TERCERA PARTE

LA IGLESIA ARQUIDIOCESANA
EN PROCESO DE SÍNODO

Sentido de la Cuestión

169 77. Para dar respuesta a la exigencia de evangelizar la cultura en la Ciudad de México, la Iglesia arquidiocesana -somos todos los bautizados- tiene que dar un nuevo paso en la fe y en el compromiso que de ella se deriva. De manera especial los Agentes de evangelización -Obispos, Presbíteros, Diáconos, Religiosos y Religiosas, Laicos más comprometidos- estamos llamados en esta hora a participar en un nuevo proyecto de renovación eclesial.

170 78. Por esta razón, el Arzobispo de México, Cardenal Ernesto Corripio Ahumada, con atinado juicio pastoral, anunció en 1989 la realización del II Sínodo Arquidiocesano.

171 Para ahondar en lo que este II Sínodo significa y para ser más conscientes de su trascendencia, es necesario tener en cuenta a la Iglesia como Sacramento universal de salvación y a la Iglesia local como expresión más concreta de ese misterio.

172 Así mismo es importante considerar el II Sínodo como momento de gracia, valorar el espíritu eclesial que lo anima, conocer su forma de trabajo, precisar la naturaleza jurídica y pastoral de sus resultados, disponernos -en espíritu de fe- a participar con generosidad y entusiasmo en este proceso de renovación pastoral.

A- La Iglesia como Misterio de Dios en la Historia

173 79. La Iglesia es esencialmente Misterio: "Es en Cristo como un Sacramento, es decir, signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano" (LG 1); es la realización histórica de la disposición libérrima y arcana de la sabiduría del eterno Padre que desde siempre estableció convocar a la Iglesia para la salvación de todos los hombres (Cfr. Id. 2).

174 "La Iglesia no es un resultado posterior ni una simple consecuencia desencadenada por la acción evangelizadora de Jesús; ella nace ciertamente de esta acción, pero de modo directo, pues es el mismo Señor quien convoca a sus discípulos y les participa el poder de su Espíritu" (DP 222).

175 80. De esta forma, pues, el Padre envía a su Hijo al mundo y lo constituye cabeza de la Iglesia cuyos miembros, incorporados a Cristo por el Bautismo y la Eucaristía, participan de la misma vida del Resucitado por la acción del Espíritu Santo. "Toda la Iglesia aparece como un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (LG 4).

176 81. Así, el misterio de la Iglesia es vivir la comunión: comunión con Dios, comunión de los hombres entre sí en Cristo. Y ya que el misterio por su naturaleza tiende siempre a crecer en la historia -es el dinamismo del Reino de Dios-, participar en el misterio de la Iglesia es entrar en la dinámica de la comunión; en tal sentido dice Juan Pablo II: "la comunión es siempre misionera y la misión es para la comunión" (ChL 32).


B- La Iglesia Particular

177 82. La relación existente entre la Iglesia universal y la Iglesia particular es vital: consiste en la diversa expresión de un único misterio, la bondad salvífica del Padre que se hace visiblemente presente en la historia del hombre.

178 "La Iglesia particular no nace a partir de una especie de fragmentación de la Iglesia universal, ni la Iglesia universal se constituye con la simple agregación de las Iglesias particulares; hay un vínculo esencial y constante que las une entre sí, en cuanto que la Iglesia universal existe y se manifiesta en la Iglesias particulares" (ChL 25).

179 83. Así pues en cada Iglesia particular, y a partir de todas ellas, existe una sola y única Iglesia de Cristo (Cfr. LG 23). En cada Iglesia particular se realiza el misterio de comunión en Cristo y al mismo tiempo cada una de ellas es un elemento para que, mediante la unión de unas con otras, se viva en cada momento la comunión total en su dimensión histórica.

180 "La Diócesis en una porción del Pueblo de Dios que se confía a un Obispo para que la guíe con la cooperación del presbiterio, de modo que unida a su Pastor y reunida por el Espíritu Santo, por el Evangelio y por la Eucaristía, constituye una Iglesia particular en la que verdaderamente está y obra la Iglesia de Cristo, una, santa, católica y apostólica" (ChD 11; CIC 369).

181 84. Podemos con el Concilio hacer esta síntesis acerca de la Iglesia particular: es una porción de la Iglesia universal (LG 23, ChD 11), al servicio de la finalidad común de toda la Iglesia (Id. 36); el Obispo es el fundamento y principio visible de la unidad de su Iglesia particular (Id. 23); en ella está presente Cristo (Id. 26); en cada Iglesia particular está presente y obra la única Iglesia (Id. 9); está formada a imagen de la Iglesia universal (LG 23).

182 85. Así pues, la Iglesia universal está constituida por una multitud de diversas Iglesias particulares que se distinguen por su situación geográfica, por su historia y tradiciones también particulares; en fin, por su diferente y muy propio bagaje cultural.

C- El Sínodo Diocesano

183 86. El Sínodo Diocesano es, en cierta forma, la misma Iglesia particular en una situación especial y privilegiada; es la Iglesia que, ahondando en la conciencia de su propio ser, quiere escuchar más atentamente a Dios y al hombre para poder hablar mejor del mensaje que tiene encomendado, y así también actuar más adecuadamente en la construcción del Reino de Dios a cuyo servicio está. Toda la Iglesia particular se pone en actitud de examen de su realidad con valentía y objetividad, con fe y esperanza, buscando nuevos cauces de acción por los cuales el Espíritu Santo vaya conduciéndola en su peregrinar.

184 87. En efecto, el Sínodo Pastoral Diocesano es una asamblea de Sacerdotes y Laicos de una Iglesia particular, convocada por el Obispo diocesano, en la que se delibera y legisla sobre las necesidades y conveniencias pastorales de la comunidad eclesial:
* adaptar las leyes y normas de la Iglesia universal a la situación particular de la diócesis;
* indicar métodos actuales para el trabajo pastoral;
* superar las dificultades del apostolado y del gobierno diocesano;
* estimular obras e iniciativas de carácter general;
* corregir, si es el caso, errores de fe y de moral (Cfr. Directorio Pastoral de los Obispos. N° 163).

185 88. El Sínodo es también un momento importante para fomentar y afianzar los vínculos de intercomunicación entre todos los miembros de la Iglesia diocesana, sin perder de vista el ministerio del Obispo como ministerio de unidad. El Sínodo es expresión de la corresponsabilidad del Pueblo de Dios en la edificación del Reino; los miembros de este Pueblo participan en la misión de la Iglesia y, por lo mismo, en la revisión de sus tareas y en la renovación de su vida. El tiempo del Sínodo es una oportunidad para propiciar la conversión de las personas y actualizar las estructuras; así "el caminar de la Iglesia sea un mejor servicio en favor de la comunidad humana" (Cardenal Ernesto Corripio Ahumada. 29 de Junio de 1989).

Desarrollo Actual de los Trabajos Sinodales

186 89. En la etapa actual del proceso sinodal estamos en la fase de realización de las asambleas sinodales previstas, según calendario, para 1992.

187 90. La preparación próxima de las asambleas ha implicado la elaboración, difusión y estudio del Documento de Consulta presentado en cuatro Fascículos. Esta presentación, nos parece, ha facilitado el tratamiento de cada bloque en que fue estructurado el temario aprobado: Destinatarios, Agentes, Medios y Organización de la Nueva Evangelización en la Ciudad.

188 91. El proceso de consulta está generando valiosas y atinadas aportaciones que serán incorporadas en la elaboración de cuatro Cuadernos del Documento de Trabajo, instrumento base de las asambleas sinodales.

189 92. La Encuesta dirigida a Laicos de las diversas Vicarías territoriales y sectoriales ha sido realizada con buenos resultados y está, en este momento, en proceso de análisis técnico; la síntesis y comentarios de ese trabajo serán presentados oportunamente como material que pueda ser utilizado por los sinodales en las asambleas, como referencia del sentir de los Laicos de la Arquidiócesis.

190 93. El equipo de organización interna de las asambleas prevé una dinámica que tenga un verdadero espíritu de participación eclesial por parte de todos los miembros sinodales, a fin de intercambiar, discutir y emitir el voto sobre los Desafíos que se presentarán en los Cuadernos del Documento de Trabajo.

191 94. Es oportuno aquí señalar que el II Sínodo, debido a su amplitud y sobre todo a su objetivo de abrir cauces pastorales para el futuro, no pretende llegar a cuestiones o asuntos demasiado pormenorizados. La necesidad de ulteriores precisaciones no debe ser descartada ni minimizada; sin embargo, deberán ser materia de un trabajo postsinodal. El II Sínodo, por su parte, tiene como objetivo generar la creatividad de muy diversos programas y acciones pastorales así como dar una definición fundamental de las responsabilidades que puedan inducir cambios de carácter estructural para la puesta en marcha de la Nueva Evangelización en la Ciudad.

192 95. A partir de esta reflexión, se enfatiza la necesidad del seguimiento de los trabajos sinodales. La Nueva Evangelización como tarea actual -pero sobre todo futura en este fin de siglo- nos invita a mirar a la Ciudad de México y, por lo tanto, a la Iglesia que está en ella, más allá de inmediatismos. El II Sínodo intenta ser una respuesta a los desafíos de la Nueva Evangelización; esta respuesta irá haciendo eco en las mentalidades, en las acciones mismas y, por lo tanto, sus frutos madurarán al ritmo de procesos reales de crecimiento eclesial. Bajo la guía del Espíritu del Señor Jesús y bajo la mirada de Santa María de Guadalupe, los trabajos sinodales están en marcha.

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