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El Viacrucis es una devoción que nos invita a meditar la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Es recorrer su camino con la Cruz a cuestas, es pensar por cuantos sufrimientos pasó por cada uno de nosotros, para salvarnos, para redimirnos y glorificarnos.

Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén.

Guía: Hermanos y hermanas, estamos aquí reunidos para revivir y meditar el momento culminante de la existencia terrena de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, los sufrimientos de su pasión, muerte, triunfante resurrección.

Consideremos los múltiples aspectos inherentes de sus sufrimientos, para estar mayormente atentos y sensibles a la presencia, junto a nosotros, de los que sufren en su cuerpo, en su mente, o en su espíritu.

Confiados en el Padre, que ha ofrecido por nosotros a su Hijo y sostenidos por el Espíritu Santo, digamos juntos.

Todos: Padre Nuestro …

I Primera Estación
Jesús es condenado a muerte

Todos: Alabado sea mi Dios.

Guía: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos: Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

Y lo condenaron a muerte, pidiéndolo a gritos, sin detenerse a pensar en el gran delito que cometían, en la gran traición y en el gran pecado.

Jesús, es condenado por amar a los demás, por sanar a los enfermos, por acompañar a las viudas y a los huérfanos, por llevar la paz a los oprimidos. Quién iba a decirnos que siendo Él la vida misma, le sería arrebatada por todos aquellos a quienes se las dio.

Señor Jesús, pareciera que yo también estoy condenado (a) a la muerte por la enfermedad que sufro, por los dolores que voy padeciendo, sin embargo, gracias a tu muerte y resurrección, mi vida cobra sentido, mis penas y angustias se encaminan por la vía dolorosa al calvario para merecer después el gozo de la resurrección.

Jesús, enséñame a sufrir por ti, por la salvación del género humano.

Guía: Señor pequé, ten compasión y misericordia de mí.

Todos: Pecamos Señor y nos pesa. Ten piedad y misericordia de nosotros.

Padre Nuestro ...

II Segunda Estación
Jesús con la cruz a cuestas

Todos: Alabado sea mi Dios.

Guía: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos: Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

Y te pesaba mi cruz, Señor. Te pesaban todos mis pecados y todo el mal de la humanidad. Y en esa cruz bendita, en ese madero que pusieron sobre tus hombros, Tú llevabas todo nuestro sufrimiento y padecer, sin reclamo alguno, sin protesta, ni siquiera con un gesto de dolor. Callado, silente, sumergido en ese abismo de amor que eres Tú mismo, en esa dádiva de tu mismo ser, para que nosotros tengamos vida y vida en abundancia.

Señor, quiero poner yo también sobre mis hombros esta enfermedad que no me deja casi ni respirar; esta debilidad que me va asfixiando, que me hace detener cada suspiro para que no cale más el dolor y, desde esta cruz bendecida por Ti, mi Dios y Señor, llevarla con amor, sabiendo que la fuerza y el alivio me viene de Ti.

Señor, que no claudique ante mi enfermedad, que no detenga mi paso, que no me acobarde, sino que viéndote a mi lado con la cruz que todos nosotros pusimos sobre tus hombros, te dé gloria y te bendiga siempre.

Guía: Señor pequé, ten compasión y misericordia de mí.

Todos: Pecamos Señor y nos pesa. Ten piedad y misericordia de nosotros.

Padre Nuestro ...

III Tercera Estación
Jesús cae por primera vez

Todos: Alabado sea mi Dios.

Guía: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos: Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

Es el peso de mis pecados y el de todos mis hermanos; es la carga de mis miserias y fallas las que te hacen caer por tierra, las que te hacen doblar tus rodillas y besar el polvo del camino.

Esta primera caída, me recuerda no sólo la primera vez que te ofendí, sino las mil y mil veces que te ultraje en los demás, que te ofendí en mis hermanos, sobre todo los más débiles, los más pequeños, los más desprotegidos.

Señor, mírame a mí también caído por mis dolencias y enfermedades; mira mi cuerpo cansado de tanto padecer, de tanto luchar. Hoy que te veo caído, ayúdame a levantarme y desde mi sufrimiento, desde esta cama que cala por tantos días postrado en ella, ofrecerte todo mi ser y sufrir, todo mi amor, ayúdame para no permanecer caído.

Te pido por todos mis hermanos misioneros que trabajan en el continente de África para que si tienen una caída, Tú les des la fuerza para levantarse y seguir el camino de la Evangelización.

Guía: Señor pequé, ten compasión y misericordia de mí.

Todos: Pecamos Señor y nos pesa. Ten piedad y misericordia de nosotros.

Padre Nuestro ...

IV Cuarta Estación
Jesús encuentra a su madre

Todos: Alabado sea mi Dios.

Guía: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos: Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

Qué momento tan único y especial, encontrarte con tu Madre, con Ella, que te llevó en su seno, que veló por ti en los primeros años de tu vida, la que te guió de niño, aún siendo Dios por los caminos de la vida.

Permíteme también, Jesús, encontrarme con María, con la dulce Señora y Madre nuestra, para que sea Ella quien me sostenga en la enfermedad, para que sea Ella quien alivie mis dolores y pesares, para que sea Ella la que me conduzca a Ti, la que me muestre los gozos del sufrimiento asumido y ofrecido por la salvación del mundo entero.

Señor, que mi encuentro con María, sea todos los días, porque siendo así seré fuerte en el dolor y la enfermedad.

Guía: Señor pequé, ten compasión y misericordia de mí.

Todos: Pecamos Señor y nos pesa. Ten piedad y misericordia de nosotros.

Padre Nuestro ...

V Quinta Estación
Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la cruz

Todos: Alabado sea mi Dios.

Guía: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos: Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

Aquel hombre, quizá de aspecto un poco rudo te ayudó a cargar la cruz, a caminar por unos momentos más ligero, al subir la pendiente del calvario. Sus gestos de generosidad y de bondad fueron los que te hicieron aceptar su ofrecimiento. Yo también puedo ser ese cirineo, cargando tu  pesado madero; yo puedo ser ese hombre o mujer, niño, joven adulto o anciano, ese cirineo que olvidando un poco el peso de su propio dolor, y siendo consciente de tantos hermanos que trabajan en tierras de misiones, lejos de su patria, de su familia, de los que ellos aman, lo dan todo y te dicen: quiero llevar tu Evangelio, tus mandatos, tu doctrina, quiero ser tu testigo ante todas estas personas de Asia, África, América, Europa y Oceanía.

Permíteme, Señor ser tu cirineo y ofrecerte mis sacrificios, oraciones y pesares, para que estas personas en tierras de misiones, a través de los misioneros, te conozcan, te amen y te sirvan.

Guía: Señor pequé, ten compasión y misericordia de mí.

Todos: Pecamos Señor y nos pesa. Ten piedad y misericordia de nosotros.

Padre Nuestro ...

VI Sexta Estación
La Verónica limpia el rostro de Jesús

Todos: Alabado sea mi Dios.

Guía: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos: Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

Como ella, como esta valiente mujer que atreviéndose a caminar entre la gente, se acercó a Ti para enjugar tu rostro, así, Señor, yo quiero enjugar las lágrimas de los demás, de todos los que sufren, de todos los que postrados en la cama de un hospital o en su misma casa, ya no pueden levantarse.

Que mis acciones sean como ese lienzo suave que limpió todas tus heridas, que te llevó un poco de alivio, que enjugó con sus lágrimas y besos tu rostro marcado por los tormentos que ibas padeciendo; así, Señor, sea mi trabajo diario, mi oración y mis obras, ese bálsamo que ayude en su andar a todos los que sufren en el alma y el cuerpo algún malestar, que limpie el rencor de tantos que viven en el odio y que no te conocen, que limpie el sudor de tantos misioneros incansables que dispersos por todos los continentes no se cansan de pregonar tu amor y tu ternura.

Señor, que siempre vea el rostro de los demás, que enjugue sus lágrimas y los conduzca hacia Ti.

Guía: Señor pequé, ten compasión y misericordia de mí.

Todos: Pecamos Señor y nos pesa. Ten piedad y misericordia de nosotros.

Padre Nuestro ...

VII Séptima Estación
Jesús cae por segunda vez

Todos: Alabado sea mi Dios.

Guía: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos: Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

De nuevo estás caído, de nuevo tu rostro cae sobre la tierra por el peso de la cruz y el sufrimiento de nuestros pecados. Y en esta caída más fuerte, más pesada, más dolorosa, tu pensamiento siempre amoroso: “Perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Señor, yo he caído no una ni dos veces, sino tantas, tantas que a veces pareciera me quedo postrado(a) en el mismo fango, en el mismo lodo del mal y del pecado, pero al contemplarte así, me duelo y me arrepiento de mis propias caídas y miserias, me duelo y avergüenzo de mi proceder tan injusto y lleno de iniquidad, y desde esta condición te pido perdón, te imploro también por todos los pecados de la humanidad,

Jesús, que no permanezca caído (a), sino que al verte postrado en tierra, me ayude a levantarme cada día, me ayude a ofrecerte todo cuanto soy y pueda ser.

Señor, ayúdame a ponerme en pie y seguir hasta llegar a Ti.

Te pido, Señor, por nuestro continente de América para que sepamos ayudarnos unos a otros y que nuestra oración pueda ser bálsamo para todos aquellos que trabajan en las misiones en nuestro continente Americano.

Guía: Señor pequé, ten compasión y misericordia de mí.

Todos: Pecamos Señor y nos pesa. Ten piedad y misericordia de nosotros.

Padre Nuestro ...

VIII Octava Estación
Jesús reprende a las hijas de Jerusalén

Todos: Alabado sea mi Dios.

Guía: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos: Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

Señor, yo como ellas, como esas mujeres de Jerusalén que, movidas por el dolor de tu sufrimiento, se acercaron a ti, olvidándose de sus propias miserias, así me acerco a Ti, reconociendo todas las faltas y pecados que he cometido contra Ti, contra mi prójimo y contra mí mismo (a). 

Que el dolor que voy experimentando por todas mis caídas y tropiezos, por todas mis debilidades y flaquezas, me acerquen más a Ti y me lleven al arrepentimiento y al dolor de mis pecados.

Que en este viacrucis, yo me detenga, me entristezca y me convierta de nuevo, para vivir conforme a tu voluntad, conforme a tus mandatos.

Señor, que me duela siempre del mal que he cometido.

Guía: Señor pequé, ten compasión y misericordia de mí.

Todos: Pecamos Señor y nos pesa. Ten piedad y misericordia de nosotros.

Padre Nuestro ...

IX Novena Estación
Jesús cae por tercera vez

Todos: Alabado sea mi Dios.

Guía: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos: Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

Es tu tercera caída, es tu caída más dolorosa. Poco falta para llegar al monte Calvario, para ser crucificado, para estar pendiente de la cruz, para consumar nuestra redención.

Y yo sigo aferrado a los placeres de la vida, a los caprichos míos y de los demás, yo sigo cargándote la cruz, haciéndola más pesada, más dolorosa. Yo sigo ensangrentando todo tu cuerpo llagado, sigo clavando más espinas en tu cabeza, en tu corazón herido.

Hasta cuándo, Señor, seguiré siendo el peso de tu cruz para que sigas caído, para que permanezcas con tu rostro en tierra.

Dame tu fuerza Señor, dame la valentía para anunciar tu nombre, para trabajar por ti y para ti, para hacer de mi vida y de mis actos, una ofrenda agradable a tus ojos, para que desde el lugar donde esté, sea tu discípulo misionero, llevando a los demás tu Palabra y tu amor.

Señor, ayúdame a levantarme de mis caídas.

Mi oración en unión por los misioneros que desgastan su vida en el continente de Europa, promoviendo para que no decaiga la fe en Ti.

Guía: Señor pequé, ten compasión y misericordia de mí.

Todos: Pecamos Señor y nos pesa. Ten piedad y misericordia de nosotros.

Padre Nuestro …

X Décima Estación
Jesús es despojado de sus vestiduras

Todos: Alabado sea mi Dios.

Guía: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos: Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

Y te quitaron tus ropas. Poco a poco te fueron despojando de aquella túnica ensangrentada, dejándote desnudo, como al peor de los malhechores, como al peor de los hombres sobre la faz de la tierra.

Señor, hoy quiero pedirte que yo también sea despojada de todo aquello que me aparta de Ti: de mis posturas egoístas y cobardes, de mis actitudes prepotentes y orgullosas, de todo lo que me atrae del mundo.

Señor, ayúdame para que siempre esté dispuesto a cumplir tu voluntad.

Guía: Señor peque, ten compasión y misericordia de mí.

Todos: Pecamos Señor y nos pesa. Ten piedad y misericordia de nosotros.

Padre Nuestro …

XI Decimo primera Estación
Jesús, es clavado en la cruz

Todos: Alabado sea mi Dios.

Guía: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos: Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

Jesús, el Hijo de Dios, es martillado con tres clavos para sujetarlo a la cruz que llevó a cuestas hasta el monte Calvario. Ahí está suspendido, cumpliendo una condena que no era suya, como el peor de los malhechores.

Señor, al verte clavado en la cruz, vienen a mi mente tantas y tantas culpas que he cometido, tantos pecados míos que han lacerado tu cuerpo, tu corazón divino. Y yo sigo pecando, ofendiéndote, lastimándote en mi hermano que está a mi lado; sigo clavándote más clavos, más espinas con mis atropellos a la dignidad de los demás.

Jesús, mi Dios y Señor, perdona mis culpas y dame la gracia de enmendarme. Concédeme vivir de cara a Ti, a tu doctrina, a tu amor.

Dame un espíritu misionero para ser testigo tuyo, Te ofrezco mis oraciones, obras y acciones por todos los que en tierras lejanas predican tu nombre y extienden tu Reino, por toda Asia y Oceanía.

Guía: Señor pequé, ten compasión y misericordia de mí.

Todos: Pecamos Señor y nos pesa. Ten piedad y misericordia de nosotros.

Padre Nuestro …

XII Décimo segunda Estación
Jesús, muere en la cruz

Todos: Alabado sea mi Dios.

Guía: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos: Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

Después de decir sus últimas palabras, testamento para la humanidad entera, Jesús muere en la cruz. “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”.  
Y en ese perdón divino, yo soy perdonado (a); en ese gesto máximo de amor al entregar su vida por nuestra salvación, todos quedamos redimidos.

Gran misterio de amor, único, como único es el Hijo de Dios, Jesucristo. Único, como el amor que me tiene a mí y a cada uno en particular.

Señor Jesús, me duelen mis ofensas y pecados, me duele el haberte ofendido. Hazme morir a mis caprichos y egoísmos, a mis pasiones y debilidades. Hazme morir día a día, para que asemejándome a Ti, pueda estar contigo en la eternidad.

Guía: Señor pequé, ten compasión y misericordia de mí.

Todos: Pecamos Señor y nos pesa. Ten piedad y misericordia de nosotros.

Padre Nuestro …

XIII Décimo tercera Estación
Jesús, es bajado de la cruz

Todos: Alabado sea mi Dios.

Guía: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos: Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

Jesús es bajado de la cruz y puesto en los brazos de su Madre, en su regazo como al nacer, pero ahora muerto, sin vida, por darnos la vida eterna, por abrirnos las puertas del cielo.

María lo contempla y llora, lo abraza y se une a su pasión y muerte, en silencio, siendo corredentora del género humano.

Que nosotros al contemplar a Jesús en brazos de nuestra Madre, la Virgen María, comprendamos este misterio de fe y de amor, este regalo del mismo Dios que muere por mi salvación, por la del mundo entero.

Señor, por tu pasión y muerte, por tu sacrificio, concede a los paganos que un día te conozcan y lleguen a Ti.

Guía: Señor pequé, ten compasión y misericordia de mí.

Todos: Pecamos Señor y nos pesa. Ten piedad y misericordia de nosotros.

Padre Nuestro …

XIV Décimo cuarta Estación
Jesús es puesto en el sepulcro

Todos: Alabado sea mi Dios.

Guía: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos: Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

“En verdad les digo: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero sí muere, da mucho fruto”.

Señor Jesús, cuántos sufrimientos han sido cubiertos y olvidados por una piedra. Tu vida ha sido captada sólo después de tu muerte.

Señor, Jesús que nunca me olvide de Ti, que mi vida sea para dar testimonio de Tu existencia. Que sepa luchar contra viento y marea hablando y proclamando tu Reino. A pesar de que hay momentos oscuros sé que Tú estás conmigo y me das esa luz, fuerza y seguridad, para dar alegría y esperanza de vida.

Señor, enséñame a darme a los demás.

Guía: Señor pequé, ten compasión y misericordia de mí.

Todos: Pecamos Señor y nos pesa. Ten piedad y misericordia de nosotros.

Padre Nuestro …

XV Décimo quinta Estación
Jesús resucita al tercer día

Todos: Alabado sea mi Dios.

Guía: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos: Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

Como lo habías dicho Jesús. “Destruyan este templo y Yo lo reconstruiré en tres días”. Haz resucitado, has vencido a la muerte y al pecado, nos has abierto las puertas de la gloria. Muerte, ¿dónde está tu victoria, dónde está tu aguijón?

Y con tu Resurrección nos indicas el camino que debemos vivir, la senda que hemos de caminar para llegar a la verdadera vida, para llegar a Ti.

Jesús y Dios mío: que tu Resurrección me haga a mí también resucitar de la vida del pecado a la vida de la Gracia; de la vida sin sentido a una vida donde Tú seas el centro, el único y verdadero amor que impregne toda mi vida.

Y con esta nueva vida, ayúdame a ofrecer todo por la conversión de quienes no te conocen todavía, de quienes conociéndote te han dado la espalda, de quienes, dejando todo se han aventurado por tus caminos en tierras de misiones.

Guía: Señor pequé, ten compasión y misericordia de mí.

Todos: Pecamos Señor y nos pesa. Ten piedad y misericordia de nosotros.

Padre Nuestro …

Oración final:

Señor hemos recorrido tu camino de la cruz hasta llegar al calvario donde te diste por nosotros, por la redención de nuestras faltas, por nuestra salvación, pero, no te quedaste ahí, resucitaste y eso nos llena de gozo al saber que también un día resucitaremos para vivir contigo en la gloria eterna.

Te damos gracias Padre, por todos los beneficios que nos das a cada instante y te pedimos que nos des la perseverancia en la fe, la esperanza y el amor, te lo pedimos por Jesucristo, tu Hijo, que siendo Dios vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Hna. María Roselia Tamez Tamez, mrf
Secretaria Nacional de la OSPA y UEM
OMPE México


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