DECLARACIÓN
DE LA ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO
EN ESTADO DE SÍNODO

464 Saludo a la gran comunidad arquidiocesana, con ocasión de esta solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, celebración que entre otras cosas nos recuerda a nosotros Pastores, junto con todos los cristianos, que estamos llamados a ser como Cristo, apóstoles entregados en el servicio cotidiano a los demás; celebración de la misión, del apostolado, de la perseverancia en la fe; celebración que nos impulsa a una renovación. Quisiera, junto con mis hermanos Obispos, saludar con todo mi y afecto y cariño pastoral a los miembros de esta gran Ciudad.

465 A las comunidades parroquiales y movimientos cristianos, a todos y, en especial a los más sufrientes, nuestro saludo de amigos, hermanos y humildes servidores en el Evangelio de Jesucristo.

Nuevos Impulsos de Renovación en el Evangelio

466 Todos ustedes lo saben bien: ante todas los problemas que estamos viviendo en la Ciudad -masificación, despersonalización, agresividad, violencia, desempleo, contaminación y tantas otras situaciones adversas- la Iglesia no tiene autoridad científica o técnica; no pretende plantear soluciones concretas.

467 El servicio de la Iglesia es inspirar las conciencias, iluminar los acontecimientos, animar verdaderas comunidades que testimonien el valor fundamental, en torno al cual se pueda reordenar en forma permanente la convivencia entre los hombres: el amor fraterno que tiene su fuente y origen en el Dios vivo revelado en Cristo Jesús.

468 En una palabra, la única pretensión que la Iglesia tienen es el poder servir a la comunidad humana en la que vive, para que la vida sea más humana, más digna y, así, más de acuerdo al designio de Dios: ése es su origen y su destino.

469 El Concilio Vaticano II, las sucesivas reuniones del Episcopado latinoamericano en Medellín y Puebla, los grandes documentos papales y las catequesis de Juan XXIII, Paulo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II, han venido inspirando en los últimos tiempos el servicio de la comunidad cristiana en medio de la comunidad humana de la Ciudad de México.

470 Los esfuerzos apostólicos realizados por tantos Laicos comprometidos, Religiosas, Religiosos y Sacerdotes, en forma individual y comunitaria, así como las orientaciones y decisiones pastorales de nosotros los Obispos -desde mi inmediato predecesor el Sr. Cardenal Miguel Darío Miranda- han sido, sin duda, manifestaciones de ese servicio eclesial en la Ciudad.

471 Más recientemente, en este mismo sentido, la reestructuración de la Arquidiócesis en Vicarías Episcopales, la realización de la Misión Guadalupana, la colaboración de la Iglesia en los desastres provocados por los terremotos, han sido manifestaciones -sencillas si se quiere- del mismo deseo y espíritu de servir.

472 Sin embargo, las condiciones particularmente urgentes y graves de la convivencia de quienes habitamos en esta gran urbe, hacen necesario el que, como Iglesia, nos dejemos plantear interrogantes acerca de nuestro ministerio y nos hagamos más disponibles: los Agentes, las estructuras, los medios y recursos de la evangelización al servicio de la comunidad humana de este Valle de México:

473 ¿Estamos respondiendo a las exigencias de una vivencia religiosa que ilumine y transforme la vida de nuestros hermanos? ¿Cuáles son las prioridades más urgentes? ¿Qué debemos cambiar como Iglesia? ¿Cómo organizarnos mejor? ¿Qué esperan de la Iglesia los miembros de esta inmensa Ciudad? ¿Hemos asimilado el Concilio Vaticano II, Medellín, Puebla, el Magisterio reciente de los Papas? ¿Son nuestras realmente las opciones preferenciales en favor de los pobres, de los jóvenes, de los constructores de la sociedad pluralista? ¿Estamos construyendo comunidades vivas que nutran el compromiso cristiano en la esfera familiar, social, económica y política?

474 En respuesta a estas preguntas, ya el 14 de Enero de este año de 1989 anuncié en la Basílica de Guadalupe la realización del II Sínodo de la Arquidiócesis de México.

475 Un Sínodo es la reunión eclesial por excelencia para que una Iglesia particular discierna los caminos por los que ha de ir construyendo el Reino de Dios en su aquí y ahora; es la reunión en donde el Obispo, habiendo escuchado la reflexión seria y evangélica de su comunidad diocesana, norma, da lineamientos y legisla para que el caminar de la Iglesia sea un servicio a la comunidad humana.

Pasos que se han Seguido

476 Después del anuncio inicial, se han dado ya algunos pasos para la puesta en marcha del II Sínodo Arquidiocesano: se ha nombrado la Comisión Organizadora del mismo y, habiendo informado a los colaboradores más cercanos, se ha hecho una amplia consulta a todos los Presbíteros de la Arquidiócesis sobre la conveniencia del II Sínodo.

477 Ellos como colaboradores inmediatos de nuestro ministerio evangelizador han respondido de manera entusiasta afirmativamente a nuestra pregunta sobre la conveniencia de realizar el II Sínodo; más aún, han dado ya una serie de posibles temas a tratar.

478 Habiendo hecho las consultas previas, quiero ahora declarar formalmente a la comunidad arquidiocesana en estado de Sínodo.

La Arquidiócesis en Estado de Sínodo

479 Así pues, como un servidor de ustedes que desea vehementemente que la Iglesia se presente ante la comunidad humana en actitud de servicio al hombre -junto con mis hermanos Obispos- declaro formalmente a la Iglesia de la Ciudad en estado de preparación para el II Sínodo de la Arquidiócesis de México.

480 Esta declaración es un llamado a asumir, con todo esfuerzo y seriedad, lo que implica la realización del II Sínodo: es una invitación a un período de conversión, es decir, de toma de conciencia de todo lo que le está impidiendo a la Iglesia, como Pueblo de Dios, cumplir su tarea de servicio.

481 Se trata, en efecto, de entrar como comunidad arquidiocesana a un estado de consulta, análisis y discernimiento pastoral para plantear, en primer lugar, las cuestiones más preocupantes y urgentes. Todo miembro del Pueblo de Dios de esta gran Arquidiócesis tiene derecho a ser escuchado; más aún, también los hombres de buena voluntad que, sin estar en comunión con la Iglesia, desean dar un punto de vista sobre los problemas que afectan a los habitantes de esta Metrópoli y que creen que la Iglesia tiene un papel importante en esta hora de la historia.

482 La etapa de consulta, sin embargo, deberá ser organizada y encauzada de manera que pueda obtener una información lo más representativa posible, por las dificultades obvias que nos plantea la gran masificación de la Ciudad.

483 Es necesario tener en cuenta, además, que el II Sínodo viene a ser un punto de encuentro de diferentes expresiones de búsqueda que se han venido dando en la necesaria e inevitable heterogeneidad de los esfuerzos pastorales. Por lo tanto, el II Sínodo tendrá que recoger preocupaciones que se han expresado y se expresan por caminos que aparentemente podrían juzgarse, superficialmente, como distintos o paralelos a la preparación de la asamblea sinodal.

484 Los trabajos y planes de las Vicarías, las inquietudes de los Religiosos, Religiosas y Movimientos laicos, irán encontrando en el II Sínodo su posibilidad de intercomunicarse y de madurar aún más.

485 Una vez escuchado el parecer del Pueblo de Dios y después de sintetizar, de alguna manera, el proceso pastoral reciente de la Arquidiócesis, precisaremos los temas que el II Sínodo tratará y estableceremos las Comisiones preparatorias.

Llamamiento a la Comunión y Participación

486 Los Obispos latinoamericanos, en 1979, en la reunión de Puebla, con la presencia del Papa Juan Pablo II, en una frase quisimos resumir el propósito evangelizador de la Iglesia: Comunión y Participación. Para la realización del II Sínodo de la Arquidiócesis de México quisiéramos también que esta frase fuera su inspiración; así como en aquella ocasión la catequesis del Papa fue de gran inspiración para nuestros trabajos, esperamos que lo sea nuevamente con ocasión de su posible visita a nuestro país el año próximo.

487 Que esta solemnidad de San Pedro y San Pablo, de tanto significado en nuestras comunidades, nos una en una comunión sincera con todos los miembros de esta Ciudad, para que, superando divisiones, podamos participar fraternalmente de los bienes que el Padre ha dado a todos, sin exclusión ni acepción de personas.

488 Que el II Sínodo de la Arquidiócesis de México sea ocasión de diálogo en el seno de las familias, de los grupos laborales y educativos -formales e informales-; que las Parroquias sean espacios que impulsen este diálogo en la Ciudad; que principalmente los Pastores, junto con los Religiosos y Religiosas y con los grupos organizados de apostolado seglar, estén sensibles a este diálogo de la gran comunidad, para que, recogiendo estas voces y haciendo un discernimiento espiritual sobre ellas, escuchemos lo que Dios nos dice, cuál es su llamamiento a la conversión de la Iglesia de esta Ciudad, para que sea, en verdad, signo e instrumento del servicio de Dios a la humanidad.

+ Cardenal Ernesto Corripio Ahumada
Arzobispo Primado de México
Ciudad de México, 29 de Junio de 1989

Ir página anterior
Ir inicio página
Ir página siguiente

 

Principal

Índice General

Con click puedes ir a la PÁGINA PRINCIPAL DOCUMENTOS ECUCIM

Ver e imprimir ECUCIM en PDF

Glosario

Índice Analítico

Textos Litúrgicos

Siglas

Ir a la Vicaría de Pastoral

Vicaría Pastoral