REFLEXIÓN TEOLÓGICA
EL REINO DE DIOS

1172 El contenido fundamental de la Nueva Evangelización es el Reino de Dios; la evangelización, en efecto, no tiene otro fin que implantar el Reino de Dios en toda la humanidad: pretende que, con la fuerza del Evangelio, se convierta "al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos están comprometidos, su vida y sus ambientes concretos" (EN 18). La finalidad de la evangelización es impregnar del Reino de Dios la cultura o, más exactamente, las culturas (Cfr. Id. 20).

Centralidad del Reino

1173 Jesús mismo salió del Padre y vino al mundo para predicar el Reino de Dios (Lc 4, 43); empeñó toda su vida en proclamar la Buena Nueva del Reino, recorriendo Galilea y todas las ciudades (Mt 4, 23; 9, 35; Mc 1, 15). El Reino de Dios es tema central de la predicación de Jesús, de tal manera que el mensaje de los evangelios sinópticos está totalmente dominado por esta idea. "El Reino de Dios brilla ante los hombres en la palabra, en las obras y en la presencia de Cristo. Pero, sobre todo, el Reino se manifiesta en la persona misma de Cristo, Hijo de Dios e hijo del hombre, quien vino a servir y a dar su vida para la redención de muchos" (LG 5). "Al resucitar Jesús de entre los muertos, Dios ha vencido la muerte, y en Él ha inaugurado definitivamente su Reino" (RM 16). Así, por la exaltación del Hijo de Dios, el Reino adquiere un dinamismo de alcance universal y escatológico: para todos los hombres de todos los tiempos, hasta que llegue la plenitud.

1174 El Señor resucitado da a sus discípulos el don de su Espíritu que une y fortalece; por esa unidad se forma la Iglesia; por esa fuerza la Iglesia se lanza a proclamar el Reino. Desde entonces entre el Reino y la Iglesia hay una vinculación inseparable. En la Iglesia está el Reino, aunque no en forma total ni exclusiva; ella anuncia el Reino de Cristo y de Dios, y lo instaura en todos los pueblos; la Iglesia es, en la tierra, el germen y el principio de este Reino (Cfr. LG 5; DP 226-229): el título más elocuente que la Iglesia puede tener es el de servidora del Reino de Dios. Tanto más fiel será ese servicio, cuanto los discípulos de Jesús -la Iglesia- hagan vida las palabras de su Maestro y busquen por encima de todo el Reino de Dios, sabiendo que todo lo demás vendrá como consecuencia (Mt 6, 33) y, por tanto, estén también dispuestos a dejarlo todo a cambio de este Reino (Mt 13, 44-46). El único valor absoluto por el que la Iglesia debe trabajar es el Reino de Dios.

Naturaleza del Reino

1175 ¿Cómo podemos entender, pues, el concepto de esta maravillosa realidad? ¿Qué es el Reino de Dios? Podemos entenderlo como la intervención personal, todopoderosa y absolutamente gratuita, de Dios quien -por su Hijo- se reafirma como el Señor, cambia el rumbo de la historia, hace prevalecer su voluntad en todo el género humano y destruye el dominio del mal.

1176 La salvación -que es el Reino de Dios- "consiste en creer y acoger el misterio del Padre y de su amor que se manifiesta y se da en Jesús, mediante el Espíritu" (RM 12). Por eso el Reino trasciende los límites visibles de la Iglesia: existe en donde quiera que Dios esté reinando "mediante su gracia y amor"; y está en los hombres que vencen el pecado y ayudan a otros hermanos para que puedan creer y adentrarse en la gran comunión que les ofrece Cristo (DP 226).

1177 Por tanto, el Reino de Dios es la comunión de todos los seres humanos entre sí y con Dios; "la Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento" de esa unión (LG 1). "Trabajar por el Reino de Dios significa reconocer y favorecer el dinamismo divino que está presente en la historia humana y la transforma, buscando la liberación del mal en todas sus formas y consecuencias. El Reino Dios es la manifestación y la realización de su designio de salvación en toda su plenitud" (RM 15).

1178 "No es un concepto, una doctrina o un programa sujeto a libre elaboración, sino que es ante todo una persona que tiene el rostro y el nombre de Jesús de Nazaret, imagen del Dios invisible" (Id. 18).

1179 "Reino de la verdad y de la vida, Reino de la santidad y de la gracia, Reino de la justicia, del amor y de la paz" (Prefacio de la Solemnidad de Cristo Rey).

Dinamismo del Reino

1180 El Reino por su misma naturaleza es dinámico: es la semilla que germina (Mc 4, 26-29); es el árbol que crece; es la levadura que fermenta toda la masa (Mt 13, 31-33). Para buscar, aceptar y favorecer este crecimiento, nunca debemos perder lo esencial: la vida de Jesús en nosotros, alentada por su Espíritu.

1181 Hay dos aspectos del Reino que es necesario distinguir y complementar valorativa y armónicamente en el quehacer de la evangelización: la liberación y la salvación que el Reino de Dios trae consigo alcanzan a la persona humana en su dimensión tanto física como espiritual. Dos gestos caracterizan la misión de Jesús: curar y perdonar; la misión de Jesús busca liberar a las personas de toda miseria, enfermedades y sufrimientos. En la perspectiva de Jesús, las curaciones son signo de salvación espiritual, de la liberación del pecado (Cfr. RM 14).

1182 En el servicio al Reino de Dios y en su vivencia, "la Iglesia no es todavía lo que está llamada a ser. Es importante tener esto en cuenta para evitar una falsa visión triunfalista" (DP 231). La evangelización tiene como doble cometido, igualmente, la promoción de todo lo que dignifica a la persona humana y el anuncio explícito de Cristo que anima toda tarea de salvación integral.

1183 Toda la vida de la Iglesia así como su acción apostólica deben estar al servicio del Reino de Dios, ya que la Iglesia sirve a éste como a su fin, de acuerdo al programa del Evangelio.

Ir página anterior
Ir inicio página
Ir página siguiente

 

Principal

Índice General

Con click puedes ir a la PÁGINA PRINCIPAL DOCUMENTOS ECUCIM

Ver e imprimir ECUCIM en PDF

Glosario

Índice Analítico

Textos Litúrgicos

Siglas

Ir a la Vicaría de Pastoral

Vicaría Pastoral