LA CELEBRACIÓN
DEL AÑO SACERDOTAL
COMO OPORTUNIDAD
DE FORMACIÓN MISIONERA
Decanos Octubre 2009

Comisión para el Presbiterio
COMISIÓN
PARA EL PRESBITERIO

ITINERARIO DE FORMACION PERMANENTE
DE LOS MINISTROS ORDENADOS

INTRODUCCIÓN

“Te recomiendo  que reavives el carisma de Dios que está en ti por la imposición de mis manos” (2 Tim 1, 6). Con estas palabras, San Pablo expresa el dinamismo de la gracia recibida por el sacramento del Orden; se trata de un don, el cual es una tarea y responsabilidad. Por la situación histórica que vivimos, ponemos una atención particular a la formación permanente de los sacerdotes; sabemos que estamos ante un cambio de época, que no sólo invita a buscar simples “actualizaciones teológicas-pastorales”, sino un auténtico discernimiento de los signos de los tiempos, para poder evangelizar y hacer una autentica pastoral de pastores (Cfr. PD 76), que respondan a las situaciones que afectan y desafían la vida y ministerio de los presbíteros: La identidad teológica del ministerio sacerdotal; su inserción en la cultura actual, así como sus aspectos vitales, afectivos y esculturales que influyen en la vida ministerial (DA 192-197).

Es necesario superar visiones estrechas de la formación permanente, pensando que es algo extrínseco, que se confundan con jornadas, charlas o actividades; por lo que se debe tener claro qué es la formación permanente y de ahí que nos apoyamos en las siguientes reflexiones de los especialistas en este campo.

“La formación, sin más, para el cristiano, en los diversos momentos existenciales, es una exigencia intrínseca del don recibido, para el presbítero, una ‘opción consciente y libre que impulsa el dinamismo de la caridad pastoral’ ‘expresión y exigencia de la  fidelidad del sacerdote a su ministerio, es más, a su propio ser. Es, amor a Jesucristo y coherencia consigo mismo. Pero también un acto de amor al pueblo de Dios, a cuyo servicio está puesto el sacerdote (PDV 70). Es la fe (don-tarea) lo que impulsa al creyente a crecer y madurar; es la especificación de ese don, a través del sacramento del orden, lo que exige ‘reavivar el carisma de Dios que esta en ti por la imposición de las manos’.

Yusta Jesús Sainz (2005) p.313

Por su parte A. Cencini, define la formación permanente como:

“La disponibilidad constante a aprender, que se expresa en una serie de actividades Ordinarias y, luego también extraordinarias, de vigilancia y discernimiento, de ascesis y oración, de estudio y apostolado, de verificación personal y comunitaria, etc., que ayudan cotidianamente a madurar en la identidad creyente y en la fidelidad creativa a la propia vocación en las diversas circunstancias y fases de la vida. Hasta el último día”.

Teniendo en cuenta las definiciones de estos especialistas, creemos que para lograr una adecuada formación permanente, se debe distinguir un itinerario del sacerdote en su formación: 

1. Un encuentro con Jesús modelo de toda formación humana y sacerdotal

Los ministros ordenados han de formarse continuamente teniendo en cuenta las condiciones en que se desempeñan como tales: como bautizados, es decir como salvados por Jesucristo y viviendo permanentemente su bautismo, como conversión hacia Dios y, hacia el prójimo como testimonio, en el ejercicio de su misión; como sacerdotes, trabajando en su identificación permanente a Cristo, Sumo Sacerdote, en la oración, la meditación de la Palabra y, la práctica de lo que celebran en la Iglesia, por ella y por toda la humanidad; como pastores, buscando su identificación cada vez más viva con el único Pastor de la Iglesia hasta llegar, como Él, a ser capaces de dar la vida por los fieles a ellos encomendados; y finalmente, pero no en último grado de importancia, sino a la par de lo anterior, han de identificarse con el hombre concreto a quien sirven, es decir el hombre contemporáneo, para compartir con él sus alegrías y sus esperanzas, sus penas y sufrimientos de manera que su cercanía sea más auténtica.

1.1 Partir de un encuentro radical con Jesucristo mediante la fe y la conversión en una experiencia catecumenal, a partir de su ministerio cotidiano y no necesariamente de un programa catecumenal estricto, mediante:

  • La renovación de los compromisos bautismales: correspondencia permanentemente agradecida, alegre y generosa a la santidad recibida por la filiación divina.
  • La actualización permanente del bautismo mediante la práctica y la administración profundamente pastoral, es decir, cuidadosa, afectuosa y desinteresada de los sacramentos en la caridad.
  • La conciencia cada día más profunda de ser discípulos a partir del servicio pronto y desinteresado, a imitación de Jesús, en el anuncio del Evangelio, como testimonio misionero.
  • La búsqueda permanente de la santidad, centrando su interés en Dios y en los otros, según la dinámica propia del sacramento del Orden: en fidelidad a Dios y al hombre, a quienes sirve.

Esta experiencia, aunque nunca termina, exige un momento fuerte de encuentro inicial que conlleva un compromiso radical y existencial que fundamenta todo el crecimiento permanente y perseverante. De esta manera, esta experiencia o etapa ha de entenderse como la base de todo lo que se trata de vivir en los siguientes objetivos.

1.2 Trabajar en la identificación permanente con Jesucristo, único y eterno sacerdote en:

  • El oficio de santificar (santificarse santificando). No debe olvidarse en ningún momento que la santificación propia del ministro ordenado se da en razón directa de su ministerio de santificación del pueblo de Dios, que es la Iglesia.
  • El ejercicio del Ministerio de la Palabra a partir de la reflexión diaria, de la predicación y del testimonio de vida (coherencia). El ministerio de la Palabra exige, una fe profunda en su eficacia transformadora de manera que, al distribuirla a los fieles, sea expresión de la propia experiencia vivida en el estudio, la reflexión y el compromiso con Ella a partir de la lectura devota, generosa y asidua de la Escritura.
  • El ejercicio de Ministros de los sacramentos con la Eucaristía como fuente y cima de la vida cristiana. Los ministros ordenados deben tener presente que son administradores del misterio central que es una persona: Jesucristo ayer, hoy y siempre, que se encarnó para hacerse hombre y se hizo nuestra Pascua padeciendo, muriendo y resucitando, misterio que celebramos en toda la vida sacramental, cuya cima es la Eucaristía. Pero, como unido a este sublime sacramento, el presbítero y el obispo han de poner mucho empeño en la  celebración de la Penitencia, puesto que estos son los sacramentos propiamente sacerdotales.

1.3 Buscar la identificación permanente con el único Pastor de la Iglesia (Cf. Hebreos 5) que señala que todo sacerdote es:

  • Tomado de entre los hombres al servicio de los hombres. El presbítero o el obispo y, en lo que le toca al diácono, hacen presente al único Pastor de cuya misión ellos participan mediante la misericordia, la comprensión, el acompañamiento y el consejo oportuno en orden a la salvación de los fieles.
  • Hermano entre sus hermanos, capaz de mostrar misericordia. El ministro ordenado es un hombre más, no es alguien que está por encima de los demás. Pero es diferente porque ha recibido una misión especial que sólo es capaz de realizar en la caridad que se desprende de su carácter de consagrado y, en le caso del presbítero y del obispo, se su celibato como carisma para el servicio pleno. Lo que le hace diferente no es otra cosa que su calidad en el servicio como don y como deber.
  • Solidario con todos los marginados, débiles, pecadores y desorientados. El ministro ordenado no debe olvidar que su misión es unir, no separar. Más que a nadie se le exige que sea factor de unidad e integración. Debe esforzarse, por tanto, más que nadie, por aprender a ser comprensivo, sensible a las carencias y limitaciones humanas; lo menos que puede ser es tolerante, pero más bien debe ser conciliador y constructor de la paz con los medios a su alcance.

2. La formación permanente, responsabilidad personal y eclesial

El Presbítero debe descubrir que se forma de manera personal y que el presbítero es formativo, porque es una escuela de la alteridad y de la comunión. En él aprendemos a descubrir que el otro es un don para mí, independientemente de las virtudes o defectos que tenga. Sabemos que en la comunidad eclesial no existen presbíteros perfectos, pues están conformados por hombres falibles. Sin embargo, esta realidad, más que ser un obstáculo, es una oportunidad de formación para purificar, crecer y trabajar, de manera personal, como comunitaria para forjar un presbiterio más unido por auténticos vínculos de caridad pastoral.

2.1 Somos ministros de Dios y de la Iglesia en el mundo, sin ser del mundo, como:

  • Hombres con identidad cultural propia: conocedores de las corrientes de pensamiento y de las expresiones artísticas de la historia y del momento. El ministro ordenado debe estar bien arraigado en la cultura de su pueblo, al grado de servirse de ella para comunicarle el Evangelio. Pero ha de evitar caer en al tentación de ser protagonista de los espectáculos públicos. No es su tarea y sí un estorbo para cumplir su misión. Pero debe apoyar a que los laicos lo hagan desde su calidad de bautizados.
  • Hombres conocedores de los movimientos políticos sin ser políticos. Es muy importante que los ministros ordenados conozcan las diversas ideologías de los partidos y de otros grupos de poder en la sociedad para identificarlas adecuadamente a tiempo y poder orientar a los fieles; pero siempre cuidando de no identificarse con un partido político.
  • Hombres bien informados en la economía mundial y local que los capacite para optar siempre por los pobres.
  • Hombres capaces de entender y ayudar a los hermanos en diferentes situaciones personales y sociales con criterio de una ciencia auténtica, lo cual se refleja en la visión moral de la vida, la sexualidad, la social, de usos y costumbres.

2.2 La formación permanente en los tres grados del Orden Sagrado.

Como criterios generales, según los munera de cada grado en la jerarquía, han de tenerse los que el Concilio Vaticano II, el Magisterio pontificio y las Conferencias Episcopales Latinoamericana y Mexicana han señalado acerca de la formación preparatoria y permanente para los diversos grados el Orden: OT, PO, ChD, PDV, PG, de la Congregación para el Clero, Directorio para la vida y ministerio de los presbíteros (1994) y, por citar sólo lo último para nuestro continente, Aparecida. Es necesario tener en cuenta las orientaciones que se dan para la formación de los presbíteros según  las etapas de su vida por las que van pasando: neopresbíteros, jóvenes, maduros, mayores. Igualmente se han de considerar los lugares y momentos privilegiados para la formación permanente.

a) Diaconado Transitorio: criterio señalados por el CIC 279 & 1, 2, 3, que se aplican concretamente en los programas de formación del Seminario.
Diaconado Permanente: La Comisión par el Diaconado Permanente de la Arquidiócesis tiene prácticamente un programa completo de formación preparatoria y formación permanente.

b) Los Presbíteros

  • En este grado de Orden Sagrado los  presbíteros ejercen su ministerio en una gran diversidad de servicios eclesiales dentro de la Arquidiócesis y fuera de ella.
    Pero en todas ellas han de conducirse no como funcionarios sino como pastores, sacerdotes y servidores en la Iglesia.
  • Así, existen los que ejercen sólo y directamente la cura de almas en las parroquias; quienes sirven en la formación de los seminaristas;  quienes ejercen un servicio en la curia; los maestros del seminario o de otras instituciones; los directores, secretarios o coordinadores de comisiones o escuelas de formación …
    Sin olvidar que la mayoría de ellos se encuentran involucrados al menos en dos áreas. Así que todos tienen distintas oportunidades y exigencias de formación permanente.
  • Los párrocos en el Decanato.
  • Los formadores del Seminario.
  • Los grupos de presbíteros que se reúnen por generaciones o contemporáneos.
  • Los que son maestros o con servicios arquidiocesanos tiene oportunidades propias del servicio que desempeñan en la Arquidiócesis
Todos pueden, con mucha naturalidad, tener presentes los criterios enunciados al principio de esta propuesta.

c) Los Obispos:

  • El Arzobispo y el Colegio Episcopal: en la toma de decisiones, con una actitud de servicio y amor a la Iglesia arquidiocesana, buscando la unidad y la armonía interna y con la Iglesia universal, necesitan de una constante formación en la fidelidad, el servicio y la caridad a Dios y a la Iglesia en comunión con el Papa.
  • Los auxiliares, que están más cercanos a los sacerdotes y a las comunidades parroquiales, tienen la oportunidad permanente de crecer con sus colaboradores más cercanos en las vicarias y con los párrocos tomando en cuenta permanentemente los criterios o lineamientos generales.
  • Otros lugares o momentos privilegiados de la formación permanente de los obispos son las visitas pastorales y en el ejercicio que les es propio como es en las confirmaciones y otras actividades con las diversas comunidades que visitan y apoyan con su presencia pastoral.
  • Y desde luego los momentos de formación que tienen en el estudio personal, la oración y los ejercicios espirituales propios

3. Formación Permanente Ordinaria (Lugares de Formación)

3.1 En la Arquidiócesis, en su organización pastoral, existen las reuniones por decanato, lugar que se debe aprovechar para proporcionar una formación adecuada al presbiterio. Es un deseo del presbítero que las reuniones de Decanato tengan un contenido más formativo, que despierten el interés de los participantes y se consiga la asistencia asidua de los presbíteros.

3.2 La Comisión para el presbiterio, como subsidiaria, podría elaborar un temario con sus respectivos guiones y vínculos con las demás comisiones arquidiocesanas, con temas que se consideren importantes para la formación del Clero y se proporcionen de manera ordinaria a lo largo del año, con las directrices del Sr. Cardenal, para que exista una continuidad en las reuniones de Decanato.

3.3 Los temas que elabore la Comisión del Presbiterio, deben de atender las inquietudes del Plan Pastoral diocesano, con las siguientes características:

a) Deben ser prácticos y adecuados a las circunstancias del Presbiterio de la Arquidiócesis.

b) Cada tema debe exponerse y en su caso dialogar y discutir lo guiones o contenidos del tema, deben ser claros y concretos, para que todos los sacerdotes, independientemente de su preparación y etapas formativas, puedan estudiarlos por su cuenta, así como servirse de ellos, para ponerlos en práctica.

c) Que los temas sugeridos abarquen las 4 dimensiones de la formación: Humana, Espiritual, Intelectual y Pastoral, ya que esto hace que sea una formación integral del presbítero, creando en el presbítero un gusto por la formación permanente.

La Formación Permanente sugiere tener presente las siguientes dimensiones:

DIMENSIÓN HUMANA

    • Es necesario insistir mucho en la necesidad de vivir y perfeccionar las virtudes humanas.
    • Deberán buscarse temas que ayuden a formar la Inteligencia, la Voluntad y la Madurez en la Afectividad.
    • Es especialmente necesario tratar aquellos aspectos que pueden ayudar a los sacerdotes a conseguir una madurez en lo afectivo.

DIMENSIÓN ESPIRITUAL

  • Proporcionar Temas que ayuden a profundizar en los aspectos principales de la existencia sacerdotal.
  • Serán de mucha utilidad aquellos temas que ayuden a los presbíteros a tener una sólida Unidad de Vida, que les lleve a hacer compatible todas sus actividades exteriores con una actitud de vida acorde a su vocación sacerdotal.
  • Puede también presentarse temas que traten sobre la Espiritualidad Diocesana, de la que se habla muy poco.

DIMENSIÓN INTELECTUAL

  • Las reuniones de Decanato son buena ocasión para tratar correctamente los principales argumentos de Teología Fundamental, Dogmática y Moral, de Sagrada Escritura, de Liturgia, de Derecho Canónico, de ecumenismo, etc.
  • Se hace especialmente necesario desarrollar temas muy prácticos de Derecho Canónico que darán seguridad en el actuar del sacerdote y evitarán errores prácticos y doctrinales de nefastas consecuencias.

DIMENSIÓN PASTORAL

  • No deberá faltar el estudio de todas las cuestiones relacionadas con la vida y la práctica pastoral de los presbíteros, como por ejemplo, la moral fundamental, la ética en la vida profesional y social, etc. Otros temas a tratar, particularmente útiles, pueden ser los relacionados con la catequesis, la familia, las vocaciones sacerdotales y religiosas, los jóvenes, los ancianos, los enfermos, el ecumenismo, los “alejados”, etc.
  • Pueden destinarse algunas sesiones a estudiar algunos aspectos particulares del Plan de Pastoral Diocesano.

4.  Formación permanente extraordinaria:

4.1 La Comisión del Clero de la CEM puede ayudar a las Diócesis organizando o coordinando Cursos Anuales de Formación en su diferentes Etapas de formación de los sacerdotes.

4.2 La Comisión del Presbiterio debe contar con los datos precisos de otros cursos que se promueven en otras instancias como son las Universidad Pontificia, las Diócesis o las Sociedades Sacerdotales. Pueden promoverse los Cursos de Actualización Teológica, Diplomados y algunos Cursos de Retiro.

4.3 Respecto de los Cursos que organiza directamente la Comisión del Clero de la CEM, se sugiere:

  • Que organice uno o dos Cursos Anuales, no más.
  • Esos Cursos se pueden repetir en varias Zonas Pastorales.
  • Deberán ser de mucha calidad tanto en su organización como en sus contenidos, de manera que pronto tengan gran prestigio entre el Clero.
  • Para efecto de lograr lo anterior, es de desear poder establecer convenios con instituciones que son expertas en capacitación, como el TEC, ISEE, UPM y otras, que pueden proporcionar la metodología y recomendaciones para una organización más eficaz.

4.4 Con relación a los destinatarios de los cursos organizados por la Comisión del Clero, es de desear que se enfoque de manera primordial, no exclusiva a:

  • Los sacerdotes que aun no cumplen cinco años de haber recibido la Ordenación, pues es primordial que en sus primeros años entiendan y valoren en mucho la necesidad  de la Formación Permanente.
  • Puede sugerirse al Obispo de cada Diócesis que establezca como obligatorio para los sacerdotes que tengan menos de cinco años de ordenados, la asistencia a un Curso Anual de Formación, sean los organizados por la Comisión del Clero o algún otro que determine el Obispo.

5. Formación Permanente AD CASUM

La Comisión del Presbiterio y Secretariado del Ministerio Ordenado, pueden también ayudar a las distintas Vicarías proporcionando información y ayuda para la atención de casos especiales, en concreto:

5.1 Puede ofrecer orientación para canalizar casos especiales en Instituciones que funcionan muy bien para la atención de algunas adicciones, etc.

5.2 Podría también ayudar en aquellos casos en los que algún sacerdote necesita un cambio temporal de Vicaría o facilitar algunos lugares para un descanso más prolongado.

5.3 Habrá que estudiar la conveniencia de que la Comisión del Clero de la CEM prepare a algunos sacerdotes de las distintas Diócesis que puedan ser  expertos en ayudar a sus hermanos en situaciones especiales.


Itinerario de Formación Permanente de los Ministros Ordenados


Propuesta para la Formación Permanente
en los Decanatos

Propuesta para la Formación Permanente en los Decanatos


INICIO | CONTENIDO

REUNIÓN DE MARZO

HOME | 2004 | 2005 | 2006 | 2007 | 2008 | 2009 | 2010 | 2011 | 2012