Borde ORACIÓN INICIAL


PLEGARIA SACERDOTAL

Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra. Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado. Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti. Padre santo,  cuídalos en tu Nombre —el Nombre que tú me diste— para que sean uno, como nosotros. Mientras estaba con ellos, yo los cuidaba en tu Nombre —el Nombre que tú me diste— yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto. Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad. Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo. Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad. No ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno —yo en ellos y tú en mí— para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que los has amado a ellos como me amaste a mí. Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste. Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos" (Jn 17, 6-26).

Reflexionar, estudiar continuamente la figura del decano, indudablemente es reflexionar sobre nuestro ministerio sacerdotal, es descubrir esas llamadas que Dios nos va haciendo a través de esa vocación inicial. El papel del decano no solamente es hacer presente al obispo, sino yo creo, también, el acordarnos de pedir unos por otros, los que formamos el decanato.

En las hojas que tienen en sus manos aparece la plegaria sacerdotal, la vamos a hacer a dos coros.

A nuestro Santo Padre el Papa,
envuélvelo en tu gracia, Señor.
A los Cardenales, Arzobispos y Obispos,
envíales tu luz, Señor.
A los Párrocos y Vicarios,
dales gran celo apostólico, Señor.
A los sacerdotes diocesanos,
dales tus dones, Señor.
A los sacerdotes religiosos,
santifícalos, Señor.
A los sacerdotes responsables de Seminarios,
dales tu ciencia, Señor.
A los sacerdotes misioneros,
confórtalos, Señor.
A los sacerdotes predicadores y maestros,
ilumínalos, Señor.
A los confesores y directores espirituales,
instrúyelos, Señor.
A los sacerdotes fervorosos y entregados,
purifícalos, Señor.
A los sacerdotes santos,
glorifícalos, Señor.
A los sacerdotes pobres y abandonados,
socórrelos, Señor.
A los sacerdotes tivios y mediocres,
ayúdalos a superarse, Señor.
A los sacerdotes en cualquier peligro,
líbralos, Señor.
A los sacerdotes débiles e inconstantes,
fortalécelos, Señor.
A los sacerdotes caídos y en pecado,
levántalos y conviértelos, Señor.
A los sacerdotes tentados por el maligno,
dales el triunfo, Señor.
A los sacerdotes turbados,
dales la paz, Señor.
A los sacerdotes atados a lo terreno,
rompe sus cadenas, Señor.
A los que han abandonado su ministerio,
atráelos hacia Ti, Señor.
A los sacerdotes aislados,
acompáñalos, Señor.
A los sacerdotes que desean amarte más,
que crezcan en tu amor, Señor.
A los sacerdotes enfermos,
sánalos, Señor.
A los sacerdotes jóvenes y entusiastas,
impúlsalos, Señor.
A los sacerdotes ancianos,
sostenlos, Señor.
A los sacerdotes agonizantes,
aliéntalos con tu presencia, Señor.
A los sacerdotes difuntos,
dales la gloria, Señor.
A TODOS TUS SACERDOTES
dales virtud y ciencia, Señor.
Dales paciencia y trato amable con todos;
dales obediencia y docilidad a tu Espíritu;
dales amor al estudio y a tu Palabra;
dales orden en su vida interior y exterior;
dales intenso amor a la Eucaristía;
dales humildad y talento, Señor.
Dales docilidad en observar las normas litúrgicas;
dales disponibilidad para confesar y orientar;
dales amor y adhesión al Santo Padre;
dales actitudes de obediencia a sus Obispos;
dales desprendimiento de los bienes de este mundo;
dales la experiencia de las bienaventuranzas;
dales un gran amor a María, nuestra Madre;
dales los dones de tu Espíritu Santo;
dales fortaleza en sus trabajos apostólicos;
dales rectitud y sed de ser justos;
dales amor a la cruz de cada día,
dales paciencia interior y exterior.
Aparte su corazón de la avaricia y la ambición.
Aparte de ellos la pereza y la comodidad.
Haz que sean sal de la tierra.
Haz que sean luz del mundo.
Haz que practiquen el sacrificio y la mortificación.
Haz que prediquen tu Palabra con su vida.
Haz que parezcan más y más a Cristo.
Haz que amen y hagan amar a tu Iglesia.
Haz que ganen muchas almas para Cristo.
Haz que sean apóstoles de tu Corazón.
Que su conducta sea edificante.
Que su trato atraiga hacia Dios.
Que te adoren en espíritu y en verdad.
Que sean hombres de oración.
Que comuniquen paz y serenidad.
Que convenzan por su palabra y por su ejemplo.
Que procuren la limpieza de los templos.
Que procuren ser limpios en cuerpo y alma.
Que eviten las prisas y el nerviosismo.
Que al confesar actúen como Jesús.
Que al predicar sean fieles a tu Evangelio.
Que no se cansen de alabarte y darte gracias.
Que busquen ante todo la gloria de Dios.
Que sean fieles a su vocación.
Que no entristezcan a tu Espíritu Santo.
Que su exterior sea sencillo y natural.
Que amen con predilección a los pobres.
Que sean a la vez sencillos y prudentes.
Que renuncien constantemente a su egoísmo.
Que no se avergüencen de su sacerdocio.
Que no se dejen llevar a la vanidad.
Que su testimonio sea sencillo y coherente.
Que busquen servir y no ser servidos.
Que estén dispuestos a dar la vida por Ti.
Que vayan en busca de los hermanos alejados.
Que el Espíritu Santo los posea plenamente.
Y por ellos renueve la faz de la Iglesia.
Oremos: Dios, Padre Santo,
que sin mérito alguno de mi parte,
me has elegido para compartir
el eterno sacerdocio de Cristo
y dedicarme al servicio de la Iglesia,
haz de mí un valiente y humilde predicador del Evangelio
y un fiel dispensador de tus misterios.
Amén.


INICIO | CONTENIDO | GALERÍA FOTOS


Taller I | Taller II | Taller III | Taller IV

REUNIONES DECANOS

Borde