ORACIÓN INICIAL
Primer encuentro DECANOS 2009

Guía: En el nombre del Padre, del Hijo y de Espíritu Santo.

Todos: Amén.

Guía: Hoy estamos reunidos, convocados por Jesús, Palabra eterna del Padre, en un ambiente de fraternidad, para dar gracias a Dios por los dones recibidos y, al mismo tiempo, para pedirle que su Espíritu nos ilumine y seamos dóciles a sus inspiraciones en los trabajos de nuestra Arquidiócesis.

No olvidemos en nuestro quehacer Pastoral que, como dice San Jerónimo, "ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo". Por ello, es responsabilidad de todos nosotros exhortar a nuestro pueblo a conocer al Señor a través de su Palabra. Y ahora, dispongámonos a participar en esta oración.

Canto: (del Salmo 18)

El Señor es mi fuerza,
mi roca y salvación.
El Señor es mi fuerza,
mi roca y salvación.

1. Tú me guías por sendas de justicia,
me enseñas la verdad.
Tú me das el valor para la lucha,
sin miedo avanzaré.

2. Iluminas las sombras de mi vida,
al mundo das la luz.
Aunque pase por valles de tinieblas,
yo nunca temeré.

1. Lectura (Mt 9, 9)

Lector 1:

Al irse de ahí, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, cobrador de impuestos, sentado ante su mesa, y le dijo: -"Sígueme". Y Mateo se levantó y lo siguió.

Palabra del Señor.

Todos: Gloria a ti, Señor Jesús.

Lector 2: La vocación puede llegar en el momento menos pensado. Mateo está sentado ante su mesa, donde recibe el pago de los impuestos. Aparentemente no piensa sino en cumplir bien su oficio y en sacarle jugo. No pudo prever el paso inesperado de Cristo que iba a cambiar su vida.

Con esto, Dios muestra su soberanía en el llamado: no solamente llama a quien quiere, sino llama cuando quiere. A menudo, el llamado se dirige en los años de la juventud, aunque algunos llamados han sido más tarde, incluso en una edad muy avanzada.

Lector 1: Al decir "Sígueme", Jesús transforma la vida de Mateo. Hasta ese momento había sido una vida tranquila, cómoda; la vida de un hombre sentado en su despacho. Mas de pronto es arrojado a una aventura. Felizmente Mateo acepta de inmediato. Consiente en cambiar de vida. El Evangelio señala muy bien el contraste: "Y Mateo se levantó y lo siguió". El que antes permanecía sentado se levanta y acompaña a Jesús en el camino. Desde ahora, Mateo no tendrá la vida cómoda que llevaba. Compartirá los riesgos, peligros e incomodidades de la vida de Cristo. Y esto nos lo dice Jesús a nosotros, que somos sus colaboradores. ¿Cómo lo seguimos?

Así, la vocación transforma una vida. El Maestro no teme alterar los hábitos de comodidad a fin de llamar a una vida más digna. En lugar del oficio de cobrador de impuestos asigna a Mateo la misión de apóstol. A todos los que hace llegar su llamado les dice "sígueme", les pide que se levanten, para realizar un trabajo atrevido y una intensa entrega apostólica, sin esperar recompensa o privilegio alguno. ¿Esperamos nosotros algún privilegio por nuestro servicio?

Guía: ¿Qué le respondemos a Dios?

La Palabra de Dios ha sido proclamada para nosotros que formamos el presbiterio de la Arquidiócesis. Y, después de haber leído el texto y meditado esta Palabra, entremos en el momento íntimo de diálogo con el Señor que nos llama (tal vez podemos cerrar por un momento nuestros ojos y dialogar con el Maestro), como llamó a Mateo, y al responderle a su Palabra podemos todos juntos hacerlo con la siguiente oración:

Todos: Cristo Jesús, te doy gracias porque te has hecho presente en mi historia, porque me has llamado a seguirte y me has dado la oportunidad de participar de esta aventura, la que habías planeado para mí. Tú me enseñas con tu Palabra y entrega a entender el plan y voluntad del Padre. Gracias porque tus ojos se volvieron hacia mí con amor y ternura y puedo sentir el gran amor que me tienes. A ti, Espíritu Santo, amor del Padre y del Hijo, impúlsame a decir sí, pero también derrama tu fortaleza para que esa respuesta sea además actitud de disposición y servicio como discípulo tuyo. Amén.

Esta mañana la dedicaremos especialmente a ver las prioridades de Pastoral Familiar, de Pastoral Juvenil, de Pastoral Vocacional Sacerdotal y también la formación permanente de nuestro presbiterio.

Sobre todo estas dos últimas creo que van a recibir una gran iluminación, cuando el Santo Padre proclame el año sacerdotal, a partir del mes de junio, desde el día del Sagrado Corazón de Jesús, hasta la fiesta del Sagrado Corazón del año 2100.

El Papa le pidió a la Congregación del Clero que hiciera una reflexión durante una semana sobre la identidad primera del presbítero en el ejercicio del triple ministerio. Él mismo, al pedirnos el trabajo nos insistía en que antes de ver que se es un sacerdote, tenemos que ver nuestra realidad ontológica, la transformación que recibimos con la imposición de las manos y antes de considerar el triple ministerio, debemos considerar que ese triple ministerio es un don de Dios, don de Jesús, para la Iglesia.

Un don, por supuesto, que debe ejercerse si es para la Iglesia, con la naturaleza de la Iglesia, en comunión con la naturaleza de la Iglesia que es jerárquica, con la naturaleza de la Iglesia que debe ser impulsora y proclamadora de la Palabra de Dios.

El trabajo de nosotros es muy importante, ya desde ahora ponernos en ese tono, no vamos a hacer algo extraordinario, sino impulsar lo mismo que nos estamos proponiendo como prioridad tanto en la promoción vocacional como en la formación permanente de nosotros presbíteros y obispos para ejercer con este sentido misionero ese triple ministerio.

Una cosa muy importante en el ejercicio del ministerio es que nosotros para entenderlo mejor, para puntualizar ciertas cosas, lo dividimos, pero el ministerio de envío que el Padre hace en nosotros, el envío que Jesús hace de los apóstoles, incluye todos los ministerios, que tiene ese triple aspecto.

Porque a veces llegamos a dividirlo tanto que hasta llegamos a oponer esos ministerios o esos quehaceres, cuando deben tener una íntima unidad, es el ministerio de Jesús: dichos y hechos, palabras y obras.

Que el Señor nos ilumine para que no solamente hagamos una reflexión teológica muy sobresaliente, sino también para que lleguemos a cosas muy prácticas con el fin de que ese triple ministerio en la Arquidiócesis tenga realmente ese sentido misionero.

No puede ser entendido de otra manera, el que participa del triple ministerio sabe que tiene que ser misionero, por eso es muy importante que al celebrar un año sacerdotal, desde la estructura que tenemos en la Arquidiócesis, lo ejecutemos con un proyecto, con un proceso, con un programa muy concreto, que no estemos esperando que para la fiesta del Sagrado Corazón del 2010 seamos convocados para el encuentro mundial de sacerdotes en la Plaza de San Pedro.

También se dará, pero creo que lo más importante es el trabajo que hagamos dentro de nuestra Arquidiócesis, lo que tengamos que hacer nosotros tanto a nivel de promoción vocacional como de formación permanente, para que así tengamos ese sentido misionero.

Con ese ánimo empecemos nuestro trabajo y vamos a ponerlo en las manos del Señor, constando que lo que ustedes han hecho en la visita pastoral, los decanatos no funcionan si no tienen un buen decano, si no están continuamente dándole unidad al quehacer misionero, que lo está cuidando, que continuamente está viendo los distintos sectores tanto la vida consagrada, como a los laicos, como a los mismos sacerdotes.

O sea, tiene un proceso muy claro de cuál es su quehacer como decano, ahí en concreto, junto al obispo para impulsar ese sector del pueblo de Dios, a fin de que cumpla esa tarea de los decanos.

Lector 2: ¿A qué me compromete esta Palabra?

Los retos son muchos, así como muchos son los motivos que llevan al desaliento y a la confusión. Pero la Palabra que hoy hemos meditado, alimento verdadero que Dios nos ofrece, nos fortalece y nos anima y, como a Mateo, nos levanta de la mesa de nuestras comodidades para renovarnos en el compromiso de llevar su Palabra en nuestro corazón y en nuestro ministerio. Respondamos cada uno de nosotros a las siguientes preguntas como signo de compromiso.

  • ¿Recuerdas cuando el Señor te llamó a su servicio?
  • ¿Sientes la fuerza de su Palabra en tu interior, que te invita a la entrega comprometida en tu ministerio, o su voz se ha hecho confusa, quizás difusa, en medio de tanto activismo?
  • ¿Cuál es la mesa en la que te encuentra el Señor en este momento de tu vida: la enfermedad, la soledad, el estrés, la comodidad, la rutina?
  • ¿El trabajo pastoral te anima o te agobia?

Guía: Concluyamos esta Oración con un canto, dando gracias a Dios por su amor y su Palabra en nuestra vida.

    Alma Misionera
    Señor, toma mi vida nueva
    antes de que la espera
    desgaste años en mí;
    estoy dispuesto a lo que quieras
    no importa lo que sea
    tú llámame a servir.

    Llévame donde los hombres
    necesiten tus palabras,
    necesiten mis ganas de vivir,
    donde falte la esperanza,
    donde todo sea triste,
    simplemente por no saber de ti.

    Te doy mi corazón sincero,
    para gritar sin miedo:
    ¡Lo hermoso que es tu amor!
    Señor, tengo alma misionera,
    condúceme a la tierra
    que tenga sed de Ti.

    Y así en marcha iré cantando,
    por pueblos predicando
    tu grandeza, Señor,
    tendré mis brazos sin cansancio,
    tu historia entre mis labios
    tu fuerza en la oración.


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