TALLERES PARA LA FORMACIÓN DE DECANOS Y VICEDECANOS

MISIÓ PERMANENTE - IV MÓDULO DECANOS Y VICEDECANOS

MISIÓN
PERMANENTE


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Muy buenos días a todos y bienvenidos para que participemos en este cuarto módulo de nuestros talleres, cuarto taller de formación para decanos y vicedecanos. Hay dos o tres que no son decanos ni vicedecanos, entonces podemos decir: decanos, vicedecanos y similares.

Realmente vamos a tratar de que sea un taller, una de sus características es que tenga como objetivo hacer cosas prácticas, o sea, operativas, que nos ayuden a la acción, también como característica es que sea participado, de tal forma que no es una conferencia, no es una clase. Es una búsqueda en común.

Aquí tenemos la oportunidad de poner en práctica esto que hemos reflexionado en la oración, que efectivamente nos sintamos prójimos, sintamos a todos aquellos feligreses a quienes debemos servir como prójimos, pero también entre nosotros nos sintamos prójimos, el brindarnos la ayuda entre unos y otros para ir encontrando caminos no tanto nuevos, pero sí caminos en los cuales nos confortamos, nos animamos unos a otros a seguir.

En el objetivo que yo les propongo que tratemos de profundizar un tema, un concepto muy conocido, muy repetido para todos nosotros, pero creo que para ninguno de nosotros conocido exhaustivamente, conocido de forma total: la misión permanente.

Y sobre todo, esto no como una realidad, como un concepto o una acción, sino concretamente cómo ubicamos esto, cómo podemos valorar y vivir esto en el proceso pastoral arquidiocesano que vamos viviendo.

Una vez que veamos el concepto, vamos a analizar algunas metas que les propongo, muy pocas, casi casi como a manera de ejemplo y que también las veamos a manera de actividades englobantes, es decir, que no son actividades que se pueden delimitar muy claramente, sino que abarcan otras más, por eso les pongo englobantes y que tiene también que son en detalle para hacer realidad la misión en los distintos niveles: parroquia, vicaría, decanato, Arquidiócesis, etcétera.

Al mismo tiempo, como el ejercicio que nos ayuda a la profundización, que nos ayuda a la creatividad, ver cuáles de estas son las más importantes, por eso no nos circunscribimos a las que les propongo, que van a ser cuatro, precisamente entre todos se pueda decir que además de esas, tenemos esta y esta y esta, tratando de ver cuáles serían más importantes y a cuáles darles una importancia operativa, este es el sentido de nuestro trabajo de esta mañana, en este cuarto taller que tiene como tema la misión permanente.

Les decía, vamos a tratar de ahondar en el concepto. Cuando veía esto, lo tenía como un gran logro de nuestra reflexión, pero francamente ahora siento que está bastante bien, es lo mismo que nos dice el señor Cardenal en las Orientaciones Pastorales de 2007, le hemos ayudado con nuestras reflexiones en las reuniones de decanato, en las reuniones de la comisión permanente, en otros muchos momentos, pero creo que sí hay que completarlo más, como vamos a verlo, en otras páginas, pero vamos a ver esto: decimos que cuando en nuestra Arquidiócesis hablamos de Misión permanente expresamos el objetivo de poner en el centro de nuestra tarea pastoral ordinaria el proceso evangelizador.

Creo que por ahí empezó la riqueza de nuestra reflexión estrictamente misionera, después del Sínodo por supuesto, cuando hablábamos de la misión como evangelización de las culturas, pero ya metodológicamente, queriendo hacer un sistema, si lo queremos decir de forma un poquitito ambiciosa, lo centramos en el proceso evangelizador.

Así lo dijimos durante varios años, así lo expresamos, así lo pensamos, proceso evangelizador con sentido misionero, porque efectivamente el proceso evangelizador se puede vivir más bien con sentido solamente pastoral, podríamos vivirlo quizás hasta con sentido espiritual, diríamos de transformación personal; hay que vivirlo con sentido misionero, es decir, sentirnos también enviados.

Y por eso, completamos, teniendo como medios privilegiados el testimonio y el diálogo, aquí ya le vamos dando los acentos misioneros; testimonio, pero un testimonio que es una invitación a los demás hermanos para transformar su vida, al mismo tiempo que cada discípulo, cada cristiano transforma su propia vida; y diálogo, un acento muy fuerte en la reflexión, en el pensamiento que arranca desde el Sínodo, para nosotros, arranca propiamente desde el Vaticano II y, un poquito antes, con aquella encíclica de Paulo VI, que hablaba del diálogo, para encarnar en la cultura urbana la Buena Noticia de Jesús.

Esta es la finalidad, hasta cierto punto terminal, de todo este proceso evangelizador que cada vez debemos vivir y todavía un aspecto que especifica muy bien para nosotros lo urbano, la cultura urbana del Evangelio, esto lo tenemos en las Orientaciones Pastorales 2007, en el número 69 y esto es lo que nos ha ido guiando.

Ahora, con toda esta aportación-reflexión de la misión continental, en uno de los instrumentos de la comisión de la misión continental del CELAM, se nos da una especie de definición de la misión continental que en realidad completa nuestra visión, yo hago un estracto de algunas partes de este párrafo un poco más amplio, nos dice que es un proceso misionero que, a partir de un encuentro personal y comunitario con el Señor Jesús; desde hace varios años se viene considerano como centro de todo sentimiento cristiano, el encuentro con Cristo; pero aquí se dan esas dos connotaciones: personal y comunitario, entrelazados, no se trata de que cada quien encuentre a Jesús, se encuentre con Jesús de manera solamente personal o prioritariamente personal, tiene que ser personal y comunitario. Pensando explícitamente, no podemos decir que encontramos a Cristo si no es también en comunidad, si no es con la comunidad, si no es a través de la comunidad, si no es para la comunidad.

Este proceso pretende poner a toda la Iglesia y a todos en la Iglesia en un estado permanente de misión. A propósito de esto que se nos dice de la misión continental, yo añado esta aclaración, cómo este concepto de misión permanente podemos entenderlo en estos dos sentidos, y de hecho así lo manejamos, por una parte puede ser un proyecto misionero con un conjunto estructurado de etapas y contenidos muy bien programados, muy bien definidos, pero a fin de cuentas es un proyecto, es un plan; plan que se puede expresar en un libro, en un folleto, en muchos folletos, un plan que se puede entender en un conjunto de restricciones, a veces a eso le llamamos misión permanente, sin embargo, podemos abusar de lo incorrecto, porque, ¿cómo puede ser permanente lo que todavía no empieza?

No empieza efectivamente, no empieza en la práctica, por eso la forma más exacta de decir que estamos en misión permanente es cuando una Iglesia, una comunidad, llámese parroquia, por eso anoto Iglesia particular en sentido análogo, la parroquia, comunidad, vicaría, decanato, Arquidiócesis, provincia, etc., cuando ha asumido de forma estable, para no repetir permanente, el compromiso misionero, cuando lo está viviendo y lo está viviendo ya permanentemente, de forma estable.

En este sentido, en el documento del señor Cardenal de este año, encontramos esta aclaración, nos dice: en la capacidad de reflexión hemos avanzado significativamente, en la Arquidiócesis, pero hay que reconocer que en la convicción y en la acción nos ha faltado algo. Creo que esto es importante en reflexiones como esta, porque luego nos preguntamos: ¿Cómo está la misión permanente? Claro, la respuesta más católica es decir: Bien, gracias a Dios, pero la respuesta un poquito más crítica puede ser como a veces decimos nosotros, ¿en cuanto a qué?, o como lo decíamos cuando éramos estudiantes de Filosofía: ¿Qué entiendes por misión permanente?

¿Lo entiendes como reflexión?, decía el Cardenal, hemos avanzado significativamente, claro, tenemos muchos documentos, tenemos muchas reuniones, tenemos una página con muchos contenidos, muchos materiales. En cuanto a reflexión creo que gracias a Dios, vamos bastantito bien, en la reflexión en cuanto a la misión permanente, en cuanto a todo esto que significa pensar, saber, conocer, valorar, etc.

Ahora, siguiente paso, ¿qué tan convencidos estamos de eso?, porque hay ocasiones en que decimos muchas cosas, sin estar tan convencidos, las decimos un poco por inercia, las decimos un poco por repetición, las decimos un poco sin profundizarlas, casi casi diríamos un poco por moda. ¿Qué tan convencidos estamos?

Ya lo otro (acción) cae un poco por su propio peso, al menos que vivamos en una rara esquizofrenia, estamos convencidos de algo y no lo hacemos, que también es posible. Entonces, ¿qué tan convencidos estamos y qué tanto lo estamos haciendo?

Esta gradación de situaciones con relación a la misión, creo que nos ayuda a reflexionar, creo que nos ayuda a analizar cómo estamos orientando nuestra situación. Se los voy a decir con otras palabras, pero es lo mismo: la misión permanente. Lo digo de esta manera, retomando algunas cosas anteriores y experimentando algunas cosas más.

Entonces podríamos decir que la misión es permanente cuando se convierte en permanente, como lo dice la definición de la misión continental, tiene que ser un proceso, un proceso que nos lleve a que ya sea algo asumido, que ya sea algo muy habitual, de hecho así lo decíamos en el Itinerario Pastoral para la Misión 2000, que la misión fuera un conjunto de acciones que se convirtieran en práctica habitual, eso es lo que nos proponíamos para la misión 2000 y aquí vamos.

De ahí que la misión, ojalá y se convierta en permanente, pero no es que la misión permanente tenga una característica diferente, es la misión. Entonces, la misión es hacer que el mensaje del Evangelio llegue a todos los hombres y mujeres, claro, insertos en el mundo o donde nos encontremos, del mundo, de la parroquia, de la ciudad, del territorio "X", de la ciudad tal, etc., para que la fuerza de este mensaje los transforme en su conciencia personal y colectiva —haciendo alusión a Evangelii Nuntiandi 18—, cuando el Papa Paulo VI describe a la evangelización.

Esta es la reflexión, es la misión que tiene la finalidad de transformar desde dentro, no superficialmente, dice ahí, por esos números, este mismo documento, mediante un proceso, una vez más el énfasis en los procesos, que los haga vivir en condición de discípulos y misioneros de Jesús, para retomar el lenguaje muy usado por Aparecida, discípulos y misioneros; sabemos que no son una cosa primero y otra cosa después, sino que son dos cosas complementarias, como dice el Papa, las dos caras de la misma moneda.

Ahora bien, esto implica entre otras cosas, como algo muy necesario a la Iglesia, reconocerse como servidora del Reino, inserta en el mundo como fermento de salvación. Esto nos ubica en estos tres ejes teológico-pastorales, que no pueden faltar cuando hablamos precisamente de estos conceptos, de estas ideas, de estos principios: Reino, mundo y ... el ritmo de toda acción pastoral.

De forma más concreta, necesita y, esto lo hemos dicho muchas veces, sobre todo el Papa, los obispos en ocasiones muy serias, muy importantes, especialmente los obispos, ponen este salir a buscar, este salir. ¿Salir de dónde? Lo que significa salir, a veces es salir de la comunidad, a veces yo diría, salir de uno mismo, a veces es salir de los edificios, es un movimiento, es una necesidad, en contraposición de la forma muy habitual que se tuvo de proceder, en el templo, en el templo y vengan al templo. Aquí tiene que ser salir.

Precisamente el día de ayer platicaba con el P. Rubén esta idea, espero que la podamos entender bien, creo que se ha enfatizado un poco unilateralmente esto de salir, entonces es como ir a buscar, como ir a lanzarnos, cuando creo que hay otra cosa que hace falta y mucha, pero mucha, al grado que a veces ahí podría estar precisamente el acento misionero, es la actitud de estar para recibir, ser como una carta poseedora que recibe a todos, según su propia condición, ¿en qué condición vienes? Vienes en condición de no creyente, de ateo, en condición de envidia, en condición de resentido, vienes en condición simplemente de gente que no conoce, que busca, ¿cuál es la condición en la que se acerca alguien?

Esta metodología, esta actitud está reclamando una importancia verdaderamente seria. Creo que esta es una de las características que tienen los últimos documentos, particularmente este del señor Cardenal, los dos anteriores y que están muy alimentados del pensamiento de Aparecida en varias de sus observaciones. Aquello de que muchos se han ido de la Iglesia, no por motivos dogmáticos-doctrinales, sino por el ambiente, por la forma de proceder. Creo que esto viene muy al caso de este salir, pero cómo recibir.

Y creo que aquí es donde, hablando del ambiente parroquial, habría que ver, porque en muchas parroquias esta acción tendría que ser sumamente fuerte, especialmente si la parroquia está vacía hay que ir a buscar, pero si a la parroquia viene mucha gente, hay que ir a buscar, pero también hay que atender a los que vienen y atenderlos bien, atenderlos con toda esta fraternidad y con todo este testimonio. Por supuesto, todo esto para anunciar el Reino de Dios, a través de todos los medios de la evangelización, ustedes saben que el Sínodo presenta alrededor de 16 medios de evangelización, desde la santa catequesis, la santa liturgia hasta la construcción de la comunidad, el testimonio.

Hasta aquí sería como una presentación, como un recordatorio, como una reflexión sobre lo que es la misión, esperamos que llegue a ser permanente, creo que no le podemos decir permanente mientras no sea permanente. Luego nos adelantamos: ya estoy en misión permanente. Ya ven que luego tenemos formas judiciales de decir de decir: el párroco o el obispo declaró su parroquia en misión permanente; ¿cómo que declaró si está empezando? Ayer hizo la declaración de misión permanente. No, eso no es permanente. Declaró en estado de misión a su parroquia.

No sé si hasta este momento quieran comentar, añadir, decir algo de lo reflexionado... bueno, perdieron su oportunidad.

Bueno, les voy a proponer cuatro de las que se llamaban actividades temporales que son como metas de la misión. Una primera, es la visión del Itinerario de la misión, una visión que creo desde hace algunos años hemos venido reflexionando es la formación y queda bastante completo, porque llegó el momento en el cual varios decían: bueno antes hablábamos del proceso evangelizador y ahora ya nada más se habla de la formación, ¿en dónde quedó el proceso evangelizador?, ¿ya pasó de moda?

Aquí está bastante claro, en realidad el proceso evangelizador, según el esquema que hemos estado utilizando últimamente, viene siendo la primera etapa de la formación, pero no una formación completa que una serie de pastorales a definir. Un agente de pastoral, sea quien sea, la debe vivir según su propia condición, según su propia vocación: formación inicial, formación básica, formación específica y formación permanente.

De esas cuatro etapas de la formación, el proceso evangelizador viene siendo como el cimiento, viene siendo como la base y esto nos ayuda mucho, porque entonces tendríamos que pensar, tendríamos que hacernos conscientes, qué bueno que efectivamente el proceso evangelizador —aquí hubiéramos puesto proceso evangelizador y hubiera quedado muy claro— pero imagínense que ahí dice, proceso evangelizador.

Qué bueno que de tal manera lo continuamos, que efectivamente sea como el impulso para seguir las etapas de la formación, porque si alguien dice: ya llegué aquí, ya acabé; no lo vivimos bien, no lo presentamos bien. Entonces, con el proceso evangelizador, que a veces también lo llamamos evangelización fundamental; en realidad alguien hacía una observación hace algunas semanas, es que con la formación inicial como que no quedó muy bien el nombre, porque al decir inicial, pareciera que es poquito, como que es de kinder, a lo mejor formación fundamental dice un poco más.

Pero en realidad, fíjense todo lo que abarca, lo que en el proceso evangelizador llamamos etapa misionera, etapa catequética, apostolado, lo que es toda la iniciación cristiana o reiniciación, en cuanto iniciación para el catecúmeno, reiniciación para el ya bautizado, realmente tiene que ser un proceso de varios años. Esto es lo que tendríamos que ver.

Después vienen algunas especies de filigranas que son interesantes observar, como el kerigma, a veces no es solamente kerigma, en ocasiones también catequesis kerigmática; cómo el kerigma no es precisamente para iniciar, Aparecida nos lo presenta para vivirlo, porque después nos va sosteniendo, es como el gran enfoque, porque a final de cuentas, es el encuentro con Cristo y con Cristo nos encontramos no de una vez para siempre, así con esa fuerza, sino que nos encontramos y muchas veces volver a reencontrar para afianzarlo, para hacernos a su persona, a su modelo, etcétera.

El servicio se debe tener en cuenta en todo eso, en la evangelización fundamental de la primera etapa del proceso evangelizador.

Después vienen las otras etapas de la formación, la formación básica con sus tres ciclos (conversión — comunión — servicio), que si lo vemos, son realmente profundización de la conversión con el kerigma, de la comunión con el camino y del servicio con el apostolado.

A propósito de esto, ese triángulo de arriba (en la diapositiva 6 del Power Point) nos va indicando cuál tiene que ser la progresión de la formación. El apostolado tiene que hacerse desde el principio, ahí empieza mi conversión, cuando yo de convertido quiero difundir, quiero propagar, quiero llevar lo que he recibido, entonces ya soy apóstol, obviamente no puedo ser apóstol muy comprometido, muy desarrollado, sino conforme va avanzando mi formación.

Claro, ahí se habla de apostolado, pero podríamos decirlo de muchos otros aspectos de la vida cristiana, no sólo es eso lo que va creciendo, también en la caridad, por supuesto, el apostolado-caridad, también la solidaridad, también la profundización, etcétera. Ahí marco muy claramente el apostolado, porque sobre eso es en lo que a veces hay un poco de dificultad.

Decíamos que esos tres ciclos son desarrollo de lo que ya se vivió en la formación inicial, se sistematiza dentro de la formación básica, la sistematización y la progresión. Por ejemplo, ¿qué hacemos en Teología?, lo que hacemos es profundizar el Credo, que antes se desarrollaba un poco en un curso superior de religión y que después hay que hacer énfasis hasta en una palabrita, en la kénosis. Así también aquí, es profundización.

En cambio, en los otros ciclos sí es un poco diferente, la profundización en un aspecto, el apostolado, para el apostolado.

Esta es como una primera consideración, un primer tema, que espero nos ayuda a aclarar, a organizar algunas de nuestras ideas.

Ya podemos ir pensando para reflexionar, para completar. Estas preguntas (diapositiva 7) nos ayudan a ver este primer punto: ¿Qué tanto los pastores, o sea nosotros, y las comunidades tienen claras las principales etapas de este itinerario? ¿En qué se manifiesta?

Y nosotros, porque tenemos una responsabilidad hacia nuestros trabajos, hacia nuestros hermanos presbíteros, hacia nuestros hermanos laicos, hacia las comunidades, o sea, de nosotros depende mucho de esto, porque solito no va a caminar, solito no se va a aclarar, solito no se va a difundir.

Y por lo mismo, ¿qué se necesita para implantar en el apostolado ordinario en nuestras comunidades esta forma de proceder?, esta forma de pensar. Son reflexiones que nos van guiando en esta exposición.

Segundo punto (Diálogo con las culturas), es para tomar muy directamente el documento de este año, ¿se acuerdan que ese fue el tema de la asamblea?, sobre eso es el documento. Aquí resalto algunas ideas, precisamente “Abrir el diálogo con las distintas culturas que conviven en la Ciudad requiere una Iglesia que necesita hacerse cercana y solidaria con quienes viven en la urbe” (diapositiva 8).

Abrirse al diálogo, ir hacia los demás, a los que vienen, a los cercanos, para otros solidarios; en la vida concreta debemos tener actitudes de pequeños, de esta forma.

El Cardenal, también en ese documento, nos hace pensar que hemos avanzado no por el mejor camino, en el número 35 dice que: También nosotros nos hemos contaminado de actitudes no evangélicas, en muchas cosas somos culpables que se estereotipe al ministro ordenado como funcionario y a nuestras parroquias como lugares de trámites administrativos y de comercio de lo religioso.

Eso no es ser cercano, eso no es ser solidario, eso es poner barreras, eso es estar estorbando. ¿Qué tanto tenemos que trabajar en esto?, por eso la siguiente observación, en el dialogar con las culturas necesita convertirnos para cambiar lo que está estorbando, para cambiar lo que no sirve, tenemos que ser comunidades abiertas al encuentro con todos y no amuralladas, el cristiano está en el mundo y se involucra en lo que el ser humano vive para ser signo de esperanza.

El cristiano fiel cristiano, cristiano presbítero, cristiano religioso(a), por eso el objetivo en la misión, ya vimos que es lo mismo que la formación, nada más que en distinto nivel, así queremos verlo aquí, es formar discípulos misioneros en actitud de misión permanente, de diálogo, cercanía y testimonio para la Ciudad.

Esta es como una siguiente consideración, el diálogo con las culturas. Por eso, las preguntas van en este sentido (diapositiva 9): ¿Qué tanta importancia se le está dando a esta exigencia de ser cercanos, de ser solidarios, de tener comunidades abiertas, cercanas?, esas son exigencias de la misión en la formación, por ejemplo, de los laicos.

No hacerlo difícil, hacerlo explícito pero también indicar qué medios, porque a veces con la formación podemos caer en aquella superficialidad de algunos padres de familia: pórtate bien, haz esto. No, eso necesita un aprendizaje, eso necesita de un entrenamiento, eso necesita de una reflexión.

¿En la formación permanente de los pastores? ¿Cómo estamos atendiendo esto?, para ver qué sobra y lo que llevamos, para ver qué sobra y ayudar a superarnos, hoy estamos aquí con una actitud de taller, eso es un taller, una reflexión fraterna para llegar a cosas prácticas.

¿Qué resultados se perciben en esta línea? Si ya vamos avanzando.

Lo mismo, ¿qué medios se ven recomendables para acrecentar estos aspectos de la formación, tanto en los laicos como en los presbíteros? Son cosas que sí creo, imagino, pienso, desde mi experiencia, no sé cuál sea la visión y sentir de ustedes, que no hemos pensado mucho, que las dejamos pasar, que quizás —va a sonar chusco, pero no es tan chusco— ¿qué tanto nos confesamos de eso?

Por ahí hay una reflexión, inspirada en palabras del Cardenal Madariaga, convertirse significa que reconocemos que hemos hecho mal y, ¿qué tanto nos cuesta cambiar? Hay que aplicarlo a esto, hay que ver qué está mal y qué tenemos que cambiar. A propósito de este tema, diálogo con las culturas.

El otro, dije que eran cuatro, no son necesariamente los más importantes, para eso está la rica reflexión de todos los que estamos aquí, para acabar de descubrir qué otras cosas serán importantes.

El documento de los obispos, Del Encuentro con Jesucristo a la Solidaridad con todos, nos hace esta reflexión: Es necesario atender prioritariamente a los católicos: que profundicen en un encuentro permanente con Él como camino de conversión, comunión, solidaridad y misión (diapositiva 10). Qué bonitos pasos, qué claros pasos: nos añaden conversión, comunión y luego le ponen, solidaridad y misión.

El documento del señor Cardenal, de la Misión Permanente, en el número 59, nos dice esto: La reiniciación cristiana con sentido catecumenal o neocatecumenado —no como movimiento, sino como etapa, como espacio— es el camino ideal de la evangelización y conversión, para los ya bautizados —que siguen siendo, según el último censo, más del 80 % de la gente con la que trabajamos, bautizados— que no han sido debidamente evangelizados, situación que vive la mayoría de nuestros católicos. Sigue siendo un camino fundamental de la vida cristiana.

De ahí la importancia que tenemos que darle a esta acción, reiniciación cristiana. Cuando voy a otros lugares, cuando se ofrece la oportunidad, también me han invitado al CELAM, les digo que acuñen esta palabra de reiniciación cristiana, nada más nosotros la usamos, quién sabe por qué. A mí me parece muy clara, no sé si se cae en un error o presentamos un problema teológico-pastoral, pero a mí me parece muy clara: ¡Reiniciación cristiana!

Bueno, casi casi como el que reprobó, tiene que volver a presentar el examen, reiniciación cristiana, volver a iniciarse; porque ya es iniciado, ya es bautizado, como que pasó de noche por esta parte, entonces es muy importante y necesaria.

Sigue diciendo este mismo documento (diapositiva 11) de la Misión Permanente: Está constituida por la experiencia eclesial mediante la cual los principios teológicos del bautismo y de los otros sacramentos de iniciación son percibidos y asumidos vitalmente —ahí tenemos clara nuestra práctica mucho muy cercana, mucho muy frecuente en las parroquias y por supuesto, en la Basílica, no se dan procesos con la mayoría de la gente, porque a veces son personas que ya tienen bautismo, confirmación y primera Comunión, tienen que renovarlo.

Iba a decir a decir que tienen que repetirlo. No, no, no, sino renonvarlo, asumirlo. Muchas veces el el Bautismo y va hacia la Confirmación y va hacia la Primera Comunión; es el momento de vivir todo este proceso, hacerlo real.

Supone recorrer el camino de la conversión a través de la escucha y meditación de la Palabra, la oportunidad de un cambio de vida. La Iglesia ofrece a sus hijos que quieren tomar conciencia de las implicaciones de su bautismo un itinerario hecho de instrucción, liturgia, oración, orientación y práctica de la caridad, hasta verlos convertidos en miembros conscientes y comprometidos de la Iglesia. Suena claramente a palabras del RICA (Ritual de la Iniciación Cristiana para los Adultos), casi textuales.

Pero ahí está lo importante, que nosotros las hagamos efectivas en la formación de los catequistas, que las hagamos efectivas en la preparación de sus sacramentos, que las hagamos efectivas de un proceso y efectivas no sólo quiere decir proceso, sino todos estos elementos: instrucción que es especial pero no es todo, liturgia que forma parte de esta experiencia, oración, orientación, práctica de la caridad y la caridad no tan centrada como parte del evangelio que leímos al principio, sino caridad desde recoger la basura, hasta ayudarle al muchachito a amarrarse los zapatos, hablando de catequesis de niños. Eso es lo que debe incluir, eso es lo que debe de tener para que sea una formación integral.

Nuevamente, a propósito de la reiniciación cristiana, preguntémonos (diapositiva 12): En tu decanato y en tu parroquia, ¿que tan frecuente es la práctica de la reiniciación cristiana y cuáles sus características principales? ¿Tienes la visión integral? ¿Hay un aterrizaje litúrgico? ¿Hay un aprendizaje de oración y caridad? ¿En qué aspectos has insistido con los que se están preparando para los sacramentos de la iniciación? ¿Qué tanto esta práctica de la reiniciación cristiana corresponde a los principios señalados? Y por lo tanto, ¿qué camino sugieres para impulsar más y mejor la reiniciación cristiana en tu decanato o en tu parroquia? Son cuestionamientos que nos tenemos que plantear, aquí.

Y la última acción que llamaba yo allá en los objetivos globales, porque realmente cada una de estas engloba muchas otras prácticas, otros muchos medios.

Nos dice el ECUCIM (diapositiva 13): En las pequeñas comunidades crece la experiencia de nuevas relaciones interpersonales en la fe, la profundización de la Palabra de Dios, la participación en la Eucaristía, la comunión con los Pastores de la Iglesia particular y, se da un compromiso mayor con la justicia en la realidad social de sus ambientes.

O sea, pequeña comunidad, bien llevada, es un espacio de formación integral, en la que ha incluido a la persona, desde donde esté también y la va ayudando en la comunión con los pastores mismos, la va ayudando en la formalidad, la va ayudando en la justicia, en abrir los ojos a la Ciudad; esta es una gran riqueza.

Y el documento de este año del Cardenal tiene una consideración muy vivencial, muy vital: El ambiente habitual para hacer vida la formación —misión y formación son lo mismo, el que quiere formar a partir de la misión, el que está en la misión tiene que ver como meta final su formación integral, completa y permanente— es una pequeña comunidad, donde se va teniendo la experiencia de perdón, de fraternidad, de oración, de ayuda mutua, de celebración y de caridad —si es vivida, compartida únicamente en comunidad—. Sin este ambiente —ojo para nosotros, pero no sólo para nosotros los pastores, los presbíteros, para todos— donde se pone en práctica lo que aprendemos de Jesús, la formación del cristiano toma una connotación teórica separada de la vida cotidiana y de los desafíos que permiten evaluar si la persona va madurando como testigo de Cristo.

Por lo menos podríamos tomarlo como riesgo, si no buscamos en la formación para la misión que la formación cristiana esté incluida, nos exponemos a que haya mucho de teoría, a que haya mucho sólo de repetir, a lo mejor podríamos decir que por eso estamos como estamos, porque no hemos podido inculturar la comunidad, la vivencia de la comunidad.

Entonces hay que reflexionar (diapositiva 14): ¿Te parece que en la vida parroquial se le da realmente importancia a la experiencia de las pequeñas comunidades?, ¿por qué? ¿Cómo se podría impulsar mejor esta experiencia? Y luego algo muy concreto, ¿Crees que esta recomendación de la pequeña comunidad podría tener alguna aplicación a la formación permanente de los pastores?, ¿por qué?, ¿cómo?, ¿cuándo?, etcétera. Podríamos añadir ahí otras preguntas.

Anoto formación permanente, porque si no, al hablar de podría tener alguna aplicación a la formación de los pastores, rápidamente vamos a decir: ¡Ah, sí, que lo hagan en el seminario! ¡Ah, sí, es que en el seminario no lo hicieron! No, vamos a ponernos en la formación permanente, para los ya presbíteros, ¿esto podrá tener alguna aplicación?, ¿tendrá alguna repercusión? ¿También nos está cuestionando? ¿O eso lo dejamos sólo para los laicos y para el seminario?

Bien, hasta aquí les doy estas aportaciones, ahora viene lo de a deveras, el trabajo en grupos.

Mons. Alberto Márquez Aquino
Versión estenográfica

Presentación de la Misión Permanente en PowerPoint


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