Ideas Centrales de la Misión Permanente


  1. Pastoral Misionera: que los que están cerca del templo, los que tienen la práctica de la misa dominical, los que están involucrados en la acciones pastorales (incluyendo a los pastores), se esfuercen en ir hacia los alejados para compartir con ellos el Evangelio, por medio de la palabra y de la vida y se esfuercen por desencadenar con ellos procesos de evangelización.
  1. Pastoral con sentido catecumenal: recurrir a los medios de evangelización de tal manera que con ellos se propicie un proceso catecumenal: que progresivamente vaya conduciendo a la persona a la conversión, a la adhesión plena a Cristo y a la integración comprometida en la comunidad. El proyecto misionero del II Sínodo cristalizó en la Misión 2000, en la que clarificamos y ajustamos a nuestra realidad el proceso evangelizador con sus tres etapas: Misionera (kerigma y reiniciación cristiana); Catequética (crecimiento de la fe, en la comunidad) Apostólica (evangelización de la cultura).
  1. Dar un lugar prioritario a los laicos en la vida y en la misión de la Iglesia para que ellos, sin olvidar las actividades intra eclesiales,  sobre todo estén atentos a realizar su apostolado en medio de las realidades temporales, mediante el testimonio y el diálogo, estando muy atentos a lo que sucede en sus entornos, sean levadura evangélica y, con esas experiencias, ayuden a la comunidad eclesial para inculturar el Evangelio. Para ello es imprescindible favorecer una formación adecuada para los laicos.
  1. Impulsar la formación permanente de los presbíteros como un apoyo para vivir día a día la conversión pastoral,  que los ayude a tener presencia evangélica en su comunidad, hacer sensibles a la realidad de sus propios ambientes y ejercer su ministerio con espíritu de comunión y corresponsabilidad.
  1. Hacer efectiva la opción prioritaria sinodal por la pastoral de la familia y de los jóvenes “como realidades básicas y fundamentales de la vida humana y que, en las circunstancias actuales de la Ciudad, manifiestan un preocupante derrumbe de valores humano cristianos y reclaman, con particular urgencia, una Nueva Evangelización” (DG 66) y, por otra parte, como dice el Documento de Aparecida, “la familia es una de los tesoros más importantes de los pueblos latinoamericanos  y caribeños, y es patrimonio de la humanidad entera” (432); los jóvenes y adolescentes “representan un enorme potencial para el presente y futuro de la Iglesia y de nuestros pueblos” (443).
  1. Pastoral social entendida como “el apoyo que la Iglesia brinda a la persona y a las comunidades para que encuentren su lugar en la construcción del reinado de Dios, ayudando a valorar la dignidad de cada sujeto, a interpretar y a resolver los problemas de la convivencia humana y a orientar todo hacia su destino final: Dios todo en todos” (PESJ 74).
  1. La piedad popular ha de ser reconocida y valorada como un camino de evangelización, por lo tanto no sólo ha de ser aceptada en la vida de la Iglesia, sino cultivada mediante una pastoral específica, que permita a los pastores recibir atentamente a quienes buscan esas prácticas y a toda la comunidad le ayude a entrar en contacto constructivo con los líderes de expresiones multitudinarias de piedad popular. No olvidar que la piedad popular tiene mucho de expresión cultural y, por lo mismo, es un campo propicio para inculturar en Evangelio. El Documento de Aparecida la llama: “espiritualidad popular” (263).
  1. Centralidad de la Eucaristía. Descubrir más claramente el profundo sentido misionero que la celebración eucarística tiene, particularmente el domingo. La misa dominical, en efecto, es modelo pedagógico en la construcción de la comunidad, ya que propicia el encuentro sacramental de muy variados grupos y personas: núcleos familiares y miembros de diversos movimientos; comunidades menores y personas que no pertenecen a grupo alguno;  servidores públicos y empresarios; trabajadores y obreros; pobres y ricos; jóvenes y adultos mayores; casados y divorciados. En la Eucaristía del domingo se encuentra, en forma elocuente, la Iglesia local reunida visiblemente como comunidad evangelizada para ser enviada a evangelizar (Cf. PESJ 94). Es necesario trabajar más eficazmente para lograr que la Eucaristía sea cumbre y fuente de la vida y misión de la Iglesia.
  1. Parroquias renovadas por el “nuevo y vigoroso proyecto misionero” surgido del II Sínodo diocesano, cuya novedad y  vigor vienen del impulso del Espíritu, pero también de la vida pujante de la Ciudad que cambia constantemente y a la que la Iglesia diocesana debe estar atenta con ojos de fe, para poder responder con una pastoral urbana.
  1. Con el apoyo de diversas instancias diocesanas, particularmente desde el Decanato, atender la Pastoral de ambientes “como son como son los obreros y los indígenas, los vagabundos y los niños de la calle, los mercaderes, los universitarios y los militares, los burócratas y las organizaciones civiles, los vendedores ambulantes y el mundo de las drogas y la prostitución, el vasto campo de la salud y hasta la religiosidad popular. También los centros de comunicación masiva como Prensa, Radio y Televisión. O los grupos de intelectuales, políticos, artistas, economistas etcétera” (OPFAL 26).
  1. Fomentar la planeación pastoral como un camino hacia la pastoral de conjunto, por medio de la cual, en espíritu de comunión y corresponsabilidad, se busquen y se llevan a la práctica las respuestas de la Iglesia local en bien de la evangelización de nuestra Ciudad.

Reunión de Decanos, Casa de la CEM, Cuautitlán Izcalli, Estado de México, 28 de Agosto de 2007.

Alberto Márquez Aquino
Vicario de Pastoral


DG: Decreto General del II Sínodo Diocesano
PESJ: El proceso evangelizador como seguimiento de Jesús, orientaciones pastorales 2006.
OPFAL: Orientación pastoral para la formación de agentes laicos, 1996.

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