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LA MISIÓN IMPLICA A TODOS, TODO Y SIEMPRE =DOMUND 2011= IR AL ÍNDICE

Ver TEMA 3: EVANGELIZACIÓN GLOBAL. LA MISIÓN ES DE TODAS LAS IGLESIAS PARA TODO EL MUNDO en PDF

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Tema 3: Evangelización global.
La misión es de todas las iglesias
para todo el mundo

Para atenuar las interrogantes
que un serio examen de las deficiencias
de nuestra cooperación misionera plantea
todo hombre de buena fe,
se dice que, no obstante todo,
la situación de tantos infieles
no debe preocuparnos y afligirnos excesivamente,
porque nosotros no podemos escrutar
ni conocer la acción secreta de Dios
en el fondo del alma de sus criaturas,
y que Dios puede llegar a donde nosotros no podemos.
Ideas buenas para justificarnos hasta un cierto punto;
y, sin embargo, en realidad nosotros
no sabemos quién de nosotros desearía encontrarse
en el lugar de los pobres infieles,
sin la alegría de conocer y amar a Jesucristo,
fuera de los brazos maternos de la Iglesia”.

Paolo Manna, Ifratelli separati e noi

Objetivo

Que los discípulos misioneros de México, en la celebración del DOMUND 2011, vislumbren el horizonte de evangelización global y detecten los medios para vivir la propia misión en el seno de la Iglesia y como ejercicio de su compromiso bautismal según nuestro lema: “La misión implica a todos, todo y siempre”.

Desarrollo

“La evangelización es un proceso complejo y comprende varios elementos. Entre estos, la animación misionera ha prestado siempre una atención particular a la solidaridad”, nos recuerda el Santo Padre Benedicto XVI en su mensaje para el Domingo Mundial de las Misiones 2011 (DOMUND).

La misión de evangelizar,
tarea esencial del bautizado
y participación en la Cooperación misionera

La labor de evangelizar de la Iglesia es, por un lado, una conciencia clara que, desde el mismo día de la resurrección, resuena cotidianamente en el corazón y en la vida de todos los bautizados: “Jesús les dijo otra vez: "La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío"” (Jn 20, 21). Por otro lado, esta labor de evangelizar es un compromiso continuo de búsqueda y ejercicio pastoral que, a lo largo de toda la historia de la Iglesia, ha hecho posible la acción misionera ad gentes, el ejercicio de la caridad con los más necesitados, la configuración de la pastoral y de las diferentes instituciones de vida consagrada, de apostolado, de espiritualidad, etc; en pocas palabras, ha hecho posible la vida y organización misma de la Iglesia. “La Iglesia está profundamente convencida de la propia identidad y misión, y vive esa experiencia a través del compromiso de sus hijos” (CMi 1).

La tarea y misión de evangelizar encomendada por Jesús es, en sí misma, patrimonio y compromiso de cada bautizado, de cada Iglesia particular, y de toda la Iglesia universal: “La Iglesia universal, todas las Iglesias particulares, todas las instituciones y asociaciones eclesiales y cada cristiano en la Iglesia tienen el deber de colaborar para que el mensaje del Señor se difunda y llegue hasta los últimos confines de la tierra” (CMi 1).

Es importante hacer notar que el compromiso evangelizador no sólo es una posibilidad en la vida de los bautizados, sino el ejercicio y vivencia misma del bautismo, fruto de la fe en Cristo y adhesión a Él, pues, como nos enseña la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, “toda la Iglesia está llamada a contribuir al desarrollo de la misión con una colaboración activa. Todo cristiano, en virtud del bautismo y de la confirmación, entra en una corriente de actividad sobrenatural, en un proyecto eterno de salvación universal que es de Dios mismo y se realiza, día a día, en favor de las generaciones que se suceden, formando la gran familia humana” (CMi 2).

La misión es una tarea esencial y permanente de la vida, y abarca toda la vida de todos los cristianos, pero siempre como fruto del encuentro con Jesucristo, tal y como afirman los Obispos a lo largo de todo el Documento de Aparecida1. Al respecto, nos explica Mons. Juan Esquerda Bifet: “La "misión" no es, pues, principalmente una idea o un proyecto de actividad, sino la experiencia de un encuentro vivencial con Cristo resucitado que da sentido y plenitud a la vida y a la actividad misionera. Del encuentro se pasa a la misión.”2

Y esta misión no es para “hacer cosas”, sino para vivir en el encuentro y entregarse a la misión: “La "misión" consiste en construirse amando y ayudar a construir la comunidad humana amándose mutuamente, según el proyecto de Dios. "Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón”.3

El compromiso personal quizás no parezca trascendente, pero es siempre una respuesta concreta y específica al plan salvífico de Dios, que a la manera de los constructores, va haciendo posible levantar el edificio del Reino. Nos dice el Papa: “por medio de la participación responsable en la misión de la Iglesia, el cristiano llega a ser constructor de la comunión, de la paz, de la solidaridad que Cristo nos ha dado, y colabora en la realización del proyecto salvífico de Dios para toda la humanidad” (Benedicto XVI, Mensaje para el DOMUND 2011).

Seamos conscientes, entonces, de que la Misión de la Iglesia no es tarea ‘de los curas y las monjas’, como suele decirse de manera coloquial y a veces incluso despectiva, ni tampoco fruto de un entusiasmo efímero de quienes se emocionan en un momento de su vida por algún momento fuerte de vivencia de la fe, sino el compromiso continuo y cotidiano de todos y cada uno que complementa, en el ejercicio común, la labor encomendada por Jesús.

La tarea de evangelizar es de todos y es compromiso permanente, fruto del bautismo, y tiene un nombre propio: “La participación de las comunidades eclesiales y de cada fiel en la realización de este plan divino recibe el nombre de «cooperación misionera» y se realiza de diversas maneras: con la oración, el testimonio, el sacrificio, el ofrecimiento de su trabajo y sus ayudas” (CMi 2).

Las Obras Misionales Pontificio Episcopales,
medios privilegiados para la cooperación misionera

De lo dicho anteriormente podríamos concluir que la labor de cada bautizado sería suficiente en el esfuerzo cotidiano de la vida, pero no estaría completo nuestro horizonte. Hace falta el compromiso eclesial y el esfuerzo organizado de todos en la cooperación misionera. Eclesialmente hay un organismo encargado de coordinar este esfuerzo: “La Congregación para la Evangelización de los Pueblos, el organismo central encargado de dirigir y coordinar la evangelización y la cooperación misionera” (CMi 3).

La Congregación para la Evangelización de los Pueblos tiene, como medios concretos de ejercicio de la cooperación misionera e instrumentos de animación, a las Obras Misionales Pontificias (OMP), que en México son también Episcopales (OMPE): “Las OMP se sitúan en el ámbito de la cooperación misionera con un papel primario y propio. Estas Obras surgieron de iniciativas carismáticas, puestas en marcha por laicos o por sacerdotes, con el fin de apoyar la actividad de los misioneros, animando e implicando directamente a sacerdotes, a consagrados y a fieles en la oración, en el ofrecimiento de sus sacrificios, en la promoción vocacional, en la caridad y en actividades concretas” (CMi 4).

Las OMPE son cuatro:

  • “La Obra misional pontificia de la Propagación de la Fe, para suscitar el interés por la evangelización universal en todos los sectores del pueblo de Dios y para promover en las Iglesias locales la ayuda, tanto espiritual como material, y el intercambio de personal apostólico” (CMi 4). En México la citamos con las siglas PF.
  • “La Obra misional pontificia de la Infancia Misionera, para ayudar a los educadores a despertar poco a poco en los niños la conciencia misionera; para animarlos a compartir su fe y sus bienes materiales con sus coetáneos de las regiones y de las Iglesias más necesitadas; y para promover las vocaciones misioneras desde la más tierna edad” (CMi 4). En México la llamamos Infancia y Adolescencia Misionera, con las siglas: IAM.
  • “La Obra misional pontificia de San Pedro Apóstol, para sensibilizar al pueblo cristiano sobre la importancia del clero local en los territorios de misión y para invitarlo a colaborar espiritual y materialmente en la formación de los candidatos al sacerdocio y a la vida consagrada” (CMi 4). Sus siglas en México: OSPA.
  • “La Pontificia Unión Misional, para la formación y sensibilización misionera de los sacerdotes, de los seminaristas, de los miembros de los institutos masculinos y femeninos de vida consagrada y de las sociedades de vida apostólica, y de sus candidatos, así como de los misioneros laicos directamente comprometidos en la misión universal. Esta Unión es como el alma de las otras Obras, porque los que la componen están especialmente capacitados para suscitar en las comunidades cristianas el espíritu misionero y para incrementar la cooperación” (CMi 4). Sus siglas para nosotros son: PUM.
  • En particular, también en México las OMPE tienen dos programas auxiliares para la animación misionera:
    • La Liga Misional Juvenil (LMJ), afiliada a la Obra de la Propagación de la Fe, para la animación y compromiso misionero de los jóvenes, en vistas al discernimiento vocacional y compromiso de vida, y como un ejercicio pastoral de animación misionera para toda la comunidad eclesial.
    • La Unión de Enfermos Misioneros (UEM),  dedicada a transformar, mediante el ejercicio pastoral de los visitadores, a los enfermos en agentes de la misión por medio del ofrecimiento de sus enfermedades, tratamientos y limitaciones, al estilo de Santa Teresita del Niño Jesús, patrona de las misiones, que desde la quietud de su convento fue realmente evangelizadora "en activo" y fuente de crecimiento para las misiones de todo el mundo.

En nuestra patria las OMPE han trabajado desde hace muchos años en la animación y cooperación misionera organizando congresos, motivando a la celebración del DOMUND, de la Jornada del Clero Nativo, del Domingo de la Infancia Misionera (DOMINF), editando materiales pastorales y de formación misionera, organizando cursos y seminarios, difundiendo e informando lo referente a la misión con programas de televisión, de radio, revistas, etc.

El trabajo de las OMPE ha sido fruto del compromiso de todos los bautizados de México, desde los señores Obispos hasta el recién nacido que ha sido bautizado, que con su testimonio y compromiso, van haciendo posible la cooperación misionera.

Las OMPE son un vehículo para realizar la animación misionera en favor de esta evangelización y el Papa refrenda su importancia dando un paso más, al hacernos ver el alcance del trabajo pastoral de las mismas y hasta dónde abarca, en realidad, la cooperación misionera. En su mensaje para el DOMUND 2011, refiriéndose a la cooperación misionera hace ver que:

“Se trata de sostener instituciones necesarias para establecer y consolidar la Iglesia mediante los catequistas, los seminarios, los sacerdotes; y de dar también nuestra propia aportación para que mejoren las condiciones de vida de las personas en países en los que son más graves los fenómenos de pobreza, malnutrición, sobre todo infantil, enfermedades, ausencia de servicios de salud y de educación. También esto entra en la misión de la Iglesia”. “Anunciando el Evangelio, se preocupa por la vida humana en sentido pleno”.

“Los desafíos que esta encuentra llaman a los cristianos a caminar con los demás, y la misión es parte integrante de este camino con todos”.

Evangelización Global, es decir,
evangelizamos  abriendo nuestro horizonte a atender las necesidades concretas de todos los hombres

Los desafíos del mundo de hoy son variados, y son retadores, continuamente van reclamando a la Iglesia y a cada bautizado un compromiso mayor, una respuesta específica, un apoyo más amplio. Mons. Esquerda hace ver que: “El encuentro y el cruce actual de culturas y religiones, a nivel global, es quizá el mayor desafío que ha tenido la historia humana hasta el presente”.4

Y nos especifica aún más: “La misión se realiza en el mundo, que ha sido creado por amor, pero que, de hecho, se encuentra frecuentemente bajo el dominio del pecado en las diversas formas de egoísmo personal o colectivo. La fe en Cristo, muerto y crucificado, es capaz de transformar el mundo según el nuevo proyecto de Dios. "Es la persona del hombre la que hay que salvar. Es la sociedad humana la que hay que renovar" (GS 3)”.5

En otras palabras, el auténtico ejercicio evangelizador requiere dar una respuesta concreta a las situaciones y necesidades de los hombres en su entorno natural, para ahí mismo iluminar su vida con la luz de Cristo y mostrar a todos que sí hay esperanza, y que ésta se vive plenamente solo en Él. ¿No es este el sentido del “ustedes son la luz del mundo y la sal de la tierra” (cfr. Mt 5, 13-14) que nos dice nuestro Señor Jesucristo en el discurso de la montaña?

¿Cuáles serían entonces los pasos que tendríamos que seguir para llegar a un auténtico anuncio evangelizador desde las realidades concretas del mundo de hoy y sea al mismo tiempo global y específico? Mons. Esquerda nos hace ver que antes que nada, es importante el discernimiento:

“El sentido de la vida y de la historia no se encuentra en una teoría, sino en la experiencia del encuentro con Cristo, como experiencia de fe que invita a la reflexión teológica, a la vivencia y al anuncio”.

“Cuando constatamos a nuestro alrededor el abigarrado cruce de culturas y religiones, a nivel global, hay que aprender a releer esos retazos de vida que se expresan en los rostros, en los gestos y en las actitudes. Danzas, expresiones literarias y artísticas, cantos, costumbres, vestidos, mentalidad, idiomas, etc., son fruto de milenios del corazón humano en un pueblo, movido siempre por Dios”.6

La Evangelización global requiere el discernimiento concreto de cada horizonte humano, de cada momento histórico, de cada realidad cultural. 

El compromiso evangelizador es, entonces, eclesial y personal, encarnado en la realidad y momento histórico, pero abierto a la universalidad del llamado a la salvación, y siempre, el compromiso evangelizador es una respuesta a la invitación del Señor Jesús a la salvación y a vivir plenamente el Reino de Dios en el hoy del mundo y en el entonces de la Vida Eterna.

La evangelización global es un compromiso de todas las Iglesias particulares, de todas las diócesis e institutos de vida consagrada, de todos los movimientos de espiritualidad y de apostolado, en una palabra, de todo bautizado para todo el mundo.

La tarea de cada bautizado será entonces, comprometerse con esta evangelización global a la altura de sus propias posibilidades y siempre en el marco de la Iglesia.

Preguntas de Reflexión:

Ahora reflexiona y comparte en grupo:

  • Especifica los aspectos más importantes de la vida de la fe que a tu parecer se necesiten para llevarte al compromiso misionero de evangelizar.

  • Concretiza cuáles serían las cinco necesidades humanas más actuales y urgentes de ser atendidas por la misión de la Iglesia.

  • Ubica, ante estas necesidades, las posibles acciones pastorales para atenderlas desde el Evangelio, en el nivel personal, diocesano y eclesial.

Pbro. Juan Francisco A. Espino Godínez
Secretario Nacional de la PUM
OMPE México


1 El Documento Aparecida mismo desarrolla este tema con el planteamiento del “discipulado misionero”, y a lo largo del documento, el esquema mismo de éste habla y confirma que, sólo el encuentro con Jesucristo hace posible la verdadera misión y la realiza plenamente.
2 Juan ESQUERDA BIFET, Misionología, evangelizar en un mundo global, Madrid 2008, ed. BAC p. 5
3 Ibíd. p.6

4 Juan ESQUERDA, Op.Cit. p. XVII
5 Ibíd. p.7
6 Ibíd. p.7


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