TALLERES PARA LA FORMACIÓN DE DECANOS Y VICEDECANOS

MISIÓ PERMANENTE - IV MÓDULO DECANOS Y VICEDECANOS

ORACIÓN
CONCLUSIVA


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Miserere y Magníficat del Sacerdote

Pecador me concibió mi madre.

Así  inicié mi vida. Pero la mano del Señor se inclinó hacia mí. Me tomó de la mía y fue guiándome. No lo sabía. Una voz misteriosa me hablaba al oído. Me preguntaba si sería Él. Su mensaje era como voces ocultas, indescifrables; pero fuertes e insistentes.

¡Gracias, Señor porque eres grande! Y alegraste mi espíritu. Y en la fresca primavera de mi vida me elegiste definitivamente…  me dejé cautivar, aunque veía la bajeza de mi ser.

Oí tu voz: serás pescador de hombres…  serás otro yo. Grandes obras has hecho por mí, Señor, cuando me dijiste: “Multiplicarás la vida nueva por el bautismo. Congregarás al pueblo fiel en torno a la Eucaristía y les darás el alimento que es mi cuerpo y mi Palabra. Bendecirás el amor de las parejas. Orarás por los enfermos y los ungirás. Perdonarás los pecados de mi pueblo y lo confirmarás en su fe… más todavía, yo seré tú y tú serás yo. Serás otro Cristo.

Y me transformaste de una vez. Me tomaste como barro y me hiciste vaso de tu gracia. Pero sigo siendo barro. Y Tú lo sabes.

Te glorifico, Señor, por las veces que he bautizado, perdonado, consagrado tu cuerpo y comunicado tu Palabra.

Gracias, Señor, por tu misericordia que me ha levantado de la nada, desde el suelo de mis miserias y del polvo de mis caídas.

Mi alma te glorifica y mi corazón se exulta de gozo al ver tu grandeza inclinada hacía mi nada.

Gracias porque me hiciste tu sacerdote.

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