IGLESIA PEREGRINA, SERVIDORA DEL REINO,
SACRAMENTO DE SALVACIÓN

692 Para fundamentar las opciones pastorales del II Sínodo de la Arquidiócesis de México, parece oportuno reflexionar sobre el aspecto de "diakonía" que es esencial a la Iglesia de Jesucristo.

693 Contemplar a la Iglesia como "peregrina" y "servidora" nos ayuda a comprender cuál es su misión en el mundo:

694 "Peregrina" es una modalidad esencial de su ser eclesial y determina también su misión; su servicio se sitúa dentro de la totalidad del designio de Dios que camina hacia la consumación -escatología-.

695 "Servidora" del Evangelio en favor del hombre; este servicio le ha sido confiado por aquel que es el Señor de la historia, y le ha sido confiado como a colaboradora del designio salvífico de Dios.

1- Fundamento Bíblico

696 Sobre el "servicio", en el Nuevo Testamento encontramos textos importantes que tienen un sentido cristológico y eclesiológico.

697 1- Mc 10, 12-45: Jesús define su misión con el lenguaje de Isaías: "Servidor de Yahvéh", y señala a sus discípulos ese mismo camino -"diákonos": servidor; "doûlos": esclavo-: "El Hijo del hombre no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos". Jesús vive la condición de "siervo" y de "esclavo" hasta el punto de convertirse Él mismo en don y entrega que redime al hombre.

698 2- Flp 2, 6-11: Este himno cristológico nos descubre la amplitud y profundidad del "servicio" de Cristo Jesús, quien, siendo Dios, no sigue un comportamiento posesivo, no se aferra a su condición divina ni reclama con avidez sus derechos, sino que elige el camino del anonadamiento -"kénosis"-, del servicio humilde y mortificante, en espíritu de amor y de obediencia, y recibe del Padre el título de Señor. Y así, como "segundo Adán" o "ultimo Adán" -hombre escatológico: 1 Cor 15, 45- viene a restablecer el orden y la armonía en el hombre y en la creación; su presencia entre nosotros se manifiesta no como hombre de dominio, sino como hombre de comunión y de servicio humilde.

699 San Pablo exhorta a la comunidad y a cada cristiano a seguir "la senda del amor -"agàpe"- a ejemplo de Cristo que nos amó y se entregó por nosotros" (Ef 5, 1.25).

700 Si leemos más ampliamente el Nuevo Testamento encontramos que este camino de amor humilde y servicial, de amor que se entrega, tiene su origen en Dios mismo: "Es Dios quien en Cristo reconcilia al mundo consigo" (2 Cor 5, 19; Cfr. Jn 3, 16).

701 En esta perspectiva cristológica y trinitaria se comprende el misterio de la Iglesia y su misión "puesto que procede de la misión del Hijo y de la misión del Espíritu según el designio de Dios Padre, designio que dimana del "amor fontal" o de la caridad de Dios Padre" (AG 2).

702 3- La misma enseñanza contenida en la Carta a los Filipenses la encontramos en San Juan en el relato del lavatorio de los pies (Jn 13, 1-20): "Si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros"; con este relato, San Juan nos descubre cuál es la raíz de la Redención, de la Eucaristía y de la Iglesia: "Habiendo amado a los suyos los amó hasta el fin" (Jn 13, 1) y, al mismo tiempo, nos indica cuál es el camino de la misión: "Actúen como yo he actuado con ustedes".

703 Aparece así la profunda continuidad del plan de Dios y una especie de misión en cascada: del Padre al Hijo Encarnado y del Hijo Encarnado, por el don del Espíritu, a los Apóstoles y a la Iglesia. Existe una profunda armonía entre "Como mi Padre me envió, así yo los envío" (Jn 20, 19) y "Como mi Padre me amó, así los he amado. Ámense los unos a los otros como yo los he amado" (Jn 13, 34; 15, 9); "Ejemplo les he dado para que, así como yo hice con ustedes, así ustedes lo hagan" (Jn 13, 15).

704 En conclusión, en el servicio -"diakonía"- del que nos hablan los evangelistas sinópticos, San Pablo y San Juan resumen la obra de Cristo y abren a la Iglesia el camino de su misión en la historia.

2- Opciones Pastorales

705 Supuesto el fundamento bíblico del servicio -"diakonía"- que traduce la misión evangelizadora de la Iglesia, buscamos ahora algunas expresiones concretas que puedan orientar las opciones pastorales del II Sínodo de la Arquidiócesis de México.

706 La Iglesia, en el curso de su historia, ha querido siempre servir, servir al hombre en nombre de Cristo y animada por su Espíritu, puesto que ésta es su misión y para esto existe; sin embargo, no siempre su idea de servicio y particularmente su "praxis" ha sido suficientemente evangélica -seguimiento de Cristo Servidor- en algunos o en muchos de los cristianos -Sacerdotes y Laicos-.

707 Aparece así el estatuto de "Iglesia peregrina" que implica la necesidad de una "perenne reforma" (UR 6; LG 8), y también de un constante esfuerzo por realizar siempre mejor, en cada etapa de la historia, "el plan de Dios que puso a Cristo como principio de salvación para todo el mundo" (Id. 17): ésta es, en efecto, la misión evangelizadora.

708 Se sigue que la evangelización será siempre una tarea dinámica y que la Iglesia no es de una vez para siempre "servidora", sino que debe buscar constantemente nuevos caminos e inventar nuevos métodos, dejándose cuestionar -nuevo espíritu- por las nuevas situaciones, necesidades y desafíos de una humanidad siempre en desarrollo. Es el sentido de las exigencias de la "Nueva Evangelización" en la que ahora nos encontramos.

709 Para iniciar la búsqueda de estas expresiones que traduzcan la "Nueva Evangelización" en la realidad concreta de la Arquidiócesis de México, propongo -entre otras- tres líneas que se pueden estructurar en torno a la comprensión de la Iglesia como "sacramento de salvación", sacramento del Reino de Dios, sacramento de Cristo-Servidor y de la acción de su Espíritu en la historia y en nuestra propia historia: pobreza, fraternidad, comunión y participación en el servicio.

I° Pobreza

710 1- La pobreza como actitud evangélica y estilo de vida está profundamente vinculada a la evangelización: "Como Cristo efectuó la Redención en la pobreza y en la persecución, así la Iglesia es llamada a seguir ese mismo camino para comunicar a los hombres los frutos de la salvación" (LG 8). En la "Redemptoris Missio" dice Juan Pablo II que "el verdadero misionero es el santo; viviendo las bienaventuranzas el misionero experimenta y demuestra en forma concreta que el Reino de Dios ya ha venido y que él lo ha acogido" (RM 91).

711 2- La situación generalizada de pobreza y de miseria en América Latina pide a la Iglesia un mayor compromiso de pobreza y de solidaridad con los pobres; por esto el eje de la reflexión de la IV Conferencia en Santo Domingo será el tema de la promoción humana y la cultura cristiana en la Nueva Evangelización.

712 "Se trata de asumir en profundidad el hecho de la pobreza del continente latinoamericano y el reto de la evangelización de los pobres para darles el lugar y la voz que ellos reclaman en la nueva sociedad latinoamericana" (DC SD 158).

713 Lo dice el Papa: "La Iglesia, en virtud de su compromiso evangélico, se siente llamada a estar junto a esas multitudes pobres, a discernir la justicia de sus reclamaciones y ayudar a hacerlas realidad sin perder de vista el bien de los grupos, en función del bien común" (SRS 39).

714 Es un hecho que desde Medellín -1968- en sintonía con el Magisterio Pontificio, pasando por Puebla -1979- y ahora en la preparación de la Conferencia de Santo Domingo -1992-, se escucha siempre la invitación a la "opción preferencial por los pobres" como un camino fundamental de evangelización.

715 3- En el caso de México es indispensable tener en cuenta su realidad concreta -parecida a la de toda América Latina- y las exigencias que esta realidad presenta en relación al testimonio de pobreza y de solidaridad con lo pobres; algunos elementos de esto están señalados en el "Planteamiento Básico" (N° 34-42).

716 Yo quisiera añadir, además, la sabiduría para actuar ante lo que podemos llamar la "sospecha histórica" hacia la Iglesia. A causa de una memoria histórica, quizá parcial y prejuiciada, se da todavía en algunos ambientes una marcada sospecha hacia la Iglesia institucional respecto a cómo va a utilizar la libertad en un nuevo marco jurídico y cómo se va a comportar en relación a la adquisición de bienes y riquezas.

717 Sabemos que la raíz del compromiso de la Iglesia no son estas presiones sociales ni estos prejuicios inveterados, sino el Evangelio y el seguimiento de Cristo; sin embargo, estas "sospechas" deberían llevarnos a una mayor transparencia en la vida eclesial y en la acción pastoral que permita descubrir -aun al no creyente- que se actúa no desde el poder y la búsqueda de honor y grandezas humanas, sino desde el Evangelio y el servicio.

718 Un signo de esta actitud evangélica será la libertad que lleve a denunciar las injusticias y los antivalores de la convivencia social y política, marcada por la cultura moderna y postmoderna en sus aspectos deshumanizantes.

719 Finalmente, para que la Iglesia -Pastores y fieles- aparezca en verdad como signo claro de Cristo Servidor, será necesario que asuma un compromiso real, y no sólo de programa, en la promoción de la justicia y bien común.

720 La reflexión que hacía el P. Congar desde los tiempos del Concilio acerca de la pobreza en la Iglesia no deja de cuestionarnos: "Es un hecho comprobado que mientras toda la mística de la Iglesia afirma su amor hacia los pobres, mientras es, casi en todas partes, realmente pobre, incluso a veces indigente, parece rica y, para decirlo todo, señorial, o parece pretenderlo. De esta manera se perjudica a sí misma, perjudica la causa que está llamada a servir y que quiere verdaderamente servir". ¿De dónde proceden estas deplorables apariencias?

II° Fraternidad

721 La Iglesia es fraternidad y está llamada a irradiar fraternidad. La "pobreza" hace transparente la sacramentalidad de la Iglesia en cuanto aparece dependiente del señorío de Cristo y totalmente al servicio del Reino de Dios. La "fraternidad" manifiesta otro aspecto de la sacramentalidad y constituye su servicio en favor del hombre.

722 Si consideramos la situación social y cultural de América Latina, tal como la analiza el Documento de Consulta de Santo Domingo, en sus profundas carencias, necesidades y anhelos, y también en sus grandes riquezas éticas y religiosas, podemos decir que la fraternidad cristiana en este Continente, como expresión de la "Nueva Evangelización", implica un conjunto de valores que pueden describirse como solidaridad, comunión, promoción del hombre, cultura cristiana que es cultura del amor, de la paz, del desarrollo, de la justicia, evangelización de la cultura e inculturación del Evangelio, construcción de la "civilización del amor" (Cfr. DC SD 103 ss).

723 De esta manera, la IV Conferencia del episcopado latinoamericano nos invita a profundizar la realidad de la cultura y lo que significa la inculturación del Evangelio como un camino fecundo para emprender la "Nueva Evangelización" en este Continente.

724 1- Con la evangelización de las culturas se busca la transformación desde dentro, mediante la comprensión evangélica del hombre, de tal manera que un nuevo espíritu venga a animar a una cultura, que la lleve a criticar los antivalores -realidades antihumanas y antiéticas- que la invaden, y a plenificar los valores humanos que en ella existen (Id. 101).

725 La situación cultural de América Latina es, en este momento, bastante compleja y requiere un análisis amplio. Sea suficiente mencionar, siguiendo el Documento de Consulta de Santo Domingo, la importancia que tiene el valorar y promover la cultura mestiza -resultado y fruto de la primera evangelización- y que requiere siempre una nueva evangelización (Id. 334).

726 Junto a esta cultura encontramos nuevos fenómenos culturales: cultura adveniente y, especialmente, la cultura urbano-industrial con sus valores y sus antivalores en el orden social: mayor pobreza para las mayorías; en el orden ideológico: racionalismo; en el orden religioso: indiferentismo (Id. 271-276 ss); en el orden ético: hedonismo.

727 Los católicos de América Latina -continúa el mismo documento- dotados de la cultura tradicional mestiza, hondamente marcada por lo cristiano, deben ser capaces de asimilar lo válido de la "nueva cultura" en una síntesis nueva y original, la síntesis que auspiciaba Pablo VI -3 de Julio de 1964 en la Basílica de San Pedro-, y que nos propone Juan Pablo II -12 de Octubre de 1984 en Santo Domingo- (DC SD 332-333): con esa síntesis realizarán la inculturación del cristianismo en la nueva cultura que se fragua (Id. 335-340).

728 2- Esta sencilla idea de lo que es la evangelización de la cultura y la inculturación del Evangelio (Id. 138 y 337) puede ayudarnos a descubrir la importancia que tiene una opción pastoral en la línea de la fraternidad para responder a la situación humana e inhumana en la que vivimos en esta Ciudad.

729 El análisis pastoral de la realidad social de la Ciudad de México, tal como lo sugiere el "Planteamiento Básico", señala graves deficiencias en todos estos valores de la fraternidad cristiana: comunión, comunicación, solidaridad, participación, justicia, paz; ésta es la realidad que se vive en la diversidad y pluriformidad de situaciones sociales: inmigrantes que vienen del interior de la República; indígenas que deambulan por la Ciudad en busca de pan; la cultura plural de muchos barrios que sufren la discriminación y la opresión; los multifamiliares o condominios en donde prevalece el individualismo; las colonias de clase media en las que junto a valores de orden y laboriosidad se encuentra una moral individualista y cierta indiferencia ante las necesidades sociales.

730 Frente a esta población de millones de hombres, se encuentran los núcleos de privilegiados que viven la cultura de la opulencia (PB 35) y una vida de bienestar y de lujo (Id. 42), encerrados en su pequeño mundo y ajenos a los problemas sociales.

731 Se comprende que, ante tales situaciones, el gran desafío a la evangelización sea favorecer la integración, la cooperación, la solidaridad, la justicia y fraternidad (DC SD 224) y promover una nueva cultura del trabajo con democracia y participación de todos; cultura de la participación y no de la discriminación, del privilegio de pequeños grupos, del individualismo destructor que olvida la dignidad de la persona y las exigencias del bien común (Id. 353; 356-357); la cultura de la vida y no de la muerte, la violencia y la esclavitud (Id. 372-374; 377; 384 etc.).

732 En conclusión, la evangelización está unida a la promoción del hombre desde que se empezaron a reunir las primeras comunidades cristianas (Hch 2, 42-46; 4, 32-35; 5, 12-16 etc.). Se vive la fe en fraternidad y se tiene conciencia de la necesidad de compartir y de vivir la solidaridad.

733 En la historia de la evangelización en nuestro Continente se destacan momentos significativos como el de Vasco de Quiroga y de tantos otros que realizaron con eficacia la inculturación del Evangelio y merecieron el testimonio de admiración y agradecimiento de los indígenas en estos términos: "Les amamos porque viven como nosotros y viven con nosotros".

734 La situación social y cultural que tuvieron las primeras comunidades cristianas en Jerusalén en el siglo I, o en México en el siglo XVI, ha cambiado; ahora se presentan nuevos desafíos y una problemática muy compleja y diversificada, pero las exigencias de fraternidad son inevitables: "No se puede hablar de una cultura plenamente evangelizada si no se manifiestan frutos sociales de justicia y solidaridad -aun en el nivel estructural- cuya consecuencia sea una auténtica promoción humana" (DC SD 118-119).

III° Comunión y Participación en el Servicio

735 La "pobreza" clarifica y hace transparente el que la Iglesia sea, "en Cristo", sacramento de salvación -dimensión cristológica-; la "fraternidad" expresa cuál es el compromiso esencial que la Iglesia ofrece de parte de Dios: el servicio al hombre -dimensión antropológica-. Ahora consideramos a la Iglesia como comunidad, toda ella ministerial, porque así, como comunidad, como sujeto comunitario, está llamada a servir al hombre que vive en la historia y en situaciones muy concretas.

736 El Documento de Consulta de Santo Domingo, al presentar la invitación de Juan Pablo II a la "Nueva Evangelización" en América Latina -"Compromiso no de reevangelización, pero sí de una evangelización nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión" (Alocución a los Obispos del CELAM, 9 de Marzo de 1983 en Puerto Príncipe)-, interpreta los "nuevos métodos como una ampliación de los sujetos evangelizadores, que incluya a todos los miembros del Pueblo de Dios, a diferencia de la primera evangelización que se concibió con una cierta exclusividad y con una acentuación muy prevalente, como tarea de misioneros religiosos (DC SD 252-253).

a- Las Exigencias de la Evangelización

737 La ampliación de los "sujetos evangelizadores" brota de las exigencias mismas de la evangelización, tal como se expresa en el Nuevo Testamento. Es toda la comunidad la que da testimonio de Jesucristo, aun cuando este testimonio se exprese a través de diferentes carismas y ministerios. Como observa Juan Pablo II: "Al hacerse en unión con toda la comunidad eclesial, el anuncio nunca es un hecho personal.

738 El misionero está presente y actúa en virtud de un mandato recibido y, aunque se encuentre solo, está unido por vínculos invisibles, pero profundos, a la actividad evangelizadora de toda la Iglesia. Los oyentes, pronto o más tarde, vislumbran a través de él la comunidad que lo ha enviado y lo sostiene" (RM 45).

739 La fuerza y la eficacia de la evangelización en los primeros siglos se debió, supuesta siempre la gracia, al testimonio comunitario en el que todos eran activos y responsables. El "miren cómo se aman" es el descubrimiento lleno de asombro de que la fraternidad que anuncia el Evangelio se realiza ya en la comunidad que lo proclama. Hablar aquí de fraternidad implica unidad y concordia, comunión y participación, solidaridad y servicio.

740 Uno de los esfuerzos importantes para que sea una realidad la ampliación de los "sujetos evangelizadores" será, sin duda, la promoción y la formación de los Laicos para que redescubran su identidad de cristianos y asuman su responsabilidad en la misión evangelizadora de la Iglesia. Será muy importante releer la "Christi Fideles Laici" en la que encontramos una teología renovada del laicado en una perspectiva eclesiológica integral y con un gran dinamismo misionero: la participación de los fieles laicos en la vida de la Iglesia-comunión y su corresponsabilidad en la Iglesia-misión (Cfr. ChL 34).

741 Con lo anterior no se desconoce ni se disminuye la función única e irremplazable del ministerio jerárquico (Id. 22; DP 659), pero hay que observar que el ministerio pastoral existe en una Iglesia toda ella ministerial, se desarrolla en una comunidad en la que el Espíritu Santo suscita otros ministerios y carismas, y el ministerio debe estar al servicio de ellos como signo de comunión. La unidad de la Iglesia es comunión y participación, animada como está por el Espíritu Santo.

b- Exigencias de la Evangelización en América Latina

742 Si consideramos, de manera concreta, la ingente tarea de la Nueva Evangelización en América Latina, aparece la importancia decisiva de la presencia de los Laicos.

743 El análisis que hace el Documento de Consulta de la situación socio-cultural de América Latina -situación a la que está llamada a responder la Nueva Evangelización como promoción humana e inculturación- señala las siguientes realidades como prioritarias, en cuanto constituyen importantes retos para el trabajo evangelizador:
* la vida,
* el trabajo y la economía,
* el poder político,
* la comunicación social y simbólica,
* la religión,
* la ciencia y la tecnología,
* las culturas indígenas y afroamericanas,
* cultura urbana.

744 Es toda la Iglesia, como comunidad -Pastores y fieles-, a quien se plantean estos retos, pero unos y otros los enfrentan de diferente manera, de acuerdo a su vocación y ministerio. Salta a la vista el protagonismo de los Laicos al grado de que, sin su compromiso, la Nueva Evangelización se vería muy poco significativa. La "Evangelii Nuntiandi" es categórica a este respecto: "el campo propio de la actividad evangelizadora de los Laicos es el dilatado y complejo mundo de la política, de la realidad social, de las ciencias y de las artes, de los medios de comunicación, de la familia, de la educación y del trabajo" (EN 70).

745 Puebla desarrolla el compromiso en favor de la justicia (DP 793 ss) y señala la necesidad de que la Iglesia -especialmente a través de los Laicos- colabore con los constructores de la sociedad pluralista de América Latina "para que asuman su misión en espíritu de servicio al pueblo que de ellos espera la defensa de su vida, de sus derechos y la promoción de su bienestar" (Id. 1249; 1206 ss).

746 3- Si ahora nos volvemos hacia nuestra realidad mexicana, el "Planteamiento Básico" hace una observación interesante acerca de este pueblo, pueblo colonizado que no olvida la huella de la conquista -inconsciente colectivo- y por esto es un pueblo callado, sufrido, que aguanta con exceso, que nunca reclama aunque tenga derecho, que considera el reclamo legítimo como falta de respeto a la autoridad, que tiene miedo de expresarse, que vive una real cultura del silencio" (PB 34).

747 Quizá sea éste uno de los obstáculos que se deben superar para poder clarificar el compromiso evangelizador de Pastores y fieles laicos. Se han hecho esfuerzos para intensificar la formación de Laicos, Agentes de evangelización integral, pero esta formación sigue siendo insuficiente.

748 En la nueva situación jurídica en la que la Iglesia empieza a vivir ahora su misión evangelizadora, se hacen todavía más urgentes la presencia activa de los Laicos en las realidades temporales y una formación integral que los capacite para ser fermento evangélico en la sociedad.

749 A este respecto Juan Pablo II hace suya una proposición del Sínodo sobre los Laicos: "la formación de los fieles laicos se ha de colocar entre las prioridades de la Diócesis y se ha de incluir en los programas de acción pastoral de modo que todos los esfuerzos de la comunidad -Sacerdotes, Laicos y Religiosos- concurran a este fin" (ChL 57).

750 En un estado laico como es el nuestro, los Pastores no pueden intervenir directamente en la elaboración de las leyes; corresponde a los Laicos la misión de dar testimonio de la verdad del Evangelio en la vida de todos los días y en la diversidad de sus tareas y responsabilidades. "Lo que es el alma en el cuerpo, esto han de ser los cristianos en el mundo" (Carta a Diogneto, N° 6 citado por LG 38). Tal es uno de los caminos concretos y eficaces de la evangelización de la cultura y la inculturación del Evangelio.

751 Para concluir, podemos escuchar lo que el Santo Padre escribe al final de "Christi Fideles Laici" en relación a la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo:

752 "En los umbrales del tercer milenio, toda la Iglesia -Pastores y fieles- ha de sentir con más fuerza su responsabilidad de obedecer al mandato de Cristo: 'Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación' (Mc 16, 15), renovando su empuje misionero. Una grande, comprometedora y magnifica empresa ha sido confiada a la Iglesia: la de una Nueva Evangelización, de la que el mundo actual tiene una gran necesidad. Los fieles laicos han de sentirse parte viva y responsable de esta empresa, llamados como están a anunciar y a vivir el Evangelio en servicio a los valores y a las exigencias de las personas y de la sociedad" (ChL 64).

Conclusión

753 Al señalar lo central que es el "servicio" -diakonía- en sus aspectos de "pobreza", "fraternidad" y "comunión y participación" para realizar la Nueva Evangelización en esta Iglesia particular, no hay que olvidar la dimensión vertical o teologal que los sustenta y sin la cual carecerían de fundamento.

754 El contenido esencial de la Nueva Evangelización -decía hace poco el Cardenal Ratzinger en el Sínodo para Europa- se encuentra en las palabras con que Cristo mismo introdujo la evangelización: "El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca, conviértanse y crean en la Buena Nueva" (Mc 1, 15). Por consiguiente, la evangelización debe hablar ante todo de Dios. La Iglesia debe preguntarse si en su anuncio no habla demasiado de sí misma y, en cambio, habla poco de Dios. Además, el anuncio de la Iglesia no es un conjunto de dogmas o prescripciones, sino que es, sencillamente, hablar de Dios que en Cristo se dirige a nosotros.

755 A todo esto habrá que añadir que el anuncio de Dios deberá tener en cuenta siempre al hombre en su situación concreta, porque como dice Juan Pablo II: "El hombre es el camino de la Iglesia" (RH 14). Así la evangelización se une estrechamente a la antropología (Cfr. Discurso de Clausura del Sínodo para Europa. 19 de Diciembre de 1991).

756 De esta segunda conclusión quiero destacar la importancia del diálogo en la tarea evangelizadora, servicio que la Iglesia ofrece al hombre y a la sociedad.

757 Sería un triunfalismo ingenuo el pensar que la Iglesia lo tiene todo y que su función consiste en inclinarse condescendientemente hacia los demás para otorgarles algo que ellos no tienen. El Vaticano II afirma con toda claridad: "La Iglesia no sólo da, sino también recibe" (GS 44). Por esto la evangelización se realiza como diálogo salvífico en el que se proclama el Evangelio y, al mismo tiempo, se descubren y acogen los valores existentes en la sociedad y en las culturas, y así "se fomenta un vivo intercambio entre la Iglesia y las diversas culturas" (Ib.).

758 En resumen: la "diakonía" de la Iglesia, expresión de su ser y su misión, es un servicio que brota del amor mismo de Dios y traduce, en la historia, este amor hacia el hombre -la Iglesia, sacramento de salvación-. Por esto no puede separarse el "ser peregrina" y el "ser servidora": la Iglesia viene de Dios, depende de Dios y hacia Él camina, confortada por la fuerza del Espíritu y "enviada" constantemente a servir a sus hermanos:

759 "La Iglesia va peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, anunciando la Cruz y la muerte del Señor hasta que Él venga. Se vigoriza con la fuerza del Señor Resucitado para vencer con paciencia y caridad sus propios sufrimientos, y descubre en el mundo el Misterio de Cristo, aunque entre penumbras, hasta que, al final de los tiempos, se descubra con todo esplendor" (LG 8).

R.P. Salvador González Medina MSpS
Ciudad de México, Febrero de 1992

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