Documento para la Reflexión y Consulta I. Formación: Itinerario hacia Jesucristo Vocación a la santidad y formación 1. Por el bautismo, hemos recibido la vocación a la santidad: ser santos como el Padre es Santo (Cf. Mt 5, 48), hacer nuestros los sentimientos de Jesús para que nuestra vida sea testimonio de entrega y de servicio. Para desarrollar esta vocación, la formación cristiana está llamada a ser un continuo proceso personal de maduración en la fe y de configuración con Cristo, según la voluntad del Padre, con la guía del Espíritu Santo, que nos hace partícipes en la construcción de una comunidad viva. Está claro que todos los cristianos, de cualquier estado y condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor (Lumen gentium n. 40). Formación cristiana como cultivo del Bautismo 2. Para cultivar la semilla de fe sembrada en el bautismo, la comunidad creyente tendría que ser capaz de:
La meta es lograr un continuo crecer en Cristo, siendo dóciles al Espíritu presente en la historia. Principalmente es a la comunidad parroquial a la que le corresponde cuidar ese primer cultivo, sin olvidar la tarea fundamental de la iglesia doméstica, la familia; y la colaboración de los movimientos evangelizadores y las comunidades menores que tienen esa finalidad. Una auténtica propuesta de encuentro con Jesucristo debe establecerse sobre el sólido fundamento de la Trinidad-Amor. La experiencia de un Dios uno y trino, que es unidad y comunión inseparable, nos permite superar el egoísmo para encontrarnos plenamente en el servicio al otro. La experiencia bautismal es el punto de inicio de toda espiritualidad cristiana que se funda en la Trinidad (V CELAM n. 240). Formación para todos los Agentes de Evangelización 3. Así, podemos entender la evangelización fundamental como la misión de acompañar a los bautizados en su adhesión a Jesús, convirtiéndose en discípulos, seguidores de sus pasos. Esta primera etapa de cultivo se continúa con una segunda, que busca apoyar la maduración de los discípulos en apóstoles, seguidores dispuestos a ser enviados. Este segundo cultivo lo llamamos Formación de Agentes de Evangelización. El proyecto de formación de agentes en la Arquidiócesis de México debe incluir a todos los agentes: laicos, religiosos, diáconos, presbíteros y obispos, tomando en cuenta que en el seguimiento de Cristo siempre hay algo más qué comprender y entregar.
Misión principal de la formación es ayudar a los miembros de la Iglesia a encontrarse con Cristo, y así reconocer, acoger, interiorizar y desarrollar la experiencia y los valores que constituyen la propia identidad y misión cristiana en el mundo. Por eso la formación obedece a un proceso integral, es decir, que comprende varias dimensiones, todas armonizadas entre sí en unidad vital. En la base de estas dimensiones está el anuncio kerigmático. El poder del Espíritu y de la Palabra contagia a las personas y las lleva a escuchar a Jesucristo, a creer en él como su Salvador, a reconocerlo como quien da pleno significado a su vida y a seguir sus pasos (V CELAM 279). II. Formación en la Arquidiócesis de México Opción pastoral diocesana 4. Cuando se presentó en 1993 el Decreto General del II Sínodo Arquidiocesano, nuestra Iglesia particular se planteaba la necesidad imperiosa de replantear a fondo su misión pastoral, tomando en cuenta la nueva situación que se vivía en la ciudad. Entonces, se afirmó que la renovación pastoral se lograría en la medida en que a la acción evangelizadora se le diera un verdadero sentido misionero y se contara con la generosa participación de numerosos y diversos agentes debidamente preparados e integrados (Cf. Decreto General n. 34.35.73). Ese sigue siendo un reto actual: contar con los agentes e identificados con la opción pastoral diocesana.
Asumir —a nivel de la Iglesia arquidiocesana— con todos los Agentes de la Nueva Evangelización el trabajo pastoral por la Opción Prioritaria del II Sínodo... (ECUCIM n. 2053). Formación de Agentes, Urbe y Plan Pastoral 5. La formación de agentes de evangelización debe mantener una interrelación directa con las directrices del plan pastoral arquidiocesano y responder a las exigencias de la evangelización urbana: La propuesta sinodal, de un nuevo y vigoroso proyecto misionero para la ciudad, se ha traducido en la Misión Permanente como programa pastoral arquidiocesano. Podemos decir que nuestra pastoral se irá convirtiendo en misionera en la medida en que nuestra Iglesia local se convierta en formadora de misioneros para la ciudad. La pastoral encarnada, de diálogo y de testimonio de vida, describe la espiritualidad que es el corazón de la formación para los apóstoles de la urbe. Hacer presente el evangelio en los ambientes culturales de la ciudad requiere desarrollar en la formación el carácter específico de la inserción de los bautizados en el ambiente urbano. La formación del agente de evangelización para la ciudad tendría que capacitarlo para acompañar procesos de carácter catecumenal adecuados a las características de los diversos ambientes seculares.
Para superar el problema cultural del divorcio entre la fe y la vida, es urgente que todos los Agentes de la Nueva Evangelización:
Impulsar y actualizar el análisis de la realidad con sus características y causas en cuatro campos básicos:
Formación de Agentes y coordinación de instancias 6. Revisar y proyectar la Formación de Agentes de Evangelización en la Arquidiócesis de México requiere un esfuerzo especial de coordinación e interacción entre todas las instancias pastorales de la diócesis: Vicarías Territoriales y Vicarías Funcionales, sobre todo éstas últimas, que deben alentar la coordinación de aquellos que tienen responsabilidad en los procesos de formación:
En el proceso de formación de discípulos misioneros destacamos cinco aspectos fundamentales que aparecen de diversa manera en cada etapa del camino, pero que se compenetran íntimamente y se alimentan entre sí:
Procurar un cambio de mentalidad de una pastoral individual a una pastoral de conjunto en la que se tome en cuenta un eficaz testimonio de servicio a todos, implementando una pastoral de acompañamiento a los procesos educativos y sociales de las Familias, los Alejados, los Pobres y los Jóvenes (ECUCIM n. 2046). III. Formar para la comunión 7. El perfil de los agentes para la evangelización de la ciudad se puede definir a partir de las características de la pastoral misionera: de encarnación (formados para buscar la cercanía con quienes no conocen el Evangelio), de diálogo (formados para escuchar y compartir en el lenguaje de quien busca el bien para la humanidad) y del testimonio (formados para la misión de anunciar el evangelio con la propia vida, en comunión y con el signo de la caridad). Fomentar entre todos los Agentes de evangelización —Presbíteros, Religiosos y Laicos— una actitud de mutua aceptación, respeto y apoyo que se traduzcan en capacidad de trabajar coordinadamente en una pastoral de conjunto (ECUCIM n. 2047). Proceso reciente en la Formación de Agentes Laicos 8. En mayo de 1996, nuestro Arzobispo, el Cardenal Norberto, presentó la Orientación Pastoral acerca de la Formación de Agentes Laicos para Acciones Específicas. El proceso iniciado entonces está siendo motivo de consulta y de esta reflexión, en vista de potenciar como prioridad la formación de agentes laicos, marcando metas precisas para los siguientes seis años. En general, la experiencia de los últimos once años está siendo evaluada como limitada e insuficiente, especialmente porque no hemos logrado que se multiplique el número de agentes laicos de acuerdo a las necesidades y porque los que se forman no siempre se comprometen con la misión. El número de laicos que han atendido los centros de formación, principalmente decanales, ha venido decreciendo. También, la formación básica ofrecida no ha logrado tener el carácter específico que debía distinguirla y los laicos que han finalizado el ciclo básico de tres años no siempre han podido insertarse activamente en la pastoral.
Cuando confrontamos nuestra vida de bautizados y de Iglesia con la realidad de la Ciudad de México, el valor de su gente y su compleja problemática, nos damos cuenta que el Señor, a través del signo de nuestra ciudad, nos está pidiendo mucho más. El desafío pastoral que nos presentan las situaciones concretas es providencial para que impulsemos nuestro caminar (Orientaciones Pastorales 2007). 9. El proceso vivido también ha tenido frutos:
Los Laicos, elemento mayoritario en la Iglesia, constituyen por su Bautismo una fuerza evangelizadora, cuyo potencial no ha sido todavía suficientemente desarrollado; a ellos corresponde un papel primordial en la tarea de inserción y fermento evangelizador en el corazón del mundo; son los primeros Agentes de la evangelización de las culturas: en esto son insustituibles; ellos "se encuentran en la línea más avanzada de la misión de la Iglesia" (ECUCIM n. 2005). 10. Las principales orientaciones que se ven necesarias para mejorar y fortalecer la formación de agentes laicos son:
La formación de los fieles laicos tiene como objetivo fundamental el descubrimiento cada vez más claro de la propia vocación y la disponibilidad siempre mayor para vivirla en el cumplimiento de la propia misión. En el descubrir y vivir la propia vocación y misión, los fieles laicos han de ser formados para vivir aquella unidad con la que está marcando su mismo ser de miembros de la Iglesia y de ciudadanos de la sociedad humana. Los laicos también están llamados a participar en la acción pastoral de la Iglesia, primero con el testimonio de su vida y, en segundo lugar, con acciones en el campo de la evangelización, la vida litúrgica y otras formas de apostolado según las necesidades locales bajo la guía de sus pastores. Ellos estarán dispuestos a abrirles espacios de participación y a confiarles ministerios y responsabilidades en una Iglesia donde todos vivan de manera responsable su compromiso cristiano … Formación y Agentes de Vida Consagrada 11. La presencia de los Agentes de Vida Consagrada siempre ha tenido una influencia significativa en la formación de agentes laicos en la Arquidiócesis de México, y sus diferentes carismas continúan motivando a numerosos laicos comprometidos. La colaboración con Religiosos y Religiosas en el ámbito de la formación de agentes siempre resultará un enriquecimiento, por tanto, habrá que procurar:
Hoy toda la Iglesia en América Latina y el Caribe quiere ponerse en estado de misión. La evangelización del continente, nos decía el papa Juan Pablo II, no puede realizarse hoy sin la colaboración de los fieles laicos. Ellos han de ser parte activa y creativa en la elaboración y ejecución de proyectos pastorales a favor de la comunidad. Esto exige, de parte de los pastores, una mayor apertura de mentalidad para que entiendan y acojan el “ser” y el “hacer” del laico en la Iglesia, quien por su bautismo y su confirmación, es discípulo y misionero de Jesucristo. En otras palabras, es necesario que el laico sea tenido muy en cuenta con un espíritu de comunión y participación (V CELAM n. 213). Presbíteros y Diáconos y Formación de Agentes 12. Por la importancia de los Agentes del Ministerio Ordenado en la tarea pastoral es indispensable mantener una atención constante de los programas de formación, pues en gran medida de ellos depende la renovación pastoral de nuestra Iglesia local. Asumir el proyecto de una Iglesia misionera, con un ambiente de comunión y donde es prioridad la participación corresponsable de los laicos, requiere una formación permanente del clero que tome en cuenta estos lineamientos de la misión permanente. Es por eso que las instancias encargadas de la formación del clero tendrían que:
“También forman parte del único presbiterio, por razones diversas, los presbíteros religiosos residentes o que trabajan en una Iglesia particular. Su presencia supone un enriquecimiento para todos los sacerdotes y los diferentes carismas particulares que ellos viven, a la vez que son una invitación para que los presbíteros crezcan en la comprensión del mismo sacerdocio, contribuyen a estimular y acompañar la formación permanente de los sacerdotes ... Obispos y Formación de Agentes 13. Al obispo le corresponde alentar el espíritu de comunión y complementariedad para que todos participen en mejorar la formación de agentes. En especial, acompañar a los presbíteros y diáconos en su formación permanente, además de animarlos para que asuman el impulso de los agentes laicos. La supervisión de las instancias de formación debe ser constante, contrastándolas con las exigencias que surgen del plan pastoral y de las diversas realidades a las que hay que llevar el evangelio en la ciudad. La presencia cercana del obispo con los agentes en proceso de formación es insustituible, para alimentar su identidad y su pertenencia a la Iglesia. En ese sentido, resulta prioritario el encuentro periódico del obispo con los equipos responsables de la formación de agentes laicos, así como el acompañamiento de los líderes de comunidades. La comunión con el obispo es parte de la formación eclesial y un apoyo importante para quienes colaboran en la evangelización.
El sacerdote debe crecer en la conciencia de la profunda comunión que lo vincula al pueblo de Dios; él no está sólo ‘al frente de’ la Iglesia, sino ante todo ‘en’ la Iglesia. Es hermano entre hermanos ... Como escribía Pablo VI: ‘Hace falta hacerse hermanos de los hombres en el momento mismo que queremos ser sus pastores y maestros. El clima de diálogo es la amistad. Más todavía, el servicio’” ... IV. Qué pasos son necesarios para seguir adelante PREGUNTAS
“...esta nueva etapa del caminar diocesano
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