EXHORTACIÓN PASTORAL
DEL ARZOBISPO DE MÉXICO


1- Saludo a la Comunidad Arquidiocesana

489 Con ocasión de la solemnidad del Corpus Christi en que celebramos la sagrada Eucaristía, de modo particular como signo de unidad y vínculo de caridad en torno al Señor resucitado, junto con mis hermanos Obispos al servicio de esta Iglesia particular de México, he querido dirigirme a todos ustedes para transmitirles, en primer lugar, un saludo de amigo y hermano con todo afecto y cariño pastoral, y para exhortarlos a seguir caminando juntos con renovado entusiasmo para hacer de nuestra Iglesia de la Ciudad de México una comunidad santificada y santificadora, evangelizada y evangelizadora, que se construya a sí misma con la fuerza del Espíritu Santo y dé testimonio del amor de Dios entre los hombres.

2- Dentro del Proceso del II Sínodo Arquidiocesano

490 A distancia de casi un año y medio del anuncio para la realización de un II Sínodo arquidiocesano y a casi un año de la declaración de nuestra Arquidiócesis en estado de Sínodo, hoy he querido que reflexionemos juntos sobre los pasos dados durante este tiempo y que, no sin dificultades, han ido cristalizando en su realización.

491 A partir del anuncio del II Sínodo arquidiocesano en Enero de 1989 y de la designación de la Comisión Organizadora, se inició el camino de preparación a la celebración del Sínodo, preparación que ha culminado con la aprobación del temario definitivo, etapa fundamental del proceso.

492 Desde este momento se han nombrado ya las diferentes Comisiones de Estudio que en la actualidad trabajan en íntima relación con la Comisión Organizadora en la elaboración de lo que será la "Guía de Estudio para el Sínodo"; simultáneamente se van integrando las diferentes Comisiones para llevar a cabo sus objetivos específicos.

493 Mucho, por consiguiente, se ha ido logrando, gracias a Dios, aun cuando todavía falta mucho por lograr. Con cuánta esperanza vamos siguiendo el proceso del Sínodo como una de las formas más importantes para responder a los grandes desafíos que hoy por hoy se presentan a la misión evangelizadora de la Iglesia en la Ciudad de México.

3- Impulso por la Presencia del Papa en México

494 Nuestro II Sínodo arquidiocesano no podía quedar mejor enmarcado, en su preparación y realización, que en los tiempos que estamos viviendo. En efecto, la reciente visita de su Santidad Juan Pablo II a México nos ha permitido reafirmar con profundo gozo la concordancia de los objetivos del II Sínodo con las esperanzas y enseñanzas del Santo Padre.

495 Desde 1983, el pensamiento de Juan Pablo II ha girado de manera insistente en torno a lo que él ha llamado "La Nueva Evangelización", como el camino y el gran marco contemporáneo de referencia de la misión de la Iglesia latinoamericana; esto no es sólo un llamado a la conciencia de la Iglesia, sino un verdadero compromiso evangelizador para responder a los retos que se nos presentan para el futuro.

496 El II Sínodo arquidiocesano tiene precisamente como tema central "Los Grandes Desafíos del Distrito federal a la Nueva Evangelización de la Iglesia que está en Él", lo que nos sitúa como Iglesia particular en la primera línea de los movimientos pastorales de la Iglesia contemporánea.

4- Hacia un Renovado Entusiasmo


497 Las consideraciones anteriores, queridos hermanos todos, necesitan traducirse en algo muy concreto: emprender con renovado entusiasmo la preparación próxima y la realización del II Sínodo Arquidiocesano.

498 Sabemos que el aplicar las leyes universales de la Iglesia a nuestra particular situación, el responder a las serias deficiencias de nuestra Arquidiócesis con un Sínodo bien preparado, bien celebrado, bien participado y bien seguido, no es una tarea fácil; pero tenemos la luz del Espíritu Santo, el apoyo e intercesión de Santa María de Guadalupe, la fuerza de la oración de tantas personas que permanentemente elevan al Señor sus peticiones por el éxito de los trabajos sinodales. Todo esto aunado al impulso que la presencia del Santo Padre nos ha dejado, nos permite ver el futuro con una esperanza fundada y un profundo optimismo por tratarse de una obra del Señor y no sólo de los hombres.

5- Exhortación a la Comunidad Arquidiocesana

499 Por estas razones he querido dirigirme a todos ustedes; de modo especial va mi exhortación a proseguir con insistencia en la campaña de oración permanente para que cada paso del II Sínodo se realice de acuerdo con la voluntad salvadora del Señor.

500 Quiero exhortar de modo particular a todos y cada uno de los miembros del Presbiterio a asumir como algo propio los trabajos sinodales porque éstos son un esfuerzo conjunto de modo que nadie puede quedar excluido; será posible en todas sus etapas en la medida en que estemos convencidos de su importancia y trascendencia pastoral para nuestra comunidad arquidiocesana ante los retos del presente y del futuro.

501 Va también esta exhortación dirigida a las comunidades religiosas de la Arquidiócesis, cuya participación es de tanta importancia para el Sínodo y que puede realizarse de múltiples maneras, desde una actividad directa hasta su promoción y divulgación.

502 Para las comunidades religiosas de vida contemplativa la campaña permanente de oración puede ser el modo más preciso para integrarse al desarrollo del II Sínodo.

503 Finalmente, va mi exhortación como Pastor de esta Iglesia particular -junto con el Colegio episcopal- a todos los fieles que forman esta comunidad arquidiocesana, a los Laicos organizados y especialmente a los jóvenes, futuro esperanzador de nuestra Iglesia, para que asuman con entusiasmo la construcción del futuro junto con los demás miembros de la Arquidiócesis, pues no pueden ser ajenos al trabajo común del II Sínodo.

6- Conclusión

504 Las perspectivas que están a la puerta están llenas de esperanza para la Nueva Evangelización en la Arquidiócesis; por lo tanto, caminemos juntos -eso es el Sínodo- para responder adecuadamente a los retos y desafíos de diversa índole que se presentan a la misión de la Iglesia en esta gran Ciudad de México; dejémonos guiar por las luces del Espíritu Santo para poder ser fieles al compromiso y testimonio evangelizador a fin de que, a su vez, las generaciones futuras prosigan la construcción de una Iglesia particular que siga siendo verdadero signo e instrumento del amor de Dios para todos los hombres.


Su servidor

+ Cardenal Ernesto Corripio Ahumada
Arzobispo Primado de México
Ciudad de México, 11 de Junio de 1990

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