PROMOVER
CON VALENTÍA
A LA MISIÓN AD GENTES
Presentación
del Mensaje del Santo Padre
para la Jornada Misionera Mundial 2004
"Eucaristía y Misión"
Son
1,091 las Circunscripciones eclesiásticas (Arquidiócesis,
Diócesis, Vicariatos y Prefecturas apostólicas....)
en todo el mundo que dependen de la Congregación para la Evangelización
de los Pueblos a las que se añaden otras 153 de la denominada
"zona del silencio" (como China, Camboya....). Al servicio
de este mundo misionero trabajan unas 85,000 personas entre sacerdotes
diocesanos y religiosos, 450,000 religiosas y 1,650,000 catequistas.
"Aunque estas fuerzas puedan parecer notables y aún cuando
constatamos un continuo aumento de las vocaciones a la vida religiosa
y sacerdotal, sin embargo, éstas son insuficientes para las
necesidades que surgen en los países de misión",
señala el Card. Crescencio Sepe, Prefecto de la Congregación
para la Evangelización de los Pueblos, en la presentación
del Mensaje del Santo Padre Juan Pablo II sobre la Jornada Misionera
Mundial 2004.
La
situación actual del trabajo misionero de la Iglesia en el
mundo, es señalada como resultado de extraordinaria actualidad,
en la invitación del Santo Padre en el primer número
del Mensaje: hay que "promover con valentía la misión
"ad gentes". Echando una mirada hacia la extensión
de las obras sostenidas por Propaganda Fide en el mundo a través
de las Obras Misionales Pontificias, debemos recordar los 280 seminarios
mayores interdiocesanos (para 65 mil seminaristas mayores), 110 seminarios
menores (para 85 mil seminaristas menores), 42 mil escuelas, 1,600
hospitales, 6,000 dispensarios médicos, 780 leproserías
y 12,000 obras caritativas y sociales. "Estas obras socio-caritativas
están destinadas no sólo a los católicos, sino
también, y en algunos casos sobre todo, a los no católicos
y no cristianos" señala el Cardenal, citando como ejemplo
la India donde los católicos son el 6.9% de la población
mientras que las obras caritativas católicas representan el
27% de las existentes en el país y en algunos países
árabes la gran mayoría de alumnos que las frecuentan
son de religión islámica. En estos datos no se incluyen
la asistencia ofrecida por misioneros a pequeñas comunidades
parroquiales individuales, ni el compromiso, sobre todo en África,
por combatir el SIDA y otras enfermedades graves que diezman la población
como son el cólera, diabetes, meningitis.
A
las estructuras de la Iglesia esparcidas en los cinco continentes
se añaden las instituciones en Roma: La Universidad Pontificia
Urbaniana, única Universidad exclusivamente misionera en el
mundo, con 1300 alumnos y 110 profesores; los dos Colegios Pontificios
de San Pedro y San Pablo, que albergan a 350 sacerdotes provenientes
de países de misión que se encuentran en Roma para completar
los estudios superiores; el Colegio Pontificio Urbaniano con 140 alumnos
seminaristas; el Centro Cultural Asiático "Juan Pablo
II" con 45 estudiantes de China y Vietnam; el Colegio Mater Ecclesiae
para la formación de catequistas; el Foyer Pablo VI para la
formación de religiosas (80 religiosas) y el Centro Internacional
de Animación Misionera (CIAM).
"La
asistencia de la Iglesia a las poblaciones en tierras de misión
no se limita a una sola nación o a un único continente,
sino que se dirige a todos los pueblos, sin distinción de fe
religiosa, cultura, lengua o sistema político. Y sobre todo
la obra de la Iglesia no es algo que haya comenzado hoy sino que data
de los orígenes cuando los misioneros iniciaron la evangelización
y contribuyeron con su asistencia caritativa a la promoción
humana, social y cultural de las poblaciones locales".
"En
el próximo mes de octubre, mes misionero por excelencia, se
celebrará también el Congreso Eucarístico internacional
de Guadalajara, México y el Santo Padre ha querido unir "Eucaristía
y Misión" como un binomio inseparable, para favorecer
una renovada conciencia misionera en torno a la Eucaristía
y crear una verdadera interdependencia entre el misterio eucarístico
y el misterio de la Iglesia".
El
Mensaje del Papa se articula en cinco puntos y comienza con un llamamiento
a la Misión Ad Gentes, todavía muy lejana de su cumplimiento.
Juan Pablo II solicita a todos compartir la ' sed ' del Redentor,
ofreciendo como testimonios a Santa Teresa de Lisieux y San Daniel
Comboni. Invita a un nuevo fervor ante los desafíos socio-religiosos
actuales. Une la Jornada Misionera al 150° Aniversario de la Definición
del Dogma de la Inmaculada Concepción e invita por último
a contemplar la Eucaristía "con los ojos de María".
El
segundo punto del Mensaje ofrece una relectura de la Encíclica
"Ecclesia de Eucaristía", subrayando el binomio Eucaristía-Iglesia:
la Eucaristía edifica la Iglesia y la Iglesia hace la Eucaristía.
"La misión de la Iglesia se encuentra en continuidad con
la de Cristo (Jn 20,21), y obtiene fuerza espiritual de la comunión
con su Cuerpo y con su Sangre. La Eucaristía es pues el misterio
en el que la Iglesia misionera se refleja en el sacrificio de sus
mártires y la fuente de la cual extrae energía y vida.
De ella, don de amor sacrificado por todos (... sangre esparcida por
ustedes y por todos) la Iglesia aprende la universalidad de la redención".
La
Eucaristía, celebración de la muerte y resurrección
del Señor, prolonga sus efectos saludables en la espiritualidad
eucarística: "Precisamente por esto, una evangelización
eficaz del mundo necesita apóstoles ' expertos ' en la celebración,
adoración y contemplación de la Eucaristía. Por
tanto, la Misión no puede hacerse sino con el apoyo de almas
contemplativas, que se asocien a la obra de los misioneros y les sostengan
con su oración".
"Inmediatamente
después de la consagración, hay en el corazón
de la liturgia eucarística un pasaje intensamente misionero
que corresponde de modo analógico al mandato misionero del
Maestro. El llamamiento misionero de Jesús "Haced esto
en memoria mía" es confiado a todos sus ministros ordenados.
Los creyentes que se nutren en su Banquete, comprenden que el mandato
misionero consiste en ser "una oblación agradable",
santificada por el Espíritu Santo, "para formar cada vez
más un solo corazón y una sola alma" (Hch 4, 32)
y convertirse en testigos de su amor hasta los últimos confines
de la tierra. Por esto, en su dimensión presente y junto con
la escatológica, la Iglesia por su naturaleza misionera y peregrinante,
renueva cada día el sacrificio de la Eucaristía en beneficio
del mundo, y permanece en espera de la vuelta gloriosa del Señor".
En
el último punto el Santo Padre hace referencia al 150°
aniversario del Dogma de la Inmaculada Concepción (1854-2004)
y señala a María como "primer tabernáculo
de la historia". "Así como Iglesia y Eucaristía
son un binomio inseparable, lo mismo se puede decir del binomio María
y Eucaristía".