiana que constituyan objeto de reflexión y aplicación y que sean sometidas a una permanente revisión.

 

1231. - Promover encuentros que reúnan personas de sectores pastorales diversos para confrontar sus experiencias y para la convergencia de su acción.

 

1232. - Estimular la elaboración de alternativas viables para la acción evangelizadora tendientes a la renovación cristiana de las estructuras sociales.

 

1233. Promover la formación de sacerdotes y diáconos especializados y los nuevos ministerios confiados a los laicos que se adapten a las necesidades pastorales de cada sector.

 

1234. - Desarrollar movimientos especializados que reúnan los elementos disponibles para la evangelización del propio ambiente.

 

1235. - Saber valorar los medios pobres, humildes, populares e incluso artesanales, para comunicar el Mensaje.

 

1236. - Preservar los recursos naturales creados por Dios para todos los hombres, a fin de transmitirlos como herencia enriquecedora a las generaciones futuras.

 

INICIATIVAS PRÁCTICAS

 

1237. Con simpatía y sin prevención, la Iglesia lleva su palabra a quienes, entre otros, sabe que le esperan y necesitan su orientación o estímulo. A los que elaboran, difunden y realizan ideas, valores y decisiones:

 

1238. A los políticos y hombres de gobierno recordamos las palabras del Concilio Vaticano II: "Sólo Dios es la fuente de vuestra autoridad y el fundamento de vuestras leyes" (Vaticano II Mensaje a la Humanidad, 2, a los Gobernantes) por mediación del pueblo. Afirmamos la nobleza y la dignidad del compromiso con una actividad orientada a consolidar la concordia interior y la seguridad exterior, estimulando la acción sensible e inteligente del político para la mejor conducción del Estado, para la consecución del bien común y para la conciliación eficaz de la libertad, la justicia y la igualdad en una genuina sociedad participada. :La comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su propio terreno. Ambas, sin embargo, aunque por diverso título, están al servicio de la vocación personal y social del hombre. Este servicio lo realizarán con tanta mayor eficacia, para bien de todos, cuanto mejor cultiven ambas entre sí una sana cooperación habida cuenta de las circunstancias de lugar y tiempo" (GS 76).

 

1239. Al mundo intelectual y universitario, para que actúe con libertad espiritual, cumpla con autenticidad su función creativa, se disponga par la educación política —distinta de la mera politización— y satisfaga la lógica interior de la reflexión y el rigor científico, porque de ese mundo se esperan proyectos y líneas teóricas sólidas para la construcción de la nueva sociedad (Cfr. Vat. II, Mensaje a la Humanidad, a los hombres del pensamiento y de la ciencia).

 

1240. A los científicos, técnicos y forjadores de la sociedad tecnológica, para que alienten el espíritu científico con amor a la verdad a fin de investigar los enigmas del universo y dominar la tierra; para que eviten los efectos negativos de una sociedad hedonista y la tentación tecnocrática y apliquen la fuerza de la tecnología a la creación de bienes y a la invención de medios destinados a rescatar al hombre del subdesarrollo. Se espera de ellos especialmente estudios e investigaciones con miras a la síntesis entre la ciencia y la fe. Exhortamos a todos los pensadores conscientes del valor de la sabiduría —cuya primera y última fuente es el Logos— y preocupados con la creación del humanismo nuevo, a que tengan en cuenta la gran afirmación de la "Gaudium et Spes": "El destino futuro del mundo corre peligros si no se forman hombres más instruidos en esta sabiduría" (n. 15,c). Para esto, es necesario un gran esfuerzo de diálogo interdisciplinario de la teología, la filosofía y las ciencias, en pos de nuevas síntesis.

 

1241. A los responsables de los medios de comunicación, para que elaboren y respeten un código de ética de la información y la comunicación; para que tomen conciencia de que la neutralidad instrumental de los medios los hace disponibles para el bien o para el mal; para que sirvan a la verdad, la objetividad, la educación y el conocimiento suficiente de la realidad.

 

1242. A los creadores en el arte, para que intuyan los rumbos del hombre, presientan e interpreten sus crisis, abran la dimensión estética de la vida humana y contribuyan a la personalización del hombre concreto.

 

1243. A los juristas según su saber especial, para que reivindiquen el valor de la ley en la relación entre gobernantes y gobernados y para la disciplina justa de la sociedad. A los jueces, para que no comprometan su independencia, juzguen con equidad e inteligencia y sirvan a través de sus sentencias a la educación de gobernantes y gobernados en el cumplimiento de las obligaciones y el conocimiento de sus derechos.

 

1244. A los obreros: en el mundo que se urbaniza e industrializa crece el papel de los obreros "como principales artífices de las prodigiosas transformaciones que el mundo conoce hoy" (Vat. II, Mensaje a los trabajadores, n. 6). Por esto, deben comprometer su experiencia en la búsqueda de nuevas ideas; renovarse a sí mismos y contribuir de manera aún más decidida a construir la América Latina de mañana. Que no olviden lo que les dijo el Papa en el mismo discurso: es derecho de los obreros "crear libremente organizaciones para defender, promover sus intereses, para contribuir responsablemente al bien común" (Juan Pablo II, Alocución obreros Monterrey, 3. AAS LXXI, p. 241).

 

1245. A los campesinos: vosotros sois fuerza dinamizadora en la construcción de una sociedad más participada. Abogando por vosotros, el Santo Padre dirigió estas palabras a los sectores del poder: "Por parte vuestra, responsables de los pueblos, clases poderosas que tenéis a veces improductivas las tierras que esconden el pan que a tantas familias falta: la conciencia humana, la conciencia de los pueblos, el grito del desvalido y, sobre todo, la voz de Dios, la voz de la Iglesia os repite conmigo: no es justo, no es humano, no es cristiano continuar con ciertas situaciones claramente injustas. Hay que poner en práctica medidas reales, eficaces, a nivel local, nacional e internacional, en la amplia línea marcada por la Encíclica "Mater et Magistra"... Amadísimos hermanos e hijos: trabajad en vuestra elevación humana" (Pablo II, Alocución Oaxaca, 9. AAS LXXI, p. 210).

 

1246. A la sociedad económica, para que los economistas contribuyan con un pensamiento creativo a dar respuestas a las demandas fundamentales del hombre y de la sociedad. Para que los empresarios, teniendo presente la función social de la empresa, actúen concibiéndola no sólo como factor de producción y como elemento de una sociedad pluralista, sólo viable cuando no existe concentración excesiva del poder económico.

 

1247. A los militares, les recordamos con Medellín que "tienen la misión de garantizar las libertades políticas de los ciudadanos, en lugar de ponerles obstáculos (Pastoral de Elites, 20). Que tengan conciencia de su misión: garantizar la paz y la seguridad de todos. Que jamás abusen de la fuerza. Que sean más bien los defensores de la fuerza del Derecho. Que propicien también una convivencia libre, participativa y pluralista.

 

1248. A los funcionarios, para que asuman su actividad como un servicio, porque la dignidad de la función y la vida pública reside en el hecho de que su destinatario natural es la sociedad y sobre todo quienes menos tienen y más dependen del buen funcionamiento de lo público.

 

1249. A todos, por fin, que contribuyan al funcionamiento normal de la sociedad; profesionales liberales, comerciantes, para que asuman su misión en espíritu de servicio al pueblo que de ellos espera la defensa de su vida, de sus derechos y la promoción de su bienestar.

 

3.5. CONCLUSIÓN

 

1250. En la actual coyuntura de América Latina, los cambios podrán ser rápidos y profundos en beneficio de todos, especialmente de los pobres por ser los más afectados y de los jóvenes que asumirán, en breve, los destinos del Continente.

 

1251. Proponemos para eso la movilización de todos los hombres de buena voluntad. Que se unan, con nuevas esperanzas en esa inmensa tarea. Queremos escucharlos con viva sensibilidad; unirlos a ellos en su acción constructiva.

 

1252. Con nuestros hermanos que profesan una misma fe en Cristo, aunque no pertenezcan a la Iglesia Católica, esperamos unir los esfuerzos, preparando constantes y progresivas convergencias que apresuren la llegada del Reino de Dios.

 

1253. A los hijos de la Iglesia que se empeñan en puestos de avanzada queremos transmitirles nuestra confianza en su acción, haciendo de ellos nuestros mensajeros de nuevas esperanzas. Sabemos que en el Evangelio, en la oración y en la Eucaristía, tratarán de encontrar la fuente para constantes revisiones de vida y la fuerza de Dios para su acción transformadora.

 

 

 

CAPÍTULO IV

 

ACCIÓN DE LA IGLESIA POR LA PERSONA

EN LA SOCIEDAD NACIONAL E INTERNACIONAL

 

4.1. INTRODUCCIÓN

 

1254. La dignidad humana, lo ha recordado Juan Pablo II, es un valor evangélico y el Sínodo de 1974 nos enseñó que la promoción de la justicia es parte integrante de la evangelización (*). Esta dignidad y esta promoción de la justicia se debe verificar tanto en el orden nacional como en el internacional.

 

(*) "La evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta la interpelación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social, del hombre. Precisamente por esto la evangelización lleva consigo un mensaje explícito, adaptado a las diversas situaciones y constantemente actualizado, sobre los derechos y deberes de toda persona humana, sobre la vida familiar sin la cual apenas es posible el progreso personal (60), sobre la vida comunitaria de la sociedad, sobre la vida internacional, la paz, la justicia, el desarrollo; un mensaje, especialmente vigoroso en nuestros días sobre la liberación" (EN 29). "Si la Iglesia se hace presente en la defensa o en la promoción de la dignidad del hombre, lo hace en la línea de su misión, que aún siendo de carácter religioso y no social o político, no puede menos de considerar al hombre en la integridad de su ser. El Señor delineó en la parábola del Buen Samaritano el modelo de la atención a todas las necesidades humanas (Lc. 10, 29ss), y declaró que en último término se identificará con los desheredados —enfermos, encarcelados, hambrientos, solitarios— a quienes se haya tendido la mano (Mt. 25, 31ss.). La Iglesia ha aprendido en estas y otras páginas del Evangelio (Cfr. Mc. 6,35-44) que su misión evangelizadora tiene como parte indispensable la acción por la justicia y las tareas de promoción del hombre (Cfr. Documento final del Sínodo de los Obispos, octubre de 1971), y que entre evangelización y promoción humana hay lazos muy fuertes de orden antropológico, teológico y de caridad" (Cfr. EN 31) (Juan Pablo II, Discurso inaugural III, 2).

 

1255. Ocupándonos de la realidad del orden nacional e internacional lo hacemos en una actitud de servicio como pastores, y no desde el ángulo económico, político o meramente sociológico. Buscamos que haya entre los hombres una mayor comunión y participación en los bienes de todo orden que Dios nos ha creado.

 

1256. Por eso, queremos ver la situación de la dignidad de la persona humana y de la promoción de la justicia en nuestra realidad latinoamericana, reflexionando sobre la misma a la luz de nuestra fe y de los principios fundados en la misma naturaleza humana para encontrar los criterios y servicios que conducirán nuestra acción pastoral hoy y en el próximo futuro.

 

4.2. SITUACIÓN

 

A NIVEL NACIONAL

 

Recordamos algunos puntos que fueron considerados ya en otras partes de este documento:

 

1257. El hombre latinoamericano sobrevive en una situación social que contradice su condición de habitante de un continente mayoritariamente cristiano: son evidentes las contradicciones existentes entre estructuras sociales injustas y las exigencias del Evangelio.

 

1258. Son muchas las causas de esta situación de injusticia, pero en la raíz de todas se encuentra el pecado, tanto en su aspecto personal como en las estructuras mismas.

 

1259. Con profunda pena comprobamos que se ha agravado la situación de violencia que puede llamarse —institucionalizada (subversiva y represiva)— en la cual se atropella la dignidad humana hasta en sus derechos más fundamentales.

 

1260. De modo especial tenemos que señalar que, después de los años cincuenta y no obstante las realizaciones logradas, han fracasado las amplias esperanzas del desarrollo y han aumentado la marginación de grandes mayorías y la explotación de los pobres.

 

1261. La falta de realización de la persona humana en sus derechos fundamentales se inicia aún antes del nacimiento del hombre por el incentivo de evitar la concepción e incluso de interrumpirla por medio del aborto; prosigue con la desnutrición infantil, el abandono prematuro, la carencia de asistencia médica, de educación y de vivienda, propiciando un desorden constante donde no es de extrañar la proliferación de la criminalidad, de la prostitución, del alcoholismo y de la drogadicción.

 

1262. Impedido, en este contexto, el acceso a los bienes y servicios sociales y a las decisiones políticas, se agravan los atentados a la libertad de opinión, a la libertad religiosa, a la integridad física. Asesinatos, desapariciones, prisiones arbitrarias, actos de terrorismo, secuestros, torturas continentalmente extendidas, demuestran un total irrespeto por la dignidad de la persona humana. Algunos pretenden justificarse incluso como exigencias de la seguridad nacional.

 

1263. Nadie puede negar la concentración de la propiedad empresarial, rural y urbana en pocas manos, haciéndose imperioso el reclamo de verdaderas reformas agrarias y urbanas, así como la concentración del poder por las tecnocracias civiles y militares y de garantías de un estado democrático.

 

A NIVEL INTERNACIONAL

 

1264. El hombre latinoamericano encuentra una sociedad cada vez más desequilibrada en su convivencia. Hay "mecanismos que, por encontrarse impregnados no de un auténtico humanismo sino de materialismo, produce a nivel internacional ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres" (Juan Pablo II, Discurso inaugural III, 4). Tales mecanismos se manifiestan en una sociedad programada muchas veces a la luz del egoísmo, en las manipulaciones de la opinión pública, en expropiaciones invisibles y en nuevas formas de dominio supranacional, pues crecen las distancias entre las naciones ricas y pobres. Hay que añadir, además, que en muchos casos el poderío de empresas multinacionales se sobrepone al ejercicio de la soberanía de las naciones y al pleno dominio de sus recursos naturales.

 

1265. Como consecuencia de los nuevos manejos y de la explotación causada por los sistemas de organización de la economía y de la política internacional, el subdesarrollo del hemisferio puede agravarse y hasta hacerse permanente. Por ello, vemos amenazado el ideal de la integración latinoamericana, hecho lamentable, motivado en gran parte por las ambiciones económicas nacionalistas, por la parálisis de los grandes planes de cooperación y por nuevos conflictos internacionales.

 

1266. El desequilibrio socio-político a nivel nacional e internacional está creando numerosos desubicados, como son los emigrantes cuyo número puede ser magnitud insospechada en el próximo futuro. A éstos deben añadirse desubicados políticos como son los asilados, los refugiados, los desterrados y también los indocumentados de todo género. En una situación de total abandono se encuentran los ancianos, los minusválidos, los errantes y las grandes masas de campesinos e indígenas "casi siempre abandonados en un innoble nivel de vida y a veces atrapados y explotados durante" (Pablo VI, Discurso a los campesinos, Bogotá, 23/8/1968).

 

1267. Finalmente, no resulta extraño a este complejo problema social el aumento de gastos en armamentos así como la creación artificial de necesidades superfluas, impuestas desde fuera a los países pobres (Cfr. n. 67).

 

4.3. CRITERIOS

 

EN LA SOCIEDAD NACIONAL

 

1268. La realización de la persona se obtiene gracias al ejercicio de sus derechos fundamentales, eficazmente reconocidos, tutelados y promovidos. Por eso la Iglesia, experta en humanidad, tiene que ser voz de los que no tienen voz (de la persona, de la comunidad frente a la sociedad, de las naciones débiles frente a las poderosas) correspondiéndole una actividad de docencia, denuncia y servicio para la comunión y la participación.

 

1269. Frente a la situación de pecado surge por parte de la Iglesia, el deber de denuncia que tiene que ser objetiva, valiente y evangélica; que no trata de condenar sino de salvar al culpable y a la víctima. Una tal denuncia hecha después de previo entendimiento entre los pastores, llama a la solidaridad interna de la Iglesia y al ejercicio de la colegialidad.

 

1270. El enunciado de los derechos fundamentales de la persona humana, hoy y en el futuro, es y será parte indispensable de su misión evangelizadora. Entre otros, la Iglesia proclama la exigencia y realización de los siguientes derechos:

 

1271. DERECHOS INDIVIDUALES: derecho a la vida (a nacer, a la procreación responsable), a la integridad física y síquica, a la protección legal, a la libertad religiosa, a la libertad de opinión, a la participación en los bienes y servicios, a construir su propio destino, al acceso a la propiedad y a "otras formas de dominio privado sobre los bienes exteriores" (GS 71).

 

1272. DERECHOS SOCIALES: derecho a la educación, a la asociación, al trabajo, a la vivienda, a la salud, a la recreación, al desarrollo, al buen gobierno, a la libertad y justicia social, a la participación en las decisiones que conciernen al pueblo y a las naciones.

 

1273. DERECHOS EMERGENTES: derecho a la propia imagen, a la buena fama, a la privacidad, a la información y expresión objetivas, a la objeción de conciencia "con tal que no se violen las justas exigencias del orden público" (DH 4), y a una visión propia del mundo.

 

1274. Sin embargo, la Iglesia también enseña que el reconocimiento de estos derechos supone y exige siempre "en el hombre que los posee otros tantos deberes: unos y otros tienen en la ley natural que los confiere o los impone, su origen, su mandamiento y vigor indestructibles" (PT 28).

 

EN LA SOCIEDAD INTERNACIONAL

 

1275. Tanto el desequilibrio de la sociedad internacional como la necesidad de salvaguardar el carácter trascendente de la persona humana en un nuevo orden internacional hacen que la Iglesia urja la proclamación y el esfuerzo por HACER REALIDAD ciertos derechos como:

 

1276. El derecho a una convivencia internacional justa entre las naciones, con pleno respeto a su autodeterminación económica, política, social y cultural.

 

1277. El derecho de cada nación a defender a promover sus propios intereses frente a las empresas transnacionales, haciéndose necesaria la elaboración a nivel internacional de un estatuto que regule las actividades de dichas empresas.

 

1278. El derecho a una nueva cooperación internacional que revise las condiciones originales de dicha cooperación.

 

1279. El derecho a un nuevo orden internacional con los valores humanos de solidaridad y de justicia.

 

1280. Este nuevo orden internacional evitará una sociedad edificada sobre criterios neomalthusianos; se fundará en las legítimas necesidades sociales del hombre; asumirá un sano pluralismo con la adecuada representación de las minorías y los grupos intermediarios, a fin de que el mismo no sea un círculo cerrado de naciones; preservará el patrimonio común de la humanidad y en especial los océanos.

 

1281. Finalmente, los excedentes económicos, los ahorros provenientes del desarme y cualquiera otra riqueza sobre la que, aun a nivel internacional, pesa la "hipoteca social", deberán ser utilizados socialmente, asegurando el acceso inmediato y libre de los más débiles a su desarrollo integral.

 

1282. En especial, reconociendo que los pueblos latinoamericanos tienen tantos valores, necesidades, dificultades y esperanzas en común, se debe promover una legítima integración que supere los egoísmos y los estrechos nacionalismos y respete la legítima autonomía de cada pueblo, su integridad territorial, etc., y promueva la autolimitación de los gastos de armamentos.

 

4.4. SERVICIOS

 

1283. La Iglesia, además del anuncio de la dignidad de la persona humana, de sus derechos y deberes y de la denuncia de los atropellos al hombre, tiene que ejercer una acción de servicio como parte integrante de su misión evangelizadora y misionera. Ella debe crear en común con todos los hombres de fe y buena voluntad, una conciencia ética en torno a los grandes problemas internacionales. Por lo tanto:

 

1284. - da testimonio evangélico de Dios presente en la historia y despierta en el hombre una actitud abierta a la comunión y a la participación;

 

1285. - establece en su ámbito organismos de acción social y promoción humana;

 

1286. - suple en la medida de sus posibilidades las lagunas y ausencias de los poderes públicos y de las organizaciones sociales;

 

1287. - convoca la comunidad humana para que se revisen y orienten las instituciones internacionales y creen nuevas formas de protección que basadas en la justicia, garanticen la promoción auténticamente humana de la creciente muchedumbre de los desamparados.

 

1288. Se recomienda la colaboración entre Conferencias Episcopales para el estudio de problemas pastorales, especialmente en cuanto a la justicia, que desbordan a nivel nacional.

 

1289. Corresponde en particular a la acción de la Iglesia, frente a los anónimos sociales, el deber de acogerlos y asistirlos, de restaurar su dignidad y su rostro humano "porque cuando un hombre es herido en su dignidad, toda la Iglesia sufre" (Pablo VI, Enero de 1977).

 

1290. La Iglesia debe propiciar el que este grupo flotante de la humanidad se reintegre socialmente, sin perder sus propios valores; debe velar por la restauración plena de sus derechos; debe colaborar para que quienes no existen legalmente posean la necesaria documentación, a fin de que todos tengan acceso al desarrollo integral, que la dignidad de hombre y de hijo de Dios merece. Así ella cooperará a garantizar al hombre una existencia digna que lo capacite para realizarse al interior de la familia y de la sociedad.

 

1291. Es también necesaria la acción de la Iglesia para que los desubicados y marginados de nuestro tiempo no se constituyan permanentemente en ciudadanos de segunda clase, puesto que son sujetos de derecho con legítimas aspiraciones sociales y tienen derecho a una adecuada atención pastoral, según los documentos pontificios y las orientaciones propuestas en las reuniones latinoamericanas sobre pastoral de migraciones.

 

1292. La Iglesia hace un urgente llamado a la conciencia de los pueblos y también a las organizaciones humanitarias para que:

 

se fortalezca y se generalice el derecho de asilo, institución genuinamente latinoamericana (tratado de Río de Janeiro, 1942), forma actual de la protección que brindaba antes la Iglesia;

los países amplíen sus cuotas de recepción de refugiados y emigrantes y se agilice la implementación de los acuerdos y mecanismos de integración competentes en estas acciones;

se ataque la raíz del problema ocupacional, con políticas específicas de tenencia de la tierra, de producción y de comercialización, que cubran las necesidades urgentes de la población y que fijen al trabajador en su medio;

se aliente la concurrencia fraterna de las naciones en ocasión de catástrofe;

se posibilite la amnistía como signo de reconciliación para conseguir la paz, de acuerdo con la invitación de Pablo VI en la proclamación del Año Santo de 1975;

se creen centros de defensa de la persona humana que trabajen con el objeto de "que se quiten barreras de explotación hechas frecuentemente de egoísmos intolerables y contra los que estrellan sus mejores esfuerzos de promoción" (Juan Pablo II, Alocución Oaxaca 5).

1293. A todas las personas afligidas y a los que sufren por la violación de sus derechos, les hacemos llegar nuestra palabra de comprensión y aliento. Exhortamos a los responsables del bien común a que con decidida voluntad pongan todo su empeño en remediar las causas que generan estas situaciones ya que creen las condiciones necesarias para una convivencia auténticamente humana.

 

 

Índice Puebla, 1979