CONVOCATORIA
AL II SÍNODO

1- Introducción

Amados hermanos:

505 Esta mañana, al igual que en otros años, hemos venido caminando juntos en peregrinación hasta la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, los Pastores, los Presbíteros y los Diáconos, al igual que un gran número de Religiosos y Laicos. Esta peregrinación reviste hoy un carácter especial, ya que con ella iniciamos la conmemoración del quinto centenario de la evangelización en nuestro Continente. Desde el Tepeyac surge un verdadero "río de luz" en el dulce mensaje de Nuestra Señora de Guadalupe, trasmitido por mediación del Beato Juan Diego y puesto en marcha por Fray Juan de Zumárraga y los primeros misioneros.

506 Ante los retos de la Nueva Evangelización, planteados a cuantos formamos la Iglesia en el mundo de hoy, esta peregrinación quiere significar también nuestra buena disposición para caminar juntos en la realización del II Sínodo de la Arquidiócesis de México.

2- La Renovación de la Iglesia

507 A partir del Concilio Vaticano II, dio comienzo en la Iglesia un enorme movimiento de renovación para hacer que aparezca más claramente ante el mundo entero el rostro amable de Jesucristo. Grandes acontecimientos han sucedido en la Iglesia durante los últimos años; mencionamos entre ellos las Conferencias Episcopales de Medellín y Puebla, a nivel de nuestro Continente, y los Sínodos Universales sobre la Evangelización y la Catequesis, junto con el inestimable Magisterio del Papa Juan Pablo II.

508 Cuando nos referimos hoy a la Nueva Evangelización, hablamos de un compromiso de renovación para poder dialogar con la familia humana acerca de los problemas actuales, aclarándoselos a la luz del Evangelio y poniendo a su disposición el poder salvador de la Iglesia conducida por el Espíritu Santo (Cfr. GS 3). Hablamos también de la exigencia, para todos los fieles, de participar con su testimonio y su trabajo apostólico a fin de construir una sociedad más justa, más humana y más cristiana; es la toma de conciencia de la Iglesia frente al reto permanente de evangelizar que es la tarea prioritaria y su única razón de ser.

3- El Sínodo Diocesano

509 Como Pastor de esta Ciudad-Arquidiócesis de México, es mi deseo ferviente intensificar la labor pastoral en esta gran Metrópoli; por ello, el 14 de Enero de 1989 manifesté, desde este lugar, el deseo de celebrar un Sínodo diocesano. Ningún momento ha sido más oportuno que el actual para llevar a cabo una revitalización de nuestra tarea evangelizadora.

510 Después de no pocas tensiones y hasta enfrentamientos habidos durante los últimos años en nuestra Patria, la evangelización puede hoy realizarse en forma pacífica. Las nuevas circunstancias políticas de México propician hoy una mayor congruencia con la realidad de pueblo creyente que somos los mexicanos; no pretendemos privilegios, ni poder político, ni riquezas; el solo hecho de pensarlo manifiesta un total desconocimiento de la mística que anima hoy a la Iglesia universal.

511 Por eso es fundamental mantener una sana separación entre la Iglesia y el Estado, juntamente con el respeto de todos los derechos humanos, comenzando por la libertad religiosa y educativa: todo esto favorecerá la unidad y la reconciliación entre los mexicanos.

512 El II Sínodo tendrá las siguientes finalidades :
* adaptar a nuestra situación las disposiciones de la Iglesia universal contenidas en el Nuevo Código de Derecho Canónico;
* corregir errores o vicios existentes;
* dictar normas de acción pastoral;
* cultivar la corresponsabilidad de todos los miembros de la comunidad eclesial.

513 De esta manera el II Sínodo podrá convertirse en instrumento excepcional de renovación para la Arquidiócesis de México.

514 Después de 45 años desde la celebración del I Sínodo diocesano, y en coincidencia con mi acción de gracias al Señor por los 50 años que cumplo de vida sacerdotal, el II Sínodo nos ayudará a descubrir la voluntad de Dios para servir mejor a esta gran Ciudad que, en sus profundas y aceleradas transformaciones, ha superado toda previsión posible.

4- La Ciudad de México hoy

515 La Arquidiócesis de México es una gran urbe, cosmopolita y compleja, que plantea grandes desafíos a la tarea de la Nueva Evangelización; la aquejan fenómenos lacerantes de injusticia, sobrepoblación, desempleo, pobreza extrema y deterioro ambiental, junto al alejamiento y la indiferencia que muchos manifiestan ante Cristo y ante su mensaje.

516 Sin embargo, nuestra Ciudad goza aún de un gran patrimonio de fe, de un enorme potencial de desarrollo solidario y amoroso. El pluralismo ideológico, sin embargo, presenta falsas respuestas de salvación que turban y confunden a muchos; los numerosos grupos religiosos que se difunden en nuestro medio son un signo manifiesto de la falta de formación en la fe y de lo superficial que ha sido, en muchos ambientes, la evangelización; manifiestan también, es doloroso reconocerlo, la falta de testimonio y de entrega de algunos evangelizadores.

517 No es el momento de cruzar los brazos ni de olvidar a nadie: ni a los que están lejos ni a los que son indiferentes y hostiles. Ha llegado la hora de poner el mayor empeño en iluminar, con la Buena Nueva de Jesucristo, la vida, las mentalidades y las culturas de la Ciudad.

518 En la preparación del II Sínodo llevamos ya dos años de trabajo intenso: la primera etapa fue de consulta; la segunda será de elaboración del Documento de Trabajo; la tercera, de celebración de las asambleas sinodales. Hemos concluido ya dos períodos de consulta a todos los niveles para conocer las nuevas exigencias pastorales y los proyectos que puedan ser más oportunos y eficaces.

519 A partir de ahora, brotará la reorganización de nuestras estructuras diocesanas y el compromiso renovado y generoso de todos -Laicos, Religiosos y Pastores- en la transformación de las Parroquias, Comunidades y Movimientos, para que sean centros más activos de evangelización integral; y porque no hay conversión de mentalidades ni renovación cristiana de las estructuras sin conversión personal, el II Sínodo deberá dar una oportunidad para conseguirla.
520 Esta tarea nos llevará a una serie de ordenamientos pastorales que, después -en un trabajo postsinodal- vayan quedando plasmados en una legislación eficaz, precisa y adecuada a los lugares y tiempos; de esta manera estaremos poniendo las bases que permitan a nuestra comunidad cristiana afrontar el tercer milenio con nuevo ardor, nueva expresión y nuevos métodos, para cumplir la encomienda de que "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Tim 2, 4).

521 Es necesario ofrecer a todos la esperanza que brota de la certeza de que Dios está con nosotros, de que el Resucitado camina a nuestro lado y nos guía hacia la meta de nuestra peregrinación terrena, aun cuando sea en medio de no pocas pruebas y dificultades.

522 Es mi deseo que se siga comunicando a todos la noticia de este acontecimiento extraordinario del II Sínodo en nuestra Iglesia local, para que no quede nadie que no tenga conocimiento de él. Deseo también que se continúe incorporando a este proceso un mayor número de Sacerdotes, Religiosos y Laicos que todavía no se encuentran comprometidos. Les pido que el clima de oración sea más intenso y perseverante; no permitamos que el entusiasmo decaiga ni que lo paralice el escepticismo.

5- Los Integrantes del Sínodo

523 La asamblea sinodal estará formada por representantes de los diversos componentes de la Arquidiócesis, de acuerdo a lo establecido por las normas del Derecho Canónico (CJC 463); son los siguientes:
* Los Obispos Auxiliares.
* Los Vicarios Generales.
* Los Vicarios Episcopales.
* El Vicario Judicial.
* Los Canónigos de la Iglesia Catedral.
* Los miembros del Senado Presbiterial.
* El Rector del Seminario Mayor Diocesano.
* Los Decanos.
* Un Presbítero de cada Decanato, elegido por los que lo integran; asimismo, se ha de elegir a otro Presbítero que sustituya al anterior en caso de impedimento.
* Un grupo de peritos en diversas disciplinas para apoyar el trabajo de los Sinodales.

524 También he invitado a algunos fieles laicos, a miembros de Institutos de vida consagrada y a algunos Superiores de Institutos Religiosos y de Sociedades de vida apostólica que tienen casa en la Arquidiócesis.

525 Por otra parte, he invitado como observadores a algunos Ministros o miembros de otras Comunidades eclesiales que no están en comunión plena con la Iglesia católica. He invitado, también, a personas que por su capacitación o su responsabilidad tienen un papel importante en la comunidad humana de esta Ciudad.

526 Si alguno se encuentra legítimamente impedido para participar, no podrá enviar a un procurador que asista en su nombre, pero deberá informarme de tal impedimento (CJC 464). En folio aparte doy nominalmente la lista de los miembros sinodales a quienes pido su participación también en las jornadas de preparación que se tendrán los días 8, 15 y 22 de Febrero, y 7, 14 y 21 de Marzo de 1992.

527 La apertura solemne de la asamblea sinodal será en esta Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe el 11 de Mayo próximo.
528 La sede de las asambleas será la Casa Huipulco del Seminario Conciliar de México, en las siguientes fechas:
* Del lunes 18 al viernes 22 de Mayo de 1992.
* Del lunes 8 al viernes 12 de Junio de 1992.
* Del lunes 13 al viernes 17 de Julio de 1992.
* Del lunes 10 al viernes 14 de Agosto de 1992.
* La clausura será los días 3, 4 y 5 de Noviembre de 1992.
* La clausura solemne tendrá lugar el 5 de Noviembre de 1992 en la Iglesia Catedral Metropolitana.

6- El Patrocinio de San José

529 He elegido a San José como Patrono de nuestro II Sínodo ya que él ha sido invocado como Protector de esta Ciudad en dos ocasiones de la historia de nuestra Arquidiócesis: a él se le dedicó la primer Parroquia de México-Tenochtitlán; en la Ciudad de México celebramos el V Simposio Internacional sobre la personalidad de San José y, con este motivo, publiqué dos cartas pastorales; el mismo Papa Juan Pablo II nos envió una encíclica sobre el particular.

7- Convocatoria Oficial

530 Por lo tanto, amados hermanos, con mi autoridad pastoral, invocando el nombre de Dios Uno y Trino e implorando el auxilio de Nuestra Madre Santísima de Guadalupe y el Patrocinio del Señor San José, su esposo, por medio de estas letras, firmadas y selladas conforme a derecho, en esta Insigne y Nacional Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, convoco al II Sínodo Diocesano de la Arquidiócesis de México-Tenoxtitlán a quienes tienen el derecho y el deber de participar en él como miembros sinodales -y ya anteriormente mencionados- de acuerdo a lo establecido por el Derecho Canónico (CJC 463).

531 Pido al Señor que esta renovación de nuestra Ciudad-Arquidiócesis haga que la Iglesia "se convierta en un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando" (Plegaria Eucarística Vb). Amén.

532 Dispongo que esta convocatoria se difunda ampliamente y se publique en la Gaceta Oficial del Arzobispado de México.

533 Basílica de Guadalupe, a los 11 días del mes de Enero de 1992, en ocasión de la peregrinación anual de la Arquidiócesis de México.


Su servidor

+ Cardenal Ernesto Corripio Ahumada
Arzobispo Primado de México

Doy fe: Mons. Francisco Antonio Macedo Tenllado
Canciller

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