Bienvenidos a esta reunión de decanos y vicedecanos. Es la segunda de este año; cada año tenemos dos, ustedes lo tienen muy presente, porque son quienes participan, porque son quienes en cierta forma ocupan el lugar central, porque de su trabajo sale esta fuerza de nuestra pastoral diocesana, a partir de esta instancia tan importante que configuran desde luego, las vicarías territoriales y que está al servicio de las parroquias, para que así sean animadas en esta pastoral diocesana que hoy nos ocupa.

El Sr. Cardenal no ha podido estar con nosotros, pero están los señores obispos, que como obispos auxiliares, como vicarios episcopales lo representan de forma muy especial. Agradecemos su presencia, no han llegado todos, pero los que están aquí empiezan, de esa forma, a animarnos, su servicio pastoral y no solamente aquí, formando parte central, importante del Consejo Episcopal, sino en cada una de sus vicarías, por eso esperamos que con ese sentido de Iglesia, con este sentido de comunidad arquidiocesana trabajemos trabajemos el día de hoy y el día de mañana.

La ubicación de esta reunión, además de aparecer en la pantalla, la tienen en una hoja, porque así creo que puede ser más ágil, con mayor razón si tenemos ya casi 5 minutos de retraso, no sé si los recuperemos, si no, para que no nos atrasemos más. También quise que se diera por escrito para que tengamos todos mayor claridad en esta reunión y en este objetivo que tiene prevista una característica especial.

Primero, nos ubicamos en el contexto de desta reunión, en el contexto ciertamente mucho más amplio que en otras ocasiones, en primer lugar, porque queremos retomar lo que hemos venido viviendo a partir del II Sínodo Diocesano. Ya estamos en años celebrativos de estos acontecimientos muy importantes para nuestra Iglesia diocesana, especialmente desde el punto de vista de su vida pastoral.

Recuerdan muchos de ustedes y otros lo han vivido, en 1992 se tuvieron las asambleas, propiamente del Sínodo, durante 4 meses, una semana cada mes y esas actividades se concluyeron en noviembre de ese año, con una celebración realmente muy significativa.

En 1993, en la fiesta de Cristo Rey se promulgó el Decreto General. En estos dos acontecimientos, la celebración misma del sínodo y el Decreto General es donde situamos esta celebración.

Así, el Sr. Cardenal desde el año 2007 y los otros años, inclusive también en las Orientaciones Pastorales de este año, nos ha venido invitando a una amplia consulta y evaluación para iluminar nuestro caminar. Esto lo decía en este año, en la Orientaciones Pastorales y en el 2007 nos pedía una amplia consulta dentro y fuera del ambiente eclesial a fin de proyectar las prioridades de una nueva etapa”.

Estas son las orientaciones que nos da y claro, encomienda especialmente a la Vicaría de Pastoral o quienes trabajamos en ella, que somos un grupo bastante significativo, de forma permanente 15 personas, casi todos sacerdotes que nos reunimos frecuentemente; para instrumentar esto, hemos visto que lo conveniente sea el año 2012, pero empezando desde ahora, como lo voy a explicar más adelante, nos centremos en el aspecto de la evaluación, para que así, en el 2013 más bien sea como un relanzamiento, esto que el Cardenal nos dice, un como replantear, revisar cómo podemos programar la siguiente etapa.

Por eso, el objetivo de esta reunión lo podríamos presentar de esta forma, hoy queremos reflexionar globalmente sobre los contenidos del II Sínodo y del proceso postsinodal, con dos acentos, dos modalidades: una, profundizando en aquello que nos lleva a vivir en nuestra Arquidiócesis una pastoral misionera, o sea, el acento es el proyecto misionero, el nuevo y vigoroso proyecto participador que tuvo este significado y esta fue la opción.

Y constatando los más importantes avances y los principales retos que nos quedan pendientes de la nueva evangelización.

Profundizar y, un poco, verificar. Pero esto que nosotros vamos a tratar de vivir aquí, a tratar de compartir aquí, tiene una finalidad y un servicio que es muy necesario y muy conveniente que nos corresponde, precisamente eso es lo que tratábamos como conclusión, como fruto del diálogo cuando platicábamos cómo ir preparando la próxima asamblea, aquí en esta comisión permanente de la pastoral en la Arquidiócesis.

Veíamos: es conveniente recordar que el Sínodo es conveniente tratarlo y se vio que es no sólo conveniente, sino muy necesario en cuanto que se conoce todavía poco, en algunos casos, en cuanto que algunos por distintas circunstancias, de que se van incorporando sea porque vienen de otras comunidades, no tienen esta experiencia, esta vivencia, este conocimiento del II Sínodo.

Entonces, hay que recordarlo, hay que revivirlo, hay que conocerlo, al menos en lo fundamental, en lo esencial, esto lo vamos a resaltar aquí, lo vamos a profundizar para que después lo promovamos. Pero como ya estamos también en un momento inicial de reflexión, también comenzamos con este aspecto, con este sentido de ir viendo qué es lo que se ha ido haciendo, qué es lo que nos falta como retos principales.

Este sería el objetivo, muy sencillo, espero que sea suficientemente claro y que así lo podamos tener con el servicio que nos van a presentar las exposiciones a través de este día y medio.

De hecho es lo que les hemos pedido, de hecho es lo que han preparado, de hecho es lo que van a compartir, es por eso que pasamos a unas explicaciones, sólo explicando esto, complementando eso que tienen ahí.

El contenido fundamental en realidad ya lo tienen ustedes desde hace algunas semanas, con el fin de que lo fueran compartiendo, ciertamente aquí lo tienen entre su material, este folleto que se llama subsidio de reflexión y evaluación preparatorio para XVII Asamblea Diocesana.

El contenido fundamental ya lo tienen ustedes este folleto que se llama Subsidio de reflexión y evaluación previo, es decir, preparatorio a la XVII Asamblea Diocesana. Ahí lo tenemos, eso es lo que van a hacer aquí los expositores, profundizar, subrayar, aclarar quizás algunos puntos.

Insistiendo, punto dos de estas explicaciones, el contenido de este subsidio no sólo es una consulta, es también un medio para conocer los grandes ejes del Sínodo y del postsínodo, por ello es muy provechoso utilizarlo en las comunidades y luego les recuerdo, ciertamente es el instrumento acordado para las asambleas de Vicaría. Así lo acordamos con los delegados de pastoral, espero que este acuerdo, este compromiso lo podamos hacer, que esto se trabaje en la asamblea.

Con este doble sentido, que creo es muy justificado: repasar, recordar, insistir en los contenidos e ir evaluando, ir revisando cómo está nuestro trabajo.

De todas maneras, y quizás sin el de todas maneras, como que se espera que cada vicaría pueda ponerle, ya al trabajarlo internamente, las especificaciones y los énfasis que correspondan a su propia experiencia. Ciertamente se trata que tengamos una visión de Arquidiócesis, así, plural, diversificada.

Lo que sí importa mucho es que se conserven los cinco ejes de reflexión aquí utilizados y eso será la expresión de su compartir sobre esa temática, tener una visión general de la * La opción misionera, como se presenta en el folleto; * qué se ha hecho con los destinatarios-interlocutores; * qué con los medios de evangelización; * qué con los agentes de pastoral; * y qué con las estructuras de la nueva evangelización.

Ciertamente cada vicaría podrá decir lo que ha vivido, lo que está haciendo, lo que tiene, lo que ha logrado, las dificultades que tiene sobre estos temas y así estructurar.

Por eso es que lo aportado por las Vicarías territoriales y demás instancias pastorales, porque no solamente las vicarías territoriales tienen que dar estas aportaciones, sino las comisiones, por ejemplo, los movimientos, ojalá, esto formará parte importante del material para la Asamblea Diocesana, que está en esta dinámica de evaluación.

Quiero insistir en el punto cinco, esta reunión y su continuidad hasta la próxima Asamblea representa un primer paso en la evaluación pensada para este bienio mencionado. Tiene un enfoque todavía bastante intraeclesial, aunque depende de los resultados que vamos a reportar. A lo mejor hay quienes han avanzado mucho en su incursión en los ambientes de la sociedad, pero ahorita nosotros como que estamos haciendo hincapié, nosotros como agentes de pastoral, un tanto internamente a nuestras estructuras eclesiales.

Porque viene otra etapa en que habrá una “evaluación y escucha”, siguiendo en la expresión de los documentos del Cardenal, evaluar y escuchar, abrir muy bien los ojos a nuestra sociedad, a nuestro mundo; detectar qué tanto nuestra labor evangelizadora está llegando, está realmente penetrando estos ambientes de la sociedad en la que vivimos, abrir los ojos, abrir los oídos.

Creo que esto es algo en lo que tenemos que insistir, valorar; por una parte si el documento preparatorio al sínodo de los obispos del próximo año habla con cierta insistencia, con bastante claridad, con bastante riqueza sobre esta actitud, sobre esta necesidad que tenemos, más o menos dice que para poder evangelizar, primero necesitamos escuchar, necesitamos ver primero, porque necesitamos conocer cuáles son las necesidades, cuáles son las carencias de los hermanos con quienes tenemos que hacer este trabajo de evangelización.

Por otra parte, diría que esto es precisamente una traducción de esta gran luz que nos da el sínodo en sus fundamentos: pastoral de encarnación, pastoral de diálogo. Esto es lo que tenemos que poner en práctica, para poder encarnarnos en este necesitamos conocer, tenemos que no solamente qué hablar nosotros, sino escuchar lo que se nos dice.

De esto se va a tratar y ahí les anuncio que se está diseñando un instrumento y un conjunto de estrategias, para que eso no sólo sea una actividad, sino el aprendizaje y el cultivo de una actitud, es decir, tampoco se trata de que sólo le vamos a hacer al sociólogo, que vamos a investigar, no, escuchar y tener una actitud reflexiva de lo que vive nuestro mundo, concretamente nuestra Ciudad.

esperamos que se refuerce mucho a partir de la Asamblea Diocesana. Bien, para conducir, para coordinar los trabajos de esta reunión, le hemos pedido al padre Pedro Lascuráin.

Mons. Alberto Márquez Aquino
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