DIMENSIÓN JURÍDICA DEL SÍNODO

1- Función Pastoral Jurídica del Sínodo

882 Quizá muchos tengan el temor de que la legislación canónica dada en el Sínodo sea un freno o una represión para la pastoral que se pretende realizar a raíz de la visión y del juicio de la realidad de nuestra Iglesia particular, la Arquidiócesis de México. En otras palabras, puede existir el prejuicio de que el Derecho Canónico y la pastoral son valores antagónicos.

883 Nada más falso: no son ni el Derecho ni la pastoral, sino las personas, con sus criterios y mentalidades, quienes pueden provocar este antagonismo, yéndose a los extremos:

884 a- La observancia de la letra de la ley, como fin en sí, constituye el "juridicismo" desencarnado e impersonal que "hace al hombre para el sábado y no el sábado para el hombre".

885 b- Por otra parte, la pastoral sin ningún derecho normativo se convierte en una "anarquía carismática" que perjudica, en lugar de beneficiar, a la Nueva Evangelización.

2- Perspectiva de la Norma Jurídica en la Iglesia

886 En realidad, el Derecho Canónico siempre ha sido, pero más ahora después del Concilio Vaticano II, instrumento de la pastoral -así como la filosofía ha sido "ancilla Theologiae"-; todo él se enfoca hacia la ley suprema que se enuncia en el último canon y con la que termina el Código actual: "salus animarum quae in Ecclesia suprema semper lex esse debet" (Cfr. CJC 1752).

887 Hay un principio de filosofía del derecho que dice: "societates sunt ut fines", es decir, el fin de una sociedad determina o especifica la naturaleza de esa sociedad; y como toda sociedad tiene un derecho normativo, el fin de la sociedad también especifica la naturaleza del derecho que la rige.

888 Ahora bien, si la Iglesia es "sacramento de salvación", comunión espiritual y sobrenatural que tiene como fin la santificación y salvación de los hombres, y maneja medios espirituales y sobrenaturales, el derecho de la Iglesia participa de su naturaleza, participa de esa sacramentalidad sobrenatural. Cristo encomendó a los Apóstoles y a sus sucesores la misión pastoral, que consta de tres oficios o tareas (Cfr. LG 19):
El oficio de enseñar;
El oficio de santificar;
El oficio de regir o "conducir"

889 De estos tres oficios, los dos primeros son "principium generans", y el último, el de regir, es "principium dirigens"; es decir, el oficio de enseñar y de santificar se realiza con la coordinación, organización y dirección del oficio de regir: allí está la necesidad y la instrumentalidad de un derecho normativo de la Iglesia, es decir, la ley canónica.

3- El Sínodo Diocesano como Instrumento en la Pastoral de la Iglesia Diocesana

890 La Iglesia particular de la Arquidiócesis de México quiere enseñar y santificar en la Nueva Evangelización, afrontando los retos o desafíos de los tiempos y circunstancias actuales; está buscando -y sin duda encontrará- criterios y líneas de acción pastoral, en este II Sínodo arquidiocesano, pero entonces será necesario que los ordenamientos y normas jurídicas apoyen, coordinen, determinen dichas líneas de acción.

891 Tales normas canónicas y ordenamientos, en su gran mayoría, ya existen y están en el Código de Derecho Canónico actual; bastaría -en la mayoría de los casos, repito- que los buscáramos, los estudiáramos, los aplicáramos y los observáramos.

892 En efecto, en el Libro II del Código de Derecho Canónico están los deberes y derechos de los fieles en general, de los Laicos en particular, de los clérigos y miembros de los Institutos de vida consagrada; todo ellos son tanto los destinatarios como principalmente los Agentes de la Nueva Evangelización.

893 En el Libro III están las normas referentes al oficio de enseñar.

894 En el Libro IV están las normas que atañen al oficio de santificar.

895 Y ya que para todo se necesitan medios materiales, en el libro V encontramos las normas generales que se refieren a los bienes eclesiásticos y a su administración.

4- Criterios Jurídicos Aplicables a Nuestra Realidad Normas Generales y Normas Particulares

896 La legislación arquidiocesana, que constituye el derecho particular de la Iglesia particular, consistirá básicamente en aplicar y adaptar la legislación universal a nuestras necesidades particulares -como un sastre que de la tela de las leyes universales le hace "un traje a la medida" a la Arquidiócesis-.

897 En casos especiales, que no estén previstos en el Código, habrá que buscar un ordenamiento apropiado, nuevo, diferente, es decir, que no se oponga a los cauces fundamentales del derecho común, ni mucho menos al derecho divino establecido por el fundador de la Iglesia.

898 No hay que tener miedo; más aún, podemos y debemos hacer nuestro propio derecho particular, dentro de los límites arriba señalados, por una razón muy sencilla: si algo tiene de peculiar el Código actual, entre otras cosas, es el respeto a las leyes o al derecho particular, porque está hecho de acuerdo al principio de subsidiariedad que básicamente dice: "lo que puede hacer una comunidad menor por sí misma, que lo haga; su actividad social no debe ser absorbida por la comunidad mayor". En otras palabras, las normas de la comunidad mayor son subsidiarias de la comunidad menor.

899 Por otra parte, no menos de cien veces el Código actual exhorta al Obispo diocesano a que dé normas particulares en diversas materias, además de las normas que debe dar la Conferencia Episcopal como complemento a la legislación universal, lo cual significa que nuestros ordenamientos sinodales no serán contrarios, sino, más bien, de acuerdo al espíritu del Código de Derecho Canónico.

5- La Comunidad Diocesana y su Participación en el Desarrollo del Sínodo

900 ¿En qué consiste nuestra colaboración -como miembros sinodales- a los objetivos del II Sínodo, en las próximas asambleas?

901 Es bien sabido, y ya se ha dicho muchas veces, que el Sínodo no es un Parlamento que con su voto deliberativo mayoritario toma decisiones y hace leyes; en realidad, el único legislador es el Obispo diocesano (CJC 466). Entonces ¿para qué el Sínodo si el Obispo es el que va a legislar? Que lo haga solo...

902 Estamos aquí, y estaremos en las asambleas solemnes, porque nuestro Obispo nos ha convocado a unos o nos ha invitado a otros para que le ayudemos con nuestro consejo o consulta a emitir normas pastorales en beneficio nuestro y de toda la Iglesia arquidiocesana.

903 Nuestra tarea es de comunión, diálogo y corresponsabilidad; comunión y diálogo de nosotros con nuestro Pastor, y de nuestro Pastor con nosotros -de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo-. Él nos ha consultado y nos seguirá consultando: allí está ya el Documento de Consulta. Con la respuesta a la consulta se hará el Documento de Trabajo; sobre ese Documento de Trabajo daremos nuestro voto consultivo. El Pastor espera nuestro voto en corresponsabilidad con él y de allí resultará la legislación arquidiocesana que él juzgue conveniente.

904 De esta manera, la legislación será nuestra de alguna manera, porque nosotros contribuimos, desde nuestro lugar, a la creación de dicha legislación pastoral; y si es nuestra, lógicamente la aceptaremos y la observaremos con más espontaneidad, con más "amor".

905 Nuestra corresponsabilidad con el Pastor comporta la obligación que nos recuerda el Código: "Todos aquellos cuyo consentimiento o consejo se requiere están obligados a expresar sinceramente su opinión, y también, si lo pide la gravedad de la materia, a guardar cuidadosamente secreto" (CJC 127 § 3); y "Todas las materias propuestas se someterán a la libre discusión de los miembros en las sesiones del sínodo" (CJC 465).

906 Es decir, tenemos que proceder con libertad y sinceridad, sin menoscabo del debido respeto y reverencia que el mismo Código nos pide (CJC 212 § 3; 273), con la confianza de que nuestro Pastor nos oirá y tomará en cuenta las opiniones pertinentes, ya que al hacerlo así su autoridad de ninguna manera sufre menoscabo sino, al contrario, se reafirmará.

6- El Sínodo en el Misterio de la Iglesia y de la Comunidad Diocesana

907 Todos los cristianos estamos en la convicción de que los orígenes de la Iglesia se encuentran en el Nuevo Testamento; la Iglesia es continuadora y tiene sus raíces en el Misterio Trinitario y Pascual del Señor. La Iglesia viene a ser considerada como una "sociedad", en el sentido de que no está subordinada a ninguna otra sociedad y no carece de nada que sea necesario para su completa institución; está provista de una constitución, tiene una serie de normas, un cuerpo de gobierno y un grupo bien determinado de personas capacitadas y dispuestas a someterse a esta institución y a sus reglas.

908 Esta visión, sin embargo, va más allá que cualquier otra sociedad. La Iglesia es esencialmente comunidad, con nexos más profundos de los que existen en la sociedad humana: esta comunidad está basada en aquellos que creen en Jesucristo como Dios encarnado, quien tiene la misión de redimir a la humanidad y darle a conocer la plenitud de la revelación de Dios.

909 A los creyentes Jesucristo les ofreció un nuevo destino sobrenatural, los medios para conseguirlo, una doctrina sobre Dios y un medio seguro para conocerlo: el medio por el cual el creyente aprenderá esa doctrina y alcanzará ese destino es la Iglesia; como miembros de ella, cada uno de sus integrantes llegará a la salvación y, al mismo tiempo, es continuador de la acción de Jesucristo entre los hombres, colaborador en la edificación de su Reino.

910 La Iglesia, como unidad de creyentes, es un cuerpo perfectamente organizado, con creencias expuestas en una teología científicamente elaborada, con una vida moral en íntima dependencia con sus creencias y con una detallada normativa que regula los pormenores de su organización y el desenvolvimiento de su vida corporativa.

911 Fijamos ahora nuestra atención en un aspecto de esta normativa: el Sínodo diocesano.

912 La comunidad requiere de un centro de referencia que vaya orientando a los individuos a alcanzar su fin; este centro de convergencia es la autoridad que ha recibido la potestad sagrada de enseñar, santificar y, sobre todo, de apacentar, lo cual incluye la potestad legislativa, la ejecutiva y la judicial.

913 La autoridad puede presentarse de múltiples formas, pero no puede faltar; sin ninguna forma de autoridad no existe la comunidad. Hay por tanto un nexo íntimo entre la comunidad, su unidad y la autoridad. Examinar las fuentes de la unidad de la Iglesia es descubrir las fuentes de autoridad en ella.

914 En primer lugar, la unidad de la Iglesia proviene de la acción íntima del Espíritu Santo que agrupa a miembros diversos de la humanidad en el único nuevo pueblo de Dios; esto significa que la tercera persona de la Santísima Trinidad es la fuente primaria de la unidad de la Iglesia y, por tanto, de la autoridad en ella. La autoridad del Espíritu Santo sobre la Iglesia es absoluta; los cristianos deben obedecer totalmente la ley del Espíritu sobre cualquier otra cosa.

915 Una segunda fuente de autoridad en la Iglesia es la Palabra de Dios revelada por Jesucristo que es, además, la Palabra hecha carne conservada en sustancia en las Sagradas Escrituras que son el testimonio de la fe de la primera comunidad.

7- El Sínodo -por Naturaleza Propia- Acto Eminentemente Eclesial y Comunitario

916 El Sínodo en cuanto tal, por su misma naturaleza, es un acontecimiento de especial importancia en la vida concreta de la Iglesia particular pues pone de manifiesto toda la comunidad diocesana con su Pastor quien, en su ministerio ordinario, cuenta con personas y organismos que él reúne -a todos conjuntamente- para la acción común.

8- La Comunidad Diocesana y la Convocación del Sínodo

917 El hecho de que el Pastor convoque a toda la comunidad diocesana significa que ésta toma conciencia de su corresponsabilidad en la edificación del Reino de Dios en un lugar y tiempo concretos; por eso convoca a sus integrantes más representativos existentes de hecho ya en la Diócesis y a otras personas que tienen contacto directo con la realidad diocesana. Es la expresión más completa de la misma porción del Pueblo de Dios, no por elección propia, sino como la ayuda ordinaria que tiene el Obispo en el ejercicio de la potestad sagrada de enseñar, santificar y regir o apacentar.

9- Miembros del Sínodo: CJC 463

918 a- El Obispo coadjutor -en este caso no existe-, los Obispos Auxiliares -cuatro-, los Vicarios Generales -los Obispos auxiliares y uno no Obispo, en total cinco-, los Vicarios episcopales -seis, uno con carácter episcopal- y el Vicario Judicial -uno-: todos éstos revisten una responsabilidad particular en la vida interna y su presencia manifiesta el contexto humano y social en que ejercen la misión canónica recibida.

919 b- Los Canónigos de la Iglesia Catedral que asumen en la actualidad la función de asistencia al Obispo en el ejercicio de la misión sacerdotal de todo su pueblo, cuando en la Iglesia Catedral, sede del Maestro auténtico de la fe, llaman al pueblo sacerdotal a rendir culto agradable a Dios con la celebración de los sagrados misterios y con la oración, en cuyo ejercicio un punto muy importante es el ministerio de la reconciliación -22 miembros, 16 Canónigos efectivos y 6 honorarios-.

920 c- Los miembros del Consejo presbiterial que asisten al Obispo en el ejercicio de su potestad de gobierno (Cfr. CJC 495, § 1) y de modo especial integran el cuidado de la Iglesia diocesana -miembros natos y elegidos 46-.

921 d- Algunos Laicos se incluyen como miembros de Institutos de vida consagrada, no clérigos y miembros de vida apostólica.

922 Numéricamente hablando constituyen una parte mínima de todo el pueblo de Dios en la porción de la Iglesia particular.

923 La participación de los Laicos en el Sínodo garantiza, si bien no numéricamente, que el Sínodo sea expresión de toda la comunidad diocesana; éstos deben tomar conciencia de que el ejercicio de la potestad sagrada está dirigida directa y principalmente a todos los fieles cristianos.

924 En particular los Laicos, cuya presencia es una representatividad no por elección de ellos mismos sino por su calificación en la vida laical, son parte sensible de las necesidades de la comunidad de los fieles.

925 La participación de los Laicos es básica en la preparación del Sínodo y en su aplicación, ya que tienen una doble tarea, dentro de la comunidad cristiana y en el ámbito de las realidades temporales en que viven -90 representantes como los colaboradores más eficaces en el mundo y en relación con el Consejo de Pastoral (Cfr. CJC 511) que si no existe debería crearse.

926 Estos Laicos -de diversas clases y condiciones: jóvenes, adultos, célibes, casados, viudos- deben tomar conciencia de que son representativos tanto por la Vicaría a la que pertenecen como por su participación al frente de movimientos apostólicos organizados.

927 e- El Rector del Seminario Mayor que es responsable directo de la formación de los futuros pastores de la Iglesia diocesana. Las vocaciones, su nacimiento y crecimiento, su formación integral, son preocupación de la Iglesia particular y, por tanto, es necesario conocer las necesidades de la preparación para el ministerio apostólico y la participación de las responsabilidades en el ejercicio ministerial.

928 f- Los Decanos que son los colaboradores privilegiados en el servicio coordinado y armónico del trabajo ministerial -32 en total-.

929 g- Al menos un Presbítero -y un sustituto- elegidos por cada Decanato entre quienes tienen cura de almas -32 elegidos más 32 sustitutos-.

930 h- Algunos Superiores de Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica en la variada riqueza de carismas y ministerios -25 Superiores mayores varones, 26 Superioras religiosas representantes de comunidades, 7 Religiosas a título personal. Está invitado el responsable en México de la Prelatura personal, incluido en este capítulo por el especial carisma de la Prelatura. Están convocados tres Diáconos permanentes y uno transitorio en atención al rito, a la especialización o al servicio.

931 i- Han sido invitados cinco observadores, cuatro de ellos como cabeza de su Iglesia -dos con carácter episcopal-: Ortodoxo Antioqueno, Anglicano, Ortodoxo Griego, Luterano, y el Presidente de las Sociedades Bíblicas que es Pentecostal; a título personal, seis observadores no católicos: un Nazareno, tres Luteranos, un Metodista y un Presbiteriano. No hay miembros invitados de otros grupos. La presencia de estos observadores manifiesta el sentir de la comunidad católica en el movimiento ecuménico que es tarea de toda la Iglesia y del que insistentemente nos hablan los documentos pontificios.

932 Repetimos que todos los Sinodales gozan de absoluta libertad en un clima de diálogo y corresponsabilidad.

933 El Obispo diocesano es el único legislador y el "peso" de la comunidad en el Sínodo, pero, por todo lo expuesto, es lógico pensar que ante una proposición deberá tener razones muy graves, de peso, para legislar en contra de un sentir común expresado en el Sínodo.

934 Es cierto que el Obispo cuenta ya en la estructura de la Iglesia diocesana con organismos propios de consulta corresponsable como son el Consejo Presbiterial, el Consejo de Pastoral y el Consejo Económico; en la Arquidiócesis se cuenta ya con el primero de ellos, pero habrá que pensar en establecer los otros dos a fin de dar cauces efectivos a la acción sinodal.

10- Conclusión

935 Por todo lo expuesto podemos esperar confiadamente en que el Sínodo habrá de confirmarnos en la comunión jerárquica y abrirá cauces a la Nueva Evangelización en la Ciudad Arquidiócesis de México con los mecanismos propios que le atribuye el Derecho Canónico.


Cango. Carlos Warnholtz Bustillos
Pbro. Guillermo Moreno Bravo
Ciudad de México, Marzo de 1992

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