EUCARISTÍA

II ~ 2012


Monición Inicial

Señores Decanos y Vicedecanos: estamos llegando al final del proceso de evaluación del caminar de nuestras comunidades arquidiocesanas, conforme a la voluntad expresa del Sr. Cardenal para este año. Estamos valorando un caminar de al menos 20 años, y lo hacemos contemplando ya una renovación eclesial de todas nuestras estructuras pastorales, que nos permita acercar a las generaciones jóvenes de nuestra Ciudad a la nueva evangelización.

Necesitamos imaginar y concebir estructuras y acciones pastorales novedosas, que nos ayuden a colmar el corazón de nuestros jóvenes con una fe robusta en Cristo Jesús. Este próximo 11 de octubre inicia el año de la fe, que providencialmente se nos ha puesto en nuestro camino a lo largo de este año, para profundizar en una nueva manera de ser Iglesia.

En esta celebración eucarística, queremos encomendar esta renovación y la misión juvenil de 2013 a San Felipe de Jesús, para que con su ejemplo y su intercesión nos guíe por los nuevos caminos del proceso misionero arquidiocesano. Nos ponemos de pie.

Antífona de entrada Flp 2, 10-11

Que al nombre de Jesús, todo ser viviente,
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
caiga de rodillas y toda lengua confiese
que Jesucristo es el Señor,
para gloria de Dios Padre.

Canto de entrada

Invocación inicial

V. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
R. Amén.

Saludo

V. La paz esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.

SALMODIA

Sentados

Ant. 1. No podéis servir a Dios y al dinero (Salmo 48)

I

Oíd esto, todas las naciones,
escuchadlo, habitantes del orbe:
plebeyos y nobles, ricos y pobres;

mi boca hablará sabiamente,
y serán muy sensatas mis reflexiones;
prestaré oído al proverbio
y propondré mi problema al son de la cítara.

¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y me acechen los malvados,
que confían en su opulencia
y se jactan de sus inmensas riquezas,
si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un rescate?

Es tan caro el rescate de la vida,
que nunca les bastará
para vivir perpetuamente
sin bajar a la fosa.

Mira: los sabios mueren,
lo mismo que perecen los ignorantes y necios,
y legan sus riquezas a extraños.

El sepulcro es su morada perpetua
y su casa de edad en edad,
aunque hayan dado nombre a países.

El hombre no perdura en la opulencia,
sino que perece como los animales.

Ant. No podéis servir a Dios y al dinero.

Ant. 2. «Atesorad tesoros en el cielo» dice el Señor.

II

Este es el camino de los confiados,
el destino de los hombres satisfechos:

son un rebaño para el abismo,
la muerte es su pastor,
y bajan derechos a la tumba;
se desvanece su figura
y el abismo es su casa.

Pero a mí, Dios me salva,
me saca de las garras del abismo
y me lleva consigo.

No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con él.

Aunque en vida se felicitaba:
«Ponderan lo bien que lo pasas»,
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la luz.

El hombre rico e inconsciente
es como un animal que perece.

Ant. «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

Ant. 3. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Cántico Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

ORACIÓN COLECTA

V. Dios nuestro, que te dignaste aceptar la sangre de san Felipe de Jesús como una primicia de la fe de nuestro pueblo, concédenos, por su intercesión, madurar en esa misma fe, para que demos testimonio de ella no sólo con las palabras, sino, sobre todo, con los actos de nuestra vida diaria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Sentados

LITURGIA DE LA PALABRA

Monición a la Palabra

Hermanos: la lectura del apóstol Santiago nos exhorta a dejar que la palabra de Dios transforme profundamente nuestra práctica pastoral, principalmente en el servicio de caridad y en el anuncio. El Salmo nos invita a comprometernos de nuevo cuenta con nuestra misión bautismal y ministerial. Finalmente, nuestro Señor, en el evangelio, nos recuerda que la exigencia de la misión implica la aceptación de nuevas realidades, aún aquellas no gratas, como cargar la propia cruz. Escuchemos.

PRIMERA LECTURA De la carta del apóstol Santiago 1,17-18. 21-22. 27

Hermanos: Todo beneficio y todo don perfecto viene de lo alto, del creador de la luz, en quien no hay ni cambios ni sombras. Por su propia voluntad nos engendró por medio del Evangelio para que fuéramos, en cierto modo, primicias de sus creaturas. Acepten dócilmente la palabra que ha sido sembrada en ustedes y es capaz de salvarlos. Pongan en práctica esa palabra y no se limiten a escucharla, engañándose a ustedes mismos. La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre, consiste en visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y en guardarse de este mundo corrompido. Palabra de Dios.

R. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 39

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

  1. Con una gran confianza esperé en el Señor; él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor. El me puso en la boca un canto nuevo, un himno a nuestro Dios. R.
  2. Sacrificios y ofrendas ya no quieres, en cambio me has dejado oír tu voz; no pides expiaciones ni holocaustos, así que dije: “Aquí estoy”. R.
  3. En el libro sagrado se me ordena cumplir lo que tú mandas. Me agrada hacer tu voluntad, Dios mío, pues tu ley es la entraña de mi entraña. R.
  4. He dado a conocer tu salvación ante todo tu pueblo; tú bien sabes, Señor, que no guardé silencio. R.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Gál 6, 14

R. Aleluya, aleluya.

No permita Dios que yo me gloríe en algo que no sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo.

R. Aleluya.

EVANGELIO

V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
V. Lectura del santo Evangelio según san Marcos 8, 27-35

R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a los poblados de Cesarea de Filipo. Por el camino les hizo esta pregunta: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Ellos le contestaron: “Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los profetas”. Entonces él les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Pedro le respondió: “Tú eres el Mesías”. Y él les ordenó que no se lo dijeran a nadie. Luego se puso a explicarles que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho, que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitara al tercer día. Todo esto lo dijo con entera claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y trataba de disuadirlo. Jesús se volvió, y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro con estas palabras: “¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres”. Después llamó a la multitud y a sus discípulos, y les dijo: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”. Palabra del Señor.

R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Homilía

PLEGARIA UNIVERSAL

V. Oremos, hermanos, a Dios Padre, por medio de Jesucristo, su Hijo, que se entregó por la salvación de todos:

  1. Para que los pastores y los demás fieles sean para el mundo anuncio claro y sacramento eficaz de la salvación que Dios prepara a todos los pueblos, roguemos al Señor.
  2. Para que los hombres de todos los pueblos, religiones y culturas, en su esfuerzo por encontrar a Dios, descubran con gozo que el Señor no está lejos de cada uno de ellos, roguemos al Señor.
  3. Para que los pueblos que sufren por la pobreza, el hambre o las guerras obtengan una mayor desarrollo y gocen de la paz, y así puedan recibir con mayor facilidad el anuncio del Evangelio, roguemos al Señor.
  4. Por nuestra amada Iglesia, para que el Espíritu Santo la guíe a través del año de la fe que inicia este mes, e ilumine su sentido misionero con las conclusiones del próximo sínodo de los Obispos, roguemos al Señor.
  5. Para que todos nosotros, los que formamos parte de la estructura arquidiocesana, podamos renovarla siguiendo los impulsos del Espíritu Santo, roguemos al Señor.
  6. Para que nosotros y los fieles de nuestra comunidad arquidiocesana seamos luz del mundo y sal de la tierra, y así la gente que nos rodea, al ver nuestras buenas obras, dé gloria también al Padre del cielo, roguemos al Señor.

V. Señor Dios, que amas a todos los hombres y quieres que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, escucha nuestra oración y haz que el Evangelio de tu Hijo sea proclamado por todos los cristianos y acogido, con gozo, por todos los hombres de buena voluntad. Por Jesucristo nuestro Señor.

R. Amén.

LITURGIA EUCARÍSTICA

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

V. Santifica, Señor, los dones que te presentamos y, por la intercesión de san Felipe de Jesús, haz que nos sirvan de ayuda para conseguir la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO DE LOS SANTOS MÁRTIRES

Testimonio y ejemplo de los mártires

V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y fuente de
salvación darte gracias y alabarte siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Porque la sangre de san Felipe de Jesús, mártir,
derramada como la de Cristo
para proclamar su fidelidad a ti,
manifiesta tu admirable poder,
que convierte la fragilidad en fortaleza
y al hombre débil robustece
para que sea testigo tuyo.
por Cristo, Señor nuestro.
Por eso, como los ángeles te cantan en el cielo,
así nosotros en la tierra te aclamamos,
diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor, ...

RITO DE LA COMUNIÓN

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Mt 16, 24

Si alguno quiere venir en pos de mí, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz y me siga, dice el Señor.

RESPONSORIO BREVE

V. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
R. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

V. De alegría perpetua a tu derecha.
R. En tu presencia, Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, Y al Espíritu Santo.
R. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz, Señor, obras grandes por nosotros, porque tú eres poderoso y tu nombre es santo.

Cántico de la Santísima Virgen María Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Haz, Señor, obras grandes por nosotros, porque tú eres poderoso y tu nombre es santo.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

V. Te suplicamos, Señor, por los méritos de san Felipe de Jesús, que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, que acabamos de recibir nos protejan siempre de todo mal. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

RITO DE CONCLUSIÓN

Bendición final

V. Sea bendito el nombre del Señor.
R. Ahora y por todos los siglos
V. Nuestro auxilio está en el nombre del Señor.
R. Que hizo el cielo y la tierra
V. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre todos ustedes.
R. Amén.

Luego, el diácono, despide a todos diciendo:

V. Glorifiquen al Señor con su vida. Permanezcan en paz.
R. Demos gracias a Dios.