BIENVENIDA

Norberto Cardenal Rivera Carrera

Decanos Octubre 2009

En primer lugar quiero agradecer a los que han organizado este encuentro, porque es importantísimo revisar y no solamente ver lo que pasó, sino qué es lo que vamos a hacer en un futuro próximo.

Creo que a estas alturas, en nuestra Iglesia diocesana, es muy claro que el principal trabajo que tenemos que realizar es hacer efectivo, no solamente tenerlo en la mente, el trabajo misionero, el que nuestra Iglesia particular se convierta realmente en Iglesia misionera.

Ahora le estamos llamando, de acuerdo con los demás obispos de América Latina, la Misión Continental, pero sabemos que es el mismo propósito que tenemos desde el Sínodo, es el mismo propósito que reafirmamos en el 2000, de la Misión Permanente; ahora es Misión Continental.

Tanto en aquel tiempo como ahora, vemos con claridad que para poder sostener un proyecto así, es absolutamente necesaria la formación de agentes. Para la formación de agentes tenemos una nueva terminología: hacer discípulos y misioneros, pero formación de agentes significa en primer lugar, estar nosotros en formación permanente, aquellos que hemos sido puestos a la cabeza de las comunidades, pero también buscar que todos aquellos que se implican en este proyecto, tengan una formación integral, por lo tanto no se trata de formar en las parroquias un grupito misionero que está compitiendo con los demás grupos apostólicos, eso sería deformar totalmente lo que es la Misión Permanente.

Se trata de involucrar a todos aquellos que tienen conciencia de su pertenencia a la Iglesia y se conviertan en discípulos y misioneros, una formación permanente que tenemos que cuidar que integre todos los aspectos de la vida, por supuesto el ámbito personal, el ámbito familiar, la proyección social y quizás ahí es donde debemos poner un mayor recurso, porque esos grupos muchas veces son gente que ya está dentro de nuestras comunidades, ya han pasado por varios movimientos, son los que continuamente nos auxilian, pero tal vez no estamos llegando a lo que es propio del trabajo laical, la acción en el mundo, la acción que tiene que ser necesariamente inculturada.

A veces nos preocupamos de la formación de los individuos, ya tenemos más o menos marcados los ámbitos en los que podemos influir, pero se nos escapa una prioridad del Sínodo Arquidiocesano, uno de los puntos fuertes, que la evangelización sea de las culturas y nos tenemos que preguntar hasta dónde estamos llegando, no solamente al ámbito del individuo que ha acudido allí, con nosotros, sino realmente que ellos vayan y realicen esa misión en el mundo, en la diversidad de culturas.

Creo que para nosotros es de mucha importancia este alto en el camino, para ver los avances. Para mí es muy claro y los que me acompañaron, tanto vicarios episcopales, como secretarios, en las distintas visitas pastorales. Es muy claro que la misión ha dado pasos significativos cuando el decano la toma realmente como algo importante en su tarea como decano. Es el que ha impulsado, es el que ha sostenido, inclusive el que ha buscado recursos humanos y económicos, para que aquello sea una realidad.

Esa insistencia que muchos decanos tienen para que su decanato realmente esté cumpliendo la misión, se ve reflejada en muchas realidades de nuestra Arquidiócesis, ahí es donde vemos una mayor vitalidad y también un mejor futuro. Cuando el decano, por algún motivo, no se ha enterado del proceso, cuando el decano no se ha comprometido, cuando el decano deja que cada quien realice esto a su manera, son pocos los avances que tenemos.

Muchas gracias por propiciar este momento de reflexión, de alto en el camino, para revisar y también alzarnos con este reto que tenemos ya desde hace muchos años, en que el Sínodo Arquidiocesano nos comprometió. Muchas gracias.

Versión estenográfica.


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