Tercer Módulo Segunda Parte

III Módulo - Formación de Decanos y Vicedecanos


Presentación y explicación del objetivo del Taller


EL DECANATO

44. Debemos continuar con el esfuerzo por hacer del Decanato la instancia de animación y coordinación al servicio de sus parroquias. Para dar un paso más en esa dirección, les invito ahora a asumir como actividad prioritaria la formación de agentes, orientada a capacitarlos para realizar adecuadamente su apostolado a favor de la Misión Permanente. Dentro de este objetivo, el Decanato tendría que dar especial importancia a la formación de formadores de otros bautizados.

45. El principal promotor y organizador de este programa debe ser el Decano y su equipo sacerdotal, quienes involucrarán a todos los presbíteros en el diseño y ejecución del mismo. De igual manera, integrarán a algunos laicos para que, en corresponsabilidad con el mencionado equipo sacerdotal, colaboren en la estructuración, implementación y puesta en práctica de dicho programa.

46. El criterio fundamental a seguir es la pastoral de conjunto. Al Decanato le corresponde la función de coordinar y programar lo relativo al plan arquidiocesano, en apoyo a la activación y ejecución que llevan a cabo las parroquias, apoyado y supervisado por la Vicaría respectiva.

47. Con el fin de lograr una mayor efectividad y crecer en espíritu de Iglesia, en la conformación e impulso de la formación, el Decanato debe buscar la subsidiariedad de las comisiones respectivas, tanto de la Vicaría y del Decanato mismo, como de la Arquidiócesis.

48. Para elaborar un plan de formación de agentes en el decanato es necesario partir de un suficiente conocimiento de la realidad de las parroquias que lo integran, cuidando que la formación no sólo se oriente a los servicios internos de la comunidad eclesial, como pueden ser los ministerios litúrgicos, los MESE, o los catequistas de presacramentales, sino también se trate de atender a la evangelización de los ambientes.

49. Cuando se trata de la formación dada en algún o algunos centros del decanato, debe procurarse que éstos sean accesibles por su ubicación, por sus horarios y por su nivel académico. En el área intelectual hay que tratar de no abordar los temas con un estilo precisamente teológico, sino más bien catequético-pastoral, cuidando que, junto con la presentación sistemática de la fe, se acompañe el desarrollo de las dimensiones humana, comunitaria, espiritual, pastoral y social.

50. En los laicos que van mostrando interés por el apostolado, es necesario afianzar la formación básica para favorecer su propio crecimiento cristiano y para encauzarlos a la formación específica de algunos ambientes, en donde ellos mismos promoverán la formación inicial para sus hermanos, como pueden ser los grupos juveniles, las actividades de piedad popular o, sencillamente, los ámbitos de la convivencia cotidiana.

51. Una meta que tendría que estar entre las prioridades del Decanato es lograr que los laicos que se vayan formando se conviertan en formadores de otros laicos. Esto no sólo requiere de la debida capacitación de los candidatos, sino de toda una mística, una nueva mentalidad, por la que dichos laicos asumen esta responsabilidad con verdadera actitud de servicio, los otros hermanos laicos aceptan esta formación como una oportunidad y los pastores, en actitud corresponsable, van compartiendo con ellos esta tarea.

Lc 10,1-12.17-20

“JESÚS DESIGNÓ A OTROS SETENTA Y DOS DISCÍPULOS Y LOS MANDÓ POR DELANTE, DE DOS EN DOS, A TODOS LOS PUEBLOS Y LUGARES A DONDE PENSABA IR”.

En el documento de Aparecida se habla de una “Evangelización continental”, qué importantes son estas palabras de Jesús; porque nos muestran los elementos básicos y fundamentales de la Misión: elegir bien a los discípulos e instruirlos, enviarlos a las calles de dos en dos y después nosotros sacerdotes llegar y anunciar la Palabra también y por medio de los Sacramentos y nuestra presencia abierta, alegre y sencilla. No podemos seguir esperando que llegue la gente a la parroquia o conformándonos con atenderlos los sábados y predicar los domingos. Nuestros obispos nos lo dicen claramente: “hemos de pasar de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera… (así), con un nuevo ardor misionero, la Iglesia se manifestará como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera” (Ap n. 370).