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"Queremos ver a Jesús": DOMUND 2010

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO MUNDIAL DE LAS MISIONES en PDF

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"Lectio Divina"
para el Domingo Mundial
de las Misiones

Lectio divinaLECTIO DIVINA
LECTIO DIVINALECTIO DIVINA

Enviados para hacer discípulos
                                                                                     Mt 28,16-20

Enviados para hacer discípulos

a) Lectura

Leamos Mt 28,16-20 y preguntémonos:

  • ¿Hacia dónde marcharon los once discípulos?
  • ¿Qué actitud tomaron cuando vieron a Jesús? ¿Qué ha recibido Jesús en el cielo y en
    la tierra?
  • ¿Para qué envía Jesús a sus apóstoles?
  • ¿En nombre de quién tendrán que bautizar?
  • Además de hacer discípulos a las personas ¿qué tendrán que compartirles?
  • ¿Qué garantiza Jesús a los apóstoles?

Si queremos entender mejor el texto de Mt 28,16-20 debemos tener presente, en primer lugar, que este pequeño texto es una recapitulación de los temas principales de todo el evangelio. Así, por ejemplo, Galilea sirve de plataforma para la misión universal (28, 10-16) como había sido indicado al comienzo del Evangelio1. Además el envío del capítulo 28 ubica a Jesús en el monte (v. 16) que hace una referencia inmediata al monte de las tentaciones (4, 8-10), al sermón de la montaña (5-7) y a la transfiguración (17, 1-8). La misma presentación de los discípulos como un grupo mezclado de algunos que lo adoran con otros que dudan (28, 17) recuerda al lectoratento el retrato que ha hecho el evangelista de los discípulos en textos como 14, 31, donde Pedro pretende caminar en el agua como Jesús. La frase “Yo estaré con ustedes…” (28, 20) remite de manera inmediata al Emmanuel, “Dios con nosotros” (2, 23) y a la promesa de 18, 20: “porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Por último, la autoridad de Jesús expresada “me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra” (28, 18) es un eco de 11, 27: “todo me ha sido entregado por mi Padre…”.

De esta manera, podríamos decir que la misión de Mt 28,16-20 recapitula muchos de los contenidos del evangelio y los lleva a su culmen: así, por ejemplo, desde la “montaña” de Galilea comienza una proclamación que va más allá de los límites de Israel (véase en contraste 10, 5b), la mención del bautismo se refiere al nuevo nacimiento de la Iglesia en su acción; ahora los discípulos se responsabilizan de lo que había hecho su Maestro; tienen la garantía de que está con ellos para siempre.

En segundo lugar, los discípulos son enviados por el Señor Resucitado, es decir, glorificado. La resurrección de Jesucristo marca una nueva era; su presencia espiritual pero igualmente efectiva responsabiliza a los discípulos de que continúen con su misión; más que dueños del campo (9, 37-38) son responsables. Su presencia es directa y efectiva2. La compañía del Señor es “todos los días hasta el fin del mundo”, es decir, siempre y en cualquier circunstancia.

En tercer lugar, el envío que hace el Resucitado no se limita a los “Once” (28, 16); es un mandato que, de alguna manera, rebasa las fronteras temporales y personales invitando al lector u oyente del evangelio a que participe de esta responsabilidad. El lector de todos los tiempos se siente interpelado a participar de la misión del Señor de hacer discípulos a todas las gentes (v. 19).

En cuarto lugar, pongamos atención en los tres encargos que hace el Resucitado a los enviados.

“Hagan discípulos a todas las gentes”. “Hacer discípulos” (en griego matheteuo)3 significa convencer a otros de que sean seguidores de Jesús (como el caso de José de Arimatea; 27, 57). La referencia principal de esta acción es Jesucristo; si ser discípulo es seguir a Jesús, “hacer discípulos” es adherir a otros a Jesús, animarlos para que se encuentren con Él. No hay límites; las fronteras se superan, las barreras se eliminan, los prejuicios se olvidan; toda persona, sin excepción, está en posibilidades de ser un auténtico discípulo de Jesús.

“Bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. El verbo “bautizar” por su trasfondo judío y por la raíz de la que proviene significa: “introducirse en algo”, “sumergirse”, “compenetrarse”, “llenarse”. En este sentido, aunque el verbo bautizar estuviera haciendo referencia a un rito cristiano (el sacramento del bautismo) tiene en sí mismo una idea fundamental: la consagración. Por esto, el encargo de bautizar (es decir, consagrar, introducir) sólo se entiende en relación con la Trinidad, con la participación de la vida de Dios.

“Enseñándoles a guardar todo lo que yo les he mandado”. El verbo “enseñar” significa “instruir” pero sobre todo acompañar. Jesús aparece en muchas ocasiones enseñando (4, 23; 5, 2; 9, 35; 11, 1; 13, 34; 21, 23; 26, 55); lo hacía con autoridad y no como los escribas y fariseos (7, 29).

Esto significa que los enviados no deben enseñar de cualquier modo ni sobre cualquier cosa. El mandato supone un modo de enseñar, o mejor aún, de acompañar al estilo de Jesús4. Ahora bien, este encargo supone un matiz: guardar lo que Él ha mandado; es decir, observar, cumplir, hacer vida, lo que Jesús dice en todo el evangelio de Mateo; con mucha seguridad el texto se refiere a la mayor parte de instrucciones que aparecen agrupadas de manera tan peculiar en Mateo: lo que ha sido llamado “el discurso evangélico” (5, 1-7, 29), “la predicación del Reino de los Cielos” (8,1-10,42), “el misterio del Reino de los Cielos” (11, 1-12, 50), “el discurso parabólico” (13, 1-52).

En quinto lugar, sorprende gratamente el cierre del evangelio: “yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (v. 20). Desde el comienzo del evangelio se había dejado claro que el Mesías que nacería iba a ser llamado Emmanuel, es decir, “Dios con nosotros” (1, 23). Esto se deja sentir a lo largo de todo el evangelio a través de las palabras y acciones de Jesús. Los discípulos son débiles y hasta dudan, aunque lo reconocen (28, 17). Pero precisamente porque la tarea es grande y el discípulo limitado es indispensable la presencia permanente del Señor Resucitado.

b) Meditación

Un elemento fundamental de la misión de la Iglesia es “hacer discípulos”, adherir a Jesús a las personas. Siempre ha existido —y nuestra época no es la excepción— el peligro de generar membrecía grupal en lugar de adhesión a Jesucristo. El encargo del evangelio aparece con bastante claridad: nuestra misión consiste en que la gente se entusiasme por Jesucristo, se adhiera a su persona y su mensaje. Y junto con esto se integre no a un grupo solamente —mucho menos a una especie de club— sino a una auténtica comunidad.

El Evangelio refuerza el sentido anterior al dejar claro que la finalidad última de la tarea evangelizadora es que la gente participe de la vida de Dios, se consagre a la Trinidad, a la fuente de la vida que no se acaba. Esto significa entonces que no se valen ideas o comportamientos de cristiandad en los que prevalece la búsqueda de la cantidad en lugar de la calidad, el aumento del cristianismo sociológico en lugar del testimonial...

Por último, el contenido de lo compartido es fundamental: lo que Jesús mandó, es decir, lo que Jesús enseñó y vivió. Es cierto que es imposible compartir un mensaje totalmente objetivo; lo que digamos de la Buena Nueva de Jesucristo siempre llevará nuestro sello por la experiencia acumulada y nuestros condicionamientos histórico-culturales. Sin embargo, estamos llamados permanentemente a revisar si el mensaje compartido está más o menos lejos de la práctica de Jesús.

La tarea no es fácil; hasta parece imposible. Sin embargo, no es nuestra tarea, es la del Señor. Somos responsables, no sus dueños absolutos. Él está con nosotros para que no desfallezcamos pero también para que no caigamos en la tentación de hacerla a nuestro antojo.

c) Oración

Demos gracias a Dios por las personas que con sus palabras y ejemplo de vida nos han animado a encontrarnos con Jesucristo.

Agradezcámosle también las ocasiones en que nosotros mismos hemos servido para que otros se animen a seguir de cerca al Señor Jesucristo.

Pidámosle perdón por las ocasiones en que por tener poca claridad en nuestros planteamientos y, sobre todo por no dar buen testimonio, algunas personas han dejado de seguir al Señor.

Roguémosle que nos conceda la gracia de seguir trabajando por ser una comunidad eclesial trinitaria.

Ofrezcámosle algún compromiso en agradecimiento por su presencia permanente entre nosotros.

d) Contemplación — acción

Cuando compartimos la Buena Nueva de Jesucristo, ¿pensamos más en aumentar la membrecía de nuestro grupo o la adhesión a Jesucristo?

Nuestro comportamiento, lo que decimos y organizamos, ¿genera interés por participar de la vida de Dios?

¿A qué nos anima la garantía de que el Señor estará siempre con nosotros en esta tarea?


1 Mateo ha interpretado la epifanía del Señor en clave universalista al presentar a los sabios llegados de Oriente (2,1-12); adelante la misión desde Galilea en 4,15: “!Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.”
2 Mateo enfatiza el acompañamiento directo por parte del Resucitado; Lucas, en cambio, afirma que lo hará a través de su Espíritu (24,49).
3 Este verbo lo usa especialmente Mateo; aparece tres veces en este evangelio (Mt 13,52; 27,57; 28,19).
4 Para los evangelios la enseñanza de Jesús está ligada a una especial sensibilidad a la situación que vive la gente más desprotegida; así por ejemplo, Mc 6,34: “y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas”.

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