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LA MISIÓN IMPLICA A TODOS, TODO Y SIEMPRE =DOMUND 2011= IR AL ÍNDICE

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Presentación

“Como el Padre me envió,
también yo os envío”
Jn 20, 21

Los saludo cordialmente a todos ustedes, estimados hermanos en Cristo Jesús, quienes de distintas maneras nos encontramos en el camino misionero.

Es motivo de una verdadera alegría salir al encuentro de los demás, llevándoles la Palabra de vida y esperanza que conocemos y deseamos compartir. Sin embargo, este compartir no es solo una iniciativa de parte nuestra, sino un envío que viene del Padre y que Jesús, con toda autoridad, hace a su Iglesia.

El envío de Jesús a sus discípulos es determinante y actual. Determinante ya que es un envío que, por ser un mandato divino, transforma a quien lo recibe. Actual, porque hay en nuestro presente varios millones de personas —tanto de países antiguamente cristianos como de tierras de misión— que no han oído hablar de Cristo.

Este mandato surge del primer envío misionero: el del Padre eterno a su Hijo Jesús. Ciertamente este envío es fundamento y ejemplo de la misión de sus discípulos. Si la misión viene desde la vida trinitaria y la esencia de la Iglesia es ser misionera (Ad Gentes, 2), podemos decir que en esencia, cada cristiano –miembro de la Iglesia– es un misionero.

¿Hemos sido enviados como Jesús? ¿Llevamos la buena noticia de la salvación a quién no la conoce? ¿Somos misioneros? Pensar y responder a estas preguntas es el primer reto que nos propone S.S. Benedicto XVI en su mensaje para esta Jornada Mundial de las Misiones, ya que ésta “no es un momento aislado en el curso del año, sino que es una ocasión preciosa para pararse a pensar si respondemos y cómo respondemos a la vocación misionera; una respuesta esencial para la vida de la Iglesia”

Podemos incluso preguntarnos: ¿En qué momento hemos sido enviados? ¿Acaso este mandato hecho a los discípulos vale también para nosotros? “Id, pues y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19). La respuesta es: Sí, hemos sido enviados, y somos enviados nuevamente en cada Eucaristía, al reconocer al Señor en el pan como los discípulos de Emaús (Lc 24,33-34), concluimos con una invitación del sacerdote: “Pueden ir en paz”. A dónde podemos ir en paz sino a anunciar el Evangelio, a nuestro ambiente, a nuestra cultura, familia, trabajo, estudio. Allí donde laboramos y transcurre la mayor parte de nuestra vida, es también tierra de misión.

Sin embargo, no olvidemos, que el compromiso misionero no termina en el testimonio y anuncio del Evangelio en nuestra vida, sino que exige acudir a aquellos que nunca lo han recibido. La solidaridad en este compromiso se manifiesta en la ayuda integral a quienes llevan a cabo las tareas de evangelización en comunidades nacientes, puesto que no todos podemos “ir a las misiones”. Esta ayuda consiste en sostener las instituciones, mejorar las condiciones de vida de los interlocutores, sembrar la semilla de la Palabra de Dios, en fin, participar en la Iglesia universal que “Anunciando el Evangelio, se preocupa por la vida humana en sentido pleno”. De esta manera, todos y cada uno de los bautizados, participamos de este envío, desde nuestra realidad y desde nuestras posibilidades.

Las Obras Misionales Pontificias surgen como respuesta a la necesidad de un vínculo  entre las comunidades eclesiales de todo el mundo en la tarea misionera. Por medio de ellas las diócesis pueden encontrar espacios de comunión y de solidaridad, de apoyo integral en la animación misionera, siempre con la bendición y supervisión del Papa. En nuestro país, las Obras Misionales Pontificio Episcopales (OMPE) son las responsables de alentar y “promover el espíritu misionero universal en el pueblo de Dios” (RM 84).

Queriendo ser fieles a esta encomienda, dentro del marco del Domingo Mundial de las Misiones 2011, quisimos poner a su disposición un material que aborde los puntos medulares de la Misión, buscando como siempre, ser un apoyo en la animación misionera de quienes desde su realidad buscan llevar a cabo este envío, y configurarse como creyentes con Cristo misionero. En la Catequesis Domund 2011 encontrarán apoyos útiles para reflexionar, profundizar y celebrar este acontecimiento eclesial.

Que María de Guadalupe, estrella de la evangelización, con su ejemplo y ayuda, nos permita llevar a buen término nuestra vocación misionera. Y que el tesoro del Evangelio que llevamos —en vasijas de barro— enriquezca nuestro mundo y lo disponga a la voluntad de nuestro Dios.

Dios los bendiga a todos y los llene de su amor.


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