TERCERA SEMANA
Los Medios de la Nueva Evangelización

HOMILÍA

La Identidad Sacerdotal en el Mundo Contemporáneo

2620 "Te exhorto a que reavives la gracia de Dios que reside en ti, por la imposición de mis manos" (2 Tm 1, 6).

Amados hermanos:

2621 Nos encontramos reunidos en torno al altar de Cristo para celebrar la Eucaristía que conmemora -de manera especial- el encuentro de Jesucristo, Sacerdote Eterno, reunido con sus amigos, los doce Apóstoles.

2622 Por tercera vez nos reúne el compromiso que tenemos con los habitantes de esta Ciudad Arquidiócesis con motivo de la realización del II Sínodo; queremos discernir, bajo la inspiración del Espíritu Santo, la puesta en práctica de la Nueva Evangelización, en el aquí y ahora de nuestro oficio pastoral.

2623 Mi primera homilía trató acerca de la corresponsabilidad que nos compete a todos nosotros los bautizados; mi segunda intervención fue un llamado a la conciencia de todos los Laicos que conforman esta Arquidiócesis. Hoy quisiera referirme, de manera particular, a todos los Sacerdotes que están comprometidos con la evangelización por su carisma sacerdotal, sin menospreciar el carisma de ninguno de los demás cristianos.

2624 Puedo afirmar, con sinceridad, que el tema de los Sacerdotes -extensión de nuestras manos- es la más importante preocupación que está siempre presente en el corazón de su servidor.

2625 He querido iniciar esta reflexión con las palabras que San Pablo dirigiera al joven Obispo Timoteo para recordarle el momento más importante de su ordenación, que a nosotros nos hace revivir la gracia especial de nuestra vocación sacerdotal. El solo recuerdo de la imposición de las manos del Obispo sobre nuestra cabeza debe motivarnos a la renovación constante del compromiso adquirido aquel hermoso día, para unos ya lejano, para otros más reciente, mas para todos especialmente significativo.

2626 El misterio de Cristo, en cualquiera de sus facetas, es un interrogante que cuestiona al hombre de cualquier época, cultura y condición social; a su vez, en cada época histórica, el hombre pregunta ansiosamente sobre algunas de estas facetas.

2627 A nuestra época le ha tocado en suerte el preguntarse sobre la naturaleza del sacerdocio, su estilo de vida y su función o actuación en la sociedad. A Juan el Bautista también le preguntaron sobre su razón de ser y su respuesta fue: Cristo está presente.

2628 Cristo Resucitado está presente, vive en nosotros y nosotros somos testigos suyos. Toda la Iglesia y cada cristiano, según su propio carisma, es signo o sacramento de Cristo Resucitado presente, pero el Sacerdote lo es de manera especial.

2629 Antes de responder a los interrogantes arriba mencionados, hemos de tener presente el trasfondo ideológico que envuelve a la persona del Sacerdote en el momento actual; me refiero al fenómeno de la desacralización, así como también al fenómeno de la desmitización. Por la desacralización todo lo que suene a religión, culto y sacerdocio, sufre hoy una crítica que puede producir efectos positivos y negativos.

2630 Las nuevas condiciones ejercen influjo también sobre la vida religiosa; por una parte, el espíritu crítico más acucioso la purifica de un concepto mágico del mundo y de residuos supersticiosos; pero, por otra parte, muchedumbres cada vez más numerosas se van alejando prácticamente de la religión.

2631 La desacralización podría indicar un aspecto positivo de purificación, pero conlleva también un efecto negativo que es el considerar la religión como algo alienante y evasivo; estos aspectos negativos podrían muy bien configurar el fenómeno de la secularización. Este entorno ideológico ha afectado profundamente a los Sacerdotes, en especial a los más jóvenes, provocando, como consecuencia, la deserción del ministerio pastoral.

2632 A los Sacerdotes menos jóvenes la secularización los ha cuestionado también, no tanto en el sentido de la falta de fidelidad, sino de su ubicación en el campo de la pastoral, en orden a un mayor rendimiento en sus aspiraciones ministeriales. A este respecto, el Santo Padre nos acaba de enviar una hermosa exhortación apostólica sobre la formación de los Sacerdotes en la situación actual; esto debe ser objeto de nuestra meditación profunda acerca del tema que nos ocupa: me refiero a la exhortación "Pastores Dabo Vobis", fruto del último Sínodo de los Obispos.

2633 La desmitización es un proceso que pretende negar todo lo sobrenatural; podría llegarse a la conclusión de que todo el orden de la gracia es un mito, que se puede reducir simplemente al sentido de la existencia humana.

2634 La aplicación al campo sacerdotal, como consecuencia obligada, se reduciría a esta pregunta: ¿para qué dedicar toda una vida a la predicación de un mito?

2635 Si la Revelación, la Palabra de Dios, la Encarnación, la Gracia -vida divina-, la Resurrección, la Iglesia y sus signos sacramentales y ministeriales etc. fueran un mito que sólo tiene valor y razón de ser en cuanto que dan sentido a la existencia natural humana, ciertamente no se ve el por qué del sacerdocio ni de su fe cristiana. Pero el sentido integral y radical de la vida humana se encuentra precisamente en Cristo, Hijo de Dios, Redentor y Sacerdote, muerto y resucitado, que está presente y actúa en la Iglesia.

2636 El problema sacerdotal que acabamos de plantear requiere de una respuesta bien fundamentada que clarifique, sin lugar a dudas, nuestro ser y nuestro actuar como Sacerdotes. Antes que nada, conviene recordar que el sacerdocio de Cristo no es ni alienante ni evasivo, sino que es una realidad central en la marcha histórica de la humanidad.

2637 Quien participa de esta realidad de Cristo Sacerdote se compromete a correr su misma suerte: la de su misterio pascual como centro de la historia de la salvación. La problemática de la vida sacerdotal debe encontrar su respuesta a partir de la fe.

2638 La realidad que da sentido al sacerdocio cristiano es la presencia y acción de Cristo Sacerdote resucitado en la Iglesia para conducir a la creación y a la humanidad hacia el Padre. Jesucristo, responsable de los intereses del Padre y de los problemas de los hombres -hasta dar la vida en sacrificio- vive ahora resucitado entre nosotros, como protagonista de nuestra propia historia: nadie puede llamar a esta realidad de Cristo una evasión o un actuar alienante.

2639 El Papa Paulo VI, al terminar el año de la fe, nos decía: pedimos, pues, a los Sacerdotes que recuerden que la situación de todo cristiano y, en particular, la de ellos, será siempre una situación de paradoja e incomprensión ante los ojos de los que no tienen fe.

2640 La naturaleza del sacerdocio, su función específica, su estilo de vida y su espiritualidad o vivencia deben ser buscados a la luz de Cristo Sacerdote que le comunica su consagración y misión sacerdotal.

2641 El Sacerdote, como hombre de Dios, es el ministro del Señor que realiza actos que trascienden la eficacia natural porque obra "in persona Christi"; este don no lo recibió para sí mismo, sino para los demás. Esto subraya la dimensión apostólica como parte de su servicio.

2642 Todo lo que el Sacerdote es se define como un servicio a los demás: así como Cristo dio la vida, así también el Sacerdote da la vida sirviendo con una dedicación total. Este servicio no es para un tiempo determinado, ni sólo como paréntesis. El carisma sacerdotal dedica a una persona por completo a un servicio como el del Buen Pastor.

2643 El principio interior, la virtud que anima y guía la vida espiritual del Presbítero, en cuanto configurado con Cristo, Cabeza y Pastor, es la caridad pastoral, participación de la misma caridad pastoral de Jesucristo, don gratuito del Espíritu Santo y, al mismo tiempo, deber y llamada a la respuesta libre y responsable del Presbítero; así nos dice Juan Pablo II en la exhortación antes mencionada.

2644 Tocamos aquí el tema de la caridad pastoral, "officium amoris", de la que tan ampliamente nos habla el Papa. La caridad pastoral es aquella virtud con la que nosotros imitamos a Cristo en la entrega de sí mismo y en su servicio; no es sólo lo que hacemos, sino la donación de nosotros mismos lo que muestra el amor de Cristo por su grey.

2645 La caridad pastoral determina nuestro modo de pensar y de actuar, nuestro modo de comportarnos con los demás; esta caridad resulta particularmente exigente para nosotros. Cuánta materia para reflexionar, para examinar, para poder acomodar nuestro actuar y nuestro ministerio y vida sacerdotal a esta caridad pastoral.

2646 En esta línea, el servicio que el Sacerdote realiza en favor de la sociedad, en particular de la sociedad eclesial, justifica ampliamente la existencia del Sacerdote: la Iglesia lo necesita; en este sentido, es la señal del amor de Cristo hacia la humanidad y el testimonio de la medida total con que la Iglesia trata de realizar ese amor que llega hasta la cruz.

2647 Paulo VI, en su mensaje del Jueves Santo de 1968, afirma que la dimensión espiritual del Sacerdote consiste en la vivencia de lo que es y de lo que realiza. Recordemos las hermosas palabras que nos fueron dichas el día de nuestra ordenación sacerdotal; no habría identidad sacerdotal ni se encontraría el sentido del sacerdocio si no hubiera esta vivencia. Cuando llega a faltar esta vivencia, se origina psicológicamente una frustración y un dejo de tristeza que no se puede paliar reduciendo el sacerdocio a una profesión.

2648 De la conciencia de pertenecer a Cristo -por la dimensión de consagración y por la dimensión apostólica- nace la vivencia sacerdotal de quien se ha comprometido a correr la suerte de Cristo Sacerdote, presente en la marcha de la humanidad hacia el Padre.

2649 El estilo de vida de caridad pastoral en el Sacerdote se deriva del hecho de participar en la misma consagración y en la misma misión de Cristo; gracias a esta consagración obrada por el Espíritu Santo en la efusión sacramental del orden, la vida espiritual del Sacerdote queda caracterizada, plasmada y definida por las actitudes y comportamientos que son propios de Jesucristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia, y que se compendian en la caridad pastoral.

2650 La dimensión eclesial debe entenderse en el sentido más pleno, como la dimensión de comunión: el Sacerdote no es un miembro por separado, sino que forma parte de un signo o sacramento que es la Iglesia; un signo colectivo que se concretiza en su propio ministerio, cuando se trata del servicio a una Iglesia particular. Tanto la colegialidad episcopal como el presbiterio indican este aspecto de comunión del que no cabe prescindir en la actuación sacerdotal.

2651 No hay misión sin comunión: intentar ejercer el sacerdocio con la idea de que los carismas sacerdotales obran por sí mismos, al margen de la comunión eclesial, sería tener un concepto mágico del sacerdocio y exponerlo muchas veces a ser un signo o un servicio estéril.

2652 Esta dimensión eclesial reviste modalidades, finalidades y significados particulares en la vida espiritual del Presbítero, en razón de su relación especial con la Iglesia, basándose siempre en su configuración con Cristo, Cabeza y Pastor, en su ministerio ordenado, en su caridad pastoral.

2653 En esta perspectiva, es necesario considerar como valor espiritual del Presbítero su pertenencia y su dedicación a la Iglesia particular, lo cual no está motivado solamente por razones de organización o disciplina; al contrario, la relación con el Obispo en el único presbiterio, la coparticipación en su preocupación eclesial, la dedicación al cuidado evangélico del Pueblo de Dios en las condiciones concretas, históricas y ambientales de la Iglesia particular, son elementos de los que no se puede prescindir al dibujar la figura propia del Sacerdotes y de su vida espiritual.

2654 La dificultad en la vivencia de esta dimensión eclesial estriba en las limitaciones de la Iglesia peregrina, pero una visión de fe ayuda a descubrir la acción del Espíritu Santo a través de los signos que prolongan la humanidad de Cristo.

2655 El Sacerdote no es un ser en solitario: es miembro de un cuerpo organizado, la Iglesia Universal, la Diócesis y, en el caso típico, diremos, es miembro de su Parroquia. Tengan confianza en la Iglesia, ámenla, ámenla con sus limitaciones y defectos que, sólo amándola, podremos hacer desaparecer.

2656 Agrega Paulo VI -en el mensaje citado- que el carácter misionero de todo sacerdote tiene sus raíces en su relación con Cristo y con la Iglesia, y, en último término, con la Trinidad. En el misterio de la Iglesia, como misterio de comunión trinitaria en tensión misionera, se manifiesta toda identidad cristiana y, por tanto, también la identidad específica del Sacerdote y de su ministerio.

2657 El sacerdocio de Cristo constituye la única fuente y el paradigma insustituible del sacerdocio del cristiano y, en particular, del sacerdocio del Presbítero. Los Presbíteros son llamados a prolongar la presencia de Cristo al ser como una transparencia suya, una representación sacramental de Jesucristo, Cabeza y Pastor.

2658 El sacerdocio de Cristo es misionero y, por eso, toda participación en su sacerdocio debe tener el mismo sentido: el Presbítero participa de la consagración y misión de Cristo de un modo específico y auténtico; la vida y actividad del sacerdote son continuación de la vida y de la acción del mismo Cristo. El carácter misionero del sacerdote deriva también de su relación inseparable con la Iglesia que es misionera por naturaleza.

2659 El Sacerdote está en la Iglesia y al frente de la Iglesia que ha sido llamada a vivir, por doquier, su dimensión particular y universal. Así el Presbítero no sólo está ordenado para la Iglesia particular, sino también para la Iglesia universal porque se halla incorporado a la estructura apostólica de la Iglesia. La espiritualidad y la caridad pastoral, fundadas y modeladas en Cristo, hacen a los Sacerdotes disponibles para la misión universal de la Iglesia.

2660 La pertenencia y dedicación a una Iglesia particular no circunscriben la actividad y la vida del Presbítero, pues, dada la misma naturaleza de la Iglesia particular y del ministerio sacerdotal, aquellas no pueden reducirse a estrechos límites, ya que cualquier ministerio sacerdotal participa de la misma amplitud universal de la misión confiada por Cristo a los Apóstoles.

2661 La misión del Sacerdote debe partir de una íntima relación con la historia y de las tendencias históricas es preciso hacer un discernimiento en la fe. El Sacerdote debe tener un oído atento a la contemporaneidad del hombre de hoy y debe saber responder a todos los cuestionamientos relacionados con la fe -cuestionamientos que inciden en el orden histórico-, tratando de encontrar caminos para la evangelización de las culturas y para la inculturación del mensaje de la fe: de ahí la necesidad de que los candidatos al sacerdocio y los mismos sacerdotes tengan una formación plenamente humanística que les ayude a sensibilizarse acerca de las diversas manifestaciones de tipo artístico y cultural del hombre contemporáneo.

2662 Esta formación debe incluir el humanismo clásico greco-latino como base de nuestra cultura occidental; así también el conocimiento profundo del pensamiento prehispánico de nuestros antepasados indígenas, vivamente presente en nosotros los mexicanos de hoy.

2663 Hermanos: con peligro de haber sido un tanto extenso, pero sintiendo la necesidad de exponer a mis queridos sacerdotes todo aquello que llevo en mi corazón y que yo quisiera que todos ellos tuvieran muy presente, permítanme -al encontrarnos ya en la tercera semana sinodal- invitarlos de manera especial a todos ustedes, los miembros del II Sínodo, a pedir al Espíritu Santo, en una actitud profunda de oración, que nos ayude a realizar un claro discernimiento sobre los problemas pastorales del Pueblo de Dios.

2664 La tarea sinodal nos exige descubrir y aportar soluciones viables a dichos problemas. No olvidemos que el Sínodo Diocesano es la reunión eclesial por excelencia para que el Pueblo de Dios, -la Iglesia toda- discierna los caminos por los que ha de ir construyendo el Reino de Dios aquí y ahora; es la reunión en donde el Obispo escucha la reflexión seria, evangélica, de la comunidad cristiana para normar, dar lineamientos y orientaciones a fin de que el camino de la Iglesia sea un servicio a la comunidad.

2665 El Sínodo es, además, un momento especial para fomentar y afianzar los vínculos de intercomunicación entre todos los miembros de la Iglesia diocesana; tiempo propicio para despertar la corresponsabilidad, la fe, la piedad, la renovación y conversión de las personas y las estructuras de la comunidad; es un llamado fuerte a la comunión y participación de la Iglesia toda en la acción evangelizadora del mismo Señor Jesús y a superar divisiones.

2666 No podemos entender bien lo que es el Sínodo sin una reflexión teológica de lo que es la Iglesia universal y la Iglesia local. No perdamos de vista que el papel de los sinodales es ayudar con su reflexión para que el Obispo pueda legislar, oyendo lo que piensa y necesita el Pueblo de Dios.

2667 No podemos ceñirnos exclusivamente a los Cuadernos de Trabajo ni a la presentación de puntos De vista demasiado personales; los cuadernos han sido un útil instrumento de trabajo, pero no pueden abarcar ni presentar todas las necesidades concretas del Pueblo de Dios.

2668 Somos nosotros, como representantes de la multiforme problemática diocesana, quienes debemos enriquecer el II Sínodo con la reflexión comunitaria acerca de estos problemas, aportando soluciones muy concretas y específicas para encontrar la respuesta que el Pueblo de Dios espera del II Sínodo Arquidiocesano.
Amados hermanos:

2669 Termino esta reflexión con una invitación a todos los Sacerdotes para que mediten profundamente el precioso documento "Pastores Dabo Vobis" al que he hecho referencia el día de hoy. Quisiera también traer a la memoria las palabras finales del Sínodo de los Obispos realizado en 1971, palabras que marcan para los Sacerdotes una nueva época de nuestra identidad sacerdotal.

2670 Los Sacerdotes que ejercen el ministerio del Espíritu en medio de la comunión de toda la Iglesia tienen abiertos nuevos caminos para dar un testimonio profundamente renovado en el mundo actual.

2671 Es necesario, pues, mirar el futuro llenos de confianza, teniendo siempre presentes a los Apóstoles, especialmente a Pedro y a Pablo, como modelo ideal de la renovación del sacerdocio. Demos gracias a Dios Padre que nos ha ofrecido la ocasión para manifestar fielmente ante todos el rostro de Cristo. (Cf. Sínodo de los Obispos. 1971).

2672 Que la Virgen María, Madre de Jesucristo y Madre de los Sacerdotes, nos ayude para llegar a ser los nuevos evangelizadores de la Nueva Evangelización que hoy nos pide la Iglesia que peregrina en esta Ciudad Arquidiócesis; que ella proteja a los seminaristas que se preparan para esta tarea; que ella acompañe y anime a los Sacerdotes que llevamos sobre nuestros hombros la encomienda de ser signos vivos de la misión que Cristo nos confió y podamos proclamar, con alegría, el testimonio de nuestra experiencia personal con el Señor, diciendo con el Apóstol San Juan: "lo que hemos visto y oído lo anunciamos a ustedes" (1 Jn 1, 1-3). Así sea.


Su servidor
+ Cardenal Ernesto Corripio Ahumada
Arzobispo Primado de México
13 de Julio de 1992

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