De pie

Canto: Pidamos con Jesús

Pidamos con Jesús a una sola voz:
¡Que seamos uno para que el mundo pueda creer!
¡Que seamos uno para que el mundo pueda creer!

1. “Los mensajeros de Dios serán,
si a todo el mundo van a enseñar,
que la armonía renacerá
si a su enemigo saben amar”.

2. “Viviendo aquí en la tierra fue
donde a todos quise juntar,
dándoles paz, amor y fe,
y al mundo entero renovar”.

3. “Recuerden hijos de Dios,
lo que una vez en oración,
pensando en todos con amor,
pedí por siempre vuestra unión”.

Invocación inicial

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre. Como era. Amén

Monición

Lector 1:

El II Sínodo fue un don especial del Espíritu a la Iglesia particular de México, en él se buscó responder a los grandes desafíos de la ciudad de México a la Nueva Evangelización. Este Sínodo puso el acento en la evangelización de las culturas, anhelo que había resonado en Vaticano II y en la Evangelii nuntiandi, así como en las Conferencias de Puebla y Santo Domingo.

El Sínodo, inspirado por Evangelii nuntiandi, organizó sus reflexiones en base a 4 ejes temáticos: destinatarios, agentes, medios y estructuras. Así, generó prioridades, líneas de acción y desafíos encaminados a una renovación pastoral. La motivación para nuestra Iglesia local fue el caminar juntos. Este caminar lo nombramos proceso diocesano.

Ahora, con la luz del Espíritu Santo, debemos reflexionar y evaluar nuestro caminar eclesial a 20 años del II Sínodo. Oremos juntos para que el Espíritu Santo nos fortalezca con la apertura y actitud fraterna necesarias para realizar esta etapa que hoy se nos encomienda.

HIMNO

Sentados. Se recita a dos coros.

Coro 1:
Señor, tú me llamaste
para ser instrumento de tu gracia,
para anunciar la Buena Nueva,
para sanar las almas.

Coro 2:
Instrumento de paz y de justicia,
pregonero de todas tus palabras,
agua para calmar la sed hiriente,
mano que bendice y que ama.

Coro 1:
Señor, tú me llamaste
para curar los corazones heridos,
para gritar, en medio de las plazas,
que el Amor está vivo,
para sacar del sueño a los que duermen
y liberar al cautivo.
Soy cera blanda entre tus dedos,
haz lo que quieras conmigo.

Coro 2:
Señor, tú me llamaste
para salvar al mundo ya cansado,
para amar a los hombres
que tú, Padre, me diste como hermanos.
Señor, me quieres para abolir las guerras
y aliviar la miseria y el pecado;
hacer temblar las piedras
y ahuyentar a los lobos del rebaño. Amén.

Iluminación 1

Después del himno, se hace la lectura pausada de los 2 textos siguientes, dejando entre uno y otro tiempo suficiente para la reflexión.

Lector 2:

— “Señor, cinco talentos me entregaste, aquí tienes otros 5 que he ganado”.

— “Bien, siervo bueno y fiel; como fuiste bueno en lo poco, te pondré al frente de mucho: comparte la felicidad de tu Señor” (Mt 25, 20b-21).

“…otras semillas cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos cien, otros sesenta y otros treinta veces. El que tenga oídos, que oiga” (Mt 13, 8-9).

Preguntas para la reflexión individual — Se hace de manera pausada.

Lector 1: A la luz de estos textos:

  1. ¿Tu decanato ha puesto a trabajar en el proceso misionero diocesano todos los talentos que le ha entregado su Señor?, ¿todavía existen talentos por desenterrar en él?
  2. ¿Cuál es la impresión entre los discípulos de tu decanato? ¿Se ha sido bueno y fiel en lo poco? ¿Hay disposición de los discípulos para estar al frente de mucho? ¿Se comparte la felicidad del Señor?
  3. ¿Cuáles son los frutos logrados con los alejados de tu decanato?, ¿con los pobres?, ¿con las familias?, ¿con los jóvenes?
  4. Según tu opinión, ¿en qué porcentaje se ha dado fruto?

Himno: Se recita el himno de la manera indicada.

Todos:
¡Qué hermosos son los pies
del que anuncia la paz a sus hermanos!
¡Y qué hermosas las manos
maduras en el surco y en la mies!

Lector 3:
Grita lleno de gozo,
pregonero, que traes noticias buenas:
se rompen las cadenas,
y el sol de Cristo brilla esplendoroso.

Todos:
¡Qué hermosos son los pies
del que anuncia la paz a sus hermanos!
¡Y qué hermosas las manos
maduras en el surco y en la mies!

Lector 3:
Grita sin miedo, grita,
y denuncia a mi pueblo sus pecados;
vivimos engañados,
pues la belleza humana se marchita.

Todos:
¡Qué hermosos son los pies
del que anuncia la paz a sus hermanos!
¡Y qué hermosas las manos
maduras en el surco y en la mies!

Lector 3:
Toda yerba es fugaz,
la flor del campo pierde sus colores;
levanta sin temores,
pregonero, tu voz dulce y tenaz.

Todos:
¡Qué hermosos son los pies
del que anuncia la paz a sus hermanos!
¡Y qué hermosas las manos
maduras en el surco y en la mies!

Lector 3:
Si dejas los pedazos
de tu alma enamorada en el sendero,
¡qué dulces, mensajero,
qué hermosos, qué divinos son tus pasos! Amén.

Iluminación 2. Se lee pausadamente el siguiente texto:

Lector 2:

Cuando volvieron a donde estaban los otros discípulos, los encontraron en medio de una gran multitud, discutiendo con algunos escribas. En cuanto la multitud distinguió a Jesús, quedó asombrada y corrieron a saludarlo. El les preguntó: "¿Sobre qué estaban discutiendo?". Uno de ellos le dijo: "Maestro, te he traído a mi hijo, que está poseído de un espíritu mudo. Cuando se apodera de él, lo tira al suelo y le hace echar espuma por la boca; entonces le crujen sus dientes y se queda rígido. Le pedí a tus discípulos que lo expulsaran pero no pudieron". "Generación incrédula, respondió Jesús, ¿hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo". Y ellos se lo trajeron.

En cuanto vio a Jesús, el espíritu sacudió violentamente al niño, que cayó al suelo y se revolcaba, echando espuma por la boca. Jesús le preguntó al padre: "¿Cuánto tiempo hace que está así?". "Desde la infancia, le respondió, y a menudo lo hace caer en el fuego o en el agua para matarlo. Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos". "¡Si puedes...!", respondió Jesús. "Todo es posible para el que cree".

Inmediatamente el padre del niño exclamó: "Creo, pero ayúdame porque tengo poca fe". Al ver que llegaba más gente, Jesús increpó al espíritu impuro, diciéndole: "Espíritu mudo y sordo, yo te lo ordeno, sal de él y no vuelvas más". El demonio gritó, sacudió violentamente al niño y salió de él, dejándolo como muerto, tanto que muchos decían: "Está muerto". Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó, y el niño se puso de pie. Cuando entró en la casa y quedaron solos, los discípulos le preguntaron: "¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?" El les respondió: "Esta clase de demonios se expulsa sólo con la oración" (Mc 9, 14-29).

Lector 1. Preguntas para la reflexión individual Se hace de manera pausada

A. El proyecto misionero diocesano exige una conversión pastoral cuyo fruto es la unidad eclesial.

  1. En tu decanato ¿Se ha superado el clima de discusión entre los discípulos en torno a la misión? ¿todavía se discute por qué no se puede llevar a cabo?
  2. Tu comunidad decanal, ¿es capaz de articular un mensaje acompañado de acciones de la salvación? ¿todavía se encuentra muda e inmóvil porque los discípulos no se ponen de acuerdo?

B. El camino del discipulado exige que los discípulos, con su vida, den testimonio de una gran fe en el Señor Jesús.

  1. ¿Cómo es la fe de los discípulos de tu decanato? ¿Son capaces de creer que Jesús puede cambiarlo todo? ¿tienen conciencia de que necesitan ayuda para acrecentar su fe?

C. Encarnar el evangelio implica estar dispuestos al diálogo, y en diálogo, saber reconocer nuestras limitaciones ante la gran tarea de la evangelización.

1. ¿En tu decanato están preparados para descubrir por qué se ha fallado? ¿todavía causa dolor revisar los fracasos? ¿se desea escuchar la corrección de Jesús?

Presidente de la Asamblea

Lectura Breve del Evangelio (Lc 5, 3 y ss)

De pie

Subió a una de las barcas, que era la de Simón, y le pidió que la separara un poco de tierra. Se sentó y enseñaba a la gente desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: —Rema hacia adentro del lago y echen las redes para pescar. Simón respondió: — Maestro, estuvimos toda la noche intentando pescar, sin conseguir nada, pero sólo porque tú lo dices, echaré las redes. Lo hicieron y capturaron una gran cantidad de peces. Como las redes se rompían, hicieron señas a sus compañeros de la otra barca para que vinieran a ayudarlos. Vinieron y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se postró a los pies de Jesús diciendo: — Apártate de mí, Señor, que soy un pecador. Entonces Jesús dijo a Simón: —No temas, desde ahora serás pescador de hombres. Y después de arrimar las barcas a tierra, dejaron todo y lo siguieron.

Canto responsorial: Id y enseñad

Sentados. Después de un silencio suficiente, se inicia el canto.

1. Sois la semilla que ha de crecer,
sois estrella que ha de brillar.
Sois levadura, sois grano de sal,
antorcha que debe alumbrar.
Sois la mañana que vuelve a nacer,
sois espiga que empieza a granar.
Sois aguijón y caricia a la vez,
testigos que voy a enviar.

Id, amigos, por el mundo, anunciando el amor;
mensajeros de la vida, de la paz y el perdón.
Sed, amigos, los testigos de mi resurrección;
id llevando mi presencia, con vosotros estoy.

2. Sois una llama que ha de encender,
resplandores de fe y caridad.
Sois los pastores que han de guiar
al mundo por sendas de paz.
Sois los amigos que quise escoger,
sois palabra que intento gritar.
Sois reino nuevo que empieza a engendrar
justicia, amor y verdad.

3. Sois fuego y savia que vine a traer,
sois ola que agita la mar.
La levadura pequeña de ayer
fermenta la masa del pan.
Una ciudad no se puede esconder,
ni los montes se han de ocultar.
En vuestras obras que buscan el bien,
los hombres al Padre verán.

Oración del Señor

V. Fieles a la recomendación del Señor, y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir: Padre nuestro…

Oración conclusiva

Todos recitan la Plegaria de la misión continental.

Quédate con nosotros, Señor, acompáñanos,
aunque no siempre hayamos sabido reconocerte.

Tú eres la Luz en nuestros corazones,
y nos das tu ardor con la certeza de la Pascua.
Tú nos confortas en la fracción del pan,
para anunciar a nuestros hermanos
que en verdad Tú has resucitado
y nos has dado la misión de ser testigos de tu victoria.

Quédate con nosotros, Señor,
Tú eres la Verdad misma,
eres el revelador del Padre,
ilumina Tú nuestras mentes con tu Palabra;
ayúdanos a sentir la belleza de creer en ti.

Tú que eres la Vida,
quédate en nuestros hogares para que caminen unidos,
y en ellos nazca la vida humana generosamente;
quédate, Jesús, con nuestros niños
y convoca a nuestros jóvenes
para construir contigo el mundo nuevo.

Quédate, Señor,
con aquellos a quienes en nuestras sociedades
se les niega justicia y libertad;
quédate con los pobres y humildes,
con los ancianos y enfermos.

Fortalece nuestra fe de discípulos siempre atentos
a tu voz de Buen Pastor.
Envíanos como tus alegres misioneros,
para que nuestros pueblos,
en ti adoren al Padre, por el Espíritu Santo.

A María, tu Madre y nuestra Madre,
Señora de Guadalupe,
Mujer vestida de Sol,
confiamos el Pueblo de Dios peregrino
en este inicio del tercer milenio cristiano. Amén.

Benedicto XVI

Conclusión

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.


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REUNIÓN DE MARZO

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