ORACIÓN INICIAL

II ~ 2012


Monición de entrada

Queridos hermanos Decanos y Vicedecanos de la Arquidiócesis:

A lo largo de esta reunión queremos retomar lo propuesto por el Sr. Cardenal en sus orientaciones pastorales más recientes: Debemos escuchar la voz de la ciudad. Nuestras estructuras diocesanas forman parte de este gran clamor, y queremos, como lo propone nuestro pastor, entablar un diálogo que nos permita reconocer cómo ha sido nuestra práctica pastoral y, encaminarnos por los nuevos rumbos que el Espíritu inspira a nuestra Arquidiócesis en misión permanente.

Este periodo de evaluación que vivimos no es fortuito. Es más bien una encrucijada donde convergen varios procesos o itinerarios a distintos niveles de nuestra Iglesia. Comenzando con el año de la fe, un año de gracia para la Iglesia universal, que pretende renovar nuestra fe y arrojar luz sobre el itinerario del discípulo misionero que anuncia a Cristo. No es casualidad que el Santo Padre haya elegido como fecha inicial para este jubileo el 50 aniversario de la convocatoria para el Concilio Vaticano II, piedra fundamental del nuevo pentecostés que el Espíritu Santo quiso instrumentar en su Iglesia.

Nuestro proceso arquidiocesano postsinodal hunde sus raíces en las profundas reformas concebidas por el Concilio Vaticano II y, en el llamado a la nueva evangelización, hecho por su Santidad en nuestra Iglesia latinoamericana. No es casualidad que a la par de nuestro proceso misionero, en América latina se haya propuesto la misión continental.

El propio sínodo de los Obispos, próximo a iniciar, versará también sobre la evangelización y la transmisión de la fe, como si se hubieran propuesto retomar y sintetizar la experiencia pastoral de nuestra iglesia local.

Debemos valorar todas estas señales y signos que la providencia nos ofrece, para profundizar en la comprensión de las mociones que el Espíritu Santo quiere proponer en nuestra Iglesia Arquidiocesana. Con este cúmulo de inspiraciones y propuestas, renovados en el espíritu y en la esperanza misionera, miremos nuestro caminar y dejémonos interpelar por aquél que nos ha llamado a trabajar en su viña. Nos ponemos de pie para iniciar con el canto.

Canto de entrada ...

Invocación Inicial

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre ... Como era ...
R. Amén.

HIMNO

Sentados. Se recita a dos coros.

Coro 1:
Señor, tú me llamaste
para ser instrumento de tu gracia,
para anunciar la Buena Nueva,
para sanar las almas.

Coro 2:
Instrumento de paz y de justicia,
pregonero de todas tus palabras,
agua para calmar la sed hiriente,
mano que bendice y que ama.

Coro 1:
Señor, tú me llamaste
para curar los corazones heridos,
para gritar, en medio de las plazas,
que el Amor está vivo,
para sacar del sueño a los que duermen
y liberar al cautivo.
Soy cera blanda entre tus dedos,
haz lo que quieras conmigo.

Coro 2:
Señor, tú me llamaste
para salvar al mundo ya cansado,
para amar a los hombres
que tú, Padre, me diste como hermanos.
Señor, me quieres para abolir las guerras
y aliviar la miseria y el pecado;
hacer temblar las piedras
y ahuyentar a los lobos del rebaño. Amén.

Reflexión sobre el diálogo para evaluar el proceso post-sinodal.

Comentario:

Las voces sinodales concibieron al II Sínodo como una oportunidad para el diálogo con Dios a través de los hermanos. En efecto, la acción de la Iglesia, a pesar de ser acción de su cabeza, no debe ser en ningún momento acción autoritaria, antes bien, diálogo amoroso entre los que se aman.

ECUCIM

481 Se trata, en efecto, de entrar como comunidad arquidiocesana a un estado de consulta, análisis y discernimiento pastoral para plantear, en primer lugar, las cuestiones más preocupantes y urgentes. Todo miembro del Pueblo de Dios de esta gran Arquidiócesis tiene derecho a ser escuchado; más aún, también los hombres de buena voluntad que, sin estar en comunión con la Iglesia, desean dar un punto de vista sobre los problemas que afectan a los habitantes de esta Metrópoli y que creen que la Iglesia tiene un papel importante en esta hora de la historia.

488 Que el II Sínodo de la Arquidiócesis de México sea ocasión de diálogo en el seno de las familias, de los grupos laborales y educativos —formales e informales—; que las Parroquias sean espacios que impulsen este diálogo en la Ciudad; que principalmente los Pastores, junto con los Religiosos y Religiosas y con los grupos organizados de apostolado seglar, estén sensibles a este diálogo de la gran comunidad, para que, recogiendo estas voces y haciendo un discernimiento espiritual sobre ellas, escuchemos lo que Dios nos dice, cuál es su llamamiento a la conversión de la Iglesia de esta Ciudad, para que sea, en verdad, signo e instrumento del servicio de Dios a la humanidad.

Se guarda un tiempo de silencio para meditar. Al terminar, se hace la siguiente monición.

Monición al Evangelio

Ahora, dejemos que la voz del maestro nos haga saber lo que espera de sus ministros y discípulos para la misión. Pongámonos de pie para la aclamación.

Todos se ponen de pie para escuchar el Evangelio.

Evangelio

V. El Señor esté con ustedes
R. Y con tu espíritu

V. Lectura del santo Evangelio según san Lucas (14,25-33)
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, caminaba con Jesús una gran muchedumbre y él, volviéndose a sus discípulos, les dijo: “Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. Porque, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se pone primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que, después de haber echado los cimientos, no pueda acabarla y todos los que se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo: ‘Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar’. ¿O qué rey que va a combatir a otro rey, no se pone primero a considerar si será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que viene contra él con veinte mil? Porque si no, cuando el otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle las condiciones de paz. Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes no puede ser mi discípulo”. Palabra del Señor.

R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Homilía

El que preside, si así lo desea, puede hacer la homilía del evangelio proclamado. Después de un breve momento de silencio, continúa la recitación del Credo.

Credo

Comentario:

Como respuesta a la exigencia del maestro, afirmamos nuestra disposición a la misión recitando el símbolo de los apóstoles.

Todos juntos recitan el voz alta:

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, En las palabras que siguen, hasta María Virgen, todos se inclinan. que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Oración del Señor

V. Con el gozo de sabernos hijos de Dios, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro …

Oración conclusiva

V. Señor Dios, que manifiestas tu poder de una manera admirable sobre todo cuando perdonas y ejerces tu misericordia, infunde constantemente tu gracia en nosotros para que, tendiendo hacia lo que nos prometes, consigamos los bienes celestiales. Por Jesucristo nuestro Señor.

R. Amén.
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Canto final ...