Segundo Encuentro de Decanos 2008
LA IGLESIA ES MISIONERA,
ELLO EXIGE
LA FORMACIÓN DE LOS AGENTES
Segundo Encuentro de Decanos 2008

BUENOS DÍAS

Llaman al teléfono a una casa de familia y contesta una vocecita de unos cinco años... — Por favor, ¿está tu mamá? — No, señor, no está. — ¿Y tu papá? — Tampoco. — ¿Estás sola? — No, señor, estoy con mi hermano. El interlocutor, con la esperanza de poder hablar con algún mayor le pide que le pase a su hermano. La niña, después de unos minutos de silencio, vuelve a tomar el teléfono... — ¿Por qué no me pasas a tu hermano? Pregunta el hombre, ya un poco impacientado. — es que no pude sacarlo de la cuna. Lo siento, dice la niña...

MISIÓN Y FORMACIÓN: IGLESIA EN DISCIPUADLO MISIONERO

El Papa Benedicto XVI y la V Conferencia General de Aparecida nos invitan a una Misión Evangelizadora que comprometa a todas las fuerzas vivas del Pueblo de Dios en América Latina y el Caribe: Obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados/as, laicos/as. Esta misión abraza en el amor de Dios a todos, especialmente a los pobres y a los que sufren, socorriéndolos en sus necesidades más urgentes como también en la defensa de sus derechos y en la promoción común de una sociedad fundamentada en la justicia, la solidaridad y la paz (DA 550).

La Misión Continental quiere promover la conciencia y la acción misionera permanente para que el espíritu misionero penetre toda nuestra vida y las estructuras de la Iglesia. Y sólo dóciles al Espíritu Santo, el auténtico protagonista de la misión, podremos renovar nuestro compromiso de seguir a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida y de permanecer unidos a Él como discípulos suyos y obedientes a su mandato: ir al encuentro de los alejados, de los olvidados y abandonados, a los constructores de la sociedad para anunciar la Buena Nueva de la salvación a todos, para que en Jesucristo tengan vida y vida en abundancia (Jn 10, 10).

Para el objetivo de este momento sólo quiero presentar a ustedes la parte del documento de la Misión Continental titulada "Pedagogía de la Acción", cito:

En el proceso de formación de los discípulos misioneros destacamos cinco aspectos fundamentales, que aparecen de diversa manera en cada etapa del camino, pero que se compenetran íntimamente y se alimentanentre sí: el Encuentro con Jesucristo, la Conversión, el Discipulado, la Comunión y la Misión.

Esto implica: * conocer la búsqueda de las personas —y los pueblos— que Dios nos confía, y llevarlas a un encuentro con Jesucristo vivo, * que suscita una actitud de conversión, * y la decisión de seguir los pasos de Jesús, * para que, viviendo en común-unión con Cristo, como con-vocados por Él, dentro de la comunión de la Iglesia, crezca y sea vivo un fuerte sentido de pertenencia eclesial, * y un proceso de formación integral, kerigmática, permanente, procesual, diversificada y comunitaria, que contemple el acompañamiento espiritual, * bautizados asuman su compromiso misionero y pasen de evangelizados a evangelizadores, a fin de que el Reino de Dios se haga presente y así nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños tengan vida en Él.

La Iglesia nació del discipulado, convocado por el Maestro. Fueron discípulos que iban con Él, le amaban y aprendían en la convivencia diaria, en los recorridos de pueblo en pueblo, en las conversaciones y preguntas, enseñándoles con explicaciones sacadas de la vida y de las Escrituras de Israel (Mc 4, 34). Encomendó al Espíritu Santo llevarles la verdad plena y explicarles el futuro (Jn 16, 13). "Tengo muchas cosas qué decirles todavía, pero ahora no pueden con ello" (Jn 16, 12). Posteriormente, el Espíritu realiza lo mismo con Pedro y Pablo al anunciar a Jesús y crear las Iglesias como fruto de la misión (Hch 11, 11-14; 13, 2; 16, 7).

Aprendieron la misión en la vida. Jesús era misionero, "consagrado por el Padre y enviado al mundo" (Jn 10, 36). Con Él hicieron una misión colegiada, haciendo presente el Reino a la vez que lo enseñaban y lo mostraban. Su vida era praxis de Reino y de misión, y la misión era su misma vida. Así se forjaron apóstoles y misioneros, enviados por Jesús con la fuerza del Espíritu Santo (Jn 20, 21-22). Misioneros que conjugaron admirablemente la escucha y el anuncio, el discipulado y la misión. Tal equilibrio y plenitud, don del Espíritu, lo vieron en Jesús oyente del Padre, lo asumieron como hombres y mujeres, como creaturas ante Dios y como siervos e hijos del Padre, siempre dispuestos a realizar su proyecto sobre la Humanidad.

Siguieron aprendiendo colegiadamente, así lo vemos en la comunidad de Antioquía (Hch 11, 19-26; 16, 2-3), y en el Concilio de Jerusalén, para emprender la misión a las naciones y resolver los problemas que les planteaba (Hch 15, 18-19).

La Iglesia hasta el día de hoy y por siempre sigue en discipulado y misión, por haber recibido en primer lugar el Evangelio con amor de creyente y haber dado frutos de conversión, comunidad y salvación, mientras sigue cultivándolo amorosamente en el corazón. Tal actitud y estilo de vida genera calidad humana que muestra y comunica humanidad por donde pasa y vive; la misma humanidad, amor y benignidad de nuestro Salvador (Tit 3, 4). Por ello, la Iglesia es maestra y experta en humanidad.

Ampliemos esta realidad acercándonos a la V CELAM, en ella encontramos:

1. Espiritualidad

Lo esencial de la formación de los agentes es la espiritualidad en la que se vive como discípulo, es un "encuentro con Cristo" (243). El lugar de esta espiritualidad es la acción del Espíritu Santo en la Iglesia, la vida de la fe en comunidad (246), el Pan de la Palabra (247-249), la liturgia sacramental y no sacramental (250-254), la oración personal y comunitaria (255), la vida comunitaria misma, el testimonio de los pastores y de los que luchan por la paz (256), el encuentro con los pobres (257).

El documento tiene una importante secci´no sobre la piedad popular en la que ve también un espacio de auténtica experiencia de la fe y de la pertenencia eclesial inculturada (264). Llama a promover y protegerla (258.262), a recalcar sus valores (263), a dejarse tocar por sus expresiones (259).

Seguidamente, los obispos hablan de la devoción mariana como otro lugar de integración y de experiencia espiritual. Invitan a co0nocer a esta mujer libre y fuerte, la discípula perfecta (266) y, según una tradición muy antigua, a ver en ella el modelo de la Iglesia (267.268).

2. Descripción de los procesos

La renovación pastoral que se espera, basada en una experiencia renovada del encuentro con Dios, supone una profunda reflexión-acción acerca de la formación de los discípulos para la misión. Es una formación con Jesús Maestro y Misionero (276), una formación experiencial, un proceso en donde se encuentran nuestras raíces más propias con el llamado de Cristo l(277).

El número 278 describe cinco aspectos de este proceso: encuentro con Jesucristo, conversión, maduración en el discipulado, comunión, misión.

El número 280 hace otra lista, la de las dimensiones de esta formación y se nombra en primer lugar la dimensión humana y comunitaria, luego las dimensiones espiritual, intelectual, pastoral y misionera. La formación debe ser integral, kerigmática ("El poder del Espíritu y de la Palabra contagia a las personas y las lleva a escuchar a jesucristo, a creer en Él como su Salvador, a reconocerlo como quien da pleno significado a su vida y a seguir sus pasos"), dinámica y permanente (279), respetuosa de los procesos personales y de los ritmos comunitarios (281), integrando en la práctica la acción misionera (284), algo imposible sin acompañamiento (282). Me llama la atención la visión bastante dinámica del kerigma en el documento: se presenta como un centro de práctica y de significación que va creciendo y madurando durante toda la vida, un retorno ardiente a la proclamación de Jesús como Señor y Salvador, abarcando y abrazando todas las experiencias humanas.

La iniciación cristiana

Las pautas marcadas acerca de la iniciación cristiana son muy exigentes. Los obispos se sienten interpelados por las personas alejadas de la Iglesia (286) que llevan a un cuestionamiento de la forma en que se hace y se vive la iniciación. Como en todo el documento, aquí se insiste mucho sobre la experiencia concreta e insustituible del encuentro con Cristo (287). El documento hace una propuesta que retoma los aspectos de la formación integral definidos anteriormente (comparar los números 278, 289 y 292). La iniciación cristiana debe "acompañar la búsqueda del sentido a la vida" (291), no es solamente una preparación a los sacramentos (298). Exige nuevas actitudes pastorales: se debe plantear como una catequesis permanente que responde a los nuevos desafíos de la sociedad globalizada (297), integrando la religiosidad popular (300), formando no sólo en forma doctrinal, sino constituyendo una "verdadera escuela de formación integral".

4. Las comunidades formativas

El documento se pregunta, ¿dónde están los lugares de tal formación? Y contesta: la familia (302-303); las parroquias (304-306); las pequeñas comunidades eclesiales (307-310); los movimientos eclesiales (311-313); los seminarios y las casas de formación religiosa (314-327); las diferentes iniciativas formales e informales de educación católica, desde la escuela hasta la universidad (328-346). Es llamativo que todas esas instancias son comunidades. No hay formación cristiana fuera de una dinámica comunitaria. El documento insiste también para que todos esos niveles de comunidad vivan de una auténtica espiritualidad misionera (284) y que, arraigados en ella, encuentren su espiritualidad específica (285).

Pbro. Arturo Barranco Cruz

La Iglesia es Misionera, ello exige la formación de los Agentes.


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