B- LOS PRESBÍTEROS

DESAFÍO

2174 Las exigencias humanas, teológicas, espirituales y pastorales del ministerio sacerdotal, en el contexto de la Nueva Evangelización de la cultura en la Arquidiócesis, plantean al Presbítero de hoy la necesidad de:
* un estilo de vida y una actuación que los hagan ser signos creíbles de Cristo, el Buen Pastor;
* una espiritualidad profunda, que implica conversión y formación permanente con dimensión misionera;
* una inserción real en una comunidad cristiana concreta que enriquezca su vida apostólica y dé un sustento para la vivencia efectiva de los consejos evangélicos;
* un amor a la Iglesia diocesana que se exprese mediante la comunión con el Obispo y con sus hermanos Presbíteros, la encarnación en la realidad y la corresponsabilidad en la edificación de la comunidad dentro de una auténtica pastoral de conjunto;
* una búsqueda de los medios necesarios para su formación permanente y la participación en los programas establecidos que le ayuden a superar la rutina, la mediocridad, la dispersión de fuerzas y la improvisación de actividades.

HECHOS

2175 La tarea evangelizadora en la actualidad hace que el Presbítero se replantee el sentido más profundo de su ministerio; esta revisión del actuar sacerdotal, en no pocos casos, provoca lo que suele designarse como "crisis de identidad", insatisfacción personal o riesgosas compensaciones.

2176 Los cambios culturales que piden nuevas formas de encarnación del ministerio sacerdotal ocasionan, en algunos Sacerdotes, inseguridad, sentido de frustración o una inadecuada canalización de sus inquietudes.

2177 Fácilmente se confunden la necesidad de autonomía, libertad y crecimiento personal con el individualismo que conlleva egoísmo, capricho y aislamiento en la relación pastoral.

2178 El aislamiento y la soledad dañan la salud mental y espiritual de los Presbíteros.

2179 Con el paso del tiempo se vuelve difícil sostener la generosa disponibilidad y el constante entusiasmo que la vida sacerdotal necesariamente supone.

2180 La permanencia prolongada en un mismo lugar fácilmente provoca rutina o decaimiento; algunos Sacerdotes pareciera que están como olvidados por las autoridades respectivas.

2181 La multitud de responsabilidades y actividades centralizadas en el trabajo agobia a los Presbíteros y les hace perder el ánimo y las fuerzas en su apostolado.

2182 Por falta de planeación, óptimas iniciativas se sobreponen y, por lo mismo, se anulan o se debilitan; así sucede con campañas de oración, colectas, guías de predicación etc.

2183 Se sigue pensando, muchas veces, que la formación permanente del clero consiste exclusivamente en cursos teóricos o doctrinales; se descuidan otros aspectos importantes de la misma formación: capacitación pastoral, relaciones humanas, formación espiritual, manejo de situaciones críticas etc.

2184 Se desperdician las oportunidades de fraternización que la Ciudad, por la cercanía física, ofrece a los Presbíteros.

2185 La convicción de que es necesario relacionarse mejor entre sí ha llevado a muchos Presbíteros a intentar experiencias concretas y búsqueda de vida fraterna.

2186 En la relación entre Párroco y Vicario ha habido ciertas experiencias negativas que, más allá de lo que objetivamente significan, crean prejuicios y predisposición para un clima de verdadera fraternidad tanto en los Párrocos como en los Vicarios.

2187 No son frecuentes las iniciativas encaminadas a propiciar un clima de fraternidad sacerdotal en la oración, en la convivencia, en la recreación; las iniciativas existentes no son secundadas suficientemente.

2188 En nuestro medio, el ser y actuar del Presbítero no se ven muy cuestionados por los fieles, que, en general, se muestran comprensivos ante las deficiencias y faltas de los Sacerdotes pues conocen también su propia debilidad; hay también quienes son muy estrictos o demasiado críticos frente a la actuación del Sacerdote.

2189 Ciertos Laicos que descubren carencias en la formación sacerdotal no encuentran, sin embargo, cauces adecuados para ayudar a los Presbíteros; aquellos carecen de la suficiente preparación, éstos no son muy receptivos.

CRITERIOS

2190 "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos, devolver la vista a los ciegos, dar la libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor" (Lc 4, 18; Cfr. Is 61, 1-2).

2191 "Les daré pastores según mi corazón, que les den alimento de conocimiento y prudencia" (Jer 3, 15).

2192 "Hagan esto en memoria mía. Cada vez que coman de este pan y beban de este cáliz, anuncian la muerte del Señor Jesús hasta que vuelva" (1 Cor 11, 25-26).

2193 Por el sacramento del Orden se configuran los Presbíteros con Cristo Sacerdote como ministros de la Cabeza, para edificar el cuerpo que es la Iglesia, como cooperadores del orden episcopal (PO 12).

2194 "Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir, y a dar su vida como rescate de muchos" (Mc 10, 45).

2195 "Les he dado ejemplo para que hagan también como yo he hecho con ustedes. En verdad les digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que lo envía" (Jn 13, 15-16).

2196 El Presbítero participa en forma peculiar de la consagración y misión de Jesucristo, el Buen Pastor (Cfr. PO 2); la santidad o perfección sacerdotal consiste en la caridad pastoral (Id. 14).

2197 Por el ministerio de la palabra y por el testimonio de su vida -vida que abiertamente exprese el espíritu de sacrificio y el verdadero gozo pascual-, pongan los Presbíteros sumo empeño en manifestar ante los ojos de los fieles la excelencia y necesidad del sacerdocio ministerial (Id. 11).

2198 El hombre contemporáneo escucha mejor a los testigos que a los maestros; o si escucha a los maestros, es porque son testigos (EN 41).

2199 El Presbítero es un hombre de Dios; sólo puede ser profeta en la medida en que haya hecho la experiencia del Dios vivo; sólo esta experiencia lo hará portador de una palabra poderosa para transformar la vida personal y social de los hombres de acuerdo con el designio del Padre (DP 693).

2200 Los Presbíteros se unen entre sí por íntima fraternidad sacramental, con vínculos de caridad, de oración y de cooperación; así se pone de manifiesto la unidad que Cristo quiso para que el mundo conociera que Él había sido enviado por el Padre (PO 8).

2201 Los Presbíteros, como verdaderos hermanos, los de mayor edad y los jóvenes, ayúdense en sus empresas y cargas, comprendiendo sus mentalidades y aspiraciones; cultiven la comunión de bienes, cuiden de los enfermos y afligidos, reúnanse para la recreación (Cfr. Ib.).

2202 A fin de que los Presbíteros se presten mutua ayuda en el cultivo de la vida espiritual e intelectual, puedan cooperar en forma más adecuada en el ministerio y se libren de los peligros que acaso se originen de la soledad, foméntese entre ellos alguna convivencia que puede, sin embargo, revestir muchas formas, según las distintas necesidades personales o pastorales; a saber: vida en común, mesa compartida, reuniones frecuentes y periódicas (Ib.).

2203 La vida fraterna, cualquiera que sea su forma, es una escuela donde se aprende a escuchar, a orar en común, a discernir los caminos del seguimiento de Jesús para ser discípulos y apóstoles (Cfr. Constituciones de la Asociación de los Sacerdotes del Prado. N° 66-72).

2204 Es muy conveniente que ya desde los años del Seminario se vayan creando estrechos lazos de unión de los futuros Sacerdotes con sus Obispos, a la vez que con el clero de la Diócesis, basados en una caridad recíproca, diálogo y colaboración (Normas Básicas para la Formación Sacerdotal. Congregación para la Educación Católica. N° 22).

2205 La gracia recibida en la ordenación -que ha de reavivarse continuamente- y la misión evangelizadora exigen una seria y continua formación que no puede reducirse a lo intelectual, sino que se extenderá a todos los aspectos de la vida (DP 719).

2206 Esta formación continua capacita a los Presbíteros para que vivan personal y comunitariamente un continuo proceso que los haga pastoralmente competentes en el ejercicio del ministerio (Id. 720).

LÍNEAS DE ACCIÓN

2207 Fomentar en los Ministros ordenados el aprecio de su ser cristiano y de su ministerio, y las actitudes evangélicas propias que se reflejen en un estilo de vida y misión, como signos creíbles de Cristo, el Buen Pastor.

2208 Crear en los Presbíteros la clara conciencia de que son servidores y constructores de la comunidad, por su identificación con Cristo y a través de su vida y ministerio, para que los cristianos vivan plenamente su fe y se vuelvan, a su vez, auténticos y eficaces Agentes de la inculturación del Evangelio.

2209 Favorecer, como Presbíteros, una presencia encarnada y un estilo de vida tales que los gozos y esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de la Ciudad, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, sean asumidos por su caridad pastoral.

2210 Discernir cuáles actividades requieren la intervención directa del Presbítero y cuáles no, especialmente en la Parroquia; delegar funciones y confiar responsabilidades a personas capacitadas que puedan atender diversos asuntos pastorales.

2211 Diferenciar la presencia de supervisión que compete al Presbítero en las actividades pastorales, en contraposición a la dimensión ejecutiva que deben realizar otros Agentes preparados.

2212 Superar un funcionalismo que ha llevado a los Presbíteros a realizar una serie de actividades que, si bien están relacionadas con la fe, no se vuelven principio vital que permita a los fieles enfrentar su vida a la luz de Cristo.

2213 Romper las estructuras de servicio ministerial cómodo y poco comprometido, a fin de poder estar más cerca de las Familias, de los Alejados, de los Pobres y de los Jóvenes, y lograr un trato más personal y personalizante.

2214 Conocer a fondo, por un trabajo a nivel Vicarial, Decanal y Parroquial, cuál es la realidad de las Familias, de los Alejados, de los Pobres y de los Jóvenes, en orden a señalar pistas concretas y realistas que den a estas prioridades del II Sínodo su lugar propio y respondan a las situaciones específicas.

2215 Elegir y fomentar Agentes evangelizadores con sentido misionero, a partir del conocimiento de la realidad de cada comunidad parroquial compuesta por familias en que hay alejados, pobres, jóvenes y niños.

2216 Preferenciar la formación de Agentes en función de las prioridades del II Sínodo, apoyando con la predicación y con la acción directa su participación en la vida cristiana.

2217 Buscar y formar ministerios de servicio comunitario, apoyándose en la colaboración y asesoramiento tanto de los organismos eclesiales arquidiocesanos, como de instituciones privadas y públicas, para hacer de las Familias, los Alejados, los Pobres y los Jóvenes los destinatarios privilegiados de la evangelización.

2218 Revisar, potenciar, dinamizar y actualizar los movimientos laicales ya existentes, para dar una adecuada atención pastoral a las diferentes realidades de la Arquidiócesis.

2219 Aprovechar las oportunidades que tienen los Presbíteros en su ministerio para evangelizar a las Familias, a los Alejados, a los Pobres y a los Jóvenes, y para hacer conciencia de la dignidad y misión de todas las personas, promoviendo su formación y educación en la fe y sus valores personales.

2220 Propiciar la sectorización parroquial para una mejor atención de la realidad según la prioridad sinodal.

2221 Asumir la responsabilidad de formar comunidades evangelizadas y evangelizadoras.

2222 Hacer de las comunidades parroquiales la propia familia, con el fin de llegar a ser, juntos, la gran familia de Dios.

2223 Valorar la familia por su papel como célula de la sociedad e Iglesia doméstica, fundada en el sacramento del Matrimonio, en el contexto de la opción prioritaria del II Sínodo.

2224 Revitalizar la calidad cristiana de las familias que han sido fuente de vocaciones para la vida sacerdotal, la vida consagrada y laical.

2225 Subrayar en las celebraciones litúrgicas sacramentales la presencia de las familias, y hacer sentir que juntas forman la gran familia del Pueblo de Dios.

2226 Acompañar, desde el Evangelio, las actividades y compromisos sociales, económicos y políticos de los Laicos en la comunidad, así como responsabilizarse con ellos de forma comprometida en sus movimientos.

2227 Atender especialmente los casos que originan pobreza, alejamiento y problemas juveniles, dado que las Parroquias son muy heterogéneas en su realidad social y hay muchas familias en situación irregular.

2228 Llevar a cabo un auténtico diálogo evangelizador con todos los hombres, que muestre a todos la razón de su fe y de su esperanza e ilumine la sublime dignidad de la vocación del hombre en Cristo.

2229 Iluminar con la luz del Evangelio los medios de comunicación social, de modo que se promuevan los auténticos valores sobre la vida.

2230 Buscar formas de vida fraterna entre los Presbíteros, como expresión del amor de la vida Trinitaria.

2231 Propiciar la fraternidad a partir de:
las Parroquias, Decanatos y Vicarías;
* el tipo semejante de ministerios;
* la afinidad por edades y generaciones sacerdotales;
* la pertenencia a asociaciones que fomenten la santidad sacerdotal.

2232 Fomentar la fraternidad sacerdotal mediante las reuniones del presbiterio, especialmente con los recién ordenados, para ser signos creíbles de unidad y convivencia fraterna.

2233 Fomentar entre los Sacerdotes mayores de edad y los más jóvenes actitudes de mutua aceptación y colaboración benévola.

2234 Favorecer, hasta donde sea posible, la residencia en común de los Sacerdotes del clero diocesano.

2235 Rescatar, mediante la ayuda entre Presbíteros, los valores propios de la perfección sacerdotal, que no siempre coinciden con los valores legítimos de los otros estados de vida.

2236 Prever tiempos dedicados expresamente a la formación permanente y a la actualización de los Sacerdotes.

2237 Propiciar la formación adecuada y permanente de los Presbíteros, por medio de un trabajo en corresponsabilidad, para responder a los desafíos que la realidad les plantea.

2238 Promover un sistema de formación integral permanente para los Presbíteros en todas las áreas, sin descuidar la salud y el descanso.

2239 Fomentar, en las varias etapas de la formación sacerdotal, una visión amplia y crítica de la realidad social y eclesial de la Ciudad, y todas las virtudes humano-cristianas, como auténtica expresión de la caridad pastoral.

2240 Profundizar cada vez más en la reflexión bíblica y teológica sobre la espiritualidad del Presbítero, e insistir en ejercicios espirituales en forma motivadora y convincente sobre la necesidad de vivir y hacer más consciente la espiritualidad.

2241 Reconocer la acelerada profundización que se está dando en los diversos campos del pensamiento, también en el campo de la reflexión teológica: Biblia, Dogma, Moral, Espiritualidad, Pastoral, Magisterio.

2242 Dar más importancia a la formación social, económica y política dentro de los planes de la formación permanente de los Sacerdotes.

2243 Hacer conciencia y promover, desde el Seminario y en la vida ministerial, la preparación y capacitación para afrontar la problemática pastoral de las Familias, los Alejados, los Pobres y los Jóvenes.

2244 Propiciar entre los formadores y los alumnos del Seminario un ambiente de fraternidad, de amistad humana y sacerdotal que permita compartir la vida y el trabajo.

2245 Motivar a los Seminaristas a que, desde sus mismas familias y en sus Parroquias, procuren la evangelización de las Familias, los Alejados, los Pobres y los Jóvenes.

ORDENAMIENTOS

2246 Los Presbíteros procuren un trato amable, respetuoso, fraterno y humano con sus fieles, a fin de que aparezcan ante ellos como quien "no ha venido a ser servido, sino a servir".

2247 El Sacerdote promueva en los demás los valores evangélicos sólidos, con su espiritualidad y su vida de entrega y de servicio.

2248 Las Vicarías, Decanatos, Parroquias y Movimientos adapten el plan de evangelización a las diversas realidades.

2249 Las Parroquias organicen eficazmente la pastoral en forma que abarque todas las realidades.

2250 Los Agentes, en sus proyectos de pastoral parroquial, consideren siempre la realidad de las Familias, los Alejados, los Pobres y los Jóvenes, orientando el trabajo hacia la inculturación del Evangelio.

2251 El Consejo de Pastoral parroquial presente el plan general de evangelización.

2252 El Consejo de Pastoral parroquial promueva, apoye y coordine los diversos movimientos enfocados a la atención de las prioridades señaladas por el II Sínodo.

2253 Los organismos correspondientes elaboren programas de Pastoral Familiar con los recursos ya existentes, para evangelizar de acuerdo a las prioridades sinodales.

2254 Esfuércense los Sacerdotes en llegar realmente a todos los ambientes que el II Sínodo ha señalado como prioridad; los Párrocos reúnan un grupo adecuado de personas que les ayuden a realizar esta tarea, procurando llegar a tener conocimientos de las necesidades más apremiantes acerca de las Familias y su configuración, de los Alejados del Evangelio y las causas de tal distanciamiento, de los Pobres y empobrecidos, y de la multitud de Jóvenes que hay en las Parroquias.

2255 El Sacerdote trabaje en comunión fraterna con otros Sacerdotes y en corresponsabilidad con Religiosos y Laicos, de manera que sea un auténtico promotor de todos los carismas y ministerios en la comunidad desde su propia identidad, en base a una pastoral arquidiocesana de conjunto que responda a todas y cada una de las realidades de la sociedad urbana e industrial.

2256 Promuevan los Párrocos pequeñas comunidades en las que se formen cristianos adultos en la fe y evangelizadores de las opciones señaladas por el II Sínodo.

2257 A través de la promoción y formación de Agentes laicos y por su acción pastoral, el Sacerdote acompañe y dé orientación a los niños en la escuela, a los adolescentes, a los jóvenes próximos a casarse, a las familias constituidas, sin descuidar a las parejas con problemas y a los divorciados que se han vuelto a casar.

2258 El Sacerdote atienda en forma personalizada todas las realidades de su comunidad con la participación y colaboración de los Laicos.

2259 El Párroco visite, por sí o por otros, a las familias de su Parroquia (Cfr. CIC 529), con preferencia a las más alejadas, las más pobres y las más necesitadas del espíritu evangélico.

2260 Los Sacerdotes, alentados por el Obispo, procuren fomentar las experiencias que los lleven a vivir en común, de manera que la relación con sus familiares no sea un obstáculo para la convivencia sacerdotal.

2261 El Decano, apoyado por el Vicario Episcopal, promueva y acompañe, mediante el diálogo y la caridad fraterna, a los Presbíteros y Diáconos en el aprecio de su ser cristiano y de su ser de Ministros ordenados.

2262 Los Párrocos establezcan con sus Vicarios una relación tal que haga posible la corresponsabilidad pastoral, el trabajo en equipo y el mutuo apoyo en sus ministerios.

2263 En el Seminario y Casas de Formación revísese el proceso de formación, para garantizar la vida fraterna de los futuros Presbíteros.

2264 Las comunidades de formación sacerdotal -superiores y alumnos- intégrense como verdadera familia que sea escuela de mentalidad y vida fraterna, a fin de insertarse en la pastoral de la Iglesia local.

2265 Los Superiores de Seminarios y Casas de Formación Sacerdotal, con sus orientaciones, ejemplo personal y estilo de vida en la comunidad seminarística, inculquen a los futuros Presbíteros un modelo de vida adecuado al ministerio pastoral exigido en esta Iglesia local.

2266 Favorezcan los Párrocos y los Decanos la creación de pequeñas bibliotecas -selectas y muy funcionales- al servicio directo de los Presbíteros y de los fieles mayormente interesados en su formación teológica y pastoral.

2267 Aprovéchense las oportunidades de religiosidad popular, tiempos litúrgicos y celebración de los sacramentos, para poder evangelizar verdaderamente a todos.

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