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Testimonio misionero

“Si tuviera mil vidas
las daría para África,
júrame que serás fiel
a tu vocación misionera”
( San Daniel Comboni)

Mi nombre es Hna. Norma Allen Virginia Allen Brown, y soy originaria de Costa Rica.

Mi llamado fue hace 30 años cuando un amigo mío me invito a un día vocacional en donde hablarían acerca de las varias vocaciones. Me interesaba específicamente la vocación al matrimonio, ya que estaba a un mes de casarme, y creí que las charlas podrían ayudarme en mi vida matrimonial. Por eso me fui muy confiada a la plática. Yo ya había escuchado a otras congregaciones hablar de la vida consagrada, pero como mi mamá me dijo que la vida religiosa era solo para gente blanca, entendí que no debía meter los pies en esos asuntos.

Cuando estuve en la plática, sentí arder mi corazón como cuando los discípulos de Emaús escuchaban a Jesús. Yo sentí una emoción tan grande al escuchar de las misiones, hasta el punto de levantar la mano y preguntar al expositor (era el P. Juan Pedro Pini, MCCJ q.e.p.d.) si yo podía ser misionera. Me respondió: “Si Dios te llama”, pero yo le dije: “yo me voy a casar dentro de un mes y además amo a mi novio y él es como se lo había pedido a Dios”. El me respondió: “cásate”. Entonces yo le dije: “¿Pero, y si Dios me llama?”

Desde ese momento comprendí que podía estar realizando la mayor equivocación de mi vida. Decidí hablar con mi novio sobre mi inquietud misionera y le pedí que diera la oportunidad de ir haber si Dios me llamaba, ya que si nos casábamos era para toda la vida y no sólo por unos años, y no quería equivocarme y tomar una decisión precipitada.

Cuando llamé a mi madre, que se encontraba en Miami Florida trabajando, le informé de mi llamado, y me respondió: “recuerda que eres negra y no puedes ser misionera ya que eso es para gente blanca”, por lo que yo le respondí: “Mamá pero este Daniel Comboni vino y murió por nosotros los negros. Además yo te he obedecido por 22 años, ahora tengo que obedecer a Dios antes que ti”. Con estas palabras ella me dijo: “contra Dios no puedo luchar” y me dio la bendición. Dejando todo salí para el Ecuador, ya que las hermanas Combonianas no estaban en mi país. Cuando les platique de mi inquietud me dijeron:“Sólo ven y ve” Yo fui y vi y me quedé.

Al día siguiente de nuestra llegada, por la tarde, las hermanas realizaron la adoración al Santísimo en la capilla de la comunidad. Al ver el Señor presente en la Eucaristía exclamé: ¡Si tú estas aquí yo me quedo!

Y así después de un año regresé para decirle al que iba hacer mi esposo que yo no era para él. Fue muy difícil para los dos aceptar, pero yo no podía ir en contra de mi vocación a la que había sido llamada por Dios, tenia que ser sincera conmigo misma.

Luego del Ecuador fui enviada a México donde termine mi formación como religiosa e hice mis primeros votos. Me dejaron en México para estudiar Enfermería, de ahí fui a Italia con hermanas ancianas, luego a Londres y Escocia para aprender el inglés. En Verona, Italia realicé mis votos perpetuos.

Fui enviada al Corazón de África, Uganda, a un hospital como encargada del departamento de los niños y a suplir a algunas hermanas en vacaciones. Ahí compartí con este pueblo mis primeros pasos como misionera, un pueblo sufrido y que silenciosamente sigue sufriendo las consecuencias de la guerrilla interna por este famoso criminal Cony que ha mutilado a tantas personas en el cuerpo y el corazón. Estuve en este hospital por 4 años.

Luego viendo la necesidad de ser encargada del hospital, fui enviada a México a la Universidad del UNAM a realizar una licenciatura en Gineco-obstetricia de enfermería en el ENEO. Terminando estos estudios fui a los Estados Unidos a la Universidad de Pennsylvania para realizar otra Lic. En Administración de Hospitales, Ética Médica, Consejería, y terminar la Teología y Filosofía que había comenzado en la Universidad del Ecuador. Todo esto me ayudo a formar el personal del hospital que no estaba preparado profesionalmente.

Regrese a la Uganda y empecé una pastoral con los enfermos, fui encargada de los (YCS) esto es de los Estudiantes Jóvenes Cristianos, con retiros y convivencias, el apostolado lo realizábamos con los enfermos, en el hospital. Con cien adolecentes preparaba la liturgia para la danza que se realizaba cada domingo, donde todos participaban en turnos de 20. La danza es parte fundamental de la liturgia especialmente los Domingos ya que teníamos Eucaristías de hasta 3 a 4 horas y cuando se celebraban bautismos duraban hasta más horas.

Puedo decir que soy muy feliz con mis 26 años de vida compartida entre mis hermanos y hermanas. He visto tantos niños nacer, crecer, y morir. Aprendí a vivir y tener como compañera a la muerte. He llorado por la guerra que me arrebató de maneras brutales a muchos amigos y amigas, en donde sepulté a tantos. Incluso supe lo que era recibir un disparo, también ser mordida por una serpiente cobra, lo que casi me costó el perder la pierna derecha.

He amado y me deje amar, he visto, oído, tocado y experimentado la gracia del Señor en mi vida y en la de los Ugandeses. Muchas veces atendí a los afectados de la lepra, una enfermedad que no te mata pero te desfigura, y a pesar de eso nunca he visto gente tan feliz con su cara deforme pero con la belleza en el corazón. Con las personas afectadas e infectadas por el SIDA en todas las edades, al principio no quería trabajar con ellos pues pensaba que ésta es gente muerta en vida, pero me tuve que comer mis palabras como dicen en mi tierra, ya que nunca recibí más: la que me dieron ellos. Empecé con los niños, luego conocí a muchos más. Ellos llegan a decir: “SIDA tu no nos quita la vida sino que nosotros la damos viviendo positivamente”. Esto me ha hecho pensar en que cuando Jesús en la cruz decía: “ustedes no me quitan la vida, yo he venido para darla y en abundancia”.

Con todas estas experiencias enriquecedoras, que han llenado mi vida y le han dado sentido a mi existencia, hoy quiero preguntarte a ti que lees esto: ¿Ya sabes tu misión en este mundo? ¿Estás seguro que lo que estas haciendo, es lo que Dios quiere de ti?

Nunca te canses de buscar lo que Dios preparo para ti desde la eternidad.

Un abrazo.

Hna. Norma Allen Brown (MC)