3. LOS AGENTES DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

El II Sínodo recordó que el bautismo fundamenta la corresponsabilidad de todos los miembros de la Iglesia (cf. ECUCIM 1915); describió el perfil que deberían tener los agentes para proponer el Evangelio a las culturas de la Ciudad.

Reafirmó que la vocación fundamental nos llama a todos a ser evangelizadores.

“Toda la Iglesia es evangelizadora; por eso la evangelización no es un hecho individual o aislado, sino profundamente eclesial; y no puede ser realizado a título personal, sino en virtud del mandato del Señor” (ECUCIM 1999).

Esta tarea, que constituye la "dicha y vocación propia de la Iglesia" (EN 14), supone (cf. ECUCIM 1995):

  • El esfuerzo de acercamiento profundo a las culturas de nuestro tiempo buscando impregnarlas del espíritu del Evangelio (inculturación).
  • Una renovada conversión de los agentes evangelizadores, esto hace que la Iglesia sea siempre evangelizada y evangelizadora (cf. EN 13).

El Reino de Dios es el objetivo fundamental de la misión de la Iglesia (cf. ECUCIM 2016):

“Actuar en comunión y corresponsabilidad para que la evangelización se realice como respuesta adecuada y generosa a los clamores de los destinatarios prioritarios de la opción sinodal” (ECUCIM 2027).

Los pastores —obispos, presbíteros y diáconos—, acompañan el crecimiento y maduración apostólica de las otras vocaciones cristianas (cf. ECUCIM 2028).

La vida consagrada contribuye desde sus diversos carismas apostólicos o contemplativos (cf. ECUCIM 2029-2030).

Los laicos, "hombres del mundo en el corazón de la Iglesia y hombres de Iglesia en el corazón del mundo", son los Agentes primordiales de la evangelización (cf. ECUCIM 2032).

El Sínodo señala que, para superar el problema del divorcio entre la fe y la vida, es urgente que todos los agentes de la Nueva Evangelización:

  • Vuelvan a Cristo como principio real y existencial de vida para dar testimonio de Él.
  • Se reencuentren con la Iglesia como experiencia de comunión y comunidad de personas en Cristo.
  • Den respuesta a las necesidades pastorales, de las familias, los alejados, los pobres y los jóvenes (cf. ECUCIM 2035).

El Sínodo señaló algunas limitaciones que obstaculizan que los agentes se multipliquen y sean verdaderos testigos del Evangelio y de la comunión eclesial (cf. ECUCIM 2036-2037 y 2045 – 2049).

Desafíos

El Sínodo marca desafíos concretos para cada vocación en la Iglesia:

Para el Arzobispo:

  • Proyectar su vida y ministerio en colaboración orgánica, corresponsable y subsidiaria con los otros miembros de la Iglesia.
  • Recibir apoyo humano, espiritual y pastoral del presbiterio.
  • Atender, de modo prioritario, la formación permanente y la problemática humana, espiritual y ministerial de los sacerdotes (ECUCIM 2103).

Para los presbíteros:

  • Estilo de vida que los haga signos creíbles de Cristo.
  • Espiritualidad profunda, conversión y formación permanente con dimensión misionera.
  • Inserción en la comunidad que enriquezca su vida apostólica y les permita vivir los consejos evangélicos.
  • Amor a la Iglesia diocesana, expresada en la comunión con el Obispo y demás presbíteros.
  • Encarnación en la realidad y corresponsabilidad dentro de una auténtica pastoral de conjunto.
  • Formación permanente y participación en los programas establecidos que los ayuden a superar la rutina, mediocridad, improvisación…
  • Trato amable, respetuoso, fraterno y humano con sus fieles, como quien "no ha venido a ser servido, sino a servir" (cf. ECUCIM 2174; 2246).

La vida consagrada necesita:

  • Ser apoyada y valorada por la comunidad eclesial, y ella apoyar a la comunidad.
  • Responder al reto de la Nueva Evangelización en la Ciudad, siendo fiel a su identidad.
  • Coordinar su acción evangelizadora en la pastoral de conjunto y actualizar su inserción apostólica en la Arquidiócesis (cf. ECUCIM 2288).

Los laicos requieren:

  • Ser convocados y promovidos por la comunidad eclesial para transformarse en verdaderos apóstoles en la sociedad.
  • Ser promovidos para convertirse en agentes: de tiempo completo o medio tiempo; que acompañen los procesos pastorales en las comunidades (cf. ECUCIM 2469; 2565).

El proceso post-sinodal

Los últimos años de la reflexión post-sinodal han logrado enfocar la importancia de los agentes al señalar la necesidad de organizar itinerarios de formación que favorezcan la maduración de todos los bautizados como discípulos misioneros de Jesús.

Los obispos en Aparecida (cf. DA 278) iluminaron esa prioridad (formación de agentes), cuando describen los aspectos fundamentales del camino de formación, lo cual nos ha ayudado a colocar la formación como la columna vertebral de nuestro proceso pastoral.

En la formación destacamos cinco aspectos fundamentales, que tienen un acento diferente en cada etapa, pero se complementan entre ellos:

a) El Encuentro con Jesucristo.
b) La Conversión.
c) El Discipulado.
d) La Comunión.
e) La Misión.

Hablar de itinerario de formación, es considerar un camino largo, que requiere itinerarios diversificados, respetuosos de los procesos personales y de los ritmos comunitarios, continuos y graduales...

Se requieren equipos de formación convenientemente preparados que aseguren la eficiencia del proceso y que acompañen a las personas con pedagogías dinámicas, activas y abiertas. La presencia y contribución de laicos y laicas en los equipos de formación aporta una riqueza original (cf. DA 281).

Con un esfuerzo de coordinación, la Arquidiócesis ha delineado un Marco General para la Formación de Agentes, determinando las etapas fundamentales del proyecto de formación: inicial, básica, específica y permanente; el programa para la capacitación de agentes y la metodología para la elaboración de los subsidios para el itinerario formativo (Manuales).

Pbro. Miguel Saloma Robles


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