TERCERA
PARTE
La
pedagogía de la fe
"Yo
enseñé a Efraín a caminar, tomándole por
los brazos... Con lazos humanos los atraía, con lazos de amor,
y era para ellos como los que alzan a un niño contra su mejilla,
me inclinaba hacia él y le daba de comer" (Os 11,3-4)
"Cuando
quedó a solas, los que le seguían a una con los Doce
le preguntaban sobre las parábolas. El les dijo: A vosotros
se os ha dado el misterio del Reino de Dios. A sus propios discípulos
se lo explicaba todo en privado" (Mc 4,10-11.34)
"Uno
solo es vuestro Maestro, Cristo"
(Mt 23,10)
137.
Jesús cuidó atentamente la formación de los discípulos
que envió en misión. Se presentó a ellos como
el único Maestro y al mismo tiempo amigo paciente y fiel; 476
su vida entera fue una continua enseñanza; 477
estimulándoles con acertadas preguntas 478
les explicó de una manera más profunda cuanto anunciaba
a las gentes; 479
les inició en la oración; 480
les envió de dos en dos a prepararse para la misión;
481
les prometió primero y envió después el Espíritu
del Padre para que les guiara a la verdad plena 482
y les sostuviera en los inevitables momentos de dificultad. 483
Jesucristo es "el Maestro que revela a Dios a los hombres y al
hombre a sí mismo; el Maestro que salva, santifica y guía,
que está vivo, que habla, exige, que conmueve, que endereza,
juzga, perdona, camina diariamente con nosotros en la historia; el
Maestro que viene y que vendrá en la gloria". 484
En Jesucristo, Señor y Maestro, la Iglesia encuentra la gracia
transcendente, la inspiración permanente, el modelo convincente
para toda comunicación de la fe.
Significado
y finalidad de esta parte
138.
En la escuela de Jesús Maestro, el catequista une estrechamente
su acción de persona responsable con la acción misteriosa
de la gracia de Dios. La catequesis es, por esto, ejercicio de una
"pedagogía original de la fe". 485
La
transmisión del Evangelio por medio de la Iglesia es, ante
todo y siempre, obra del Espíritu Santo y tiene en la revelación
el fundamento y la norma básica, tal como se expone en el primer
capítulo de esta parte.
Pero
el Espíritu se vale de personas que reciben la misión
de anunciar el Evangelio y cuyas capacidades y experiencias humanas
entran a formar parte de la pedagogía de la fe.
Brotan
de aquí una serie de cuestiones ampliamente tratadas a lo largo
de la historia de la catequesis, referentes al acto catequético,
a las fuentes, a los métodos, a los destinatarios y al proceso
de inculturación.
En
el capítulo segundo no se pretende hacer un tratamiento exhaustivo
de ellas, sino que se exponen sólo aquellos puntos que tienen
hoy particular importancia para toda la Iglesia. Corresponderá
a los directorios y a otros instrumentos de trabajo de las distintas
Iglesias particulares considerar de manera apropiada los problemas
específicos.
CAPITULO
I
La
pedagogía de Dios,
fuente y modelo de la pedagogía de la fe
486
La
pedagogía de Dios
139.
"Como a hijos os trata Dios; y ¿qué hijo hay a
quien su padre no corrige?" (Hb 12,7). La salvación de
la persona, que es el fin de la revelación, se manifiesta también
como fruto de una original y eficaz "pedagogía de Dios"
a lo largo de la historia. En analogía con las costumbres humanas
y según las categorías culturales de cada tiempo, la
Sagrada Escritura nos presenta a Dios como un padre misericordioso,
un maestro, un sabio 487
que toma a su cargo a la persona -individuo y comunidad- en las condiciones
en que se encuentra, la libera de los vínculos del mal, la
atrae hacia sí con lazos de amor, la hace crecer progresiva
y pacientemente hacia la madurez de hijo libre, fiel y obediente a
su palabra. A este fin, como educador genial y previsor, Dios transforma
los acontecimientos de la vida de su pueblo en lecciones de sabiduría
488
adaptándose a las diversas edades y situaciones de vida. A
través de la instrucción y de la catequesis pone en
sus manos un mensaje que se va transmitiendo de generación
en generación, 489
lo corrige recordándole el premio y el castigo, convierte en
formativas las mismas pruebas y sufrimientos. 490
En realidad, favorecer el encuentro de una persona con Dios, que es
tarea del catequista, significa poner en el centro y hacer propia
la relación que Dios tiene con la persona y dejarse guiar por
Él.
La
pedagogía de Cristo
140.
Llegada la plenitud de los tiempos, Dios envió a la humanidad
a su Hijo, Jesucristo. El entregó al mundo el don supremo de
la salvación, realizando su misión redentora a través
de un proceso que continuaba la "pedagogía de Dios",
con la perfección y la eficacia inherente a la novedad de su
persona. Con las palabras, signos, obras de Jesús, a lo largo
de toda su breve pero intensa vida, los discípulos tuvieron
la experiencia directa de los rasgos fundamentales de la "pedagogía
de Jesús", consignándolos después en los
evangelios: la acogida del otro, en especial del pobre, del pequeño,
del pecador como persona amada y buscada por Dios; el anuncio genuino
del Reino de Dios como buena noticia de la verdad y de la misericordia
del Padre; un estilo de amor tierno y fuerte que libera del mal y
promueve la vida; la invitación apremiante a un modo de vivir
sostenido por la fe en Dios, la esperanza en el Reino y la caridad
hacia el prójimo; el empleo de todos los recursos propios de
la comunicación interpersonal, como la palabra, el silencio,
la metáfora, la imagen, el ejemplo, y otros tantos signos,
como era habitual en los profetas bíblicos. Invitando a los
discípulos a seguirle totalmente y sin condiciones, 491
Cristo les enseña la pedagogía de la fe en la medida
en que comparten plenamente su misión y su destino.
La
pedagogía de la Iglesia
141.
Desde sus comienzos la Iglesia, que es "en Cristo como un sacramento",
492
vive su misión en continuidad visible y actual con la pedagogía
del Padre y del Hijo. Ella, "siendo nuestra Madre es también
educadora de nuestra fe". 493
Estas son las razones profundas por las que la comunidad cristiana
es en sí misma catequesis viviente. Siendo lo que es, anuncia,
celebra, vive y permanece siempre como el espacio vital indispensable
y primario de la catequesis.
La
Iglesia ha generado a lo largo de los siglos un incomparable patrimonio
de pedagogía de la fe: sobre todo el testimonio de las catequistas
y de los catequistas santos; una variedad de vías y formas
originales de comunicación religiosa como el catecumenado,
los catecismos, los itinerarios de vida cristiana; un valioso tesoro
de enseñanzas catequéticas, de expresiones culturales
de la fe, de instituciones y servicios de la catequesis. Todos estos
aspectos constituyen la historia de la catequesis y entran con derecho
propio en la memoria de la comunidad y en el quehacer del catequista.
La
pedagogía divina, acción del Espíritu Santo en
todo cristiano
142.
"Dichoso el hombre a quien corriges tú, Yahvéh,
a quien instruyes con tu ley".(9 Sal 94,12) En la escuela de
la Palabra de Dios acogida en la Iglesia, gracias al don del Espíritu
Santo enviado por Cristo, el discípulo crece como su Maestro
en "sabiduría, edad y gracia ante Dios y ante los hombres"
(Lc 2,52) y es ayudado para que se desarrolle en él la "educación
divina" recibida, mediante la catequesis y las aportaciones de
la ciencia y de la experiencia. 494
De este modo, conociendo cada vez más el misterio de la salvación,
aprendiendo a adorar a Dios Padre y "siendo sinceros en el amor",
trata de "crecer en todo hacia Aquel que es la cabeza, Cristo"
(Ef 4,15).
Se
puede decir que la pedagogía de Dios alcanza su meta cuando
el discípulo llega "al estado de hombre perfecto, a la
madurez de la plenitud de Cristo" (Ef 4,13). Por eso no se puede
ser maestro y pedagogo de la fe de otros, si no se es discípulo
convencido y fiel de Cristo en su Iglesia.
Pedagogía
divina y catequesis
143.
La catequesis, en cuanto comunicación de la Revelación
divina, se inspira radicalmente en la pedagogía de Dios tal
como se realiza en Cristo y en la Iglesia, toma de ella sus líneas
constitutivas y, bajo la guía del Espíritu Santo, desarrolla
una sabia síntesis de esa pedagogía, favoreciendo así
una verdadera experiencia de fe y un encuentro filial con Dios. De
este modo la catequesis:
Fidelidad
a Dios y fidelidad a la persona
503
145.
Jesucristo constituye la viva y perfecta relación de Dios con
el hombre y del hombre con Dios. De El recibe la pedagogía
de la fe "una ley fundamental para toda la vida de la Iglesia
(y por tanto para la catequesis): la fidelidad a Dios y al hombre,
en una misma actitud de amor". 504
Por
eso, será auténtica aquella catequesis que ayude a percibir
la acción de Dios a lo largo de todo el camino educativo, favoreciendo
un clima de escucha, de acción de gracias y de oración,
505
y que a la vez propicie la respuesta libre de las personas, promoviendo
la participación activa de los catequizandos.
La
"condescendencia"
506
de Dios, escuela para la persona
146.
Queriendo hablar a los hombres como a amigos, 507
Dios manifiesta de modo particular su pedagogía adaptando con
solícita providencia su modo de hablar a nuestra condición
terrena. 508
Eso
comporta para la catequesis la tarea nunca acabada de encontrar un
lenguaje capaz de comunicar la Palabra de Dios y el Credo de la Iglesia,
que es el desarrollo de esa Palabra, a las distintas condiciones de
los oyentes; 509
y a la vez manteniendo la certeza de que, por la gracia de Dios, esto
es posible, y de que el Espíritu Santo otorga el gozo de llevarlo
a cabo.
Por
eso son indicaciones pedagógicas válidas para la catequesis
aquellas que permiten comunicar en su totalidad la Palabra de Dios
en el corazón mismo de la existencia de las personas. 510
Evangelizar
educando y educar evangelizando
511
147.
Inspirándose continuamente en la pedagogía de la fe,
el catequista configura un servicio a modo de un itinerario educativo
cualificado; es decir, por una parte, ayuda a la persona a abrirse
a la dimensión religiosa de la vida, y por otra le propone
el Evangelio de tal manera que penetre y transforme los procesos de
comprensión, de conciencia, de libertad y de acción,
de modo que haga de la existencia una entrega de sí a ejemplo
de Jesucristo.
A
este fin, el catequista conoce y se sirve, desde una perspectiva cristiana,
de los resultados de las ciencias de la educación.