CAPÍTULO VII

LA MUJER

1644 Uno de los cambios culturales que más incidencia está teniendo en la sociedad actual es el distinto comportamiento y valoración del ser y de la misión de la mujer en la sociedad actual.

1645 Este cambio abarca todos los campos: la vida familiar, la educación, el trabajo, la política, el arte, la diversión, el deporte etc. Tal cambio, como otros datos de la cultura, reviste características especiales, a veces de acentuada gravedad, en la vida de la Ciudad.

1646 La Iglesia no puede quedarse al margen de este complejo fenómeno social; por el contrario, tiene el deber de iluminar la realidad y el mundo de la mujer con la palabra del Evangelio, para conseguir que la Buena Nueva se haga vida en el actuar de todos los cristianos.

1647 La doctrina que el Magisterio de la Iglesia ha venido exponiendo sobre el tema de la mujer es un conjunto de verdades llenas de contenido liberador y promotor, para que el mundo se vaya haciendo cada vez más humano y más cristiano, al dar a la mujer el lugar que le corresponde en la creación, en la comunidad humana y, en general, en todos los ámbitos en donde se va fraguando la historia.

1648 Por todo lo dicho, el II Sínodo Arquidiocesano es un momento privilegiado de renovación de la vida y de la acción de la Iglesia y contempla como uno de los desafíos prioritarios de la Nueva Evangelización lo que se refiere a la situación actual de la mujer.

1649 La Iglesia en la Ciudad de México quiere comprometerse en el reconocimiento y en la defensa evangélica de la dignidad de la mujer, así como también en la lucha en favor de una participación más fructuosa de la mujer en la tarea de construir el Reino de Dios.

DESAFÍO

1650 La vida moderna está dando un papel más participativo a la mujer que es la gestadora de la vida humana y quien, con mayor profundidad, plasma en el ser humano el amor. Prevalecen conductas "machistas" que lesionan gravemente la dignidad, identidad y misión de la mujer como hija, esposa, madre y compañera del hombre; particularmente en la Ciudad la mujer indígena carga de distintas formas con su miseria.
Esta situación exige de la Iglesia una acción pastoral que:
* reconozca y defienda evangélicamente el ser y la misión de la mujer;
* impulse su promoción para que sea sujeto de derechos en el ámbito de la educación, de la salud y de la vida social;
* favorezca que ella sea acompañada y evangelizada, para que llegue a ser presencia transformadora en la comunidad eclesial y en la sociedad, a ejemplo de Santa María de Guadalupe, nuestra primera evangelizadora;
* haga creíble el Evangelio por el testimonio cristiano de atención a las mujeres más marginadas.

HECHOS

1651 Poco más del 50% de la población son mujeres; muchas están marginadas, casi no opinan; cuando pretenden participar en organizaciones sociales independientes son perseguidas, encarceladas y torturadas; sufren violaciones; no se les reconoce su trabajo, ellas mismas no lo valoran, están mal pagadas; son atacadas -incluso en su papel de madre- por los medios de comunicación como simple objeto comercial de las modas, anticonceptivos, cosméticos; se les mantiene marginadas y encerradas; los movimientos "feministas" y "machistas" las denigran y corrompen y, en ellas, a la familia y a la sociedad.

1652 Aunque la doctrina acerca de la mujer es clara, en la Iglesia deben buscarse formas concretas para su mayor participación y promoción.

1653 La Iglesia todavía no reconoce suficientemente el papel y la fuerza transformadora de la mujer en todos los ámbitos; incluso hay actitudes de poco respeto hacia ella por parte de algunas instituciones que toman a Religiosas para ejercer simples trabajos domésticos.

1654 Hoy la mujer reclama su papel en la Iglesia y en la sociedad con todo su ser y quehacer; exige que se le reconozca su dignidad -no sólo de palabra sino de hecho- y que se le dé la oportunidad de desarrollar todas sus capacidades en bien de la sociedad y del Pueblo de Dios.

1655 Las mujeres, en especial las Religiosas, ejercen un notable influjo a través de la enseñanza informal y escolar, de diversos servicios asistenciales y pastorales, de la organización vecinal, de la oración.

CRITERIOS

1656 "Creó Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, hombre y mujer los creó" (Gén 1, 27).

1657 De la mujer hay que resaltar, ante todo, la igual dignidad y responsabilidad respecto al hombre (FC 22).

1658 Esta dignidad justifica plenamente el acceso de la mujer a las funciones públicas; su verdadera promoción exige que sea claramente reconocido el valor de su función materna respecto de las demás funciones (Id. 23).

1659 La Iglesia debe promover en su vida misma la igualdad de derechos y de dignidad entre el hombre y la mujer (Ib.).

LÍNEAS DE ACCIÓN

1660 Promover más decididamente a las mujeres, incluyendo a las Religiosas, a través de programas de formación que les permitan asumir ante la comunidad responsabilidades y oficios reconocidos.

1661 Establecer centros de evangelización integral de la mujer, en donde puedan tener una superación como personas y una formación como esposas, madres y educadoras en la fe.

1662 Instituir escuelas y universidades, y activar programas de formación, asesoría y apoyo a la mujer, en diversos ambientes: profesionistas, ejecutivas y directivas de alto nivel, amas de casa, trabajadoras de servicio doméstico, empleadas de oficinas, trabajadoras de talleres, internas en centros de rehabilitación etc.

1663 Promover apostolados en favor de mujeres que se encuentren en situaciones difíciles, como las detenidas en cárceles, madres solteras, las viudas, las participantes en el mundo del espectáculo, las enfermas, las que tienen limitaciones mentales o físicas etc.; esto será un signo testimonial del reconocimiento de la dignidad de la mujer.

1664 Reconocer y estimular el influjo pastoral que las Religiosas tienen en muchos sectores de la sociedad.

1665 Reconocer la fuerza moral de la mujer, a quien Dios le confía el ser humano en razón de su femineidad; propiciar con esto que ella se libere.

ORDENAMIENTOS

1666 Los Pastores y otros Agentes de evangelización aprovechen las celebraciones y eventos especiales -quince años, graduaciones, día de las madres, festividades marianas- para dar a los participantes el primer anuncio de Jesús acerca de la dignidad y el papel de la mujer.

1667 Los organismos de Pastoral Social, Familiar y Juvenil, realicen estudios y propongan programas concretos, derivados de las líneas de acción referentes a este desafío.

1668 Los mismos organismos elaboren programas de capacitación de las mujeres, para que asuman en la Iglesia oficios reconocidos en diversas responsabilidades y campos de la tarea eclesial.

1669 Las escuelas, movimientos de Iglesia, Parroquias etc. pongan énfasis en una educación encaminada a ayudar a hombres y mujeres a descubrir su complementariedad, partiendo de la dignificación de la mujer.

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