Primera Semana

Destinatarios de la Nueva Evangelización

HOMILÍA DE LA SOLEMNE INAUGURACIÓN

El Sínodo como Tarea Eclesial de Corresponsabilidad

I- Introducción

Amados hermanos:

1184 El Espíritu Santo nos ha reunido hoy aquí, en esta Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe, para inaugurar un acontecimiento destinado a marcar una época nueva de gracia y vida espiritual para la Ciudad-Arquidiócesis de México Tenochtitlán, una de las ciudades más grandes del mundo que, por tanto, presenta enormes retos para una adecuada pastoral que sea capaz de responder a los tan diferentes desafíos de las grandes urbes.

1185 Como todos ustedes saben, amados hermanos, la palabra "Sínodo" significa "caminar juntos". En los diversos documentos de la Iglesia postconciliar, la comunidad cristiana se compara al pueblo peregrino que camina por el desierto de la historia humana hacia el Padre celestial, principio y meta final de toda existencia humana. Este peregrinar está profundamente animado por la fuerza del Espíritu Santo que, sobre todo a partir de Pentecostés, inyectó en la Iglesia naciente el dinamismo que la ha caracterizado durante casi dos mil años y que la ha hecho compañera inseparable del devenir de la humanidad, en forma tal que puede ella, con todo derecho, afirmar con un antiguo poeta latino: "Nada de lo humano me es ajeno o desconocido".

1186 En este "caminar juntos" hacia el Padre, los católicos nos apoyamos en Santa María la Madre del Señor: aquella que en Nazareth manifestó generosamente su plena disposición al proyecto de salvación que Dios le proponía, respondiendo -con las palabras que todos conocemos y que encierran todo un programa de obediencia en la fe-: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38). Esta misma Señora es la que intervino en las bodas de Caná y a cuyos ruegos Jesucristo obró el primer milagro; es Ella quien ahora nos dice a todos los cristianos, lo mismo que dijo a los sirvientes en la boda: "Hagan todo lo que Él les diga" (Jn 2, 5).

1187 Tratando de obedecer a tan dulce mandato, su servidor, como Arzobispo Primado de México, después de madura reflexión acerca de la variada problemática que implica esta Ciudad, con temor y temblor ante la responsabilidad de ser el Pastor de esta Iglesia local, pero con la alegría de la fe al saber que el Señor está con nosotros, inicia hoy el II Sínodo Arquidiocesano en esta Basílica que es el punto de reunión de los que peregrinamos hacia Dios. Ningún nombre más dulce ni más significativo que el de Santa María de Guadalupe, estrella de la evangelización para el Nuevo Mundo; y, por tanto, ningún lugar más apropiado para inaugurar esta asamblea sinodal que esta Basílica, corazón de la Patria, punto focal de nuestro camino hacia Dios.

II- La Ciudad de México y sus Problemas

1188 La modernización de la vida social, política y económica de nuestra Patria, sumada a los grandes acontecimientos que en los últimos años nos ha tocado vivir, ha afectado profundamente a la Arquidiócesis y, en consecuencia, a los cristianos que la integran. La Iglesia católica mexicana ha vuelto a ser noticia, ya que se han modificado algunos puntos de su relación con el Estado. Las demás circunstancias de un mundo cambiante, ante las nuevas tecnologías y ante las diversas formas de pensar, no han dejado indiferente a la Iglesia que, con su sabia presencia, ha conformado también la historia de nuestro País.

1189 No es éste el momento de analizar detalladamente los diversos aspectos en los que la Iglesia ha conformado la cultura y la idiosincrasia de los mexicanos; a distancia de 500 años del principio de la evangelización, en medio de luces y sombras, podemos afirmar que el balance final de su actuación ha sido positivo. Las sombras de la Iglesia, que tantas polémicas han suscitado, manifiestan la alegría de saber que, en ningún momento, ha sido un ser extraño a nuestra historia; sus defectos demuestran el desgaste feroz con que el tiempo mutila a los hombres y, en especial, a la Iglesia que ha tenido que cargar con el oscuro lastre de todo lo humano.

1190 Esta primera consideración ha calado hondamente en el Pastor de esta Arquidiócesis que, inspirado por Dios, ha iniciado una revisión de las estrategias, de las estructuras y de la metodología que hay que seguir para poner en práctica la Nueva Evangelización de la que habla el Papa Juan Pablo II; de ahí la necesidad de una sincera revisión y actualización de sus cuadros internos a través de un Sínodo arquidiocesano.

1191 Este deseo de renovación, por medio de un Sínodo, desborda, sin embargo, el cuadro restringido de las reformas internas de la Iglesia, por muy indispensables que éstas sean. La Iglesia está al servicio de Dios por el servicio al hombre, y del hombre de este tiempo y, en nuestro caso, del hombre de esta Ciudad. De nada serviría el II Sínodo si no se abriera a los problemas de hoy y a los problemas del mañana.

1192 Los diversos estudios realizados hasta hoy -con el fin de preparar el II Sínodo- nos han hecho tomar conciencia acerca de la problemática de la Ciudad; sus lacras han aparecido, hoy más que nunca, como llagas sangrantes que requieren de una pronta curación: la Iglesia, al igual que el buen samaritano, está dispuesta a aliviar sus heridas. Estos son algunos de los problemas que aquejan a nuestra Ciudad-Arquidiócesis:
* La emigración desmedida del campo a la Ciudad ha dado por resultado la existencia de una Megalópolis difícil de controlar.
* La exigencia de alimentos para esta gran Ciudad provoca que, para satisfacerla, se acapare gran parte de los frutos que el país produce.
* La concentración de una industria creciente, dentro del área metropolitana, ha provocado alarmantes y múltiples problemas de contaminación ambiental.
* Las grandes distancias entre el hogar y el lugar de trabajo de sus habitantes, hacen que se pierdan valiosas horas de trabajo, en medio de un asfixiante tráfico de vehículos de toda clase.
* La insuficiencia de transporte colectivo obliga al desmedido uso del automóvil, con el consiguiente congestionamiento.
* La falta de seguridad pública atemoriza a los ciudadanos, obligándolos a la creación de cuerpos particulares de seguridad.
* La falta de empleo propicia la formación de cinturones de miseria lacerante y, en consecuencia, el fenómeno del ambulantaje.
* La sobrepoblación creciente vuelve insuficientes todos los servicios públicos.
* La centralización de la vida política, económica, cultural y de otra naturaleza, agrava la situación de esta Ciudad.

1193 La sola enumeración de problemas tan angustiosos que aquejan a esta Ciudad podría infundirnos pensamientos de desconfianza y sentimientos de desaliento ante una situación que podría parecer catastrófica; a este respecto permítaseme recordar las palabras del Papa Juan XXIII en la apertura del Concilio Vaticano II: "En el diario ejercicio de nuestro ministerio llegan a veces a nuestros oídos, hiriéndolos, ciertas insinuaciones de almas que, aunque con celo ardiente, carecen del sentido de la discreción y de la medida. Tales son quienes en los tiempos modernos no ven otra cosa que prevaricación y ruina. Dicen y repiten que nuestra hora, en comparación con las pasadas, ha empeorado, y así se comportan como quienes nada tienen que aprender de la historia. Mas nos parece necesario decir que disentimos de esos profetas de calamidades que siempre están anunciando infaustos sucesos, como si fuese inminente el fin de los tiempos" (11 de Octubre de 1962).

1194 La escatología cristiana no se limita a anunciar el día final sobre el cual se cierra el Apocalipsis; nos invita a prepararnos para él desde el presente; nos urge a adelantarnos, portadores de la esperanza verdadera, hacia las generaciones del porvenir. Lejos de ser la aprehensión de las catástrofes del fin del mundo, la visión escatológica es una apertura dinámica hacia el mundo en gestación, que "aspira a la revelación de los hijos de Dios" (Rom 8, 19).

1195 La Iglesia existe para el mundo de hoy y para el mundo de mañana que, sin duda alguna, será bastante diferente del de hoy. La preocupación de la Iglesia incluye perspectivas de largo alcance: las previsiones del porvenir que nos preservarán de la estrechez de nuestros horizontes.

III- La Corresponsabilidad

1196 Como bien sabemos, es de la competencia del Obispo la convocación de un Sínodo (Cfr. CIC 462 y ss.); sin embargo, éste no sería posible sin la colaboración responsable y entusiasta de todos los fieles representados en quienes han sido convocados para fungir como sinodales.

1197 Quiero a este respecto traer a la memoria de todos un concepto que se desarrolla principalmente a partir del Concilio Vaticano II; me refiero a la corresponsabilidad que incluye la idea de la responsabilidad conjunta con el resto de los miembros que formamos la Iglesia. La responsabilidad es el conjunto de notas por las que un sujeto ha de dar razón a otros de un acto o de un hecho.

1198 La corresponsabilidad, en el ámbito pastoral, tiene un amplio sentido: es una forma de solidaridad, es la disposición interior a sentir como propios los problemas comunes de la Iglesia; es la participación de todos los miembros de un grupo en la elaboración de las decisiones que deben ser elaboradas por todos.

a- La Corresponsabilidad a Nivel de Todos los Cristianos

1199 El Cardenal Suenens, Arzobispo de Malinas y personaje destacado en el Concilio Vaticano II, nos dice: "si me preguntase cuál es el 'germen de vida' más rico en consecuencias pastorales que se debe al Concilio, respondería, sin dudarlo, que el haber vuelto a descubrir al Pueblo de Dios como un todo y, en consecuencia, la corresponsabilidad que de aquí se deriva para cada uno de sus miembros".

1200 Al presentar a la Iglesia como el Pueblo de Dios, el Concilio se sitúa de lleno -por encima de la distinción orgánica y funcional entre la jerarquía y el laicado- a un nivel común a todos: el bautismo.

1201 "Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo" (Ef 4, 5); esta afirmación de la Escritura adquiere de repente todo su relieve. Es un mismo bautismo el que hace que todos los cristianos sean hijos del Padre, hermanos de Cristo, santificados por el Espíritu Santo.

1202 Sean Pastores o no, todos los cristianos son, ante todo, "fieles" en el sentido profundo del vocablo; es decir, creyentes. Necesitamos adquirir conciencia de esta verdad fundamental, esencial a la vida de la Iglesia y condicionante de todas las opciones y de todas las actitudes de los cristianos.

1203 El bautismo es la puerta de la vida cristiana (Denz. 86, 287, 696, 861, 869); los demás sacramentos suponen que ya hemos entrado y, por tanto, la perspectiva será distinta.

1204 El bautismo es la raíz de toda vida cristiana y de toda vida religiosa, estructurada o no: a partir de él se van desarrollando las vocaciones, las funciones y los carismas diversos. En la Iglesia de Dios el bautismo fundamenta la igualdad radical de todos, por eso no hay castas ni privilegios (Gál 3, 28).

1205 Como todos sabemos, el Papa, el Obispo o el Sacerdote, no son laicos; pero ciertamente son fieles con el mismo título con que lo es un bautizado y, por tanto, todo cristiano. Nuestro primer deber, como Sacerdotes, es el de vivir la fe cristiana en la obediencia al Evangelio, y nuestra misión sacerdotal se sitúa a partir de aquí.

1206 Al hablar de la participación de los Laicos en la función real, sacerdotal, profética y apostólica de la Iglesia, se está hablando de la participación de los fieles, precisamente en cuanto bautizados, confirmados y partícipes de la Eucaristía (LG 10 y ss.).

1207 De esta prioridad bautismal surge, como consecuencia, la prioridad comunitaria: cada uno debe vivir e insertar su propia responsabilidad en y con la de todos los demás fieles; aparece así, con toda claridad, la corresponsabilidad en la Iglesia, la básica y fundamental, derivada de nuestro bautismo.

1208 Se podrán diferenciar individuos y grupos en el seno del Pueblo de Dios, pero no se puede olvidar ya el principio fundamental; así nos lo recuerda el Concilio Vaticano II: "Pues la distinción que el Señor estableció entre los sagrados ministros y el resto del Pueblo de Dios lleva consigo la solidaridad, ya que los Pastores y los demás fieles están vinculados entre sí por recíproca necesidad. Los Pastores de la Iglesia, siguiendo el ejemplo del Señor, pónganse al servicio los unos de los otros y al de los restantes fieles; éstos, a su vez, asocien gozosamente su trabajo al de los Pastores y doctores. Así, todos rendirán un múltiple testimonio de admirable unidad en el Cuerpo de Cristo" (Id. 32).

1209 A este propósito, el Concilio nos recuerda que, así como Cristo es nuestro Hermano, también los cristianos tienen en los Obispos y demás Sacerdotes a otros hermanos que, constituidos en el sagrado ministerio, enseñando, santificando y gobernando con la autoridad de Cristo, apacientan a la familia de Dios, de tal suerte que sea cumplido por todos el nuevo mandamiento de la caridad; a este propósito dice bellamente San Agustín: "Si me asusta lo que soy para vosotros, también me consuela lo que soy con vosotros. Para vosotros soy Obispo, con vosotros soy cristiano. Aquel hombre expresa su deber, éste una gracia; aquel indica un peligro, éste la salvación" (Ib.).

b- La Corresponsabilidad Colegial

1210 El Concilio Vaticano II acertadamente, y en consonancia con el pensamiento moderno de actuar con más eficacia a través de equipos o grupos de trabajo, profundiza en la noción de la colegialidad. Al hablar de los Obispos nos recuerda: "Este oficio episcopal suyo, que recibieron por la consagración episcopal, lo ejercen los Obispos -partícipes de la solicitud de todas las Iglesias- en comunión y bajo la autoridad del Sumo Pontífice por lo que atañe al magisterio y gobierno pastoral, y unidos todos en colegio o cuerpo por lo que atañe a la Iglesia de Dios Universal. Cada uno lo ejerce respecto de las partes del rebaño del Señor que le han sido confiadas, cuidando cada uno de la Iglesia particular que le ha sido encomendada o, muchas veces, proveyendo algunos conjuntamente a ciertas necesidades comunes de diversas Iglesias" (ChD 3).

1211 El mismo Concilio nos dice que el Señor Jesús eligió a los Doce para que vivieran con Él y para enviarlos a predicar el Reino de Dios: "a estos Apóstoles los instituyó a modo de Colegio, es decir, de grupo estable, al frente del cual puso a Pedro, elegido de entre ellos mismos" (LG 19); nos habla también del Colegio apostólico, unido a su Cabeza, diciéndonos: "Así como, por disposición del Señor, San Pedro y los demás Apóstoles forman un solo Colegio apostólico, de igual manera se unen entre sí el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los Obispos, sucesores de los Apóstoles" (Id. 22).

1212 Al hablar de las relaciones de los Obispos dentro del Colegio, nos recuerda el Concilio que "en cuanto miembros del Colegio episcopal y como legítimos sucesores de los Apóstoles, todos deben tener aquella solicitud por la Iglesia universal que la institución y precepto de Cristo exigen, que, aunque no se ejercite por acto de jurisdicción, contribuye, sin embargo, grandemente al progreso de la Iglesia universal (Id. 23).

1213 Esta colegialidad se ejerce no sólo en un Concilio Ecuménico sino también de manera normal, continua y cotidiana, a través del magisterio de la Iglesia, magisterio de los Obispos dispersados por el orbe (Id. 25).

1214 Esta corresponsabilidad doctrinal se prolonga igualmente en la corresponsabilidad pastoral que afecta al bien de la Iglesia Universal (ChD 6); por lo cual decimos que la corresponsabilidad es inherente a la estructura de la Iglesia, que es "communio", aunque revista diversas formas.

1215 Los Obispos se reúnen en "consejo que se designa con el nombre de Sínodo episcopal, el cual, puesto que obra en nombre de todo el episcopado católico, manifiesta al mismo tiempo que todos los Obispos en comunión jerárquica son partícipes de la solicitud de toda la Iglesia" (Id. 5); también están unidos en su relación con el Romano Pontífice que se sirve de los Dicasterios de la Curia Romana, los cuales, en consecuencia, realizan su labor en su nombre y con su autoridad, para bien de la Iglesia y servicio de los sagrados Pastores" (Id. 9).

c- La Corresponsabilidad a Nivel de los Obispos

1216 Esta corresponsabilidad colegial de los Obispos nos permite contemplar el misterio de la Iglesia desde dos enfoques diferentes, pero complementarios. Se puede partir de la Iglesia universal, considerada como un todo, y situar, a partir de aquí y por relación a ella, a las Iglesias particulares o locales; ésta es la imagen occidental corriente; constituye la base de la eclesiología latina.

1217 También puede mirarse primero a las Iglesias locales -"la Iglesia de Dios en Corinto, en Éfeso, en Antioquía"- y, a partir de ellas, ver la estructura de la Iglesia como una comunión de Iglesias particulares, vinculadas a un centro de comunión y de unidad: el obispo de Roma; ésta es la perspectiva de la eclesiología oriental.

1218 Cada Iglesia particular comprende, paulatinamente, su deber de apertura y de comunicación con respecto a las Iglesias hermanas de una misma región. A la Iglesia latinoamericana cabe el honor de haber sido una de las primeras organizaciones, bajo el nombre de Consejo Episcopal Latinoamericano -CELAM-, reunida para analizar problemas comunes.

1219 La ampliación del horizonte invita a cada Obispo a pensar en "Iglesia", antes de pensar en "diócesis"; más aún, a pensar en la Iglesia para mejor pensar en la Diócesis. El sentido de corresponsabilidad era muy vivo en la tradición patrística. San Ignacio de Antioquía escribe a las Iglesias de Asia para que se confirmen en la fe uniéndose en torno a sus propios Pastores. Así, por ejemplo, Policarpo de Esmirna escribe a la Iglesia de Filipos en Macedonia, y así otros más. La suerte de la Iglesia nos concierne a todos. La "solicitud de todas las Iglesias", de la que nos habla San Pablo, debe ser una solicitud compartida por todos los cristianos.

d- La Corresponsabilidad en una Iglesia Particular

1220 La corresponsabilidad se halla en la entraña misma de la misión de la Iglesia; la colegialidad condiciona la misión. La Iglesia colegial es enviada al mundo; por esta razón la corresponsabilidad se encuentra en lo más hondo de la Iglesia particular y de las relaciones que unen al Obispo con los Sacerdotes, a los Sacerdotes entre sí y a los Sacerdotes con los Laicos.

1221 El Concilio nos define el concepto de Iglesia particular cuando dice: "La Diócesis es una porción del pueblo de Dios que se confía a un Obispo para que la apaciente con la cooperación del presbiterio, de forma que, unida a su Pastor y reunida por él en el Espíritu Santo por el Evangelio y la Eucaristía, constituye una Iglesia particular en que verdaderamente está y obra la Iglesia de Cristo que es una, santa, católica y apostólica" (ChD 11).

1222 Al Presbiterio le toca mantener a la Iglesia local en estado de oración, de culto, de caridad y de misión; dicho presbiterio está formado por el Obispo y el clero de la Diócesis y, en este clero de la Diócesis, se incluye al clero diocesano y a los Religiosos sacerdotes. A este respecto, oigamos al Concilio: "Todos los Presbíteros, sean diocesanos o religiosos, participan y ejercen con el Obispo el único sacerdocio de Cristo; por consiguiente, quedan constituidos en diligentes cooperadores del orden episcopal" (Id. 28). Por tanto, la única Iglesia que el Concilio reconoce es la Iglesia diocesana (LG 20), presidida por el Obispo, principio de unidad (Id. 23).

1223 Quisiera terminar esta reflexión sobre la corresponsabilidad de todos en torno al Obispo con las palabras, llenas de sabiduría, de San Ignacio de Antioquía: "Sin contar con el Obispo no es lícito ni bautizar ni celebrar la Eucaristía, sino, más bien, aquello que él apruebe es también lo agradable a Dios, a fin de que cuanto hagáis sea seguro y válido". "Que nadie, sin contar con el Obispo, haga nada de cuanto atañe a la Iglesia. Sólo ha de tenerse por válida aquella Eucaristía que se celebre por el Obispo o por quien de él tenga autorización".

IV- El II Sínodo Arquidiocesano

1- Tarea Actual y Metas

1224 Como todos sabemos, el Sínodo es el ejercicio solemne de la autoridad pastoral del Obispo junto con su presbiterio y con su pueblo. El Sínodo no es un trabajo de pequeños grupos, sino del Pueblo de Dios presidido por el Obispo; esto supone un gran sentido de responsabilidad por parte de todos. De diversas maneras todos hemos podido empezar a participar, de distintas maneras, con nuestras reflexiones, sugerencias y aportaciones. La tarea apostólica nos tiene que ensanchar el corazón para ser verdaderamente corresponsables en lo que el Señor nos encomienda, por medio de:
* La participación consciente, gozosa, creativa, responsable y eficaz, en las actividades sinodales; a nosotros nos toca llevar adelante la obra de humanización y cristianización de la Ciudad-Arquidiócesis que presenta muchos rostros: los alejados, los niños, los jóvenes, los ancianos, los marginados, los poderosos etc.
* El discernimiento de la voluntad del Padre; el clima de este período del II Sínodo ha de ser la atención a la Palabra del Señor y a las inspiraciones del Espíritu Santo, buscando tener "un mismo amor, un mismo espíritu, un único sentir" (Flp 2, 2).Nuestro discernimiento se enfocará al análisis cuidadoso de las realidades (Planteamiento Básico y Desafíos), para iluminarlas a la luz de la fe, por la Palabra, como apoyo a la Nueva Evangelización en la Arquidiócesis de México (Líneas de Acción y Ordenamientos).
* El compromiso valiente con la Nueva Evangelización, conscientes de que somos nosotros los primeros que -convertidos al Señor- tenemos que constituirnos en servidores del Reino de Dios.

1225 Siendo el II Sínodo eminentemente pastoral, intentamos "encontrar una respuesta adecuada a las necesidades pastorales del Pueblo de Dios", dentro de las siguientes perspectivas:
* configurar la imagen de una nueva Iglesia, alegre, sencilla y cercana a los problemas e inquietudes de nuestro pueblo;
* transformar las comunidades parroquiales, religiosas y laicales en comunidades más evangelizadas y evangelizadoras (EN 13);
* renovar la vida y el ministerio de los Presbíteros para que, individualmente y como miembros del presbiterio, sean cada vez más animadores de la fe de sus comunidades;
* encontrar nuevas formas, nuevos métodos y nuevo espíritu para evangelizar, conforme al proyecto de la Nueva Evangelización, propuesta por el Papa.

2- El Proceso del Sínodo

1226 Después de dos años y medio de ardua e intensa preparación, inauguramos hoy el II Sínodo de la Arqudiócesis de México; para llegar a este gozoso momento hemos dado los siguientes pasos:
* Una vez hecho el anuncio del Sínodo, se hicieron las primeras consultas.
* Después se declaró a la Arquidiócesis en estado de Sínodo y se hizo la convocatoria al mismo.
* Se nombraron las diversas Comisiones que elaboraron los Documentos de Consulta y el Planteamiento Básico.
* Se realizó la consulta al Presbiterio y al pueblo de Dios, mediante cuatro Fascículos con 60 Desafíos.
* Hubo 129 reuniones de estudio de parte de las diversas Comisiones y grupos especiales.
* Se tuvieron las Reuniones Preparatorias a las que asistieron todos los sinodales y se han publicado diversos documentos en forma de exhortaciones, circulares, guiones, carteles, estampas.
* Se estudió este material en las reuniones de las Vicarías.

1227 Todo este largo trabajo ha estado sostenido por la ferviente oración de los fieles y principalmente de las Religiosas.

1228 Quiero aprovechar esta ocasión para agradecer profundamente tantos y tan valiosos esfuerzos principalmente de los organizadores a quienes invito a seguir trabajando con la misma calidad y con el mismo entusiasmo que han tenido hasta ahora.

V- Conclusiones

1229 Imitando el heroísmo y la valentía de los precursores de la evangelización en nuestra Patria, y celebrando 500 años de este magno acontecimiento, nos lanzamos hoy a la tarea que la Iglesia nos encomienda.

1230 El Espíritu Santo pone a nuestra disposición toda la riqueza de sus carismas para que renovemos a la Iglesia arquidiocesana y la convirtamos en la Iglesia de Pentecostés; el Espíritu Santo la anima a fin de renovar constantemente el vigor de una Iglesia cargada de años y, al mismo tiempo, siempre joven, al unísono con la juventud del mundo que nace a nuestros ojos en los umbrales del año 2000.

1231 Esta nueva Iglesia particular de México debe mostrarse acogedora hacia los valores del porvenir, ante las riquezas auténticas de este mundo que nace, a fin de que Cristo, Rey de los siglos, purifique esos valores, los asuma y los transfigure.

1232 Cuanto más vivo se mantenga el Espíritu Santo en cada uno de nosotros, tanto más podrá revelar a los hombres del mañana la juventud, el frescor y la pujanza del Evangelio. Ponemos todos estos esfuerzos en manos de nuestra Señora de Guadalupe, a cuyos pies nos encontramos; invocamos la intercesión de San José, Patrono del II Sínodo, y del Beato Juan Diego.

Iniciemos nuestro II Sínodo en el nombre del Señor. Amén.

Su servidor
+ Cardenal Ernesto Corripio Ahumada
Arzobispo Primado de México
Ciudad de México, en la Basílica de Guadalupe,
18 de Mayo de 1992

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