RELACIÓN ESPECIAL

1- Los Sinodales del II Sínodo

1284 Los aquí presentes somos sinodales de este II Sínodo arquidiocesano; somos plenamente conscientes de que formamos la "Asamblea de Sacerdotes y de otros Fieles escogidos de la Iglesia particular que peregrina en la Ciudad de México, quienes prestamos nuestra ayuda al Sr. Arzobispo Primado, Cardenal Ernesto Corripio Ahumada, para bien de toda la comunidad diocesana" (Cfr. CIC 460). Dado que éste es el modo más solemne y apto del Pastor para ejercer su función de gobierno y que es, además, una excelente expresión de corresponsabilidad eclesial, asumimos en forma responsable esta importantísima función y le ofrecemos nuestra ayuda cualificada.

1285 Nuestra presencia y toda nuestra acción es la respuesta de fe al llamado de Dios hecho por medio de la convocatoria del Pastor y, para algunos también, por medio de la elección que los Presbíteros hicieron en los Decanatos.

1286 En actitud de verdadera comunión y participación eclesial, ofreceremos al Sr. Arzobispo el discernimiento de las iluminaciones y mociones del Espíritu Santo, descubiertas principalmente en el serio análisis pastoral de nuestras realidades, en orden a las decisiones de gobierno que tomará, como legislador, nuestro Pastor.

1287 Desde que el Sr. Arzobispo manifestó su deseo de convocar a un Sínodo arquiiocesano, tomamos conciencia de nuestra realidad; en ella descubrimos que:
* la evangelización iniciada por los misioneros en el siglo XVI y continuada hasta nuestros días, quedó incompleta; no logró transformar los criterios de juicio, ni las líneas de pensamiento, ni las fuentes inspiradoras, ni los modelos de nuestra vida;
* el pueblo sufrido todavía no encuentra en el Evangelio los caminos de su plena liberación;
* la evangelización no ha llegado a todos;
* los modelos de evangelización no siempre respetaron las culturas de esta megalópolis;
* el secularismo, el consumismo, la imposición de diversos modelos culturales extraños a nosotros, amenazan nuestra identidad cultural, aún radicalmente católica.
(Planteamiento Básico. N° 59).

2- El Hombre de la Ciudad de México es el Destinatario de la Evangelización

1288 Puesto que en la evangelización hemos de seguir el camino de la Iglesia -el hombre-, es el hombre de la Ciudad el camino de la evangelización encomendada por el Señor Jesús a su Pastor y a sus más cercanos colaboradores, junto con todos los bautizados.

1289 Un considerable número de miembros de esta Iglesia particular hemos profundizado en el conocimiento de ese hombre, destinatario de la evangelización; en alguna forma, al menos, suponemos que vamos acercándonos a comprenderlo, a sentir, a pensar, a querer, a tener las mismas aspiraciones y esperanzas, a padecer lo mismo que él. La complejidad de la vida en una megalópolis hace imposible, por lo demás, esta compenetración que pretendemos.

1290 En un intento de tipificar al "hombre de la Ciudad de México", descubrimos su sello particular conformado por su identidad histórica, económica, social, política, artística, ética, religiosa etc. En otras palabras, nos encontramos con la cultura o, mejor, con las culturas que nos permiten descubrir el significado de la vida que vivimos hoy y aquí (Id. N° 20).

1291 Formamos un pueblo cuyo sustrato indígena está fuertemente presente en su vida. Este pueblo, conquistado y colonizado, carga con el peso de un sentimiento de inferioridad; por eso es callado, sufrido, soporta con exceso y no reclama aunque tenga derecho a hacerlo, tiene miedo a expresarse; su cultura, cultura del silencio, se expresa en la ironía como escape.

1292 Junto a la gran mayoría descrita hasta aquí, existe también la cultura de la opulencia: unos pocos que lo poseen todo y que rechazan lo indígena, lo popular, que imponen maneras de ser y de pensar en los medios de comunicación, en lo económico y en lo político.

1293 Los antiguos pobladores que rodeaban la Ciudad de México, los indígenas, los inmigrantes, los habitantes de barrios, de multifamiliares y condominios populares, de colonias de clase media y de las zonas residenciales, tienen sus respectivas características; es también el quehacer y su ocupación, a veces trasmitida por generaciones, lo que caracteriza a grupos o familias, como comerciantes, obreros, artesanos, empleados federales etc.

1294 La cultura urbano-industrial ha generado centralismo, gigantismo burocrático y masificación, junto con bajos ingresos económicos. El afán de producir más y más bienes, al alcance sólo de unos cuantos, ha llevado a muchos a la mera supervivencia y a la verdadera penuria.

1295 La cultura cosmopolita también se encuentra en nuestra Ciudad; se manifiesta en el aprecio de la ciencia y de la técnica, del pluralismo de ideas, de la eficacia en la productividad; implica hedonismo, consumismo, prepotencia, violencia, competitividad agresiva, acaparamiento de poderes y de riquezas (Id. N° 19-42).

1296 Lo que he dicho de quienes nos hemos acercado al conocimiento y comprensión del "hombre de nuestra Ciudad", de ninguna manera se puede decir de todos los Agentes de evangelización, de todos los meritísimos Párrocos y demás sacerdotes, de todos los Religiosos y Religiosas, de todos los Laicos apóstoles.

3- La Primera Semana del II Sínodo:

"Destinatarios Prioritarios de la Nueva Evangelización"

1297 Estamos en el punto de partida del II Sínodo, en cuanto que los "Destinatarios Prioritarios de la Nueva Evangelización" presentan el gran reto o desafío al Evangelio mismo.

1298 El resultado de esta primera sesión marcará la línea pastoral del II Sínodo en su realización. Una vez precisados en la forma más completa y explícita quiénes son los Destinatarios Prioritarios de la evangelización, como respuesta al gran desafío, al mayor reclamo, a lo más urgente, las siguientes sesiones irán proponiendo los Agentes calificados para evangelizar a esos Destinatarios, los Medios más aptos y eficaces para hacerlo y la Organización pastoral de nuestra Iglesia evangelizadora.

1299 El Documento de Trabajo, Cuaderno I, nos invita a una "actitud de diálogo en el mundo, que traerá por resultado, como gracia del Espíritu, la conversión de la misma Iglesia: la misión evangelizadora nos evangeliza a nosotros los Agentes" (DT, I, pág. 6). Al presentar a la Iglesia como servidora del hombre, nos llama urgentemente a que caminemos en la Ciudad de México con el impulso del Espíritu Santo prometido por el Señor Jesús, de manera que nuestra Iglesia evangelice con estima y respeto al hombre en una verdadera solidaridad humana (Id. pág. 9).

1300 El Sr. Cardenal Ernesto Corripio Ahumada, en su Carta Pastoral del 25 de Marzo de 1983, N° 5, nos señala que "la Iglesia hoy en día debe:
* examinar con sinceridad y sencillez las deficiencias de las que se acusa a sus miembros y estructuras;
* escuchar con atención las expectativas que los hombres tienen respecto a ella y así -por una renovación al interior de sí misma-;
* prestar al mundo el servicio para el cual fue convocada por Cristo y animada por su Espíritu".

El Cuaderno I está estructurado en dos partes:

1301 La primera parte presenta los "nuevos rostros de la Ciudad para un vigoroso proyecto misionero"; contiene cuatro capítulos: en el primero recoge los "Destinatarios Prioritarios de la Evangelización", descubiertos en la primera etapa de preparación del II Sínodo, entre los cuales están "los Alejados del Influjo Evangelizador de la Iglesia". En el segundo capítulo están "los Pobres y los Marginados de la Sociedad", destinatarios prioritarios también. El tercer capítulo contiene el reto de evangelizar a "los Movimientos Religiosos" que actúan en actitud proselitista. El cuarto a su vez presenta el desafío de evangelizar, en diálogo ecuménico, a "las Iglesias Históricas" y otras. Se trata de Desafíos globales, es decir, son los campos verdaderamente prioritarios de nuestro trabajo.

1302 La segunda parte presenta "los campos necesitados de urgente atención pastoral, en diferentes sectores de población"; tiene seis capítulos, en los cuales se presentan la Familia, la Mujer, los Niños, los Jóvenes, los Adultos y los de la Tercera Edad, destinatarios también prioritarios de la evangelización. Es importante considerar estos sectores de población en el sentido socio-cultural y de variedad de ambientes que exigen una pastoral específica o diferenciada.

1303 En esta sesión aparece como de capital importancia el profundo conocimiento de los destinatarios, de manera que se encuentre la mejor forma de llevarles el Evangelio.

1304 El Cuaderno I refleja el punto de vista de muchos Agentes de la pastoral; en él se ha llegado a un primer consenso. En él, también podemos decir, tenemos un mejor conocimiento de los destinatarios prioritarios de la evangelización: quiénes son, cuáles son las circunstancias materiales, sociales, religiosas y culturales en que viven; cuáles son sus mayores carencias, sus grandes esperanzas y aspiraciones. Quedan señaladas las exigencias de la evangelización.

1305 Es ahora el momento de llegar juntos al consenso acerca de la prioridad de los desafíos ya acordados y, en ellos, al consenso de las líneas de acción y de los ordenamientos. El hecho de que muchas de las líneas de acción y de los ordenamientos propuestos se refieran a los Agentes, a su cambio de mentalidad y a su formación, manifiesta que hay entre ellos todavía ciertas "resistencias profundas" al cambio que exige la Nueva Evangelización; es triste reconocer que entre quienes se resisten están algunos Párrocos, junto a Religiosos y Laicos.

1306 Paulo VI nos ha dicho: "En nombre de nuestro Señor Jesucristo, de los Apóstoles Pedro y Pablo, exhortamos a todos aquellos que, gracias a los carismas del Espíritu Santo y al mandato de la Iglesia, son verdaderos evangelizadores, a ser dignos de esta vocación, a ejercerla sin reticencias debidas a la duda o al temor, a no descuidar las condiciones que harán esta evangelización no sólo posible sino también activa y fructuosa" (EN 70).


1307 El mismo Pontífice nos exhorta también a:
* estudiar profundamente la naturaleza y la forma de la acción del Espíritu Santo en la evangelización hoy;
* invocar siempre con fe y amor al Espíritu Santo;
* dejarnos guiar prudentemente por Él, como inspirador decisivo;
* actuar siempre con autenticidad;
* creer verdaderamente lo que anunciamos, vivir lo que creemos, predicar verdaderamente lo que vivimos;
* buscar que nuestro celo evangelizador brote de una verdadera santidad de vida, de la oración y de la Eucaristía;
* procurar que redunde en mayor santidad del evangelizador;
* hacer que nuestra vida sea sencilla, con espíritu de oración, de caridad para todos, especialmente para los pequeños y los pobres, con renuncia y despego de nosotros mismos;
* vivir en unidad, para que seamos servidores de la verdad, animados por el amor con el fervor de los santos (Id. 75-80).

1308 Juan Pablo II nos dice a su vez: "El hombre contemporáneo cree más a los testigos que a los maestros; cree más en la experiencia que en la doctrina, en la vida y los hechos que en las teorías. La primera forma del testimonio es la vida misma del misionero, de la familia cristiana y de la comunidad eclesial que hace visible un nuevo modo de comportarse. El testimonio evangélico, al que el mundo es más sensible, es el de la atención a las personas y el de la caridad para con los pobres y los pequeños, para con los que sufren. El trabajo por la paz, la justicia, los derechos del hombre, la promoción humana, es testimonio del Evangelio si es un signo de atención a las personas y está ordenado al desarrollo integral del hombre" (RM 42).

1309 En el Concilio Vaticano II, en Medellín y Puebla, encontramos también orientaciones precisas al respecto:
* la Iglesia vive y anuncia la Buena Nueva en la praxis liberadora, en la solidaridad con los pobres, al asumir sus inquietudes y problemas, sus esfuerzos y esperanzas (GS 1);
* el destinatario del Evangelio es un pueblo con fe, pero en su mayoría vive aún en condiciones infrahumanas (DP 28);
* esta situación es un pecado social "de gravedad tanto mayor por darse en países que se llaman católicos y que tienen la capacidad de cambiar" (Ib.);
* existe la necesidad de una evangelización liberadora y de una conversión expresada también en un cambio radical para los pobres, en solidaridad con sus sufrimientos y sus luchas (Id. 470- 506);
* es urgente una verdadera inserción de los evangelizadores en las realidades de los destinatarios.

4- La Novedad de la Evangelización para estos Destinatarios

1310 Deseamos que nuestra Iglesia particular evangelice a todos los que la forman, de manera verdaderamente nueva, "nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión" (CELAM, Haití).

1311 Es un reto para todos los evangelizadores que, en el Espíritu Santo y con nuestras capacidades y esfuerzo, logremos abrir un nuevo cauce de evangelización. El único Maestro es Jesús; hemos de proclamar la Buena Nueva como Él mismo; como lo está haciendo Él hoy y aquí por medio de su Iglesia; cada uno de nosotros habremos de seguir sus pasos, poner nuestros pies en sus huellas y hacer lo que Él quiere y como nos lo va indicando.

1312 Como Jesús, vivamos la experiencia de Dios en este nuestro mundo de injusticias, pero también de grandes posibilidades de bondad y de amor. En verdadera oración constante al Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo, nuestro trabajo evangelizador ha de ser fruto de la contemplación.

1313 Sigamos siempre a Jesús; sólo en su seguimiento, viviendo nuestra propia historia, lograremos imitarlo y hacer lo que Él hace. Busquemos en el Espíritu Santo cómo vivir la Vida de Dios en nuestro mundo, hoy y aquí. La vivencia de comunión y participación eclesial, en sus expresiones diversas con todos y cada uno de quienes formamos la Iglesia de Jesús, ha de estar presente siempre.

1314 Nuestra fe, esperanza y caridad, con las modalidades que imprime la vida de la Gran Ciudad en su gran complejidad, será el testimonio de Cristo Resucitado que realiza la salvación entre nosotros. La protección de María, Madre de Jesús y Madre nuestra, su acompañamiento y sus enseñanzas de evangelización en el Tepeyac, son también esenciales en nuestra obra.

1315 A nosotros nos corresponde aportar la "novedad del ardor, de los métodos y de la expresión" de la evangelización de aquí en adelante.

Mons. Roberto Aguilar Zapién
Ciudad de México, 21 de Mayo de 1992

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