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LA MISIÓN IMPLICA A TODOS, TODO Y SIEMPRE =DOMUND 2011= IR AL ÍNDICE

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Tema 1: Id y anunciad,
imperativos esenciales
de la misión

“Recomiendo que el estudio de la Palabra de Dios,
escrita y transmitida, se haga siempre
con un profundo espíritu eclesial,
teniendo debidamente en cuenta en la formación académica
las intervenciones del Magisterio sobre estos temas,
«que no está por encima de la Palabra de Dios,
sino a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido,
pues por mandato divino, y con la asistencia del Espíritu Santo,
lo escucha devotamente, lo custodia celosamente,
lo explica fielmente»”.

Benedicto XVI, Verbum Domini 47


Objetivo

Que los discípulos misioneros redimensionen la misión en sus contextos locales a partir del imperativo del Señor: "Id y anunciad".

Desarrollo

El Papa Benedicto XVI en su mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones de este año retoma la vocación permanente de la Iglesia: evangelizar. Esto quiere decir que la Iglesia ha de llevar la Buena Nueva a todos los ámbitos de la humanidad. Para poder renovar ese llamado esencial que se nos hace como miembros de la Iglesia, conviene hacer un alto en el camino y preguntarnos en qué consiste dicha tarea. Primero veamos y reflexionemos en qué consiste el imperativo del Señor de "Id y enseñad"; luego, qué significado cobra la "Buena Noticia" que se anuncia a hombres y mujeres de nuestro tiempo y de nuestro lugar.

Id y anunciad

Para comprender de mejor manera el imperativo que Jesús hizo a los suyos, ubiquémoslo desde un presupuesto, el retorno al Evangelio. Este retorno no es otra cosa más que recurrir a la memoria de Jesús. Así, nos daremos cuenta que nuestro compromiso con el Evangelio manifestado en Jesús y el compromiso con la historia humana, la historia de esa humanidad a la que está destinado el anuncio de la Buena Noticia del Reino de Dios son prácticamente inseparables.

Id implica, en primer lugar, un movimiento hacia afuera de uno mismo. Sólo que este movimiento, para que sea efectivo, necesita un destinatario específico. Veamos en la vida de Jesús quiénes y hacia dónde estaba dicho movimiento. El Evangelio de Lucas es muy claro:

“El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Lc 4, 18-19).

El anuncio de la Buena Nueva tiene destinatarios concretos y ellos no son seleccionados arbitrariamente, sino que en sus situaciones de vida se refleja las acciones y opciones de un Dios comprometido con ellos. Podemos hacer una primera afirmación respecto al primer imperativo, "Id", y sería esta: para evangelizar, la Iglesia necesita ser “signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano” (LG 1).

Anunciad, por su parte, implica haber tenido un encuentro personal con el Señor, pues no se puede anunciar algo que no se conoce. Ya lo comenta el Papa Benedicto XVI en su Encíclica Deus caritas est:

“Así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (DCE 1).

El anuncio, ciertamente, estará siempre originado por el Espíritu del Señor, pero es nuestra experiencia personal la que va a facilitar ese accionar, es mediante esta experiencia que no podemos actuar de un modo diferente al que tuvo Jesús, pues eso implicaría traicionar su mandato, veamos cómo lo dice San Juan en su Evangelio:

“Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo” (Jn 14, 10b-13).

Buena Nueva

Para ver las implicaciones de estas dos palabras «Buena Noticia», sugiero sigamos el mismo camino utilizado en el apartado anterior. Comencemos por indicar su origen, Buena Noticia es la traducción de eu-aggelion, y es la raíz de otra palabra, Evangelio. Así, tenemos que el imperativo del Señor: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará…” (Mc 16,15) es profundamente amplio, desafiante y hasta provocador para una Iglesia que esté dispuesta a ser fiel a su vocación en contextos como los que vivimos hoy en nuestro país, donde precisamente eso es lo que escasea, las buenas noticias. Analicemos, por sectores, lo que implicaría llevar o incluso ser "Buena Noticia", al estilo mismo de Jesús.

a) El significado de la Buena Noticia en lo social

Si nos detenemos a echar una mirada a los contextos mundiales, nos enfrentaremos con realidades no muy halagüeñas. Por doquier se anuncian dificultades y problemáticas abrumadoras que parecieran cortar de tajo con toda posibilidad de esperanza; esta realidad se agudiza aún más en aquellos sectores de poblaciones de escasos recursos económicos. Sin embargo, considerar el anuncio del Reino de Dios precisamente en estos sectores, se convierte en el criterio para la revisión del grado de fidelidad con el que aquel que se diga cristiano esté respondiendo a su vocación. No es exagerado afirmar que el anuncio del eu-aggelion en estos sectores de la población la Iglesia se pueda estar jugando, tal como van las cosas, su futuro y el aporte de la fe cristiana a la humanidad.

b) El significado de la Buena Nueva en lo pastoral

La pregunta fundamental en este rubro sería si en el mundo de hoy existe o no la expectativa de que pueda haber el anuncio de un eu-aggelion. Plantear esta interrogante no es cuestión de ocio, sino que es esencial para otorgar la dirección correcta a la evangelización. En Lucas, eu-aggelion es la buena noticia del reino de Dios (Lc 4,43), lo bueno que Dios quiere para su creación; a partir de lo anterior podemos afirmar que evangelizar es “llevar la buena noticia a los pobres”. El contenido de la Buena Noticia es, entonces, la cercanía del reino de Dios a la humanidad. Podríamos traducir, entonces, que la Buena Noticia es la utopía de una vida justa y digna, y los destinatarios principales son las grandes mayorías de este mundo para quienes la vida es su tarea más urgente y la muerte prematura su destino más probable, es decir, los débiles, pobres y víctimas; e indirectamente destinatarios son también aquellos que se solidarizan con ellos, quienes hacen suya su causa.

Por otro lado, tenemos que para todo hombre y mujer esa Buena Noticia es algo que se espera en medio de y en contra de malas realidades, pues se convierte en un criterio existencial, incluso llega a ser el único asidero que es capaz de recordar lo que es el ser humano y el proyecto al cual ha sido llamado. En otras palabras, el anuncio de la Buena Nueva es algo que toca y nos lleva a lo más hondo de nuestra existencia, y que trae consigo esperanza, ilusión, ganas de vivir y hacer, proporciona y restablece la dignidad, la fraternidad, libertad y comunión. Es anuncio, finalmente, que formalmente produce gozo y mueve a responder con un gracias.

Podemos afirmar con seguridad que lo que realmente impactó de Jesús entre la gente pobre y sencilla fue su mensaje de esperanza y sus prácticas: milagros (Mc 1,40-44; 4,38-41), expulsión de demonios (Mc 1, 23-27; 3, 22-27; 5, 1-9) sanación de enfermos (Mc 5, 28-39; 7, 31-37), acogida a los marginados (Mc 7, 24-30; 8, 22-26) e incluso, su nivel de fidelidad al tener enfrentamientos con los poderosos (Mc 3, 1-6; 8, 11-13; 11, 27-33; 14, 60-64; 15, 1-15). Veían en Él a alguien que hablaba con autoridad por estar convencido de lo que decía, no como otros que hablan como fanáticos o funcionarios a sueldo.

Ver hecha realidad en una persona cada una de estas cosas, honradez y verdad, misericordia y fidelidad, libertad, gozo y celebración, confianza en el Padre y disponibilidad ante Dios, es siempre una brisa de aire fresco en nuestra historia, ver a gente así es en verdad una buena noticia.

“Jesús es, pues, buena noticia, porque nos lleva a lo más nuestro y originalmente humano. De ese Jesús buena-noticia tiene mucha necesidad la Iglesia para su evangelización y el mundo para su humanización”.

Conclusión

“Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará…” (Mc 16,15). En esto radica la vocación misionera y evangelizadora de la Iglesia. Es la gran tarea de todo cristiano y dicha tarea queda esencialmente en sus manos para ser continuada a lo largo de los siglos. La fidelidad y coherencia a esta vocación misionera ha sido siempre la respuesta a las grandes crisis no sólo de la historia de la Iglesia, sino de la humanidad misma. Pidamos al Señor que nos permita, mediante la celebración de la Jornada Mundial de Misiones, caminar en la dinámica del reino anunciado y realizado en Jesús, el Cristo, convertido en fermento y luz en medio de las naciones.

Preguntas

  • Comenta, brevemente, desde tu comunidad las formas y modos como se pudiera actualizar el imperativo del Señor: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación”.

  • ¿Qué significado adquiere para ti y tu familia ser portadores de la Buena Nueva del Señor?

  • ¿Qué nuevo significado adquiere el que tú seas destinatario de la Buena Nueva del Señor?

Dr. Francisco Díaz Estrada
Departamento de Investigación y Apoyo
OMPE-México


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