Encuentro Decanos 2010-1

ORACIÓN INICIAL


MONICIÓN:

Buenos días, hermanos. Bienvenidos a esta reunión de trabajo y de encuentro de Decanos con nuestro obispo, el Sr. Cardenal Norberto Rivera y su consejo episcopal.

En este ambiente sacerdotal recordamos la encomienda hecha al decano: animar, fomentar y coordinar la actividad pastoral de su decanato, en comunión con la Iglesia Arquidiocecana a la que pertenecemos.

Además el Decano debe hacerse responsable de la formación de los agentes laicos, de manera integral, en comunión con los lineamientos arquidiocesanos.

Desde estas responsabilidades asumamos nuestros trabajos, con una visión de pastores; para aportar, apoyar y promover la revisión y actualización del DIPSIC.

En un ambiente de oración y encuentro fraterno iniciemos este alegre caminar.

Nos ponemos de pie y entonamos nuestro canto.

Sois la semilla
(C. Gabaráin)

Sois la semilla que ha de crecer
sois la estrella que ha de brillar.
Sois levadura, sois grano de sal,
antorcha que debe alumbrar.
Sois la mañana que vuelve a nacer,
sois espiga que empieza a granar.
Sois aguijón y caricia a la vez,
testigos que voy a enviar.

id amigos, por el mundo
anunciando el amor.
mensajeros de la vida,
de la paz y el perdón.
Sed, amigos, los testigos
de mi resurrección.
id llevando mi presencia
con vosotros estoy.

Sois una llama que ha de encender,
resplandores de fe y caridad.
Sois los pastores que han de guiar
al mundo por sendas de paz.
Sois los amigos que quise escoger,
sois palabra que intento gritar.
Sois reino nuevo que empieza
a engendrar justicia, amor y verdad.

INVOCACIÓN INICIAL

Sr. Cardenal: Dios mío, ven en mi auxilio.

R: Señor, date prisa en socorrerme.

ORACIÓN

Sr. Cardenal

Dios nuestro, que en tu infinita misericordia y bondad nos has revelado en Jesucristo el inagotable designio de tu amor salvador, haz que por la escucha de sus palabras de vida, los discípulos que tu Hijo ha elegido, sean impulsados a seguirlo con alegría adondequiera que vayan, a fin de que cada día se configuren más con Él. Por Jesucristo, Nuestro Señor.

R. Amén.

(Sentados)

Del libro de los Hechos de los Apóstoles 8, 26-40

En aquellos días, un ángel del Señor le dijo a Felipe: "Levántate y toma el camino del sur, que va de Jerusalén a Gaza y que es poco transitado". Felipe se puso en camino. Y sucedió que un etíope, alto funcionario de Candaces, reina de Etiopía, y administrador de sus tesoros, que había venido a Jerusalén para adorar a Dios, regresaba en su carro, leyendo al profeta Isaías. Entonces el Espíritu le dijo a Felipe: "Acércate y camina junto a ese carro". Corrió Felipe, y oyendo que el hombre leía al profeta Isaías, le preguntó: "¿Entiendes lo que estás leyendo?" El le contestó: "¿Cómo voy a entenderlo, si nadie me lo explica?" Entonces invitó a Felipe a subir y sentarse junto a él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo, era éste: Como oveja fue llevado a la muerte; como cordero que no se queja frente al que lo trasquila, así él no abrió la boca. En su humillación no se le hizo justicia. ¿Quién podrá hablar de su descendencia, puesto que su vida ha sido arrancada de la tierra? El etíope le preguntó a Felipe: "Dime, por favor: ¿De quién dice esto el profeta, de sí mismo o de otro?" Felipe comenzó a hablarle y partiendo de aquel pasaje, le anunció el Evangelio de Jesús. Siguieron adelante, llegaron a un sitio donde había agua y dijo el etíope: "Aquí hay agua. ¿Hay alguna dificultad para que me bautices?" Felipe le contestó: "Ninguna, si crees de todo corazón". Respondió el etíope: "Creo que Jesús es el Hijo de Dios". Mandó parar el carro, bajaron los dos al agua y Felipe lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El etíope ya no lo vio más y prosiguió su viaje, lleno de alegría. En cuanto a Felipe, se encontró en la ciudad de Azoto y evangelizaba los poblados que encontraba a su paso, hasta que llegó a Cesarea. Palabra de Dios.

SALUDO

Para todos nosotros es claro que la enseñanza, la evangelización, la misión que debemos llevar adelante es a partir de la Escritura.

El último Sínodo clarifica el lugar de la Escritura en la Iglesia y pronto, si Dios quiere, recibiremos el mensaje conclusivo de ese Sínodo. El Santo Padre está por terminar ese mensaje que se elabora a partir de las propociones que hicieron los padres sinodales.

Para nosotros, inclusive desde el Vaticano II, es claro, no podemos estar anunciando una doctrina, una moral; en primer lugar tenemos que anunciar la Buena Nueva, el mensaje de Jesús y de ahí nacerá la adhesión a la doctrina, la adhesión a una moral etcétera.

Aquel hombre, el etíope, iba leyendo las Sagradas Escrituras, pero no basta tener la Escritura en la Iglesia, es necesaria la explicación siempre en la Iglesia y vemos la abundancia de explicación, de esa doctrina en los santos padres, referida precisamente a la Escritura.

Esa gran y extraordinaria riqueza que tenemos en los santos padres, precisamente explicando las Escrituras. Creo que para poder hacerlo, tenemos que insistir en lo que se ha convertido en columna vertebral de nuestro impulso misionero.

Del Salmo 50

R. Crea en mí, Señor, un corazón puro.

Señor, apiádate de mí,
por tu misericordia inmensa,
y por tu compasión sin límites
olvida mis ofensas;
lávame más y más de mis delitos
y borra de mi culpa toda huella. R.

La rectitud de corazón te agrada
y me vas enseñando internamente.
Lávame tú, Señor, y purifícame,
y quedaré más blanco que la nieve. R.

Dame, Señor, un corazón sincero
y un espíritu firme.
No me arrojes, Señor, lejos de ti
ni tu santo espíritu me retires. R.

De tu perdón el júbilo devuélveme
y un generoso espíritu disponme;
abre, Señor, mis labios
y tu alabanza cantará mi boca. R.

ORACIÓN DE LOS FIELES (De pie)

Sr. Cardenal

Por medio de Jesucristo, palabra eterna por quién fue creado y redimido el cosmos, elevamos nuestras peticiones al Padre, que dirige todas las cosas según su voluntad. Digamos juntos. Escúchanos, Padre.

R: Escúchanos, Padre.

  1. Para que los niños que han sido marcados con la señal de la cruz de Jesucristo sean fieles toda la vida a Jesús y no se avergüencen nunca de confesar su condición de cristianos, roguemos al Señor. R.
  2. Para que nuestros hermanos, que, renacidos por el agua y el Espíritu Santo, han sido sellados con el don del Espíritu, conserven siempre la santidad que han recibido, sean fortalecidos en la fe en la que han sido confirmados y den testimonio perseverante de esta misma fe ante los hombres, roguemos al Señor. R.
  3. Para que los niños y niñas que hacen su primera comunión, por su asidua participación en la Eucaristía, crezcan constantemente en la vida cristiana, roguemos al Señor. R.
  4. Para que los miembros de nuestra comunidad acojamos con celo a los niños que se preparan para su primera comunión y, con nuestra palabra y ejemplo, los iniciemos en la práctica de la vida cristiana, roguemos al Señor. R.
  5. Para que todos los responsables de la educación cristiana de los niños que se preparan para la primera comunión no desfallezcan ante las dificultadesque encuentran en su tarea, roguemos al Señor. R.
  6. Para que Dios acreciente la fe de sus padres y formadores y les conceda una fidelidad plena al Evangelio que sea ayuda para la perseverancia de los niños en la fe y en la vida cristiana,
    roguemos al Señor. R.

Sr. Cardenal

Fieles al mandato de Jesucristo, palabra siempre viva, que nos enseñó a orar, digamos confiadamente: Padre nuestro.

Conclusión

Sr. Cardenal: Bendigamos al Señor.

R. Demos Gracias a Dios.

CANTO DE SALIDA

Por ti mi Dios Cantando voy
(J.A. Espinosa)

Por ti mi Dios Cantando voy
la alegría de ser
tu testigo señor.

Es fuego tu palabra
que mi boca quemó,
mis labios ya son llamas
y cenizas mi voz.
Da miedo proclamarte,
pero Tú me dices:
"¡No temas! Contigo estoy".

Tu palabra es una carga
que mi espalda dobló,
es braza tu mensaje
que mi lengua quemó:
"Déjate quemar, si quieres alumbrar;
¡No temas! Contigo estoy".

Me mandas que cante con toda mi voz;
no sé cómo cantar tu mensaje de amor.
Los hombres me preguntan cuál es mi
misión. Les digo: " ¡Testigo soy!"

ORACIÓN FINAL  
Secuencia

Ven, Dios Espíritu Santo,
y envíanos desde el cielo
tu luz, para iluminarnos.
Ven ya, padre de los pobres,
luz que penetra en las almas,
dador de todos los dones.

Fuente de todo consuelo,
amable huésped del alma,
paz en las horas de duelo.

Eres pausa en el trabajo;
brisa, en un clima de fuego;
consuelo, en medio del llanto.

Ven, luz santificadora,
y entra hasta el fondo del alma
de todos los que te adoran.
Sin tu inspiración divina
los hombres nada podemos
y el pecado nos domina.

Lava nuestras inmundicias,
fecunda nuestros desiertos
y cura nuestras heridas.

Doblega nuestra soberbia,
calienta nuestra frialdad,
endereza nuestras sendas.

Concede a aquellos que ponen
en ti su fe y su confianza
tus siete sagrados dones.

Danos virtudes y méritos,
danos una buena muerte
y contigo el gozo eterno.


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