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LA MISIÓN IMPLICA A TODOS, TODO Y SIEMPRE =DOMUND 2011= IR AL ÍNDICE

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Estimados hermanos en el Señor:

En el contexto de la Jornada Mundial de las Misiones 2011 Su Santidad Benedicto XVI nos invita a aprovechar este tiempo para reflexionar en la tarea que hemos tenido como misioneros, qué hemos hecho, ya que “es una valiosa ocasión para detenerse a reflexionar si respondemos a la vocación misionera y cómo lo hacemos; una respuesta esencial para la vida de la Iglesia.

Es importante recordar que el envío misionero que recibimos los discípulos de Jesús parte de nuestro bautismo, en el cual fuimos configurados con Cristo sacerdote, profeta y rey.

El sacerdocio que nos viene de Cristo nos permite participar en la acción litúrgica, celebrar los sacramentos, especialmente la Eucaristía, ya que como Iglesia somos un “linaje elegido, sacerdocio real” (1 Pe 2,9), que “adora al Padre en espíritu y verdad” (Jn 4,23).

Ser rey implica el servicio al hombre. Cristo es rey, pero un tipo de rey diferente, que “no vino a ser servido sino a servir” (Mt 20,28). Nos dice que su “reino no es de este mundo” (Jn 18,36). Sin embargo, enseña a sus discípulos a pedir “venga tu Reino” (Mt 6,10) ya que es prioridad la búsqueda de este mismo reino: “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia” (Mt 6,33).

Ser profeta implica, a su vez, el servicio a la Palabra divina que se nos ha revelado de forma perfecta en Jesús, Verbo eterno del Padre, quien nos muestra la específica voluntad de Dios: “que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la Verdad” (1 Tim 2,4).

Comunicar esta Palabra no es hacer una declaración de tipo meramente informativo, ni pura transmisión de ideas o sentimientos; sino compartir con los demás el encuentro que hemos tenido con Jesús vivo, la gracia de vivir la Buena Noticia, experiencia que nos llena de alegría, que nos brinda esperanza y que nos presenta un proyecto de vida.

Es pues, un verdadero proyecto misionero, que engloba nuestra existencia cristiana, no sólo en momentos particulares, sino que atraviesa las diferentes actividades y acciones de nuestra vida. Somos misioneros en la convivencia diaria con la familia, en las responsabilidades del trabajo, en las actividades parroquiales, en la oración, especialmente si con nuestras palabras y acciones damos testimonio de esta alegría de vivir como discípulos misioneros de Jesús.

Además, en nuestra Iglesia han surgido, por gracia del Espíritu dador de vida, carismas específicos en personas que se han sentido llamados a anunciar la alegría del Evangelio a los que ni siquiera han escuchado de él. Es el Espíritu Santo quien no deja de suscitar este espíritu misionero en personas abiertas a su gracia; ni tampoco de inspirar con el testimonio y entrega de éstos a las comunidades cristianas, las cuales, a ejemplo de las primeras comunidades, se apoyan mutuamente en oración y en sus necesidades básicas.

Es mi intención en este DOMUND 2011 que amparados en la Madre de Dios, reflexionemos en nuestro ser discípulos misioneros y renovemos nuestra entrega y alegría en el anuncio de la Salvación.

Mons. José de Jesús Martínez Zepeda
Obispo de la Diócesis de Irapuato
Presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral Profética


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