Segunda Semana
Agentes de la Nueva Evangelización

HOMILÍA DE LA CELEBRACIÓN INICIAL

Corresponsabilidad de los Laicos en las Tareas de la Nueva Evangelización

Amados hermanos:

1914 Dios nos ha permitido iniciar este II Sínodo Arquidiocesano con grande alegría y con el manifiesto deseo, de parte de todos los sinodales, de poner lo mejor de nosotros mismos en la realización del mismo.

1915 En la homilía de apertura, en la Basílica de Guadalupe, insistió su servidor en la necesidad de profundizar, al máximo, en el concepto de "corresponsabilidad", tanto a nivel de los Obispos como del Presbiterio de la Arquidiócesis. Hice también mención del bautismo, "raíz de toda vida cristiana y de toda vida religiosa estructurada o no"; precisamente el bautismo fundamenta la corresponsabilidad de todos los miembros de la Iglesia.

1916 Quisiera hoy referirme especialmente a los Laicos que integran nuestra Arquidiócesis, para hacerles una invitación paternal y amistosa a la corresponsabilidad en las tareas de la Nueva Evangelización que la Ciudad de México esta requiriendo.

1- Los Laicos en la Iglesia

1917 La historia reconocerá como una gloria del Concilio Vaticano II el haber definido con transparencia la naturaleza de la Iglesia, Pueblo de Dios, y el haber señalado con precisión el lugar y el papel del laicado dentro de la Iglesia.

a- Responsabilidad Común de los Laicos

1918 Cuando se refiere a la Iglesia, el Concilio insiste en el aspecto comunitario como nota dominante del Pueblo de Dios: "Dios formó una congregación de todos los creyentes que miran a Jesús como autor de la salvación y el principio de la unidad y de la paz; es la Iglesia convocada y constituida por Dios para que sea sacramento visible de esta unidad salutífera para todos y cada uno" (LG 9).

1919 La responsabilidad primera y primordial de la Iglesia es el testimonio común, el sacerdocio común, y la santidad común, correspondientes a todos y cada uno de sus integrantes.
* Testimonio común: la comunidad cristiana, como tal, debe expandir la luz que el anuncio de la Buena Nueva comunica a todo hombre. Esta comunidad llama al seguimiento de Cristo y proclama el mensaje de las bienaventuranzas. Por la vida y por la acción, por su sola existencia "según el Espíritu", la comunidad de los fieles es el signo elevado por Dios como el nuevo Israel.
* Sacerdocio común: la comunidad cristiana, como tal, constituye la mediación fundamental y común que el Señor ha suscitado en este mundo y para el mundo. Esta comunidad es el "sacramento" de la unidad y del amor, la alabanza de adoración universal, el instrumento de salvación y de redención para la entera humanidad.
* Santidad común: la comunidad cristiana, como tal, debe asegurar la victoria del bien sobre el mal, la victoria de la gracia sobre el pecado; y aunque esta comunidad es "aún imperfecta" (LG 48), tiene como vocación la santidad, por la consagración bautismal en la Iglesia.

1920 A este respecto, el Papa Paulo VI dice que "en consecuencia, cultiva el espíritu del Concilio quien se consagra a introducir en la vida católica más cohesión, fraternidad y caridad. Todo lo que disminuye o hiere el sentido comunitario está fuera de la línea que el Concilio ha trazado para la renovación y la extensión de la Iglesia. Los particularismos, los egoísmos, las pretensiones que a veces se insinúan en algunos espíritus o en algunos grupos de católicos, lo mismo que la falta de interés por nuestros hermanos, próximos o lejanos, deberían dejar lugar, después del Concilio, a un espíritu de mayor caridad fraterna que Cristo ha querido fuese el distintivo de sus discípulos" (Audiencia general. 5 de Enero de 1966).

b- Tarea de los Laicos

1921 ¿Qué es, por tanto, lo que a los Laicos les corresponde hacer ante todo? Deben vivir "en el Espíritu de Dios" todos sus pasos y actividades, oraciones, empresas apostólicas, matrimonio, familia, trabajo cotidiano, descanso de alma y cuerpo, penas y pruebas; fundamentalmente, tales son las "ofrendas espirituales" y el culto espiritual que deben rendir a Dios (Cfr. LG 34).

1922 Estas actividades son tarea de la creatura humana: se trata del "conjunto ingente de esfuerzos realizados por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida" (GS 34). Este esfuerzo para "someter la tierra y todo lo que ella contiene, para gobernar al mundo en justicia y santidad" (Ib.), es "cuanto llevan a cabo los hombres a fin de lograr más justicia, mayor fraternidad y un más humano planteamiento de los problemas sociales" (Id. 35).

1923 Toca a los Laicos, en pocas palabras, cristianizar lo temporal y evangelizar el mundo. Ciudadano de la ciudad terrestre, el Laico cristiano debe hacer penetrar el Evangelio en el contexto vital del mundo en el que vive y, con ello, animar sus estructuras. Ciudadano también de la ciudad de Dios, el Laico debe tomar parte en la extensión visible del Reino de Dios aquí abajo y ser testigo de su fe por la palabra y por la acción. Un equilibrio entre trascendencia e inmanencia es inherente al cristianismo y, por tanto, es inherente también al apostolado cristiano (Cfr. AA 5).

1924 Por último, hemos de mencionar el testimonio de la vida cristiana como exigencia máxima de nuestro tiempo y las obras buenas realizadas con espíritu sobrenatural como elementos especialmente valiosos para atraer a los hombres hacia la fe y hacia Dios: "Brille así la luz de ustedes ante los hombres, para que, viendo sus buenas obras, glorifiquen a su Padre que está en los cielos" (Mt 5, 16).

1925 Ante los nuevos problemas planteados por nuestro tiempo y ante los múltiples y graves errores que pretenden destruir los cimientos de la fe y de la moral, el Concilio exhorta de corazón a los Laicos a que "cada uno, según las cualidades personales y la formación recibida, cumpla con suma diligencia la parte que le corresponde -según la mente de la Iglesia- para aclarar los principios cristianos, difundirlos y aplicarlos certeramente a los problemas de hoy" (AA 6).

1926 El Concilio, pues, invita con insistencia a los Laicos a comprometerse plenamente en la misión profética que les incumbe como testigos de la fe en medio del mundo. Si la labor evangelizadora ha sido confiada al Pueblo de Dios en su totalidad, los fieles laicos -que son los miembros más numerosos de la Iglesia- tienen una primordial corresponsabilidad en el mantenimiento, la difusión y el crecimiento de la fe que ellos han de vivir y proclamar.

1927 Para que la presencia de los Laicos en el mundo tenga mayor eficacia, es importante que reciban una adecuada preparación teológica para que vuelvan a existir, como en la Iglesia primitiva, teólogos laicos. Los grandes tesoros de vida que encierra la teología deben estar al alcance de todos aquellos que quieran buscarlos, y no tan sólo de los clérigos como generalmente hasta el día de hoy ha sucedido.

2- Los Laicos en la Evangelización Fundante

1928 Juntamente con los Misioneros y demás Sacerdotes que iniciaron la evangelización en nuestro Continente, hubo muchos Laicos que también evangelizaron desde su condición laical. Es difícil entender cómo el hombre del Renacimiento, heredero del pensamiento medieval, haya podido ser también un gran evangelizador.

1929 Nuestro pensamiento actual, demasiado influenciado por el materialismo y el secularismo reinante, nos impide entender a esos cristianos; la dificultad aumenta si a ello sumamos los actuales criterios históricos, demasiado prejuiciados, según los cuales los europeos vinieron al Nuevo Mundo con el único afán de conseguir riquezas materiales. Como la mayoría de los Laicos de aquellos tiempos carecían de verídicos relatores de sus hazañas, se requiere un concienzudo trabajo de investigación para llegar a conocer el verdadero sentido de su labor evangelizadora.

1930 Permítaseme hacer referencia, muy brevemente, a los siguientes personajes: tanto Cristóbal Colón como también Hernán Cortés aparecen ser fervientes devotos de la Virgen María, cuyas imágenes llevaban siempre consigo e iban dejando en cada lugar conquistado.

1931 Don Vasco de Quiroga, que llegó a la Nueva España como miembro de la Primera Audiencia, fue un ejemplar Laico cristiano que, por amor a los indígenas, pidió ser ordenado Sacerdote y llegó a ser, más tarde, el primer Obispo de Michoacán.

1932 Otro Laico insigne fue el beato Sebastián de Aparicio quien, sin abandonar el arduo trabajo de trazar caminos en nuestra patria, catequizaba y ayudaba a los indígenas, terminando sus días como limosnero del Convento Franciscano de Puebla.

1933 Las crónicas nos hablan de los heraldos de la palabra preparados por Fray Pedro de Gante, "el maestro de América", quienes iban, domingo a domingo, a anunciar el Evangelio a sus hermanos. Entre los oyentes de estos Misioneros Laicos se encuentran los tres niños mártires de Tlaxcala, beatificados en fecha reciente por el Papa Juan Pablo II.

1934 No podemos dejar de mencionar, con grande alegría para nuestra Arquidiócesis de México-Tenochtitlán, al humilde y gran Laico indígena, evangelizador de sus hermanos de sangre, el beato Juan Diego; habiendo escuchado la palabra de Motolinía y siendo apenas un catecúmeno, hizo un radical cambio de vida: oyente, mensajero y actor principal del Mensaje Guadalupano, dedica el resto de sus días a vivir como un auténtico ermitaño y se consagra a la dulce tarea de propagar ese mensaje.

1935 La mayoría de los Conquistadores tuvieron siempre en mente, junto con los bienes materiales que el Nuevo Mundo les ofrecía "la difusión de nuestra santa fe católica" como un deber de conciencia manifestado en sus testamentos en los que consta que donaban sus bienes, destinándolos para la catequización de los naturales de estas tierras.

3- Estructuras Laicales de la Arquidiócesis

1936 Gracias al esfuerzo y al celo pastoral de nuestros antecesores en la sede episcopal de esta Ciudad-Arquidiócesis, contamos con numerosas organizaciones laicales que apoyan la tarea de la Nueva Evangelización.

1937 La Vicaría sectorial para los Laicos es un organismo que prolonga el cuidado pastoral del Obispo al servicio específico del laicado.

1938 Esta Vicaría nos ha proporcionado los siguientes datos que, por sí solos, hablan de la presencia de un gran contingente de cristianos comprometidos muy de cerca con el Evangelio:

  • En el área del Apostolado contamos con 21,209 personas.
  • En el área de la Espiritualidad los componentes de los diversos grupos ascienden a 39,019 personas.
  • En el área de la Familia los integrantes de las agrupaciones suman 11,307 personas.
  • En el área de las Órdenes Terceras hay 5,879 personas.
  • En el área de las Tercera Edad trabajan 347 personas.

1939 Como puede verse, en el proyecto de la Nueva Evangelización para nuestra Ciudad no partimos de cero sino que contamos con esta eficaz ayuda de los Laicos; sin embargo, no debemos contentarnos solamente con esos grupos, sino que debemos crear y apoyar nuevas estructuras laicales que nos permitan llegar a todos los cristianos de esta Ciudad.

4- Conclusión

1940 Termino esta reflexión, amados hermanos sinodales, con una invitación paternal y siempre amistosa para que, en el estudio y en el trabajo de esta segunda semana sinodal, valoremos y fomentemos al máximo la presencia y la colaboración de todos nuestros Laicos: ellos tienen mucho que enseñarnos en las labores del orden temporal donde son especialistas en sus respectivos campos; pero también tienen mucho que enseñarnos en lo que se refiere a la difusión de la fe en medio del mundo que es su campo específico de acción.

1941 No defraudaremos la esperanza que los Laicos han puesto en nosotros como responsables más comprometidos con la Nueva Evangelización. Que el Espíritu Santo nos ilumine para lograr dicha empresa. Amén.


Su servidor
+ Cardenal Ernesto Corripio Ahumada
Arzobispo Primado de México
8 de Junio de 1992

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