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LA
EUCARISTÍA SE
HACE MISIÓN
Jesús
instituyó la Eucaristía en la última
cena, al celebrar la fiesta de la Pascua con el cordero pascual.
Sus palabras indican presencia
("mi cuerpo, mi sangre"), sacrificio "mi cuerpo
inmolado", "mi sangre derramada") y comunión
"tomad y comed... bebed") (Mt 26,26-28; Mc 14,22-24;
Lc 22,15.19-22; 1 Cor 11, 23-20). Como "memorial"
de la pasión, fue la máxima expresión
de su amor: "Habiendo amado a los suyos, los amó
hasta el extremo" (Jn 13,1). Es un misterio que sólo
se acepta por la fe (Jn 6,63-68), "acogiendo
con fe las palabras del Señor" (Santo Tomas).
La
Eucaristía recibe diversos
nombres: acción
de gracias (Eucaristía),
banquete o cena del Señor,
"fracción del pan" (Hech 2,42), synaxis (asamblea),
memorial de la pasión
y resurrección, santo sacrificio,
Santa Misa (por el "envío" o "missio"
final para hacer de la vida una Eucaristía)... En cualquiera
de esos aspectos hay que armonizar la presencia, el sacrificio
y la comunión sacramental.
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uando
Jesús instituyó la eucaristía, también
instituyó el servicio sacerdotal: "Haced esto en memoria
mía" (Lc 22,19); es toda la comunidad eclesial, en cada
uno de los creyentes, la que se hace oblación, se ofrece y
ofrece (cf. LG 11).
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Presencia, sacrificio, sacramento (comunión)
La
presencia de Jesús resucitado entre nosotros (Mt 28,20) tiene
su máxima expresión en la Eucaristía, que es,
al mismo tiempo, sacramento y sacrificio,
es decir, pan partido y donación plena
al Padre para nuestra redención. Su presencia actualiza el
misterio pascual y sacrificio de muerte y resurrección, para
comunicarse a los creyentes en unidad de vida y en sintonía
de vivencias. En la Eucaristía, Cristo se hace presente como
sacrificio y como banquete. Es "nuestra
Pascua" (1
Cor 5,7) y nuestro "maná"
o "pan de vida" (Jn
6,35ss), para unirnos a la entrega (oblación) de su vida, de
su muerte y de su resurrección. "Nosotros nos convertimos
en aquello que recibimos" (San León Magno).
La
presencia es por la acción del Espíritu
Santo en la "substancia" del pan y del vino,
para transformarlos en el cuerpo y sangre de Jesús (por "transubstanciación").
El sacrificio es actualización del
único sacrificio de Cristo, que ahora él
ofrece con la Iglesia. La comunidad eclesial, que ha celebrado la
eucaristía, busca espontáneamente momentos de adoración,
reparación y manifestación festiva y ambiental,
puesto que Cristo sigue presente de modo
permanente en las especies eucarísticas. La celebración
y adoración eucarística son el momento culminante de
la experiencia contemplativa de la Iglesia, porque en ese
sacramento-sacrificio-comunión encuentra su verdadera razón
de ser: hacerse pan partido como el Señor.
En
la Eucaristía, la Iglesia se reconfirma en su camino escatológico.
Por esto, al recordar y hacer presente al Señor, "anunciamos
su muerte hasta que vuelva" (1 Cor 11,26). Es "la
prenda de la vida eterna" (SC 47). Por la eucaristía,
todo el cosmos y toda la humanidad ya están pasando a la realidad
gloriosa del final de los tiempos. La eucaristía
no termina nunca, sino que tiende a transformar toda la
humanidad en Cuerpo místico de Cristo y en Pueblo sacerdotal
(1 Pe 2,5-8; Ap 5,10).
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La Eucaristía construye la Iglesia misionera
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Con
el bautismo y la con-firmación, la Eucaristía
es la culminación de la iniciación cristiana.
La Eucaristía construye la Iglesia (RH 20) y la Iglesia
hace posible la eucaristía. Al
comer el mismo pan, llegamos a ser un mismo cuerpo por la comunión
fraterna y eclesia: "porque
aun siendo muchos,
somos un solo pan y un solo cuerpo, pues todos participamos
de un solo pan" (1 Cor 10,17). La
eucaristía es el signo de la unidad y vínculo
de caridad (San Agustín).
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En
la Eucaristía se participa plenamente del misterio pascual,
puesto que es la "fuente y cumbre de toda la vida cristiana"
(LG 11), la "fuente y culminación
de toda la evangelización" (PO 5). A la Eucaristía
se orientan todos los sacramentos, así como los ministerios
proféticos, culturales y de caridad (cf. SC 10). Ella "contiene
todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra
Pascua" (PO 5). Es pues, "el compendio
y la suma de nuestra fe" (CEC 1327).
La
Eucaristía se hace "misión"
como encargo de comunicarla a toda la humanidad. "Bebed de ella
todos, porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por
muchos (todos) para perdón de los pecados" (Mt 26,28).
Por esto, "los trabajos apostólicos se ordenan a que,
una vez hechos hijos de Dios por la fe y el bautismo, todos
se reúnan, alaben a Dios en medio de la Iglesia, participen
en el sacrificio y coman la cena del Señor"
(SC 10).
Por
la celebración de la Eucaristía, se evangeliza a la
comunidad eclesial y se la hace evangelizadora "No se edifica
ninguna comunidad cristiana si no tiene como raíz y quicio
la celebración de la santísima eucaristía...
Esta celebración, para que sea sincera y cabal, debe conducir
lo mismo a las obras de caridad y de mutua ayuda que a la acción
misional y a las varias formas del testimonio cristianos (PO 6).
Mons.
Juan Esquerda Biffet