EL SIGNIFICADO TEOLÓGICO
DEL SÍNODO DIOCESANO

822 El Sínodo, que etimológicamente significa decir camino común o trayecto recorrido juntos, "es una asamblea de sacerdotes y de otros fieles escogidos de una Iglesia particular, que prestan su ayuda al Obispo de la diócesis para bien de toda la comunidad diocesana" (CJC 460). El Sínodo diocesano tiene una gran tradición en la Iglesia; no es una institución de carácter permanente: el Código anterior prescribía celebrarlo cada diez años; el actual dice que "en cada Iglesia particular debe celebrarse el Sínodo diocesano cuando lo aconsejen las circunstancias a juicio del Obispo de la Diócesis, después de oír al consejo presbiterial" (CJC 461).

823 La realidad de la Iglesia se vive ante todo en la Iglesia local o Diócesis que "es una porción del Pueblo de Dios que se confía al Obispo para ser apacentada con la cooperación de su presbiterio, de suerte que, adherida a su Pastor y reunida por él en el Espíritu Santo por medio del Evangelio y la Eucaristía, constituya una Iglesia de Cristo, que es Una, Santa Católica y Apostólica" (ChD 11).

824 La Iglesia local está presente en el Sínodo diocesano, en forma representativa, por medio de los "Sacerdotes y otros fieles escogidos", de acuerdo con unas directrices establecidas en el Código (CJC 463).

Significado Teológico

825 a- El Sínodo diocesano significa el modo más destacado y solemne que tiene la Iglesia local, en comunión con su Obispo, para vivir su misión de Iglesia.

826 Bueno será recordar lo que ya estudiamos en la primera jornada de preparación: que la Iglesia nació del amor del Padre, manifestado en Cristo quien fundó la Iglesia y le comunicó el Espíritu que procede del Padre y del Hijo; que esta Iglesia está encarnada en las culturas, para cumplir la voluntad del Padre y establecer el Reino de Dios -cuando los hombres dejan que Dios sea Dios en sus corazones y en sus vidas-, de acuerdo con la cultura de cada pueblo.

827 La Iglesia existe para servir a los hombres, no para servirse de ellos; es un servicio para que los hombres puedan alcanzar la plenitud del Reino de Dios. La tarea de la Iglesia es llevar adelante la obra de Jesús, haciendo presente en el mundo a Cristo resucitado, para que los hombres de todos los tiempos puedan alcanzar la salvación.

828 b- El Sínodo diocesano es una expresión singular de comunión y de corresponsabilidad, en la que los fieles y el Obispo -con sus Obispos auxiliares y Vicarios episcopales- ejercen sus funciones propias.

829 c- El Sínodo diocesano es, por ello, un momento privilegiado de iluminación de la conciencia de ser la Iglesia querida por el Padre, fundada por Cristo y asistida por el Espíritu Santo; es también un momento singular de discernimiento de la voluntad actual de Dios para esta Iglesia local, escrutada en los acontecimientos que constituyen los signos de los tiempos.


1- El Crecimiento de la Conciencia de la Iglesia

830 La conciencia de la Iglesia crece en relación a la revelación. La Iglesia ha de permanecer fiel a la experiencia primigenia que le dio origen, contenida en el "Evangelio de Jesús el Mesías" que se narra kerigmáticamente en el Nuevo Testamento, interpretado a la luz del Antiguo. Toda la Iglesia en su vida tiene la tarea de recibir, escuchar y trasmitir la Palabra de Dios; esto ilumina su presencia y su crecimiento en el mundo.

831 A los fieles, en general, les toca fundamentalmente la verdad "existencial", la búsqueda en la Palabra de Dios de la respuesta a las grandes interrogantes del hombre sobre el sentido de la vida.

832 "Lo que los Apóstoles trasmitieron comprende todo lo necesario para una vida santa y para una fe creciente del Pueblo de Dios; así la Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y trasmite a todas las edades lo que es y lo que cree. Esta Tradición apostólica va creciendo en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo; es decir, crece la comprensión de las palabras e instituciones trasmitidas cuando los fieles las contemplan y estudian, repasándolas en su corazón (Cfr. Lc 2, 19.51), y cuando comprenden internamente los misterios que viven" (DV 10).

833 Al Magisterio -en una actitud de escucha y servicio fiel a la Palabra de Dios, y unido al resto del Pueblo de Dios- le compete proclamar e interpretar auténticamente la Palabra del Señor; sus interpretaciones están sujetas a la maduración de esta Iglesia que camina hacia la verdad plena (Id. 8). La verdad que le toca al Magisterio es la verdad del "inefable" misterio de Dios y de su amor por nosotros; lo que el texto dice en sí de Dios y la conexión que tiene con otros misterios.

834 "El oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado únicamente al Magisterio de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo; pero el Magisterio no está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar puramente lo trasmitido, pues por mandato divino, y con la asistencia del Espíritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente; y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como revelado por Dios para ser creído" (Id. 10).

2- El Discernimiento

835 Sin olvidar esta referencia obligada de la Iglesia a la revelación, sin la cual no podría mantener su identidad, el Sínodo diocesano mira más directamente los aspectos de la construcción del Reino de Dios en las circunstancias particulares de cada Iglesia local, para:
* aplicar a la situación local la doctrina y la disciplina de la Iglesia universal;
* dictar normas de acción pastoral;
* corregir los errores y vicios existentes;
* cultivar la común responsabilidad en la edificación del Pueblo de Dios.

836 Este proceso ha de partir de la búsqueda de la voluntad del Señor. El Derecho Canónico no pretende otra cosa sino ofrecer el cauce concreto para que todos los miembros de la Iglesia puedan cumplir con su cometido, alentados por el Espíritu, en comunión de caridad fraterna.

837 Legislar sin auscultar la voluntad del Señor conduciría finalmente al autoritarismo. Las comunidades cristianas primitivas descubrieron muy pronto y aceptaron vivir en la tensión de fidelidad al Espíritu y a la necesaria estructuración de las diversas comunidades, porque una autoridad sin el Espíritu acaba en autoritarismo, pero una comunidad sin el servicio de la autoridad apostólica corre el riesgo de perderse en entusiasmos de emotividad pasajera, como sucedió a algunas de las comunidades joánicas que no aceptaron el servicio de la autoridad y terminaron desapareciendo o uniéndose a las sectas gnósticas.

838 La clave de toda moral neotestamentaria reside en discernir, es decir, en la capacidad de tomar, en toda situación dada, la decisión moral conforme al Evangelio, con conocimiento de la historia de la salvación en la que el Espíritu Santo representa un elemento decisivo. El discernimiento es "un acto a la vez uno y complejo, humano y divino, personal y eclesial, 'en situación' e injertado en el único designio de salvación que mira a la edificación de los hermanos y está ordenado a la gloria de Dios, que se realiza en el tiempo pero participa ya del juicio escatológico".

839 A partir del Concilio Vaticano II se habla y se estudia con mayor insistencia el deber permanente de la Iglesia de discernir los "signos de los tiempos" (GS 4), expresión usada por el Papa Juan XXIII para la convocación del Concilio Vaticano II (25 de Diciembre de 1961); unos meses más tarde concluyó cada una de las partes de su encíclica "Pacem in Terris" (11 de Abril de 1963) con alusiones a los signos de los tiempos; también el Papa Paulo VI usó la expresión en su primera encíclica "Ecclesiam Suam" (6 de Junio de 1964).

840 La expresión "signos de los tiempos" es de origen bíblico, pero el Concilio no la usó con el sentido que tiene en la Escritura, sino en sentido sociológico: por eso cuando se menciona en los textos conciliares (GS 4; UR 4; PO 9) no se alude a ningún texto bíblico. La expresión se refiere a los "fenómenos que por su generalización y su grado de frecuencia caracterizan una época, y por los cuales se expresan las necesidades y las aspiraciones de la humanidad".

841 El discernimiento de los signos de los tiempos ofrece el conocimiento necesario para la eficaz acción pastoral de nuestros días que se ha vuelto cada vez más compleja. El conocimiento de la realidad, para una acción pastoral eficaz, es hoy objeto de una gran reflexión y de una ciencia que utiliza métodos muy elaborados y, algunas veces, de numerosas ciencias auxiliares.

842 La situación en la que la Iglesia debe vivir y actuar se ha vuelto indescifrable con la sola experiencia individual, aun tratándose de personas prudentes y maduras. La asistencia carismática del Espíritu Santo no excluye, sino que incluye, una reflexión humana que aproveche todos los métodos científicos. La consideración y el discernimiento de los signos de los tiempos forma parte de la inteligencia de la fe en su realización histórica.

843 El discernimiento de los signos de los tiempos es una tarea que toca a toda la Iglesia en cuanto Pueblo de Dios. "Es propio de todo el Pueblo de Dios, pero principalmente de los Pastores y de los teólogos, auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Espíritu Santo, las múltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la palabra divina, a fin de que la verdad revelada pueda ser mejor percibida, mejor entendida, y expresada en forma más adecuada" (GS 44).

844 En los últimos años, hemos tenido momentos privilegiados de revelación y de discernimiento de los signos de los tiempos, en diversos niveles, que han orientado la marcha de la Iglesia, a la que ahora queremos dar continuidad. En el nivel universal hemos recibido la gracia del Concilio ecuménico Vaticano II: momento privilegiado de crecimiento de la conciencia de la identidad de la Iglesia -"Lumen Gentium"- y de sus nuevas responsabilidades ante el mundo moderno -"Gaudium et Spes"-: estos dos documentos constituyen la espina dorsal de todo el Concilio; asimismo los Sínodos universales que han abordado las problemáticas más acuciantes del momento. Todas estas luces han iluminado la elaboración de la legislación del nuevo Código de Derecho Canónico.

845 En el nivel continental, las Conferencias del Episcopado Latinoamericano, en Medellín -1968- y en Puebla -1979-, con el objetivo de buscar los caminos concretos para vivir en América Latina la renovación auspiciada por el Concilio Vaticano II.

846 En el nivel nacional, las múltiples asambleas, capítulos y encuentros realizados por el Pueblo de Dios, a través de sus múltiples grupos y movimientos apostólicos, así como por las asambleas de la Conferencia Episcopal de México.

847 En el nivel de la Iglesia local, el Senado presbiterial, el Consejo de Laicos y el Magisterio ordinario de nuestros Obispos. En forma extraordinaria nos toca ahora a nosotros vivir este momento intenso de vida eclesial que es el Sínodo arquidiocesano.

848 El discernimiento de la voluntad de Dios es un requisito para la autenticidad de la vida cristiana, sea en nivel eclesial como en el nivel individual, porque "en la obra pastoral no se puede proceder ciegamente: el apóstol no es uno que corre a la aventura o que tira golpes al aire" (Cfr. 1 Cor 9, 16. Paulo VI: Discurso con motivo de los 10 años del CELAM. N° 27).

849 En la complejidad de las situaciones en las que la Iglesia y los cristianos están llamados a vivir y a obrar, no resulta fácil distinguir las verdaderas inspiraciones de Dios, los impulsos de la naturaleza y las resistencias del mal; existe siempre el riesgo de tomar como manifestaciones de la voluntad del Señor lo que, al fin, se revela como una mera elaboración subjetiva. El escrutar los "signos de los tiempos" permite la adquisición de los elementos necesarios para la acción pastoral, elementos que no son deducibles directamente del depósito de la revelación.

850 "El Pastor deberá tener siempre abiertos los ojos sobre el mundo, porque la observancia y la vigilancia evangélica deben continuar ya que el mundo cambia y es necesario satisfacer las crecientes exigencias e interpretar las nuevas necesidades" (Id. N° 23). A este fin son de gran utilidad los estudios y los centros de sociología pastoral (ChD 17).

851 El discernimiento, indispensable para garantizar la autenticidad de la vida cristiana, ha de realizarse tanto en el nivel comunitario como en el individual. A cada uno corresponde preguntarse lo que exige de él la voluntad de Dios. Cuando cada uno haya percibido, en base a una reflexión cristiana, en qué sentido debe comprometerse, se verá en ese compromiso la voluntad actual de Dios sobre él. En la medida en que cada uno se esfuerce en responder a esta voluntad, entrará en una unión más íntima con Dios, cooperando al advenimiento de su Reino.

852 Una acción que escruta en los acontecimientos la voluntad de Dios y los caminos para cumplirla se llama "interpretación de los signos de los tiempos".

853 La acción de escrutar, en el nivel individual, la voluntad de Dios en las diversas tendencias y sentimientos de la persona, se conoce como "discernimiento de espíritus".

854 La ayuda calificada que el Sínodo diocesano puede y ha de ofrecer es la interpretación de los signos de los tiempos y la configuración de las grandes opciones pastorales, escrutadas en ellos, que han de resultar como fruto de las asambleas sinodales. Una opción no es el resultado de corazonadas, de la improvisación o de una euforia momentánea que inventa o propone soluciones, sino el resultado de un fatigoso y lúcido trabajo de discernimiento, a la luz del Espíritu Santo, en un clima de oración y de conversión, para ir buscando el camino querido por el Señor.

855 "Las opciones pastorales son el proceso de elección que, mediante la ponderación y el análisis de las realidades positivas y negativas vistas a la luz del Evangelio, permiten escoger y descubrir la respuesta pastoral a los múltiples desafíos puestos a la evangelización" (DP 1299).

856 Estos grandes principios de acción ya serían suficientes para guiar la Nueva Evangelización de la Arquidiócesis, pero será necesario, por pedagogía, continuar penetrando en su naturaleza y en sus consecuencias, para que puedan ir, más y más, irrigando las acciones de la vida cotidiana de nuestra Iglesia y que, es de esperar, quedarán un día plasmadas en la legislación arquidiocesana, indispensable para favorecer la comunión y la solidaridad.

857 Porque "la acción pastoral planificada es la respuesta específica, consciente e intencional, a las necesidades de la evangelización" (Id. 1307), la pastoral de conjunto es "toda esa obra salvífica común, exigida por la misión de la Iglesia en su aspecto global como fermento y alma de la sociedad que debe renovarse en Cristo y transformarse en familia de Dios" (Medellín, XV, 9).

858 Bajo esta luz habrá de continuar el proceso de conversión exigido al Obispo, al Presbiterio, a las Comunidades religiosas, a los Grupos apostólicos, así como a todos y cada uno de los fieles creyentes de esta Arquidiócesis, para la construcción de la historia de la Iglesia local, como seguimiento fiel a Jesús: no será posible ningún cambio comunitario sin una verdadera conversión personal.


Pbro. José de Jesús Martínez Zepeda
Ciudad de México, Marzo de 1992

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