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Vicaría      de Pastoral

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Directorio General para la Catequesis


EXPOSICIÓN INTRODUCTORIA

El anuncio del Evangelio
en el mundo contemporáneo


"Una vez salió un sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron.Otra parte cayó en pedregal, donde no tenía mucha tierra, y brotó enseguida por no tener hondura de tierra; pero cuando salió el sol se agostó, y por no tener raíz se secó. Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto.Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento" (Mc 4,3-8).


14. Esta Exposición Introductoria pretende estimular a los pastores y a los agentes de la catequesis a tomar conciencia de la necesidad de mirar siempre el campo de la siembra y a hacerlo desde la fe y la misericordia. La interpretación del mundo contemporáneo que aquí se presenta tiene, obviamente, un carácter de provisionalidad, inherente con la contingencia histórica.

"Una vez salió un sembrador a sembrar" (Mc 4,3)

15. Esta parábola es fuente inspiradora para la evangelización. "La semilla es la Palabra de Dios" (Lc 8,11). El sembrador es Jesucristo. Anunció el Evangelio en Palestina hace dos mil años y envió a sus discípulos a sembrarlo en el mundo. Jesucristo, hoy, presente en la Iglesia por medio de su Espíritu, sigue sembrando la Palabra del Padre en el campo del mundo.

La calidad del terreno es siempre muy variada. El Evangelio cae "a lo largo del camino" (Mc 4,4) cuando no es realmente escuchado; o cae "en pedregal" (Mc 4,5), sin penetrar a fondo en la tierra; o "entre abrojos" (Mc 4,7), sofocándose enseguida en el corazón de muchas personas, distraídas por mil afanes. Pero una parte cae "en tierra buena" (Mc 4,8), en hombres y mujeres abiertos a la relación personal con Dios y solidarios con el prójimo, y da fruto abundante.

Jesús, en la parábola, comunica la buena noticia de que el Reino de Dios llega a pesar de las dificultades del terreno, las tensiones, los conflictos y los problemas del mundo. La semilla del Evangelio fecunda la historia de los hombres y anuncia una cosecha abundante. Jesús hace asimismo una advertencia: sólo en el corazón bien dispuesto germina la Palabra de Dios.

Una mirada al mundo desde la fe

16. La Iglesia continúa sembrando el Evangelio de Jesús en el gran campo de Dios. Los cristianos, insertos en los más variados contextos sociales, miran al mundo con los mismos ojos con que Jesús contemplaba la sociedad de su tiempo. El discípulo de Jesucristo, en efecto, participa desde dentro de "los gozos y esperanzas, de las tristezas y angustias de los hombres de nuestro tiempo", 12 mira la historia humana y participa en ella, no sólo con la razón sino con la fe. A la luz de ésta, el mundo aparece, a un tiempo, "fundado y conservado por el amor del Creador, esclavizado bajo la servidumbre del pecado y liberado por Cristo, crucificado y resucitado, una vez que fue quebrantado el poder del Maligno". 13

El cristiano sabe que en toda realidad y acontecimiento humano subyacen al mismo tiempo:

  • la acción creadora de Dios, que comunica a todo su bondad;
  • la fuerza que proviene del pecado, que limita y entorpece al hombre;
  • el dinamismo que brota de la Pascua de Cristo, como germen de renovación, que confiere al creyente la esperanza de una "consumación" definitiva. 14

Una mirada al mundo, que prescindiese de alguno de estos tres aspectos, no sería auténticamente cristiana. Es importante, por eso, que la catequesis sepa iniciar a los catecúmenos y a los catequizandos en una lectura teológica de los problemas modernos. 15

EL CAMPO DEL MUNDO

17. Como madre de los hombres, lo primero que ve la Iglesia, con profundo dolor, es "una multitud ingente de hombres y mujeres: niños, adultos y ancianos, en una palabra, de personas humanas concretas e irrepetibles, que sufren el peso intolerable de la miseria". 16 Ella, por medio de una catequesis en la que la enseñanza social de la Iglesia ocupe su puesto, 17 desea suscitar en el corazón de los cristianos "el compromiso por la justicia" 18 y la "opción o amor preferencial por los pobres", 19 de forma que su presencia sea realmente luz que ilumine y sal que transforme.

Los derechos humanos

18. La Iglesia, al analizar el campo del mundo, es muy sensible a todo lo que afecta a la dignidad de la persona humana. Ella sabe que de esa dignidad brotan los derechos humanos, 20 objeto constante de la preocupación y del compromiso de los cristianos. Por eso su mirada no se interesa sólo por los indicadores económicos y sociales, 21 sino también por los culturales y religiosos. Lo que ella busca es el desarrollo integral de las personas y de los pueblos. 22

La Iglesia advierte con gozo que "una beneficiosa corriente atraviesa y penetra ya todos los pueblos de la tierra, cada vez más conscientes de la dignidad del hombre". 23 Esta conciencia se expresa en la viva solicitud por el respeto a los derechos humanos y el más decidido rechazo a sus violaciones. El derecho a la vida, al trabajo, a la educación, a la creación de una familia, a la participación en la vida pública, a la libertad religiosa son, hoy, especialmente reclamados.

19. Sin embargo, en bastantes lugares, y en aparente contradicción con la sensibilidad por la dignidad de la persona, los derechos humanos son claramente violados. 24 Y así se generan, en esos lugares, otras formas de pobreza, que no se sitúan sólo en el plano material: se trata de una pobreza cultural y religiosa que preocupa, igualmente, a la comunidad eclesial. La negación o limitación de los derechos humanos, en efecto, empobrece a la persona y a los pueblos igual o más que la privación de los bienes materiales. 25

La obra evangelizadora de la Iglesia tiene, en este vasto campo de los derechos humanos, una tarea irrenunciable: manifestar la dignidad inviolable de toda persona humana. En cierto sentido es "la tarea central y unificante del servicio que la Iglesia, y en ella los fieles laicos, están llamados a prestar a la familia humana". 26 La catequesis ha de prepararles para esa tarea.

La cultura y las culturas

20. El sembrador sabe que la semilla penetra en terrenos concretos y que necesita absorber todos los elementos necesarios para poder fructificar. 27 Sabe también que, a veces, algunos de esos elementos pueden perjudicar la germinación y la cosecha.

La Constitución Gaudium et Spes subraya la gran importancia de la ciencia y de la técnica en la gestación y desarrollo de la cultura moderna. El espíritu científico que dimana de ellas "modifica profundamente la tendencia cultural y las maneras de pensar", 28 con grandes repercusiones humanas y religiosas. La racionalidad científica y experimental está profundamente enraizada en el hombre de hoy.

Sin embargo, la conciencia de que ese tipo de racionalidad no puede explicarlo todo gana hoy cada vez más terreno. Los propios hombres de ciencia constatan que, junto al rigor de la experimentación, es necesario otro tipo de sabiduría para poder comprender en profundidad al ser humano. La reflexión filosófica sobre el lenguaje hace ver, por ejemplo, que el pensamiento simbólico es una forma de acceso al misterio de la persona humana, inaccesible de otro modo. Se convierte, así, en indispensable un tipo de racionalidad que no divida al ser humano, que integre su afectividad, que lo unifique, dando un sentido más integral a su vida.

21. Junto a esta "forma de cultura más universal", 29 hoy se constata también un creciente deseo de revalorizar las culturas autóctonas. La pregunta del Concilio sigue viva: "¿De qué forma hay que favorecer el dinamismo y la expansión de la nueva cultura sin que perezca la fidelidad viva a la herencia de las tradiciones?". 30

  • En muchos lugares se toma conciencia de que las culturas tradicionales son agredidas, por las influencias exteriores dominantes y por la imitación alienante de formas de vida importadas. De esta manera, se van destruyendo gradualmente la identidad y los valores propios de los pueblos.
  • También se constata la enorme influencia de los medios de comunicación los cuales, muchas veces, por intereses económicos o ideológicos, imponen una visión de la vida que no respeta la fisonomía cultural de los pueblos a los que se dirige.

La evangelización tiene, así, en la inculturación uno de sus mayores desafíos. La Iglesia, a la luz del Evangelio, ha de asumir todos los valores positivos de la cultura y de las culturas, 31 y discernir aquellos elementos que obstaculizan a las personas y a los pueblos el desarrollo de sus auténticas potencialidades.

La situación religoso-moral

22. Entre los elementos que componen el patrimonio cultural de un pueblo, el factor religioso-moral tiene para el sembrador una particular relevancia. En la cultura actual se da una persistente difusión de la indiferencia religiosa: "Son muchos los que, hoy en día, se desentienden de esta íntima y vital unión con Dios o la niegan de forma explícita". 32

El ateísmo, en cuanto negación de Dios, "es uno de los fenómenos más graves de nuestro tiempo". 33 Adopta formas diversas, pero especialmente hoy aparece bajo la forma del secularismo, que consiste en una visión autónoma del hombre y del mundo "que se explica por sí mismo sin que sea necesario recurrir a Dios". 34

En el ámbito específicamente religioso, se dan signos de una "vuelta a lo sagrado" 35 y de una nueva sed de las cosas trascendentes y divinas. El mundo actual testifica, de una manera cada vez más amplia y viva, "el despertar de una búsqueda religiosa". 36 Este fenómeno, ciertamente, no carece de ambigüedad. 37 El amplio desarrollo de las sectas y de los nuevos movimientos religiosos, y el resurgir del "fundamentalismo", 38 son datos que interpelan seriamente a la Iglesia y que se deben analizar con cuidado.

23. La situación moral que hoy se observa está muy relacionada con la religiosa. En efecto, se detecta un oscurecimiento de la verdad ontológica de la persona humana. Y esto sucede como si el rechazo de Dios quisiera significar la ruptura interior de las aspiraciones del ser humano. 39 Se asiste así, en muchas partes, a un "relativismo ético que quita a la convivencia civil cualquier punto seguro de referencia moral". 40

La evangelización encuentra en el terreno religioso-moral un campo preferente de actuación. La misión primordial de la Iglesia, en efecto, es anunciar a Dios, ser testimonio de El ante el mundo. Se trata de dar a conocer el verdadero rostro de Dios y su designio de amor y de salvación en favor de los hombres, tal como Jesús lo reveló.

Para preparar a tales testigos es necesario que la Iglesia desarrolle una catequesis que propicie el encuentro con Dios y afiance un vínculo permanente de comunión con Él.

LA IGLESIA EN EL CAMPO DEL MUNDO

La fe de los cristianos

24. Los discípulos de Jesús están inmersos en el mundo como levadura pero, al igual que en todo tiempo, no quedan inmunes de experimentar el influjo de las situaciones humanas.Por ello, es necesario plantearse la situación actual de la fe de los cristianos.

La renovación catequética en la Iglesia, desarrollada durante los últimos decenios, ha dado ya frutos muy positivos. 41 La catequesis de niños, de jóvenes y de adultos ha dado origen a un tipo de cristiano verdaderamente consciente de su fe y coherente con ella en su vida. Ha favorecido en ellos, en efecto:

  • una nueva experiencia viva de Dios, como Padre misericordioso;
  • un redescubrimiento más hondo de Jesucristo, no sólo en su divinidad, sino también en su verdadera humanidad;
  • el sentirse, todos, corresponsables de la misión de la Iglesia en el mundo;
  • la toma de conciencia de las exigencias sociales de la fe.

25. Sin embargo, ante el panorama religioso actual, se hace necesario que los hijos de la Iglesia verifiquen: "¿En qué medida están también ellos afectados por la atmósfera de secularismo y relativismo ético?". 42

Un primer grupo está constituido por el "gran número de personas que recibieron el bautismo pero viven al margen de toda vida cristiana". 43 Se trata, en efecto, de una muchedumbre de cristianos "no practicantes", 44 aunque en el fondo del corazón de muchos el sentimiento religioso no haya desaparecido del todo. Despertarles a la fe es un verdadero reto para la Iglesia.

Junto a éstos, están también las "gentes sencillas", 45 que se expresan a menudo con sentimientos religiosos muy sinceros y con una "religiosidad popular" 46 muy arraigada. Tienen una cierta fe, "pero conocen poco los fundamentos de la misma". 47 También existen numerosos cristianos, intelectualmente más cultivados, pero con una formación religiosa recibida sólo en la infancia, que necesitan replantear y madurar su fe bajo una luz distinta. 48

26. No falta, tampoco, un cierto número de bautizados que, lamentablemente, ocultan su identidad cristiana sea por una forma de diálogo interreligioso mal entendida, sea por una cierta reticencia a dar testimonio de su fe en Jesucristo en la sociedad contemporánea.

Estas situaciones de la fe de los cristianos reclaman con urgencia del sembrador el desarrollo de una nueva evangelización, 49 sobre todo en aquellas Iglesias de tradición cristiana donde el secularismo ha hecho más mella. En esta nueva situación, necesitada de evangelización, el anuncio misionero y la catequesis, sobre todo a jóvenes y adultos, constituyen una clara prioridad.

La vida interna de la comunidad eclesial

27. Es importante considerar también la vida misma de la comunidad eclesial, su calidad interna. Una primera consideración es descubrir cómo en la Iglesia se ha acogido y han ido madurando los frutos del Concilio Vaticano II. Los grandes documentos conciliares no han sido letra muerta: se constatan sus efectos. Las cuatro constituciones -Sacrosanctum Concilium, Lumen Gentium, Dei Verbum y Gaudium et Spes- han fecundado a la Iglesia. En efecto:

  • La vida litúrgica es comprendida más profundamente como fuente y culmen de la vida eclesial.
  • El Pueblo de Dios ha adquirido una conciencia más viva del "sacerdocio común", 50 originado en el Bautismo. Así mismo, se descubre más y más la vocación universal a la santidad y un sentido más vivo del servicio a la caridad.
  • La comunidad eclesial ha adquirido un sentido más vivo de la Palabra de Dios. La Sagrada Escritura, por ejemplo, es leída, gustada y meditada de una manera más intensa.
  • La misión de la Iglesia en el mundo se percibe de una manera nueva. Sobre la base de una renovación interior, el Concilio ha abierto a los católicos a la exigencia de una evangelización vinculada necesariamente con la promoción humana, a la necesidad de diálogo con el mundo, con las culturas y religiones, y a la urgente búsqueda de la unidad entre los cristianos.

28. En medio de esta fecundidad se deben reconocer también "defectos y dificultades en la recepción del Concilio". 51 A pesar de una doctrina eclesiológica tan amplia y profunda, se ha debilitado el sentido de pertenencia eclesial; se constata, con frecuencia, una "desafección hacia la Iglesia"; 52 se la contempla, muchas veces, de forma unilateral, como mera institución, privada de su misterio.

En algunas ocasiones, se han dado posiciones parciales y contrapuestas en la interpretación y aplicación de la renovación pedida a la Iglesia por el Concilio Vaticano II. Tales ideologías y comportamientos han conducido a fragmentaciones y a dañar el testimonio de comunión, indispensable para la evangelización.

La acción evangelizadora de la Iglesia, y en ella la catequesis, debe buscar más decididamente una sólida cohesión eclesial. Para ello es urgente promover y ahondar una auténtica eclesiología de comunión, 53 a fin de generar en los cristianos una sólida espiritualidad eclesial.

Situación de la catequesis: vitalidad y problemas

29. Muchos son los aspectos positivos de la catequesis en estos últimos años, que muestran su vitalidad. Entre ellos cabe destacar:

  • El gran número de sacerdotes, religiosos y laicos que se consagran con entusiasmo y constancia a la catequesis. Es una de las acciones eclesiales más relevantes.
  • También hay que destacar el carácter misionero de la catequesis actual y su tendencia a asegurar la adhesión a la fe por parte de los catecúmenos y de los catequizandos, en medio de un mundo donde el sentido religioso se oscurece. En esta dinámica se toma clara conciencia de que la catequesis debe adquirir el carácter de la formación integral, y no reducirse a una mera enseñanza: deberá empeñarse, en efecto, en suscitar una verdadera conversión. 54
  • En sintonía con lo anterior, tiene extraordinaria importancia el incremento que va adquiriendo la catequesis de adultos 55 en el proyecto de catequesis de numerosas Iglesias particulares. Esta opción aparece como prioritaria en los planes pastorales de muchas diócesis. Igualmente, en algunos movimientos y grupos eclesiales ocupa un lugar central.
  • Favorecido sin duda por las orientaciones recientes del Magisterio, el pensamiento catequético ha ganado, en nuestro tiempo, en densidad y profundidad. En este sentido, muchas Iglesias particulares cuentan ya con adecuadas y oportunas orientaciones pastorales.

30. Algunos problemas, sin embargo, deben hoy ser examinados con particular cuidado, tratando de encontrar solución a los mismos:

  • El primero se refiere a la concepción de la catequesis como escuela de fe, como aprendizaje y entrenamiento de toda la vida cristiana, concepción que no ha penetrado plenamente en la conciencia de los catequistas.
    En lo que concierne a la orientación de fondo, el concepto de "Revelación" impregna ordinariamente la actividad catequética; sin embargo, el concepto conciliar de "Tradición" tiene un menor influjo en cuanto elemento realmente inspirador. De hecho, en muchas catequesis, la referencia a la Sagrada Escritura es casi exclusiva, sin que la reflexión y la vida dos veces milenaria de la Iglesia 56 la acompañe de modo suficiente. La naturaleza eclesial de la catequesis aparece, en este caso, menos clara. La interrelación entre la Sagrada Escritura, la Sagrada Tradición y el Magisterio, "cada uno a su modo", 57 no fecunda aún de modo armonioso la transmisión catequética de la fe.
  • Respecto a la finalidad de la catequesis, que trata de propiciar la comunión con Jesucristo, es necesaria una presentación más equilibrada de toda la verdad del misterio de Cristo. A veces se insiste sólo en su humanidad, sin hacer explícita referencia a su divinidad; en otras ocasiones, menos frecuentes en nuestro tiempo, se acentúa tan exclusivamente su divinidad que no se pone de relieve la realidad del misterio de la Encarnación del Verbo. 58
  • Acerca del contenido de la catequesis, subsisten varios problemas. Existen ciertas lagunas doctrinales sobre la verdad de Dios y del hombre, sobre el pecado y la gracia, y sobre los novísimos. Existe la necesidad de una más sólida formación moral; se advierte una inadecuada presentación de la historia de la Iglesia y una escasa relevancia de su doctrina social. En algunas regiones proliferan catecismos y textos de iniciativa particular, con tendencias selectivas y acentuaciones tan diversas que llegan a dañar la necesaria convergencia en la unidad de la fe. 59
  • "La catequesis está intrínsecamente unida a toda la acción litúrgica y sacramental". 60 A menudo, sin embargo, la práctica catequética muestra una vinculación débil y fragmentaria con la liturgia: una limitada atención a los signos y ritos litúrgicos, una escasa valoración de las fuentes litúrgicas, itinerarios catequéticos poco o nada conectados con el año litúrgico y una presencia marginal de celebraciones en los itinerarios de la catequesis.
  • En lo que concierne a la pedagogía, después de una acentuación excesiva del valor del método y de las técnicas por parte de algunos, no se atiende aún debidamente a las exigencias y originalidad de la pedagogía propia de la fe. 61 Se cae con facilidad en el dualismo "contenido-método", con reduccionismos en uno u otro sentido. Respecto a la dimensión pedagógica, no se ha ejercido siempre el necesario discernimiento teológico.
  • Por lo que concierne a la diversidad de culturas en relación al servicio de la fe, está el problema de saber transmitir el Evangelio en el horizonte cultural de los pueblos a los que se dirige, de modo que pueda ser percibido realmente como una gran noticia para la vida de las personas y de la sociedad. 62
  • La formación al apostolado y a la misión es una de las tareas fundamentales de la catequesis. Sin embargo, mientras crece en la actividad catequética una nueva sensibilidad para formar a los fieles laicos para el testimonio cristiano, el diálogo interreligioso y el compromiso en el mundo, la educación en el sentido de la "misión ad gentes" es aún débil e inadecuada. A menudo, la catequesis ordinaria concede a las misiones una atención marginal y de carácter ocasional.

LA SIEMBRA DEL EVANGELIO

31. Analizado el terreno, el sembrador envía a sus operarios a anunciar el Evangelio por todo el mundo, comunicándoles la fuerza de su Espíritu. Al mismo tiempo les muestra cómo leer los signos de los tiempos y les pide una preparación muy cuidada para realizar la siembra.

Cómo leer los signos de los tiempos

32. La voz del Espíritu que Jesús, de parte del Padre, ha enviado a sus discípulos resuena también en los acontecimientos mismos de la historia. 63 Tras los datos cambiantes de la situación actual, y en las motivaciones profundas de los desafíos que se le presentan a la evangelización, es necesario descubrir "los signos de la presencia y del designio de Dios". 64 Se trata de un análisis que debe hacerse a la luz de la fe, con actitud de comprensión. Valiéndose de las ciencias humanas, 65 siempre necesarias, la Iglesia trata de descubrir el sentido de la situación actual dentro de la historia de la salvación. Sus juicios sobre la realidad son siempre diagnósticos para la misión.

Algunos retos para la catequesis

33. Para poder expresar su vitalidad y eficacia, la catequesis debe asumir, hoy, los siguientes desafíos y opciones:

  • ante todo debe ser propuesta como un servicio fundamental, interior a la evangelización de la Iglesia, y con un acentuado carácter misionero;
  • debe dirigirse a sus destinatarios de siempre, que han sido y siguen siendo los niños, los adolescentes, los jóvenes y los adultos, y debe hacerlo a partir, sobre todo, de estos últimos;
  • a ejemplo de la catequesis patrística, debe moldear la personalidad creyente y, en consecuencia, ser una verdadera y propia escuela de pedagogía cristiana;
  • debe anunciar los misterios esenciales del cristianismo, promoviendo la experiencia trinitaria de la vida en Cristo como centro de la vida de fe;
  • debe considerar, como tarea prioritaria, la preparación y formación de catequistas dotados de una profunda fe.
 
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