CUARTA SEMANA

Organización Pastoral para la Nueva Evangelización

HOMILÍA DE LA CELEBRACIÓN INICIAL

La Vida Religiosa y la Evangelización

Amados hermanos:

3424 Respondiendo al llamado que Dios nos hace como participantes del II Sínodo de la Arquidiócesis de México, nos encontramos nuevamente reunidos para dar comienzo a la cuarta semana de este trabajo pastoral.

3425 El encuentro de todos nosotros en las tres semanas anteriores y el esfuerzo común por analizar la variada problemática de esta Ciudad-Arquidiócesis, nos han dado la oportunidad de aportar soluciones concretas que hagan posible la puesta en práctica de la Nueva Evangelización que requieren las comunidades eclesiales.

3426 Este acontecimiento salvífico ha venido penetrando en nuestra conciencia y, por lo mismo, ha reavivado, cada vez más, el sentido de corresponsabilidad y de solidaridad que exige el trabajo pastoral de una Iglesia particular que quiere renovarse y que cuenta con la voluntad y las capacidades de todos los sinodales aquí presentes.

3427 Al iniciar esta última etapa del trabajo sinodal, sentimos en carne propia lo expresado por San Pablo: "la solicitud y el cuidado de todas las Iglesias" (2ª Cor 11, 28), sentimiento que el apóstol llevaba hondamente clavado en su corazón.

3428 A través de mis tres últimas homilías, con motivo del II Sínodo, he venido insistiendo en el sentido de corresponsabilidad que atañe a quienes formamos la Iglesia de Dios, a partir de nuestro bautismo.

3429 Me referí, primeramente, a la corresponsabilidad de todos nosotros, sin distinción alguna; después hice un llamado especial a todos los Laicos; más adelante, y con especial solicitud, recordamos juntos -los que hemos sido llamados al sacerdocio- la necesidad de una entrega total a los oficios pastorales de nuestra propia vocación, partiendo de la reafirmación de la identidad sacerdotal en el mundo contemporáneo.

3430 Hoy quisiera referirme de manera especial a los Religiosos y a las Religiosas que trabajan generosamente en esta Arquidiócesis, y que constituyen un auxilio indispensable en las tareas de la Nueva Evangelización.

3431 Al referirme a los Religiosos y a las Religiosas, lo hago con un profundo sentido de agradecimiento por todo lo que, a través de la historia, han realizado en favor del Evangelio; lo hago también con un grande aprecio por el carisma de los consejos evangélicos que constituyen para la Iglesia como el alma misma de toda su actividad apostólica.

1- Los Religiosos al Comienzo de la Evangelización

3432 La evangelización del nuevo mundo y, por tanto, la de nuestra Patria y la de nuestra Arquidiócesis -principalmente en los días difíciles de sus inicios- está profundamente marcada por la presencia, siempre heroica, de los primeros Religiosos misioneros. Ante la imposibilidad de hacer aquí una detallada relación histórica de tan admirable labor, permítanme, amados hermanos, recordar sucintamente la gesta heroica de tan grandes hombres.

3433 En 1523 empieza la evangelización de la Nueva España con la llegada de los Frailes Franciscanos, aunque el Padre Bartolomé Olmedo OdeM, puede ser considerado como el primer apóstol de la Nueva España pues acompañó a Hernán Cortés en la conquista y murió en 1524. El 13 de agosto de 1523 llegaron, procedentes de Flandes, los primeros frailes franciscanos; eran los Sacerdotes flamencos Juan Dekkers, Juan de Amberes y el hermano lego Fray Pedro de Gante. Los dos primeros acompañaron a Cortés en su malograda expedición a Honduras -Octubre de 1524-. Fray Pedro de Gante residió en México el resto de su vida y llegó a ser figura destacada en la historia eclesiástica y civil de la Nueva España.

3434 La evangelización ordenada y metódica comenzó con la llegada de los "doce", el 18 de Junio de 1524, dirigidos por Fray Martín de Valencia. Pronto serían centenares los que casi abarcaron todo el territorio mexicano, convirtiéndolo en el campo más brillante de toda la evangelización americana.

3435 Poco después llegaron las otras Órdenes, y para facilitar la labor evangelizadora se dividieron el territorio, tomando la Ciudad de México como centro: los Agustinos se situaron al noroeste y al sur; los Dominicos, al sudeste; los Franciscanos al norte y al noroeste, llegando también a Yucatán. Cuando arribaron los Jesuitas, les fue encomendada la zona del extremo noroeste del México actual.

3436 La Orden Franciscana, a finales del siglo XVI, estaba organizada en cinco provincias religiosas; un dato importante fue la creación de colegios apostólicos para la formación de sus misioneros.

3437 Los Dominicos llegaron a México en Julio de 1526; eran ocho, pero sólo tres pudieron sobrevivir. Su expansión, del centro al sur, hasta llegar a Guatemala, abarca dos polos de importancia desigual: Valle de México y región mixteco-zapoteca; durante el siglo XVI constituyeron cuatro provincias en la Nueva España.

3438 En 1533 se establecieron los Agustinos que siguieron tres rutas de expansión: La huasteca, al noreste; el actual estado de Guerrero al sur, y la región de Michoacán.

3439 En 1572 llegaron los Jesuitas que comenzaron su acción evangelizadora y establecieron misiones en el último decenio del siglo XVI en Sinaloa -1591- y Tepehuanes -1596- al noroeste mexicano entre los Chichimecas.

3440 El 27 de Septiembre de 1585 llegaron a la Nueva España los doce primeros Frailes Carmelitas. En todas estas regiones, hacia 1570, los misioneros habían establecido 74 conventos de Franciscanos, 39 de Dominicos y 40 de Agustinos.

3441 La sola enumeración de estos admirables primeros acontecimientos evangelizadores nos ayuda a reflexionar sobre todo ese trabajo apostólico -realizado en tan pocos años- que hizo presente el Evangelio en las nuevas tierras descubiertas.

3442 Pocas veces, en la historia de la humanidad, el esfuerzo de unos pocos hombres, llenos de fe y audacia apostólica, ha logrado una transformación tan importante en la mentalidad de tantos pueblos.

3443 Cuando contemplamos hoy lo que hicieron aquellos hombres, nos quedamos estupefactos: constituyen toda una legión de verdaderos titanes que dejaron sus vidas en nuestro continente; fueron, sin lugar a dudas, auténticos gigantes del cuerpo y del espíritu. No reconocerlo sería no sólo tremenda ingratitud, sino algo todavía peor: una maliciosa y culpable falsificación de la objetividad histórica.

2- Los Religiosos en la Vida de hoy

3444 Con la organización posterior de la Iglesia en México fue disminuyendo la presencia primordial de los Religiosos al constituirse las diversas Diócesis, atendidas principalmente por los Obispos y el clero diocesano. Sabemos, sin embargo, que los Religiosos han estado siempre presentes en la evangelización del Nuevo Mundo, hasta el día de hoy.

3445 En los siglos posteriores, y a nivel de toda la Iglesia, la estructura eclesiástica favoreció una cierta distinción entre los Sacerdotes diocesanos y los Religiosos, eximiendo a estos últimos de muchos de los compromisos pastorales que se consideraban como responsabilidad especial del Obispo y de su clero diocesano. El Concilio Vaticano II modificó profundamente esta concepción, insistiendo en una colaboración más estrecha entre ambos cleros, en el cuadro de una pastoral común.

3446 En el plano doctrinal, ha desaparecido la clásica oposición que pretendía que los Sacerdotes diocesanos serían los Sacerdotes del Obispo, mientras que los Religiosos serían los Sacerdotes del Papa. Esta oposición hoy en día está superada; el Concilio ha aclarado perfectamente la incorporación de todos los clérigos al cuerpo episcopal universal.

3447 Hoy, más que nunca, es evidente que cada Sacerdote es cooperador del Orden episcopal en su totalidad, al frente y en el corazón del cual se sitúa el Papa; todo Sacerdote se incorpora, con matices peculiares, a la unidad global del episcopado.

3448 La ordenación que une al Sacerdote con el Obispo de la Iglesia particular le liga indisolublemente, a través de él, al episcopado del mundo; aquí es donde se enraíza la corresponsabilidad sacerdotal, en función de la Iglesia universal.

3449 El Concilio favorece, pues, la corresponsabilidad de ambos cleros en el seno de la Iglesia entera, igual que en el interior de cada Iglesia particular. Ha llegado la hora propicia para la unión de las mentes y de los corazones en un trabajo cada vez más integrado, dentro del cual los Sacerdotes religiosos vuelvan a descubrir la intuición carismática de su vocación propia, la revaloricen y, por lo mismo, se sitúen en la pastoral del Obispo, con todo lo que ellos tienen de específico e irremplazable de su carisma de vida religiosa.

3450 Una mirada más penetrante sobre la Iglesia en su totalidad obliga a considerar la vida religiosa -expresión auténtica y privilegiada de la Iglesia- como la parte de un todo.

3451 He querido hacer esta consideración, junto con todos ustedes, con una doble finalidad: por una parte, para externar desde este lugar, como Arzobispo de la Iglesia particular de México, mi más profundo agradecimiento por los esfuerzos realizados, desde siempre y hasta el día de hoy, por todos y cada uno de los Religiosos en favor de la Iglesia; por otra parte, para hacer un llamado fraternal a la corresponsabilidad y a la solidaridad, valores tan necesarios e imprescindibles, si queremos realizar una verdadera pastoral de conjunto, en la cual nos una un solo Espíritu y en la cual, también, las diferencias características del carisma vocacional de cada uno sirvan solamente para estimularnos a una mayor entrega al servicio del Evangelio.

3- Las Religiosas en la Iglesia

3452 En el año de 1530 llegaron a la Nueva España las llamadas Madres Concepcionistas. La presente reflexión quedaría incompleta si hiciéramos a un lado la presencia, tan importante, de la vida religiosa femenina.

3453 También ellas, al igual que los misioneros de la evangelización fundante, han estado siempre presentes en la Iglesia de México; con su abnegada entrega de servicio incondicional en las diversas tareas de la vida social y con su oración silenciosa pero no menos eficaz, han apoyado fuertemente la actividad misionera y evangelizadora de toda la Iglesia.

3454 De manera especial las nuevas directrices de la Iglesia han afectado profundamente la vida religiosa femenina, al exigirle una inserción mayor en las tareas de la vida pastoral. Quiero hacer, juntamente con ellas, una reflexión que motive más su participación en el II Sínodo y en toda actividad de la Iglesia, en orden a una mayor corresponsabilidad con todos nosotros.

3455 Si hay una lección que se desprenda del Concilio, es la puesta en evidencia del bautismo como base de toda vida cristiana y de toda consagración a Dios. Dentro de la Iglesia son diversas las funciones, pero no hay más que un único bautismo, lo mismo que no hay, para todos los cristianos, más que una única llamada a la perfección, una única vocación a la santidad.

3456 La vida religiosa no modifica la lógica fundamental del bautismo. Si la Iglesia en su totalidad debe ser misionera y estar presente en el mundo, se sigue que todo bautizado debe traducir las exigencias de esta misión y de esta presencia en su contexto vital y según su propia vocación. También la vocación religiosa obedece a esta ley y, por lo mismo, está al servicio de todos.

3457 El Concilio no sólo ha acentuado el valor del bautismo, sino también el valor de la persona, destacando sus exigencias. Los derechos de la persona humana, con la consiguiente responsabilidad que entrañan, son inalienables y sagrados; por tanto, se imponen también en el seno de las comunidades religiosas. El respeto a estos derechos en nada se opone a la práctica verdadera de la obediencia religiosa.

3458 Obedecer es hacerse más persona, en el sentido de que se descubre con mayor libertad y lucidez que la persona no existe más que estableciendo lazos auténticos con los demás, insertándose en la comunidad.

3459 Pasividad y conformismo no son sinónimos de obediencia. Es indispensable, por tanto, desterrar de la vida religiosa todo lo que sea maternalismo, por una parte, e infantilismo por la otra. De este modo queda abierto el camino para la corresponsabilidad necesaria en el seno de las comunidades religiosas.
3460 Las Religiosas, como personas plenamente desarrolladas, deben ser revaloradas, también en su condición de mujeres. Las Religiosas tienen una contribución que aportar, en cuanto mujeres, a la Iglesia y al mundo; invitadas como colaboradoras de manera íntegra, en un clima de verdad y de simplicidad, podrán llegar a ser ellas mismas, plenamente eficaces, en las variadas tareas de la pastoral.

3461 Queremos tratarlas, de aquí en adelante, como compañeras más que como simples colaboradoras, ya que soportan con nosotros el suave peso de la evangelización.

3462 Hablando de las comunidades contemplativas, ¿cómo no desear también que su papel y su influencia se extiendan al pueblo de Dios? "Señor, enséñanos a orar" (Lc 11, 1), decían los discípulos de Jesús.

3463 El mundo tiene hoy necesidad de maestros de espiritualidad, de seres contemplativos que den testimonio de su experiencia de Dios ante sus hermanos.

3464 La humanidad tiene necesidad de santuarios de oración y de silencio, en donde todos puedan adquirir nuevos bríos y volver a descubrir el sentido supremo de la vida.

3465 ¿No podrían nuestras Religiosas de clausura -de una manera compatible con sus reglas propias, eventualmente suavizadas- hacer conocer a Dios en torno a ellas, abrir en sus casas una especie de "escuelas" de fe y de espiritualidad, en las que ellas mismas hicieran partícipes a otros de las riquezas que constituyen su propia vida?

4- Motivación Final y Agradecimiento

3466 No quisiera terminar esta reflexión sin antes traer a la memoria de todos los aquí presentes las palabras de su Santidad Juan Pablo II en su reciente viaje apostólico al Continente Africano:

3467 "A los Religiosos y Religiosas les recuerdo que seguir a Cristo en la castidad, la pobreza y la obediencia, es mucho más que admirar un modelo; seguir a Cristo es algo existencial, es tratar de imitarlo hasta configurarse con él, hasta identificarse con su persona mediante la vivencia fiel a los consejos evangélicos. Esta realidad supera la comprensión y rebasa las fuerzas humanas.

3468 Por eso, sólo es realizable gracias a una vida sacramental seria, con momentos fuertes de oración y de contemplación silenciosa y perseverante. Recuerden siempre que lo más importante no es lo que hacen, sino lo que son como personas elegidas y consagradas al Señor. Esto significa que deben ser contemplativos en la acción" (Luanda, 4 de Junio de 1992).

3469 Quiero. finalmente, agradecer de todo corazón, hermanos Religiosos y Religiosas, su consagración a Cristo, su oración por la Iglesia, la radicalidad de su testimonio, todo lo cual es garantía de bendiciones para la vitalidad cristiana de la Iglesia particular de México.

3470 El Señor estará muy cerca para afianzar el paso y vencer las "imposibilidades" de la pobre sabiduría humana; allí estará para ayudarles con su sonrisa que anima, con su gracia que fortalece, con su poder que se ríe del mundo y del pecado; allí estará para poner en sus manos, en proporción a su fe viva y operante, la virtud misma de la Resurrección.

Su servidor
+ Cardenal Ernesto Corripio Ahumada
Arzobispo Primado de México
10 de Agosto de 1992

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