TALLERES PARA LA FORMACIÓN DE DECANOS Y VICEDECANOS

MISIÓ PERMANENTE - IV MÓDULO DECANOS Y VICEDECANOS

ORACIÓN INICIAL


Vayamos y hagamos lo mismo
(Oración Taller Decanos, 5 abril 2011)

Lector: Se levantó entonces un experto en la ley y le dijo para tenderle una trampa: —Maestro, ¿qué debo hacer para obtener la vida eterna? Jesús le contestó: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella? El maestro de la ley respondió: —Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tú prójimo como a ti mismo. Jesús le dijo: Has respondido correctamente. Haz eso y vivirás. Pero él, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: ¿Y Quién es mi prójimo? Jesús le respondió: Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos asaltantes que, después de despojarlo y golpearlo sin piedad, se alejaron dejándolo medio muerto. Un sacerdote bajaba casualmente por aquel camino y, al verlo, se desvió y pasó de largo. Igualmente un levita que pasó por aquel lugar, al verlo, se desvió y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, al llegar junto a él y verlo, sintió lástima. Se acercó y le vendó las heridas después de habérselas limpiado con aceite y vino; luego lo montó en su cabalgadura, lo llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacó unas monedas y se las dio al encargado, diciendo: Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a mi regreso ¿Quién de los tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los asaltantes? El otro contestó: El que tuvo compasión de él. Jesús le dijo: Vete y haz tú lo mismo” (Lc 10, 25-37)

Momento de meditación, en silencio

Lector:  La ocasión de la parábola del buen samaritano es la pregunta del legista sobre lo que hay que hacer para heredar la vida eterna. La pregunta del legista no sólo es legítima y correcta, además es fundamental. Él no pregunta por lo que tiene que hacer para ir al cielo; se cuestiona sobre lo que debe hacer para vivir con sentido.

De ahí que Jesús mismo diga que si ama a Dios, al prójimo y a sí mismo, vivirá (v. 28). Al leer el Evangelio con atención nos damos cuenta que el legista pregunta por algo que ya sabía; y lo sabía con cierta precisión. Sin embargo, es insuficiente la precisión, pues al final Jesús no le preguntará si ha entendido correctamente, sino sobre quién tuvo misericordia y le pedirá que haga lo mismo. Quizás el Evangelio esté precisando que el experto en religión no es el que sabe, sino el que practica al Dios de Jesús. De ahí que lo que va a querer aclarar el Evangelio es qué tipo de acción le da sentido a la vida. En el fondo la pregunta que quiere resolver este Evangelio es qué debemos hacer para vivir con sentido.

Pero si se quiere vivir con sentido, la aclaración inmediata es quién es el prójimo. El legista una vez más pregunta por una cosa que ya sabía.

Para la mayoría de los judíos prójimo era el “próximo”, el de su grupo religioso, el de su etnia, el judío. Se podía despreciar o maltratar a un extranjero y no necesariamente atentar contra este mandamiento. En ciertos ambientes judíos del tiempo de Jesús excluían del círculo de prójimos a extranjeros, samaritanos o residentes en Israel que, tras un año de convivencia, no se hubieran convertido al judaísmo. Incluso los fariseos no consideraban prójimos a la gente del pueblo o los esenios a los que consideraban hijos de las tinieblas. Además, las necesidades de los demás estaban supeditadas a la búsqueda de pureza; por eso, en realidad el sacerdote y el levita hicieron lo legalmente correcto: no se detuvieron porque hubieran quedado impuros, pues aquel hombre parecía muerto.

Lector: Sin embargo, el Evangelio modifica este concepto de prójimo: prójimo no es primeramente el próximo sino el necesitado.

Más aún, prójimo puede ser cualquiera; de ahí que el único personaje que es presentado de manera anónima sea el asaltado y medio muerto. Pareciera que Lucas quiere dejar claro también que prójimo no es el que uno busca, sino el necesitado que sale al encuentro. No es mera coincidencia que cuando se hable del sacerdote y del levita se diga que casualmente bajaba por el mismo camino (vv. 31.32); aquel hombre caído no entraba en sus planes; tampoco en el del samaritano, pero éste modificó su itinerario, su tiempo y sus recursos para poder acercarse a quien lo necesitaba.

Pero el Evangelio va más allá todavía, pareciera que desea presentar un itinerario para la misericordia. No es casualidad que las tres ocasiones en que Lucas habla de la misericordia la relacione con el verbo ver (7, 13; 10, 33; 15, 20). La misericordia, es decir, la compasión hasta las entrañas (en griego splagnizomai) a causa del sufrimiento de otro, tiene detrás una buena vista;  ver —no divisar— implica la cercanía. Por eso, la misericordia más que una acción es una reacción; la acción generalmente es cuando uno percibe, puede y quiere. La reacción va más allá: es ante lo que otros están necesitando, pide más de lo que pensábamos, que podíamos y hasta cosas que en otro momento no hubiéramos querido realizar.

Por eso la pregunta con la que cierra el Evangelio no es: ¿quién es mi prójimo?, sino, ¿quién se comportó como prójimo? (v. 36). Es casi seguro que el auditorio de Jesús haya esperado que después del sacerdote y el levita se mencionara uno del pueblo, pues hay muchos textos en el Antiguo Testamento que presentan esta triada y, era muy común mencionarlos en ese orden. Sin embargo, Jesús los sorprende mencionando a un samaritano. De ahí que cuando Jesús le pregunta al legista sobre quién fue prójimo el legista, evita mencionar al samaritano por su nombre; hubiera preferido decir, “hereje” o “perro”. Pero termina mencionándolo diciendo: “el que practicó la compasión con él”, ¡cayó en la trampa! Lucas sólo utiliza estos términos para referirse al comportamiento de Dios. Al final, hace una catequesis finísima para dar a entender que el que practica la misericordia, sea quien sea, se asemeja a Dios, se comporta como el mismo Dios lo hubiera hecho.

Y el final: “vete y haz tu lo mismo” (v. 37) podría mal entenderse si no se recuerda lo que hizo el samaritano. Se es prójimo no sólo si se ayuda a otro, sino si se hace de esta manera. De ahí que no cualquier ayuda nos asemeja a Dios; sólo la que tiene estas características y otras que desarrollará posteriormente el Evangelio. Por eso, quizás tengan razón quienes dicen que para practicar la compasión no sólo hay que tener buen corazón, sino también rodillas flexibles para inclinarse permanentemente.

Lector:  Meditación.

  • Requerimos del necesitado para darle sentido a nuestra vida. Es decir, el que sufre se convierte en una oportunidad para darle sentido a la vida, pues no es posible vivir realmente sin hacer algo por los hermanos necesitados. ¿En qué nos hace reflexionar esto respecto a las personas necesitadas que vamos encontrando diariamente?
  • Prójimo es el que más necesita; por eso, es el que nos sale al encuentro. El prójimo modifica nuestro plan, nuestro tiempo, nuestro itinerario. ¿En qué nos hace reflexionar este aspecto del Evangelio?
  • Prójimo (el necesitado) puede ser cualquiera… Y  prójimo (el que se compadece) debemos ser todos.  ¿Qué alcance podría o debería tener nuestro servicio en la comunidad eclesial?
  • No toda acción buena nos asemeja en la misma intensidad a Dios… Hay unas que funcionan más y no deben faltar: con seguridad la más importante es la compasión y la misericordia, ¿En qué nos hace reflexionar esto?

Lector:  Oración.

  • Podemos pedirle perdón a Dios por las ocasiones en que hemos tratado a los hermanos enfermos como necesitados y no como hermanos que al tener oportunidad de servirlos le dan sentido a nuestro ministerio, a nuestra vida.
  • Podemos darle gracias a Dios por la posibilidad, cada vez que practicamos la misericordia y la compasión, de asemejarnos a Él.
  • Pidámosle que lo que hagamos genere sensibilidad sobre quién es el prójimo… pero sobre todo suscite conciencia de que todos debemos hacernos prójimos.
  • Podemos rogarle que nuestro servicio no sea una acción, sino una REACCIÓN; que no hagamos sólo un plan de trabajo, sino un proyecto de vida.

ORACIÓN INICIAL -LECTIO- en PDF


INICIO | CONTENIDO

Taller I | Taller II | Taller III | Taller IV

REUNIONES DECANOS