PRIMERA PARTE

ANTECEDENTES

INTRODUCCIÓN GENERAL

1 Como cada año, el Sr. Arzobispo, Cardenal Don Ernesto Corripio Ahumada, acompañado por sus Obispos auxiliares, numerosos fieles laicos, Religiosos, Religiosas y Sacerdotes, el 14 de Enero de 1989 acudió en peregrinación a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe. Desde ahí, durante la solemne acción litúrgica, hizo este anuncio: "Ahora, queridos hermanos, para terminar esta homilía, a los pies de la Madre quiero darles a conocer que he decidido convocar un Sínodo arquidiocesano que será el II Sínodo, a fin de que esta Iglesia particular de México, rejuvenecida desde sus bases, se ponga en marcha para recibir el año dos mil".

2 A partir de ese momento, la Arquidiócesis inició su peregrinar en actitud de Sínodo -caminando juntos- para encontrar nuevas luces y nuevos horizontes en búsqueda de la Nueva Evangelización de la Ciudad de México-Tenochtitlán.

3 Mediante la circular del 28 de Febrero del mismo año de 1989, el Sr. Arzobispo constituyó la Comisión Organizadora. Promotor: Sr. Obispo Jorge Martínez Martínez; Ejecutivos: Pbro. Alberto Márquez Aquino y Pbro. Francisco Clavel Gil; Secretario: Pbro. Rafael Tapia Rosete; otros miembros de la comisión: Pbro. Manuel Zubillaga Vázquez, Pbro. Antonio Valdés Solórzano, Pbro. Juan Francisco López Félix. Consultores: Sr. Obispo Francisco Orozco Lomelín, Cango. Carlos Warnholtz Bustillos, Pbro. José Luis Guerrero Rosado y Pbro. Rodolfo Cerezo Barreto.

4 Esta comisión organizadora fue la responsable de activar y coordinar la preparación del II Sínodo arquidiocesano durante cerca de tres años y medio, con reuniones quincenales normalmente. A lo largo de esta etapa de los trabajos preparatorios, dicha comisión fue ampliada con otros integrantes: Pbro. José de la Luz Carrasco Pérez, Pbro. Enrique Glennie Graue, Pbro. José Antonio Coronel Salinas OD, Pbro. Gontrán Leonardo Galindo, Cango. Sergio Ruiz Moctezuma, R.P. Víctor Villela Villa MSpS y - Pbro. Lauro Castro Medrano.

5 La primera tarea que la Comisión Organizadora hubo de instrumentar y coordinar fue la consulta prevista por el Código de Derecho Canónico (CIC 461 § 1) que prescribe que en la Iglesia particular el Sínodo debe celebrarse "después de haber oído al Consejo presbiterial".

6 Por medio de la organización del Consejo presbiterial la consulta se dirigió a todo el presbiterio y aun a los Religiosos y a las Religiosas, así como también a las agrupaciones laicales, ya que en el Consejo o Senado presbiterial participan los representantes de las respectivas Vicarías sectoriales -la de Institutos de vida consagrada y la de Laicos-.

7 El Sr. Arzobispo quiso escuchar el parecer de los responsables de la pastoral acerca de dos cuestiones fundamentales: la conveniencia de celebrar un Sínodo y la materia que en él debería tratarse.

8 La respuesta fue entusiasta y suficiente: hubo acuerdo unánime acerca de la conveniencia de celebrar el Sínodo; los motivos y argumentos por los cuales se pensaba en esa forma se agruparon, con la colaboración de la secretaría del Senado, en cinco razones. Estas razones fueron la base para identificar el tema central y desarrollarlo en la temática por la que fue caminando la reflexión sinodal, desde la etapa preparatoria hasta las asambleas.

Las mencionadas cinco grandes razones son las siguientes:

9 1- Es necesario y urgente actualizar la misión evangelizadora de esta Iglesia particular. Después del Vaticano II, Medellín, Puebla, Sínodos universales, encíclicas etc., es importante e imprescindible que haya una expresión más cercana y concreta de esa renovación pastoral.

10 2- En nuestra Arquidiócesis se está requiriendo de una legislación sobre sacramentos, administración, organización y estructuras, costumbres etc.; esto corregiría errores y unificaría el trabajo pastoral. La legislación del Código de Derecho Canónico necesita concretizarse y la del I Sínodo debe actualizarse.

11 3- Las condiciones particularmente difíciles de la Arquidiócesis, -dimensiones, número de fieles, proceso de crecimiento, pluralidad de ambientes- requieren de una renovada atención y de una clara manifestación de corresponsabilidad pastoral a fin de tomar decisiones acertadas.

12 4- Es necesaria una vitalización de la fe en las comunidades, en los Agentes, en los Medios de evangelización y el II Sínodo puede ser una ocasión muy propicia para ello.

13 5- Ante los nuevos desafíos que enfrenta la evangelización -mayorías empobrecidas, los jóvenes, la urgente renovación parroquial, evangelizar fuera del templo etc.-, es urgente emprender una nueva y vigorosa acción misionera que, con audacia y creatividad, nos permita responder a las exigencias presentes, en vistas al futuro del mundo y de la Iglesia.

14 Con el pensamiento expresado por el Sr. Arzobispo al anunciar el II Sínodo y con las aportaciones del presbiterio y de los demás miembros de la comunidad arquidiocesana consultados, se fue definiendo la temática a tratar. Para este fin, desde luego, tuvo un influjo decisivo la insistente invitación del Papa Juan Pablo II para que la Iglesia se ponga en camino de una Nueva Evangelización.

15 Hablar de rejuvenecer a la Iglesia a fin de prepararse para el final del milenio, como lo señalaba el Sr. Cardenal, juntamente con la problemática, necesidades y expectativas presentadas por la consulta, era abrir el cauce de la Nueva Evangelización; era necesario, sin embargo, referirla muy concretamente, desde el principio, a la Iglesia local. Así, el tema central del II Sínodo, desde donde se pretendía que avanzara la reflexión arquidiocesana, quedó sintetizado en esta fórmula: "Los Grandes Desafíos del Distrito Federal a la Nueva Evangelización de la Iglesia Particular que está en Él".

16 En el contexto descrito hasta aquí, como una breve síntesis de la primera etapa preparatoria del II Sínodo, se pueden presentar ahora los diversos apartados que integran la Primera Parte de este libro: los ANTECEDENTES.

17 En primer lugar se encuentra el "Planteamiento Básico", documento fundamental en el conjunto de estudios y reflexiones sinodales. Este documento, elaborado por la Comisión Central de Estudios, fue entregado el presbiterio por medio del Senado Presbiterial para su consideración; con las aportaciones recibidas, la primera edición fue puntualizada y detallada en algunos elementos y, sobre todo, en algunas expresiones. A la segunda edición se le llamó "Planteamiento Básico Revisado".

18 El término "Planteamiento Básico" pretende indicar la finalidad de este mismo documento, cuyo tema central -que, como hemos dicho, gira totalmente en torno a la Nueva Evangelización de la Ciudad de México- podía abordarse bajo muy diversos aspectos o puntos de vista. Era necesario, por tanto, determinar el enfoque preciso que se le quería dar a esta temática. Por esta razón en el Planteamiento Básico se señalan, globalmente, las características históricas y culturales de los habitantes de la Ciudad para -desde la óptica de la Evangelización de la Cultura- poder orientar el esfuerzo evangelizador de la Iglesia.

19 Viene en segundo lugar lo que se llama aquí "Consulta Diocesana" que abarca distintos momentos en que los diversos sectores activos de la Arquidiócesis participan para dar aportaciones con diversas modalidades. Esta participación está centrada en el trabajo realizado por medio de los cuatro Fascículos del Documento de Consulta.

20 En tercer lugar se presenta la "Encuesta a los Agentes Laicos". Se trata de una consulta cualificada, considerados los destinatarios específicos y el nivel en que se realizó: trabajo de riguroso carácter científico cuyos resultados deberán seguir siendo utilizados por varios años para la reflexión pastoral, como luz que ayude a dar respuesta a la problemática que ahí se detalla.

21 El cuarto lugar lo ocupa la "Declaración de la Arquidiócesis en Estado de Sínodo". El 29 de Junio de 1989, a cinco meses de haber anunciado su deseo de realizar un Sínodo, pareció oportuno al Sr. Arzobispo dar esta declaración: invita a la conversión, al discernimiento, al estudio, en una palabra, a la participación. En efecto, era necesario dejar muy claro que ya se estaba de acuerdo en la importancia de celebrar el II Sínodo; era preciso, también, adentrarse en el camino con el compromiso de la preparación. De hecho el Sr. Cardenal así lo expresó: "declaro formalmente a la Iglesia de la Ciudad de México en estado de preparación al II Sínodo de la Arquidiócesis de México".

22 En quinto lugar está la "Exhortación Pastoral del Señor Arzobispo", fechada el 11 de Junio de 1990, solemnidad del Corpus Christi. Había pasado año y medio desde que se iniciara el caminar del Sínodo; se notaba ya un poco de cansancio. Ante ello el Sr. Cardenal invita a "emprender con renovado entusiasmo la preparación próxima de la realización del II Sínodo arquidiocesano".

23 Por último, en el sexto apartado de esta primera parte, se encuentra la "Convocatoria", documento por el que el Sr. Arzobispo anuncia la celebración del II Sínodo estrictamente dicho, o sea, las Asambleas; convoca a ellas a quienes tienen el deber y el derecho de asistir, según el CIC 463; así mismo señala las fechas de la apertura, de las cuatro semanas de las asambleas y de la clausura. Un dato importante que conviene aquí anotar es que el 11 de Enero de 1992, al dar a conocer en la Basílica de Guadalupe esta convocatoria, el Sr. Cardenal nombró a San José como Patrono del II Sínodo de la Arquidiócesis de México.

24 A lo largo de la etapa de preparación del II Sínodo arquidiocesano, desde el día 14 de Enero de 1989 en que se anunció, hasta el día 18 de Mayo de 1992 en que iniciaron las asambleas -y aun durante ellas-, la comunidad arquidiocesana estuvo participando de muy diversas formas; desde luego la más común y, a la vez, la más importante fue la oración. El Sr. Cardenal y los señores Obispos exhortaban constantemente a ella; los sacerdotes la promovían con carteles y con mantas en muchos templos, de tal manera que las comunidades y los grupos recitaban con frecuencia -especialmente en la celebración de la Eucaristía- la oración compuesta para este fin.

25 La Comisión Organizadora y algunas personas generosas apoyaron una amplia edición y difusión de estampas con la "Oración por el II Sínodo Arquidiocesano". En este aspecto de la oración es adecuado reconocer el especial empeño que pusieron las Religiosas, muy particularmente las de vida contemplativa.

ORACIÓN POR EL II SÍNODO
ARQUIDIOCESANO

Padre, tú quieres que todos los hombres se
salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

Para eso, por Cristo convocas a tu Iglesia y le
confías la tarea de la evangelización.

Envíanos tu Espíritu para que, en la
preparación y realización de nuestro Sínodo
Diocesano, encontremos respuesta adecuada a
las necesidades pastorales del Pueblo de Dios.

Por intercesión de Santa María de Guadalupe
y de San José, concédenos la gracia de caminar
juntos en el cumplimiento de tu voluntad.

Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor. Amén.

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