CAPÍTULO II

SITUACIÓN PRESENTE

A- La Cultura del Hombre de la Ciudad de México

65 19. El Distrito Federal contiene una de las concentraciones humanas más grandes del mundo, sobre todo tomando en cuenta el hecho de la anexión de poblados de los estados circunvecinos; a dicho proceso de anexión de núcleos urbanos se le llama técnicamente "conurbación", que da por resultado la megalópolis.

66 A fines de siglo, la zona metropolitana de la Ciudad de México podría llegar a ser, según varios estudios, el área urbana más grande del mundo.

67 20. La actividad evangelizadora de la Iglesia se encuentra así frente a un complejísimo campo de misión, sobre todo si atendemos a la realidad humana de esa inmensa Ciudad. Como ha dicho el Papa Juan Pablo II, "el hombre es el camino de la Iglesia" (RH 14); por ello el hombre es el camino que hay que seguir. El hombre no es un ser abstracto: es un ser bio-psíquico; mas su verdadera naturaleza no permite que sea considerado sólo individualmente: el hombre es un sujeto comunitario, una cadena; es histórico: tiene un sello particular al formar parte de una sociedad determinada, en un espacio que lo condiciona; ha heredado un pasado; está en proceso de transformación actual; se proyecta hacia el futuro; está comunicado con un mundo cada día de mayores interdependencias. Es decir, el hombre tiene un sello particular conformado por su identidad histórica, económica, social, política, artística, ética, religiosa etc.: a este sello lo llamamos cultura. La cultura es lo que permite encontrar el significado de la vida cotidiana de la gente.

68 21. Más técnicamente hablando y siguiendo de cerca el Magisterio de la Iglesia, podemos entender la cultura desde tres enfoques complementarios:

69 a- La cultura es el modo particular con que un pueblo cultiva su relación con la naturaleza, entre sus miembros y con Dios (GS 53); finalidad de la cultura es alcanzar "un nivel verdadera y plenamente humano" (Ib.).

70 Esta actividad es la respuesta a la vocación recibida de Dios que le pide perfeccionar toda la creación (Gén 1 y 2) y en ella sus propias capacidades y cualidades (DP 391). La cultura tiene como finalidad "la plena madurez humana" (GS 53), la "plena madurez espiritual y moral del género humano" (Id. 55 y 59).

71 b- La cultura es el proceso de conciencia colectiva que un pueblo tiene de su realidad histórica; esa conciencia colectiva lo conduce a marcar un conjunto de valores que lo animan y de antivalores que lo debilitan.

72 La cultura abarca formas de expresión en estilos de vida, costumbres y lengua, también la experiencia vivida y las aspiraciones de futuro (DP 387).

73 c- La cultura también es considerada como un proceso histórico y social que brota de la actividad creadora del hombre (Id. 392-399).

74 Todo hombre nace en el seno de una cultura determinada y, por consiguiente, al mismo tiempo enriquecido y condicionado por ella; su actitud, sin embargo, no es meramente pasiva ni se reduce a recibir, sino que principalmente crea y transforma para trasmitir.

75 22. Esta necesaria aclaración nos plantea una pregunta: ¿Cuál es la cultura y cuáles las culturas de esta megalópolis?

76 23. Responder a esta pregunta es fundamental para hacer la profesión de fe de nuestro Credo: "que por nosotros los hombres y por nuestra salvación..."; este contenido lo retoma el Papa al decirnos "el camino de la Iglesia es el hombre". La Iglesia tiene que escuchar a ese hombre para conocerlo, para apreciarlo, para dejarse guiar por él y para servirlo en su tarea específica: evangelizar; esto implica que entremos realmente en el mundo en que vivimos sin perder la propia identidad, aunque ésta pueda encarnarse en muchas formas.

77 24. Nos preguntamos entonces en este II Sínodo como desafío central: ¿Cuál es la cultura o cuáles las culturas concretas que hay que evangelizar aquí y ahora en la Ciudad.

78 25. Para los efectos de este documento, tratamos de describir el fenómeno casi sólo enunciativamente, desde diferentes ángulos; aunque lo hacemos de manera incompleta, enfatizamos sobre todo lo que plantea tal o cual expresión cultural al meollo de la cuestión evangelizadora, esto es, a la inculturación del Evangelio.

79 La Inculturación es "el proceso de evangelización por el cual la vida y los mensajes cristianos son asimilados por una cultura, de modo que no solamente se expresan con los elementos propios de dicha cultura, sino que se constituyen en un principio de inspiración, al mismo tiempo norma y fuerza de unificación, que transforma y recrea esa cultura".

B- El Ángulo Etnográfico

80 26. El pueblo mayoritario posee un sustrato indígena que está fuertemente presente en su vida: el sentido cíclico de la existencia manifestado en la fiesta popular local y en otras expresiones; su fuerte culto a la maternidad; la aceptación de una voluntad divina en forma un tanto fatalista; el valor del dolor humano ante la divinidad de quien depende todo cambio y ante la que el hombre sólo permanece pasivo y expectante; el culto familiar de la muerte; el mito de lo extranjero que se traduce en malinchismo etc.

81 Esta verdad cultural nos plantea entonces un primer núcleo de desafíos: ¿La formación de los Agentes de pastoral permite entender a este hombre? ¿Valoramos todos sus elementos positivos? ¿Partimos de ellos en nuestra acción evangelizadora? ¿Cómo podremos vitalizar el germen del Evangelio hoy en esta dimensión cultural a fin de que ésta se supere sin desvirtuarla?

C- El Ángulo de un Pueblo Conquistado

82 27. Cultura del silencio: la huella de la conquista -de un pueblo colonizado, con sentimientos de inferioridad- ha quedado en lo más profundo de la conciencia colectiva, incluso de mucha gente de la Ciudad de hoy; es un pueblo callado, sufrido, que soporta en exceso: no acostumbra reclamar aunque tenga derecho; considera el reclamo legítimo como falta de respeto a la autoridad; tiene miedo a expresarse; tiene una lógica más bien sentimental; está marginado de la conciencia de sus problemas y de sus soluciones. Es un pueblo con una cultura del silencio cuyo escape es la ironía.

83 Al carecer de influencia política y económica, este pueblo carece del privilegio de la legalidad; de ahí que gran parte de su vida se mueve en situaciones anómalas: comercio ambulante, talleres informales, mercados callejeros, asentamientos ilegales, invasiones de predios, paracaidismo, carencia de documentos personales. Nos cuestionamos: ¿En esta cultura tiene la evangelización una auténtica dimensión liberadora o la deja marginada y silenciosa todavía?

84 28. Simultáneamente existe una cultura de la opulencia: la poseen unos pocos apegados a su valía, a su capacidad de decisión y a su origen; rechazan las costumbres autóctonas indígenas o las expresiones populares; disfrutan de los últimos adelantos de la ciencia y de la técnica; su influencia económica impone las maneras de ser y de pensar en los medios de comunicación y en la vida económica, social y política del país.

85 Esta realidad nos lleva a interrogarnos con seriedad: ¿Qué presencia y calidad evangelizadora tenemos en estos medios? ¿La evangelización que realizamos desenmascara los ídolos del poder o los fomenta? ¿Se promueve la solidaridad hacia los otros y se reconocen y fomentan sus valores?

D- Los Ángulos Socio-Ambiental y Socio-Económico

86 29. Los antiguos pueblos que rodeaban la Ciudad, hortelanos, floricultores, campesinos, han sido devorados por la mancha urbana; en ellos existe un sentimiento fuerte de identidad: defensores de una religiosidad popular impulsada en otro momento por la misma Iglesia, se enfrentan ahora frecuentemente a un tipo de presencia pastoral que les sigue representando una cultura invasora y destructiva, particularmente cuando chocan los intereses. ¿Entendemos los Agentes de evangelización realmente la religiosidad popular urbana? ¿Nos hemos preocupado por estudiarla y asumirla en el proyecto evangelizador? ¿Somos conscientes de la influencia de las sectas que pretenden destruir esta religiosidad?

87 30. El indígena, más conocido como indio, venido de las zonas circunvecinas y de otras regiones de la República, con su cosmovisión y teogonía seculares, vive en su propia tierra como extraño, experimenta continuamente la discriminación, deambula por la Ciudad a la que nunca llega a integrarse; aunque conoce dos idiomas, el autóctono y el español, se siente incomprendido; nunca pierde el contacto con su propio pueblo al que regresa con frecuencia; y, tratando de no perder los lazos con su propia etnia, tiene lugares específicos de encuentro frecuente. ¿Qué tipo de pastoral evangelizadora estamos propiciando para ellos? ¿La hemos siquiera intentado?

88 31. Las inmigraciones de diversas regiones de la República han traído a la Ciudad capital múltiples cosmovisiones rurales: el providencialismo, el sentido del milagro, la confianza en los santos, la pluralidad de los Santuarios, los convencionalismos sociales, la bondad y la confianza que, ante lo hostil del ambiente citadino, se torna en aislamiento y desconfianza que llevan a esta gente a buscar a los que vienen de su propio terruño; a sentir un gran deseo de ser alguien a través del compadrazgo en medio de esta Ciudad que los reduce al anonimato. ¿Cómo reforzamos los vínculos de comunidad en nuestra evangelización? ¿Tomamos en cuenta los elementos ya existentes en la cultura o yuxtaponemos nuestras formas muchas veces ideologizadas? ¿Tomamos en cuenta lo que significa de doloroso para ellos el anonimato de la Ciudad?

89 32. Existe en la Ciudad una gran variedad de barrios, desde las antiguas vecindades, sobre todo en las zonas céntricas, hasta la diversidad derivada de su superficie -muy convencional-; de su densidad y composición de población -barriadas periféricas-; de su tipo de equipamiento urbano -escuelas, parques, mercados, clínicas etc.-; de su tipo de historia -barrios tradicionales y de abolengo-; de su problemática predominante -pandillerismo- etc. La cultura plural del barrio es muchas veces desconocida para los Agentes de pastoral; dicha cultura puede ser toda una alternativa para construir una Ciudad más orgánica, con el refuerzo de la organización vecinal, con el sentido de pertenencia y de arraigo comunitario.
90 La evangelización tendría que favorecer todo esto a condición de no querer reproducir un modelo de pastoral rural, sino de reconocer nuevas expresiones de vida comunitaria en los barrios que hoy no son ya homogéneos sino plurales y diversificados: se trata de evangelizar en los ambientes urbanos específicos del barrio, a partir de sus elementos y recursos propios.

91 33. Existe igualmente una variedad de multifamiliares y condominios populares; en general, la cultura prevaleciente en estos ambientes tiene un rasgo predominante de individualismo: lo que es común a los demás integrantes del condominio no importa. En estos lugares se encuentran ya las segundas y terceras generaciones de los llegados de provincia, pero también toda la amplia gama de los nacidos en la Ciudad que conforman las llamadas clases medias proletarizadas.

92 Sin hacer generalizaciones indiscriminadas, podemos decir que existe indiferencia, desafecto religioso, nula conciencia de pertenencia a una comunidad cristiana concreta. Esta cultura, por demás amplia en la Ciudad, nos interpela: ¿Qué hacemos por evangelizar a la gente de los condominios? ¿Cómo favorecer una integración comunitaria que se torna difícil en la convivencia cotidiana de los multifamiliares? ¿Que métodos estamos empleando? ¿Podríamos decir, por lo menos, que esta realidad nos inquieta como evangelizadores? ¿Alcanzamos a escuchar la voz de Dios en esa realidad o somos indiferentes?

93 34. Las colonias de clase media tienen también su propia cultura: pequeña casa unifamiliar, valores del orden y laboriosidad; moral individualista separada de la vida civil de todos los días; también son grupos fuertemente afectados por la actual crisis económica: con facilidad se unen en asociaciones o en movimientos más bien centrados en su interés particular; su modo de vida se vuelve prototipo de los demás. ¿Hasta dónde nuestra pastoral evangelizadora se ha identificado con estos modos de vida? ¿Hasta dónde queremos nosotros que otros grupos sociales, otros contextos culturales, se asimilen a éste?

94 35. Hay también una cultura típica de quienes, en las zonas residenciales, tienen deseos y anhelos de asemejarse a modelos de vida extranjeros: son grupos emprendedores; cada casa es un mundo cerrado a su propio círculo elitista; su religión, si la practican, se reduce a ceremonias de tipo social, con ocasión de bautismos, primeras comuniones, bodas; tienen poco sentido de pertenencia a la comunidad eclesial; buscan una iglesia o templo que les satisfaga personalmente, que no haga cuestionamientos en los problemas de la justicia social; sus valores son la capacidad de decisión y de influencia. ¿Qué contenidos debe tener una evangelización para ellos? ¿Cuál es la actitud evangelizadora conveniente?

E- El Ángulo del Quehacer u Ocupación

95 36. Al enunciado de los anteriores ángulos de consideración de la cultura, podría añadirse el del quehacer u ocupación que, a veces por generaciones, ha sellado a grupos y familias que los ejercen; baste tan sólo enumerar algunos: comerciantes, obreros, artesanos, empleados federales. Esta realidad diversificada nos cuestiona: ¿Nuestra evangelización actual es capaz de adaptarse a esta pluralidad de rostros? ¿Hemos evangelizado el mundo del trabajo?

F- El Ángulo de la Cultura Urbano-Industrial

96 37. A partir de una economía basada en su mayor parte en la agricultura, México optó por enfocar su desarrollo hacia una modernización orientada decididamente a la industrialización y a la urbanización.

97 El requerimiento de esa nueva cultura urbano-industrial deseada no ha sido fácil, sobre todo por la inversión que el país tuvo que hacer en infraestructura para ello, así como por la necesidad de atraer capitales extranjeros para la alta producción de artículos manufacturados que el país quería impulsar, aprovechando la mano de obra abundante y barata que podía disponer como excedente de una agricultura y de una ganadería dejada a su propia suerte.

98 38. La dinámica así generada ha dado lugar al gigantismo burocrático y a una sociedad masiva, entre otras causas por una tendencia crítica al centralismo urbano; también ha traído aparejada una crisis económica que ha lesionado fuertemente el salario de los trabajadores e incluso de las llamadas clases medias.

99 La crisis ha sido también de valores: si el progreso es entendido como un ideal de producir más y más bienes -aunque éstos sólo puedan ser consumidos por unos cuantos- la crisis humana es inevitable; se trata, pues, no de una crisis del tener más y del tener menos, por una u otra parte, sino de alcanzar a vivir y ser algo más por parte de todos.

100 39. La vida cotidiana de la Ciudad plantea un gran número de posibilidades, oportunidades y opciones a quien vive en ella: todo eso hace enriquecedora a la cultura urbana; pero también el constante desplazamiento, la agitación, el anonimato, la influencia de los medios masivos de comunicación etc. implican aspectos negativos o que plantean serios desafíos a la evangelización que, podríamos decir, aún no se incultura realmente en el medio urbano, metropolitano.

101 40. Toda esta visión nos conecta con algunos problemas específicos como el secularismo, la llamada "cultura adveniente", la crisis de las utopías, la postmodernidad.

102 ¿Qué tiene que hacer la Iglesia en un contexto así? ¿No es realmente necesario un replanteo a fondo de su misión evangelizadora?

G- La Cultura Cosmopolita

103 41. Además de esa multiplicidad de contextos culturales que conforman la vida de las personas en la Ciudad, la cultura cosmopolita -que pretende ser universal y propia de los países desarrollados- implica el aprecio de la ciencia y la técnica, el valor del pluralismo de ideas, la eficacia técnico-productiva; conlleva hedonismo indiscriminado, consumismo, prepotencia, violencia y competitividad agresiva, deseo de acaparar y enriquecerse; todo esto pide hoy a la tarea evangelizadora un discernimiento cuidadoso.

104 42. Entre los cambios culturales que se vislumbran a futuro, es oportuno señalar los que procederán de la integración comercial de México con los demás países de Norte América, los que provendrán de las nuevas ciencias y técnicas; todo esto no debe ser ajeno a la preocupación pastoral: habría que analizar esos cambios para descubrir anticipadamente sus valores y antivalores y renovar así la práctica evangelizadora.

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